Cambio climático, esperanza y revolución: notas para tiempos oscuros y sombríos

John Foran

Artículo original: http://www.resilience.org/stories/2017-06-08/climate-change-hope-and-revolution-notes-for-dark-and-gloomy-times/

El otro día me invitaron a dar una charla en la clase de Estudios Medioambientales de un colega titulada, simplemente, “Esperanza”. Resulta que era el día después de que Donald Trump pronunciase sus calculadas y genocidas estupideces sobre el Acuerdo de París (que el insistía en llamar Accord [el autor usa la palabra Agreement para acuerdo, nota del tr.]. A estas alturas, se han dicho y escrito cien mil palabras de ira, determinación y análisis. Vayamos pues en la dirección opuesta.

Intento recordar la primera vez que asocié esperanza y revolución. Había estado trabajando en una teoría sobre las revoluciones (es una larga historia, un proyecto aún más largo). Estaba buscando lo que llevaba a gente normal a dejarlo todo y comprometerse en lo que a los extraños les parecían ser actos extraordinarios de valentía y determinación. Tras algún tiempo sentí surgir eso que he dado en llamar (como el sociólogo que estoy fatalmente destinado a ser) fuertes y vibrantes culturas políticas de oposición y creación. Los cimientos de lo que entiendo por cultura política radical es el lado subjetivo de la vida aquí en la Madre Tierra: memorias, experiencias y emoción. Las ideologías -significando esto generalmente alguna forma de “socialismo” a lo largo del siglo XX, o hoy, quizá confundiendo mis deseos con la realidad, “ecosocialismo“- pueden ayudar a la gente a dar sentido a sus experiencias, pero más a menudo, eran términos y expresiones simples pero poderosos como dignidad, justicia, igualdad o libertad.

Años más tarde, cuando estaba estudiando el movimiento por una justicia global, me encontré con las impresionantes palabras de David Solnit, de la nueva y más “horizontalista” generación de activistas que este movimiento estaba atrayendo. Tal como lo vi:

La segunda mitad de los años 90 fue testigo del ascenso de un movimiento por la justicia global, un “movimiento de movimientos” que consiguió visibilidad pública cuando una amplia unión de estudiantes, sindicalistas y ecologistas se unieron en desobediencia civil y acción directa para cerrar los encuentros de la Organización Mundial de Comercio en Seattle en noviembre de 1999. Si nos centramos especialmente en las culturas políticas de creación que animan el movimiento de justicia social, podemos ver algunas …. características nuevas, muchas de ellas paralelas a la rebelión zapatista. En el lado subjetivo de la experiencia y la emoción, es útil señalar que el amor -a la vida, a la gente, a la justicia- nutre a menudo de la fuerza vital que lleva a gente ordinaria a actos extraordinarios. Expresando esperanza y optimismo, proporciona un contrapunto constructivo a aquellas otras poderosas emociones, el odio y la ira. A esto podemos añadir la experiencia subjetiva de la esperanza (¿es la esperanza una emoción?), que ofrece a la gente una visión positiva del futuro contrarrestando los sentimientos de desesperanza y desesperación. En palabras de David Solnit, uno de los organizadores de la espectacular acción de Seattle en 1999: “La esperanza es la clave. Si nuestras organizaciones, análisis, visiones y estrategias son faroles, la esperanza es el combustible que los hace brillar y atrae a la gente a ellos”. La esperanza y el amor sostienen los cimientos emocionales de las nuevas culturas políticas de creación, como atestigua la película de 2013 [de Velcro Ripper] Occupy Love.

La hermana mayor de David, Rebecca Solnit, fue también una especie de voz profética para mí. Su libro de 2005, Esperanza en la oscuridad [Hope in the Dark], me cautivó. Desde entonces me ha conmovido con una incesante corriente de ensayos sinceros que me hablan muy directamente, uno de los cuales cito con una cierta extensión debajo.

Otro hilo es el de los zapatistas, a los que una de mis estudiantes en el Smith College, Becca Wanner, llamó en 2001 “profesionales de la esperanza”. He buscado si ella o algún otro había usado este término por primera vez y recientemente he dado con él en la cubierta de un libro que podría no haber sido publicado nunca de los escritos reunidos del poeta y subcomandante zapatista Marcos. Los zapatistas son cualquier cosa menos “profesionales”, pero la esperanza era ciertamente aquello con lo que trataban, uno de sus ingredientes especiales. Todavía lo es….

Cuando -como con el cambio climático- nos enfrentamos a algo que da miedo, sin precedentes, endiablado y enorme -algo que produce mucha ansiedad, depresión y desesperación [una palabra cuya etimología, en francés y en español, parece derivar de la falta de esperanza [el autor usa la palabra inglesa despair, nota del tr.]- la esperanza parece ser parte integral de nuestro futuro. La juventud del movimiento global de justicia climática también son profesionales de la esperanza, en ese mismo sentido ligeramente irónico.

Hasta aquellos que parecen haber abandonado deliberadamente la esperanza, como el brillante antiguo activista del movimiento de justicia global Paul Kingsnorth (autor de Un Sí, muchos Nos [One Yes, Many Nos]), uno de los mejores libros que tenemos sobre el tema), seguimos en el terreno de la esperanza. Leyendo su Dark Mountain Project y su poético Manifiesto, que concluye “El fin del mundo tal como lo conocemos no es el fin del mundo y punto. Juntos, encontraremos la esperanza más allá de la esperanza, los caminos que llevan a un mundo desconocido ante nosotros”, me parece que incluso si vivimos sin el consuelo de la esperanza, todavía podemos recordar su sabor. Quizá un enfoque mejor bajo tales circunstancias pueda ser el de Joana Macy, cuyo libro de 2012 con Chris Johnstone, Esperanza activaActive Hope], se subtitula acertadamente Cómo hacer frente al desastre en el que nos encontramos sin volverse loco.

¿Qué mejor manera, entonces, de establecer un vínculo entre la esperanza en este sentido y la revolución por la justicia climática con la que sueño, que echar un vistazo a la larga cita inicial de Rebecca Solnit de un artículo que escribí el Día de Año Nuevo de 2015?

Mi título -“Año cero para la justicia climática”- no es original. Como en muchas cosas radicales, Rebecca Solnit ya ha dado expresión a alguno de mis pensamientos más profundos en palabras tan relevantes hoy como lo eran cuando las escribió hace varios años:

Piensa en 2013 [lee ahora 2017] como el Año Cero en la batalla por el cambio climático, aquella en la que vamos a ganar a lo grande o perder aún más a lo grande… Los regalos que ya has recibido en 2012 [o en 2016] incluyen una lucha por el destino de la Tierra. Esto probablemente no es exactamente lo que habías pedido y ojalá fuese de otra manera, pero hacer un buen trabajo, ser necesario, tener algo que dar: estos son los verdaderos regalos. Y al menos tenemos una lucha ante nosotros, no solo fatalidad y desesperación…

Si te preocupas por los niños, la salud, la pobreza, los campesinos, los alimentos, el hambre o la economía, en realidad no tienes otra opción que preocuparte por el cambio climático. Las razones para actuar pueden ser sombrías, pero la lucha es un regalo y un honor. Lo que te dará a cambio es sentido, propósito, esperanza, lo mejor de ti, alguna compañía realmente buena y la satisfacción de formar parte de las victorias que también llegarán. Pero lo que significa la palabra victoria es necesario imaginarlo a una escala completamente nueva a medida que las noticias empeoran…

Esta es, entre otras cosas, una guerra de la imaginación: quienes se benefician del carbono y sus políticos esperan que no unas los puntos, o imagines los distintos futuros que podríamos construir o que ellos podrían destruir, o darse cuenta de las formas notablemente hermosas y complejas con las que el mundo natural ha trabajado en nuestro beneficio y están siendo ahora saboteadas, o descubrir tu voz y tu conciencia, o incluso dibujar lo diferente que podría ser todo, lo diferente que debe ser.

Ellos ya están en guerra contra el bienestar de nuestra Tierra. Su avaricia no tiene límites, su imaginación nada más que límites. Contraataca. Tienes el poder. Es uno de tus regalos.

2014 fue el año más caliente en la historia registrada, seguido por 2015 y luego 2016. Ahora aquí estamos, en 2017. El futuro está justo a la vuelta de la esquina. Piensa en este año como el año cero de esa década crucial en la que nuestro futuro se pondrá en marcha, para bien o para mal.

Especialmente en las horas oscuras después de que la inútil administración Trump sacase a los Estados Unidos del tibio Acuerdo de París, tenemos que basarnos en nuestros propios recursos. Sin duda la esperanza se encontrará en las mochilas de los radicales por la justicia climática, junto a sus amigos y camaradas el amor, la imaginación radical y nuestros sueños de justicia. Juntos, nos ofrecen todo un vocabulario de posibilidades.

Y de los muchos futuros posibles, ¿cuál construiremos? El mundo que queremos y los futuros que debemos tener, no se pueden construir sin esta bolsa de trucos.

***

Y así, me despierto por la mañana y doy un paso fuera,
y respiro profundamente y (el aire) me coloca,
y grito a pleno pulmón:
¿QUÉ PASA? 

Y lo intento, oh Dios mío, de verdad que lo intento,
lo intento todo el rato, en este manicomio.
Y rezo, oh Dios mío, de verdad que rezo,
rezo cada día, por que ocurra una revolución.

Veinticinco años, y mi vida está parada,
intentando juntar esa gran montaña de esperanza,
para (conseguir) un destino…

What’s Up?” de 4 Non Blondes

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Correspondencia Gandhi-Nehru sobre el modelo de sociedad

Carta de Gandhi a Jawaharlal Nehru

5 de octubre de 1945

Mi querido Jawaharlal,

Hace muchos días que quería escribirte pero no he podido hacerlo hasta hoy. También me he estado preguntando si debería escribir en inglés o en hindustani. Al final he preferido escribir en hindustani.

La primera cosa que quiero escribir es sobre la diferencia de perspectivas entre nosotros. Si la diferencia es fundamental entonces creo que el público debería ser consciente de ello. Sería perjudicial para nuestro trabajo para el Swaraj dejarlos en la oscuridad. He dicho que sigo defendiendo el sistema de gobierno descrito en Hind Swaraj. No son meras palabras. Toda la experiencia ganada por mí desde 1908 cuando escribí el librito ha confirmado la verdad de mi creencia. Por tanto, si me quedo solo en esto no me importará, porque solo puedo ser testigo de la verdad tal como la veo. No tengo Hind Swaraj ante mí mientras escribo. En realidad es mejor para mí soñar la imagen de nuevo con mis propias palabras. Y si es la misma que dibujé en Hind Swaraj o no, no es importante, tanto para ti como para mí. No es necesario probar la exactitud de lo que dije entonces. Es esencial únicamente saber lo que siento hoy. Estoy convencido de que si India va a conseguir la libertad y a través de India también el mundo, tarde o temprano tendrá que reconocerse el hecho de que la gente tendrá que vivir en aldeas, no en ciudades, en cabañas, no en palacios. Millones de personas nunca podrán vivir en paz entre ellos en ciudades y palacios. No tendrán entonces otro recurso que la violencia y la mentira. Yo mantengo que sin verdad y no-violencia solo puede haber destrucción para la humanidad. Solo podemos alcanzar la verdad y la no-violencia en la simplicidad de la vida de aldea y esta simplicidad donde mejor se puede encontrar es en la charkha [rueca] y todo lo que la charkha implica. No debo tener miedo si el mundo va hoy en la dirección equivocada. Es posible que India también vaya por ese camino y como la proverbial polilla acabe finalmente en la llama alrededor de la cual baila cada vez con más furia. Pero es mi responsabilidad proteger de esta maldición a India y mediante India al mundo entero. La esencia de lo que he dicho es que el hombre debería contentarse con lo que son sus necesidades reales y llegar a ser autosuficiente. Si no tiene este control no puede salvarse. Después de todo, el mundo está hecho de individuos, igual que las gotas que forman un océano. No he dicho nada nuevo. Es una verdad bien conocida.

Pero no creo haber dicho esto en Hind Swaraj. Aunque admiro la ciencia moderna, creo que es lo viejo visto a través de la luz de la ciencia moderna lo que debería ser revestido y remodelado correctamente. No debes pensar que concibo nuestra vida en la aldea tal como es hoy. La aldea de mis sueños sigue en mi mente. Después de todo, todo hombre vive en el mundo de sus sueños. Mi aldea ideal albergará seres humanos inteligentes. No vivirán en la suciedad y la oscuridad como animales. Los hombres y mujeres serán libres y capaces de conservar lo suyo contra cualquiera en el mundo. No habrá ni peste, ni cólera, ni viruela; nadie permanecerá ocioso, nadie holgazaneará en el lujo. Todo el mundo tendrá que contribuir con su cuota de trabajo manual. No quiero dibujar una imagen a gran escala con detalle. Es posible concebir ferrocarriles, oficinas postales y de telégrafos, etc. Para mí es pertinente conseguir el artículo real y el resto se adaptará a la imagen después. Si dejo ir lo real, todo lo demás desaparece.

En el último día del Comité de Trabajo se decidió que este asunto debería ser discutido a fondo y se debería clarificar la posición tras una sesión de dos o tres días. Esto me gustaría. Pero, se siente o no el Comité de Trabajo, quiero que nuestra posición quede claramente entendida con un cara a cara entre nosotros. Por dos razones. Primera, el vínculo que nos une no es solo el trabajo político. Es inmensamente más profundo y bastante irrompible. Es por ello que deseo seriamente que en el campo político también nos entendamos claramente. En segundo lugar, ninguno de nosotros cree ser inútil. Ambos vivimos para la causa de la libertad de la India y ambos moriríamos con gusto por ella. No necesitamos los halagos del mundo. Que consigamos halagos o reproches no es importante para nosotros. No hay espacio para el halago en este servicio. Quiero vivir 125 años al servicio de la India pero debo admitir que ahora soy un viejo. Tú eres mucho más joven en comparación y por tanto te he nombrado mi heredero. Debo, sin embargo, entender a mi heredero y mi heredero debería entenderme a mí. Solo entonces estaré satisfecho.

Otra cosa. Te pregunté acerca de la posibilidad de que te unieses al Kasturba Trust y al Hindustani Prachar Sabha. Dijiste que pensarías sobre este asunto y me dirías algo. Encuentro tu nombre en el Hindustani Prachar Sabha. Nanavati me recordó que se había dirigido a ti y a Maulana Sahib con respecto a este tema y consiguió tu firma en 1942. Eso, sin embargo, es historia pasada. Sabes la situación actual del hindustani. Si sigues siendo fiel a tu firma quiero que trabajes en esta Sabha. No habrá mucho trabajo y no tendrás que viajar por ello.

El Kasturba Fund es otro tema. Si lo que he escrito arriba no encuentra ni encontrará tu aceptación me temo que no serás feliz en el Trust y lo entenderé.

Lo último que quiero decirte es respecto a la controversia que ha estallado entre tú y Sarat Babu. Me ha dolido. No lo he entendido. ¿Hay algo más detrás de lo que has dicho? Si es así debes decírmelo.

Si crees que deberíamos encontrarnos para hablar sobre lo que he escrito debemos organizar una reunión.

Estás trabajando duro. Espero que estés bien. Confío en que Indu también esté bien.

Bendiciones de
BAPU

 

Carta de Jawaharlal Nehru

Anand Bhavan, Allahabad,
9 de octubre de 1945

MI QUERIDO BAPU,

He recibido hoy, al volver de Lucknow, tu carta del 5 de octubre. Me alegro de que me hayas escrito con amplitud e intentaré responder con alguna extensión pero espero que me perdonarás si hay algún retraso en esto, puesto que actualmente estoy atado con compromisos muy ajustados. Solo voy a estar aquí un día y medio. Realmente es mejor tener charlas informales pero en este momento no sé cuando encajarla. Lo intentaré.

Dicho con pocas palabras, mi punto de vista es que la cuestión que tenemos delante no es la de verdad contra la mentira o la no-violencia contra la violencia. Uno asume como debe ser que se debe tender a la verdadera cooperación y a los métodos pacíficos y una sociedad que los anime debe ser nuestro objetivo. La cuestión principal es cómo conseguir esta sociedad y qué contenido debería tener. No entiendo por qué una aldea debería necesariamente encarnar la verdad y la no-violencia. Una aldea, en otras palabras, es intelectual y culturalmente atrasada y no se puede conseguir ningún progreso de un medio ambiente atrasado. La gente de mente estrecha es mucho más probable que sea mentirosa y violenta.

Luego, de nuevo, tenemos que establecer ciertos objetivos, como suficiente alimentación, vestido, vivienda, educación, saneamiento, etc., que deberían ser los requerimientos mínimos para el país y para todos. Es con estos objetivos en perspectiva que debemos descubrir específicamente cómo conseguirlos con rapidez. De nuevo me parece inevitable que los medios modernos de transporte así como muchos otros desarrollos modernos deben continuar y ser desarrollados. No hay otra salida excepto tenerlos. Si esto es así, inevitablemente implica una cierta medida de industria pesada. ¿Hasta qué punto encajará esto con una sociedad puramente aldeana? Personalmente, espero que las industrias pesadas o ligeras estén todas descentralizadas tanto como sea posible y esto es posible hoy debido al desarrollo de la energía eléctrica. Si existen dos tipos de economía en un país habrá o un conflicto entre ellas o una arrollará a la otra.

La cuestión de la independencia y la protección de la agresión exterior, tanto política como económica, también tiene que ser considerada en este contexto. No creo que sea posible para India ser realmente independiente a menos que sea un país avanzado técnicamente. No estoy pensando en este momento desde el punto de vista solo de ejércitos sino más bien de crecimiento científico. En el contexto actual del mundo no podemos ni siquiera avanzar culturalmente sin un fuerte trasfondo de investigación científica en cada departamento. Hay hoy en el mundo una tremenda tendencia a la adquisición tanto en los individuos y grupos como en los países, lo que conduce a conflictos y guerras. Toda nuestra sociedad está basada en esto más o menos. Esta base debe seguir y ser transformada en una de cooperación, no de aislamiento, lo cual es imposible. Si se admite esto y se cree alcanzable, se deberían llevar a cabo intentos de entenderlo no en términos de una economía cortada del resto del mundo, sino más bien de una que coopera. Desde el punto de vista económico o político una India aislada puede muy bien ser una especie de vacío que aumente las tendencias adquisitivas de otros y por tanto cree conflictos.

No se trata de palacios para millones de personas. Pero no parece haber razón por la que millones de personas no debieran tener hogares cómodos y actuales donde puedan llevar una existencia cultivada. Muchas de las actualmente sobrecrecidas ciudades han desarrollado males que son deplorables. Probablemente tenemos que desalentar este sobrecrecimiento y al mismo tiempo alentar  que la aldea se aproxime más a la cultura de la ciudad.

Han pasado muchos años desde que leí Hind Swaraj y solo tengo una vaga imagen en mi mente. Pero incluso cuando lo leí hace 20 años o más me pareció completamente irreal. En tus escritos y charlas desde entonces he visto lo que me parecía un avance sobre esta vieja posición y un aprecio por las tendencias modernas. Quedé por tanto muy sorprendido cuando nos dijiste que la vieja imagen sigue intacta en tu mente. Como sabes, el Congreso nunca ha tenido en cuenta esa imagen y mucho menos la ha adoptado. Tú mismo nunca has pedido adoptarla excepto para ciertos aspectos relativamente menores. Hasta que punto es deseable que el Congreso trate estas cuestiones fundamentales que implican distintas filosofías de vida, tú debes juzgarlo. Yo imagino que un cuerpo como el Congreso no debería perderse en discusiones sobre tales materias que solo pueden producir gran confusión en la mente de la gente dando como resultado la incapacidad de actuar en el presente. Esto también puede dar como resultado crear barreras entre el Congreso y otros en el país. Finalmente, por supuesto, esta y otras cuestiones tendrán que ser decididas por los representantes de la India libre. Tengo la impresión de que la mayor parte de estas cuestiones fueron pensadas y discutidas desde una perspectiva de hace mucho tiempo, ignorando los enormes cambios que han tenido lugar en todo el mundo durante la última generación o más. Han pasado 38 años desde que fue escrito Hind Swaraj. El mundo ha cambiado completamente desde entonces, posiblemente en una dirección equivocada. En cualquier caso, cualquier consideración sobre estas cuestiones debe tener presentes los hechos, fuerzas y material humano que tenemos hoy a la vista, de otra forma estará divorciada de la realidad. Tienes razón al decir que el mundo, o una gran parte de él, parece inclinarse a cometer un suicidio. Puede ser un desarrollo inevitable de una mala semilla en la civilización que ha crecido. Así lo creo. Cómo librarse de este mal y sin embargo mantener lo bueno en el presente como en el pasado es nuestro problema. Obviamente hay también cosas buenas en el presente.

Estos son algunos pensamientos casuales escritos apresuradamente y me temo que no hacen justicia a las graves e importantes cuestiones planteadas. Me perdonarás, espero, por esta presentación embrollada. Más tarde intentaré escribir con más claridad sobre el tema.

Sobre Hindustani Prachar Sabha y sobre Kasturba Fund. Es obvio que ambos tienen mi simpatía y creo que están haciendo un buen trabajo. Pero no estoy muy seguro sobre la forma en que trabajan y me parece que esta no es siempre de mi gusto. Realmente no se lo suficiente sobre ellas para definirme. Pero últimamente he desarrollado aversión a añadir algo a mi carga de responsabilidades cuando siento que probablemente no lo llevaré a cabo por falta de tiempo. Los próximos meses y demás serán probablemente muy enfebrecidos para mí y para otros. Parece difícilmente deseable, por tanto, unirme a cualquier comité responsable solo por las apariencias.

Sobre Sarat Bose, estoy completamente a oscuras sobre por qué debería estar tan enfadado conmigo, a no ser que sea por algún pasado agravio sobre mi actitud general en relación a las relaciones exteriores. Tuviese yo razón o no, me parece que Sarat ha actuado de una manera irresponsable e infantil. Recordarás quizás que Subhash no estuvo a favor en los viejos tiempos de la actitud del Congreso sobre España, Checoslovaquia, Munich y China. Quizá esto es un reflejo de esa vieja divergencia de puntos de vista. No sé de nada más que haya pasado.

Veo que vas a Bengala a principios de noviembre. Quizá pueda visitar Calcuta durante tres o cuatro días justo entonces. Si es así, espero reunirme contigo.
Puedes haber visto en los periódicos una invitación por parte del Presidente de la recién formada República de Indonesia a mí y a otros para visitar Java. En vista de las especiales circunstancias del caso he decidido inmediatamente aceptar esta invitación sujeta por supuesto a que consiga los recursos necesarios para ir allí. Es extremadamente dudoso que los consiga así que probablemente no iré. Java está solo a dos días por aire desde India, o incluso un día desde Calcuta. El vicepresidente de esta República Indonesia, Mohammad Hatta, es un muy viejo amigo mío. Supongo que sabes que la población javanesa es casi enteramente musulmana.

Espero que estés bien y te hayas recuperado completamente del ataque de gripe.

Tuyo afectuosamente,
JAWAHARLAL

MAHATMA GANDHI,
NATURE CURE CLINIC,
6, TODIWALA ROAD, POONA

Carta de Gandhi a Jawaharlal Nehru

Poona,
13 de noviembre de 1945

MI QUERIDO JAWAHARLAL,

Nuestra charla de ayer me alegró. Lamento que no pudiese ser más larga. Creo que no se puede terminar en una única sentada, sino que serán necesarias reuniones frecuentes entre nosotros. Estoy tan seguro que, solo con que fuese físicamente lo suficientemente apto para corretear, te daría caza donde quiera que estuvieses y volvería tras un par de días de charla con el corazón en la mano contigo. Lo he hecho antes. Es necesario que nos entendamos bien entre nosotros y que otros también entiendan claramente qué defendemos. No importaría si finalmente tuviésemos que estar de acuerdo en que no lo estamos, siempre que siguiésemos teniéndonos la consideración que ahora nos tenemos. La impresión que he sacado de nuestra charla de ayer es que no hay demasiada diferencia en nuestras perspectivas. Para probarlo he anotado debajo los puntos esenciales de lo que he entendido. Por favor, corrígeme si hay alguna discrepancia.

  1. La cuestión real, en tu opinión, es cómo dar lugar al más alto desarrollo intelectual, económico, político y moral del hombre. Estoy completamente de acuerdo.
  2. En esto, debería haber iguales derechos y oportunidades para todos.
  3. En otras palabras, debería haber igualdad entre los habitantes de la ciudad y los aldeanos en los estándares de alimentación y bebida, ropa y otras condiciones de vida. Para conseguir esta igualdad hoy la gente debería poder producir por sí misma lo necesario para vivir, esto es, ropa, alimentos, vivienda e iluminación y agua.
  4. El hombre no ha nacido para vivir aislado sino que es esencialmente un animal social independiente e interdependiente. Nadie puede o debiera subirse a las espaldas de otro. Si intentamos conseguir las condiciones para una vida así, no tenemos más remedio que llegar a la conclusión de que la unidad de la sociedad debería ser una aldea, o llámale grupo de gente pequeño y manejable que debería, idealmente, ser autosuficiente (en los temas de sus necesidades vitales) como una unidad y unidos en vínculos de cooperación e interdependencia mutua.

Si veo que te he entendido correctamente, pondré a consideración la segunda parte de la cuestión en mi próxima carta.

He conseguido a Rajkumari para que traduzca al inglés mi primera carta para ti. Todavía la tengo yo. Te adjunto una traducción al inglés de esta. Servirá para un doble propósito. Una traducción inglesa puede permitirme explicarme con más claridad y a fondo contigo. Además, me permitirá descubrir con precisión si te he entendido total y correctamente.

Bendiciones para Indu.

Bendiciones de

BAPU

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La crisis del Antropoceno

Hace unos meses, en una de las páginas web que suelo visitar, Ecologise.in, un lugar en el que se recopilan artículos sobre ecología, decrecimiento, etc. desde una perspectiva india, se publicó el prólogo de John Bellamy Foster a un libro de Ian Angus, Facing the Anthropocene. El artículo había aparecido previamente en Monthly Review. En los comentarios a esta entrada en la web india, el ecologista indio residente en Alemania Saral Sarkar hizo varias preguntas dirigidas a Foster. Este contestó en otro artículo publicado también en Ecologise. Como el debate me ha parecido interesante publico en una sola entrada la traducción de toda la discusión. 
John Bellamy Foster

Enlace al artículo original: https://monthlyreview.org/2016/09/01/the-anthropocene-crisis/
Visto en: http://www.ecologise.in/2017/03/17/john-bellamy-foster-anthropocene-crisis/

Este artículo es una adaptación de prólogo al libro de Ian Angus Facing the Anthropocene: Fossil Capitalism and the Crisis of the Earth System (Monthly Review Press, 2016).

Y es debido a que nos mantenemos en la oscuridad sobre la naturaleza de la sociedad humana -entendida como opuesta a la naturaleza en general- por lo que ahora nos enfrentamos (así me lo aseguran los científicos implicados) a la completa destructibilidad de este planeta que apenas se ha convertido en un lugar en el que vivir.

—Bertolt Brecht1

El Antropoceno, visto como una nueva era geológica que ha desplazado al Holoceno de los últimos 10.000 a 12.000 años, representa lo que ha sido denominado “brecha antropogénica” en la historia del planeta2. Introducido formalmente en el debate científico y medioambiental contemporáneo por el climatólogo Paul Crutzen en 2000, defiende la idea de que los seres humanos se han convertido en la fuerza geológica emergente primaria que afecta al futuro del Sistema Tierra. Aunque a menudo se ha seguido su rastro hasta la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII, el Antropoceno se ve probablemente con más claridad como algo surgido a finales de los años 1940 y principios de los 50. Pruebas científicas recientes sugieren que el periodo desde aproximadamente 1950 en adelante muestra un gran pico, marcando la Gran Aceleración en el impacto humano sobre el medio ambiente, encontrándose la traza más importante de la brecha antropogénica en la lluvia de radionúclidos procedentes de ensayos de armas nucleares.3

Planteado de esta forma, el Antropoceno puede ser visto como algo que coincide aproximadamente con el auge del movimiento ecologista moderno, que tuvo sus inicios en las protestas llevadas a cabo por científicos contra las pruebas nucleares terrestres tras la Segunda Guerra Mundial, y surgió como un movimiento más amplio tras la publicación de Primavera Silenciosa de Rachel Carson en 1962. Al libro de Carson le siguieron pronto en los 60 los primeros avisos por parte de científicos soviéticos y estadounidenses del calentamiento global acelerado e irreversible.4 Es esta interrelación dialéctica entre la aceleración hacia el Antropoceno y la aceleración del imperativo radical ecologista en respuesta lo que constituye el tema central del nuevo y maravilloso libro de Ian Angus. Es su capacidad para ofrecernos perspectivas sobre el Antropoceno como un nuevo nivel emergente de interacción naturaleza-sociedad producido por el cambio histórico -y cómo los nuevos imperativos ecológicos que genera se han convertido en la cuestión central a la que nos enfrentamos en el siglo XXI- lo que hace que Facing the Anthropocene sea tan indispensable.

Hoy parece probable que el Antropoceno llegará a estar vinculado especialmente con la ciencia de la época posterior a la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso, como en el de todos los grandes puntos de inflexión en la historia, hubo signos de picos menores en etapas tempranas durante todo el periodo a partir de la Revolución Industrial. Esto refleja lo que el filósofo marxiano István Mészáros denomina “la dialéctica de continuidad y discontinuidad” que caracteriza todos los nuevos desarrollos emergentes en la historia.5 Aunque el concepto de Antropoceno solo se ha desarrollado completamente con la noción científica moderna de sistema Tierra, y se ve cada vez más como algo que tiene su base física en la Gran Aceleración posterior a la Segunda Guerra Mundial, estuvo prefigurado por ideas anteriores, surgidas de pensadores que se centraron en los cambios dramáticos en la interrelación humanos-medio ambiente producidos por el auge del capitalismo, entre los que se incluye la Revolución Industrial, la colonización del mundo y la era de los combustibles fósiles.

“Naturaleza, la naturaleza que precedió a la historia humana”, tal como destacaron Karl Marx y Frederick Engels en una fecha tan temprana como en 1845, “ya no existe en ninguna parte (excepto quizá en unas pocas islas coralinas australianas de origen reciente).”6 Puntos de vista similares fueron presentados por George Perkins Marsh en Hombre y naturaleza en 1864, dos años antes de que Ernst Haeckel acuñase el término ecología, y tres años antes de que Marx publicase el primer volumen de El Capital, con su advertencia sobre la brecha metabólica en la relación entre los seres humanos y la Tierra.7

No fue hasta el último cuarto del siglo XIX y principios del siglo XX, sin embargo, que surgió el concepto clave de biosfera, a partir del cual se desarrolló la idea moderna de sistema Tierra, con la publicación, principalmente, de La Biosfera del geoquímico soviético Vladimir I. Vernadsky en 1926. “De manera notable”, escribieron Lynn Margulis y Dorian Sagan en ¿Qué es la vida?, “Vernadsky desmanteló los rígidos límites entre organismos vivos y medio ambiente no vivo, describiendo la vida globalmente antes de que ningún satélite nos mostrase fotografías de la Tierra desde órbita”.8

La aparición del libro de Vernadsky coincidió con la primera introducción del término Antropoceno (junto con Antropogeno) por parte de su colega, el geólogo soviético Aleksei Pavlov, quien lo utilizó para referirse a un nuevo periodo geológico en el que la humanidad era el principal causante del cambio geológico planetario. Como observó Vernadsky en 1945, “A partir de la idea del rol geológico del hombre, el geólogo A. P. Pavlov (1854-1929) en los últimos años de su vida solía hablar de la era antropogénica, en la que ahora vivimos… Destacó correctamente que el hombre, ante nuestros propios ojos, se está convirtiendo en una poderosa y siempre creciente fuerza geológica… En el siglo XX el hombre, por primera vez en la historia de la Tierra, ha conocido y abarcado toda la biosfera, completado el mapa geográfico del planeta Tierra y colonizado toda su superficie”.9

Simultáneamente al trabajo de Vernadsky sobre la biosfera, el bioquímico soviético Alexander I. Oparin y el biólogo socialista británico J.B.S. Haldane desarrollaron de manera independiente en los años 20 la teoría del origen de la vida, conocida como la “teoría de la sopa primigenia”. Tal como lo resumen los biólogos de Harvard Richard Levins y Richard Lewontin, “La vida surgió originalmente de la materia inanimada [lo que como es bien sabido Haldane describió como una “sopa caliente diluida”], pero este origen hizo que su repetición fuese imposible, porque los organismos vivos consumen las complejas moléculas orgánicas necesarias para recrear la vida de novo. Además, la atmósfera reductora [falta de oxígeno libre] que existía antes del principio de la vida se ha convertido, por acción de los organismos vivos, en otra rica en oxígeno reactivo”. De esta forma, la teoría Oparin-Haldane explicó por primera vez cómo se pudo haber originado la vida a partir de materia inorgánica, y porqué el proceso no se podía repetir. De manera igualmente significativa, la vida, surgida de esta forma hace miles de millones de años, podría ser vista como la creadora de la biosfera dentro de un complejo proceso de coevolución.10

Fue Rachel Carson, presentadora como es bien sabido del concepto de ecosistema al público estadounidense, en su charla de 1963 que supuso un hito, “Nuestro medio ambiente contaminado”,  quien expresó de la forma más elocuente esta perspectiva ecológica integrada y la necesidad de tenerla en cuenta en todas nuestras acciones. “Desde el principio de los tiempos biológicos”, escribió,

ha existido la interdependencia más íntima posible entre el medio ambiente físico y la vida que este sostiene. Las condiciones de la Tierra joven produjeron la vida; la vida, inmediatamente después, modificó las condiciones de la Tierra, de manera que este único y extraordinario acto de generación espontánea no podía ser repetido. De una forma u otra, la acción y la interacción entre la vida y lo que le rodea ha estado en marcha desde entonces.

Este hecho histórico tiene, creo, un significado más que académico. Una vez lo aceptamos vemos porqué no podemos llevar a cabo con impunidad repetidos asaltos contra el medio ambiente como ahora hacemos. Un estudiante serio sobre la historia de la Tierra sabe que ni la vida ni el mundo físico que la mantiene existen en pequeños compartimentos aislados. Por el contrario, reconoce la extraordinaria unidad entre organismos y medio ambiente. Por esta razón sabe que las sustancias dañinas liberadas en el medio ambiente vuelven con el tiempo para crear problemas a la humanidad.

La rama de la ciencia que trata de estas interrelaciones es la ecología…. No podemos pensar solo en los organismos vivos, ni podemos pensar en el medio ambiente físico como una entidad separada. Los dos existen juntos, actuando uno sobre el otro para formar un complejo ecológico o ecosistema.11

Sin embargo, a pesar de la visión ecológica integrada presentada por figuras como Carson, los conceptos de Vernadsky de biosfera y ciclos biogeoquímicos fueron minimizados durante mucho tiempo en Occidente debido al modo reduccionista que prevalecía en la ciencia occidental y el trasfondo soviético de estos conceptos. Los trabajos científicos soviéticos eran bien conocidos por los científicos en Occidente y fueron traducidos con frecuencia en los años de la Guerra Fría por editoriales científicas e incluso por el gobierno de los EEUU -aunque incomprensiblemente La Biosfera de Vernadsky no fue traducida al inglés hasta 1998-. Esto era una necesidad puesto que en algunos campos, como la climatología, los científicos soviéticos iban muy por delante de sus homólogos estadounidenses. Pero este amplio intercambio científico, que cruzaba las divisiones de la Guerra Fría, era raramente transmitido al público general, cuyo conocimiento de los logros soviéticos en estas áreas fue prácticamente inexistente. Ideológicamente, por tanto, el concepto de biosfera parecer haber caído durante mucho tiempo bajo una especie de prohibición.

No obstante, la biosfera ocupó el centro del escenario en 1970, con un número especial de Scientific American sobre el tema.12 Aproximadamente por esa misma época, el biólogo socialista Barry Commoner advirtió en El círculo que se cierra de los enormes cambios en la relación de los humanos con el planeta, a partir de la era atómica y el auge de los desarrollos modernos en química sintética. Commoner recordaba los tempranos avisos de la alteración medioambiental del capitalismo de los ciclos de la vida representados por el debate de Marx sobre la brecha en el metabolismo del suelo.13

En 1972, Evgeni K. Fedorov, uno de los principales climatólogos mundiales y miembro del Presidium del Soviet Supremo de la URSS, así como el principal partidario soviético de los análisis de Commoner (escribió unas “Observaciones finales” a la edición rusa), declaró que el mundo debería desengancharse de los combustibles fósiles: “El ascenso de la temperatura de la Tierra es inevitable si no nos limitamos al uso, como fuentes de energía, de la radiación solar directa y las energías hidráulica, maremotriz y eólica, en lugar de obtener energía de los [combustibles] fósiles o las reacciones nucleares”.14 Para Fedorov, la teoría de Marx del “metabolismo entre la población y la naturaleza” constituía la base metodológica para un enfoque ecológico de la cuestión del sistema Tierra.15 Fue en los 60 y 70 cuando los climatólogos de la URSS y los Estados Unidos hallaron por primera vez “pruebas”, en palabras de Clive Hamilton y Jacques Grinevald, de un “metabolismo mundial”.16

El auge de los análisis del sistema Tierra en las décadas siguientes se vio también fuertemente impactado por las extraordinarias vistas desde fuera, aparecidas con las primeras misiones espaciales. Como escribió Howard Odum, una de las figuras principales en la formación de la ecología de sistemas, en Medio ambiente, poder y sociedad:

Podemos empezar una visión de sistema de la Tierra con la macroscópica del astronauta muy por encima de la Tierra. Desde un satélite en órbita, la zona viva de la Tierra parece ser muy simple. La delgada cáscara de agua y aire que cubre la Tierra -la biosfera- está limitada hacia el interior por sólidos densos y hacia el exterior por el casi vacío total del espacio exterior… Desde los cielos es fácil hablar de equilibrios gaseosos, presupuestos energéticos de millones de años y la magnífica simplicidad del metabolismo total de la delgada cáscara exterior de la Tierra. Con la excepción del flujo de energía, la geobiosfera en su mayor parte es un sistema cerrado del tipo en que los materiales se reciclan y reutilizan.17

“El mecanismo de sobrecrecimiento” que amenaza este “metabolismo total”, seguía Odum, “es el capitalismo”.18 El concepto actual de Antropoceno refleja por tanto, por una parte, un reconocimiento reciente del rol en rápido aceleramiento de los impulsos antropogénicos en la alteración de los procesos biogeoquímicos y de los límites planetarios del sistema Tierra y, por otra, un serio aviso de que el mundo, bajo el “business as usual” [seguir como siempre], está siendo catapultado a una nueva fase ecológica -menos propicia para el mantenimiento de la diversidad biológica y una civilización humana estable-.

Unir estos dos aspectos del Antropoceno -vistos de forma diferente como el geológico y el histórico, el natural y el social, el clima y el capitalismo- en una visión única, integrada, es lo que constituye el logro principal de Facing the Anthropocene. Angus demuestra que el “capitalismo fósil”, si no es detenido, es un tren fuera de control que lleva al apartheid medioambiental global y a lo que el gran historiador marxista británico E.P. Thompson llamaba la amenazada etapa histórica del “exterminismo”, en la que las condiciones de existencia de centenares de millones, quizá miles de millones de personas, cambiarán drásticamente, y estarán en peligro las bases mismas de la vida tal como la conocemos. Además, todo esto tiene su origen en lo que Odum llamaba “capitalismo imperial”, que pone en peligro las vidas de las poblaciones más vulnerables del planeta en un sistema de desigualdad global forzada.19

Los peligros son tales que solo un enfoque nuevo, radical, de las ciencias sociales (y por tanto de la sociedad misma), nos dice Angus -uno que se tome en serio la advertencia de Carson de que si socavamos los procesos vivos de la Tierra esto “volverá en su momento” para acosarnos- puede daros las respuestas que necesitamos en la era del Antropoceno. Por lo que se refiere a la urgencia del cambio, “mañana es demasiado tarde”.20

Pero la ciencia social dominante, la que sirve al orden social dominante y a sus capas dirigentes, hasta ahora ha servido para oscurecer estos temas, poniendo su peso en las medidas paliativas junto a soluciones mecanicistas como los mercados de carbono y la geoingeniería. Es como si la respuesta a la crisis del Antropoceno fuese estrechamente económica y tecnológica, compatible con la ulterior expansión de la hegemonía del capital sobre la Tierra y sus habitantes -a pesar de que el actual sistema de acumulación de capital se encuentra en la raíz de esta crisis. El resultado es empujar al mundo a un peligro aún mayor. Lo que hace falta, por tanto, es reconocer que es la lógica de nuestro actual modo de producción -el capitalismo- lo que se interpone en el camino para crear un mundo de desarrollo humano sostenible que trascienda el desastre en espiral que de otra manera espera a la humanidad. Para salvarnos debemos crear una lógica socioeconómica diferente que apunte a fines humano-ambientales diferentes: una revolución ecosocialista en la que las grandes masas de la humanidad participen.

¿Pero no hay riesgos en un cambio tan radical? ¿No nos esperan grandes luchas y sacrificios ante cualquier intento de derrocar el sistema dominante de producción y de uso de la energía en respuesta al calentamiento global? ¿Hay alguna seguridad de que seremos capaces de crear una sociedad de desarrollo humano sostenible como conciben ecosocialistas como Ian Angus? ¿No sería mejor equivocarse por el lado del negacionismo que por el del ‘catastrofismo’?¿No deberíamos dudar en pasar a la acción a este nivel hasta que no sepamos más?

Aquí puede ser útil citar el poema didáctico del gran dramaturgo y poeta alemán Bertold Brecht “La parábola de Buda de la casa en llamas”:

Buda, sentado todavía bajo el árbol del pan, a los que no le
habían preguntado
les narró la siguiente parábola:
«No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo
era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí
que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité
que el techo estaba ardiendo, incitándoles
a que salieran rápidamente.
Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó,
mientras el fuego le chamuscaba las cejas,
qué tiempo hacía fuera, si llovía,
si no hacía viento, si existía otra casa,
y otras cosas parecidas. Sin responder,
volví a salir. Esta gente, pensé,
tiene que arder antes que acabe con sus preguntas.
Verdaderamente, amigos,
a quien el suelo no le queme en los pies hasta el punto de
desear gustosamente
cambiarse de sitio, nada tengo que decirle.»21 

Es el capitalismo y el medio ambiente global alienado que este ha producido lo que constituye hoy nuestra “casa en llamas”. Los ecologistas mayoritarios, ante este monstruoso dilema, han preferido generalmente hacer poco más que contemplarlo, observando y haciendo pequeños ajustes a lo que les rodea en el interior mientras las llamas lamen el tejado y toda la estructura amenaza con derrumbarse a su alrededor. El punto, en cambio, es cambiarlo, reconstruir la casa de la civilización con principios arquitectónicos diferentes, creando un metabolismo más sostenible entre la humanidad y la Tierra. El nombre del movimiento para conseguir esto, surgiendo de los movimientos socialistas y ecologistas radicales, es ecosocialismo, y Facing the Anthropocene es su manifiesto más actualizado y elocuente.

Notas

  1. ertolt Brecht,Brecht on Theatre (New York: Hill and Wang, 1964), 275.
  2. Clive Hamilton and Jacques Grinevald, “Was the Anthropocene Anticipated?”Anthropocene Review 2, no. 1 (2015): 67.
  3. Paul J. Crutzen and Eugene F. Stoermer, “The Anthropocene,”Global Change Newsletter, May 1, 2000, 17; Paul J. Crutzen, “Geology of Mankind,”Nature 415, no. 6867 (2002): 23; Colin N. Waters et al., “The Anthropocene Is Functionally and Stratigraphically Distinct from the Holocene,”Science 351, no. 6269 (2016): 137, 137, 2622-1–2622-10.
  4. Spencer Weart, “Interview with M. I. Budyko: Oral History Transcript,” March 25, 1990, http://aip.org; M. I. Budyko, “Polar Ice and Climate,” en J. O. Fletcher, B. Keller, and S. M. Olenicoff, eds.,Soviet Data on the Arctic Heat Budget and Its Climatic Influence (Santa Monica, CA: Rand Corporation, 1966), 9–23; William D. Sellars, “A Global Climatic Model Based on the Energy Balance of the Earth Atmosphere System,”Journal of Applied Meteorology 8, no. 3 (1969): 392–400; M. I. Budyko, “Comments,”Journal of Applied Meteorology 9, no. 2 (1970): 310.
  5. István Mészáros,The Power of Ideology (New York: New York University Press, 1989), 128.
  6. Karl Marx and Frederick Engels,Collected Works, vol. 5 (New York: International Publishers, 1976), 40.
  7. George P. Marsh,Man and Nature (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1965); Frank Benjamin Golley,A History of the Ecosystem Concept in Ecology (New Haven, CT: Yale University Press, 1993), 2, 207; Karl Marx,Capital, vol. 1 (London: Penguin, 1976), 636–39;Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), 949.
  8. Lynn Margulis and Dorion Sagan,What Is Life? (New York: Simon and Schuster, 1995), 47; Vladimir I. Vernadsky,The Biosphere (New York: Springer, 1998). El concepto de biosfera fue introducido originalmente por el geólogo francés Edward Suess en 1875, pero fue desarrollado mucho más por Vernadsky y acabó siendo asociado básicamente con él.
  9. Vladimir I. Vernadsky, “Some Words about the Noösphere,” en Jason Ross, ed.,150 Years of Vernadsky, vol. 2 (Washington, D.C.: 21st Century Science Associates, 2014), 82; E. V. Shantser, “The Anthropogenic System (Period),” enThe Great Soviet Encyclopedia, vol. 2 (New York: Macmillan, 1973), 140. El artículo de Shantser introdujo la palabra “Antropoceno” en ingles.
  10. Richard Levins and Richard Lewontin,The Dialectical Biologist (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1985), 277; A. I. Oparin, “The Origin of Life,” en J. D. Bernal,The Origin of Life (New York: World Publishing, 1967), 199–234; and J. B. S. Haldane, “The Origin of Life,” en Bernal,The Origin of Life, 242–49.
  11. Rachel Carson,Lost Woods (Boston: Beacon, 1998), 230–31.
  12. G. Evelyn Hutchinson, “The Biosphere,”Scientific American 233, no. 3 (1970): 45–53.
  13. Barry Commoner,The Closing Circle: Nature, Man, and Technology (New York: Knopf, 1971), 45–62, 138–75, 280.
  14. E. Fedorov citado en Virginia Brodine,Green Shoots, Red Roots (New York: International Publishers, 2007), 14, 29. Véase también E. Fedorov,Man and Nature (New York: International Publishers, 1972), 29–30; John Bellamy Foster, “Late Soviet Ecology and the Planetary Crisis,”Monthly Review67, no. 2 (June 2015): 9; M. I. Budyko,The Evolution of the Biosphere (Boston: Reidel, 1986), 406. Los llamamientos de figuras prominentes como Fedorov a una respuesta más rápida y radical a los problemas medioambientales fueron básicamente ignorados por el estado soviético, con trágicos resultados.
  15. Fedorov,Man and Nature, 146.
  16. Hamilton and Grinevald, “Was the Anthropocene Anticipated?” 64.
  17. Howard T. Odum,Environment, Power, and Society for the Twenty-First Century (New York: Columbia University Press, 2007), 3.
  18. Odum,Environment, Power, and Society, 263.
  19. E. P. Thompson,Beyond the Cold War (New York: Pantheon, 1982) 41–80; Rudolf Bahro,Avoiding Social and Ecological Disaster (Bath, UK: Gateway, 1994), 19; Odum,Environment, Power, and Society, 276–78.
  20. Rolf Edburg and Alexei Yablokov,Tomorrow Will Be Too Late (Tucson, AZ: University of Arizona Press, 1991).
  21. Bertolt Brecht,Tales from the Calendar (London: Methuen, 1961), 31–32.

 

En la publicación de este artículo en Ecologise.in Sarkal Sarvar hizo el siguiente comentario:

Artículo original: http://www.ecologise.in/2017/03/26/expropriation-earth-response-saral-sarkar/

Preguntas para John Bellamy Foster

Saral Sarkar

El profesor Bellamy Foster es un académico reconocido. Si su erudición también implica servir a la causa que apoya, se le puede pedir que conteste por favor a las siguientes preguntas/comentarios de un lector de este artículo: ¿Para qué sirve reemplazar el término comúnmente utilizado y bien comprendido de “gran crisis ecológica” con el apenas conocido y no bien entendido largo término marxiano “brecha metabólica en la relación de los humanos con la Tierra”?

Hay algunas frases/afirmaciones más en el artículo que suscitan comentarios críticos. Por ejemplo, “crear un mundo de desarrollo humano sostenible…”. Esto me hizo enarcar las cejas. “Desarrollo sostenible” ha sido desde los años 80 la expresión en boga de la economía capitalista desarrollista. Pero el término no significaba nada nuevo. Era como agua potable pura deshidratada. Por supuesto, Bellamy Foster utiliza el atributo adicional “humano”. Pero “desarrollo humano” también ha estado circulando durante mucho tiempo. ¿No significa llanamente desarrollo económico sostenible?

Una pregunta directa: ¿No cree Bellamy Foster que el objetivo inmediato del ecosocialismo debería ser iniciar una política de decrecimiento, de contracción de la economía, de contracción de la población? ¿Y el objetivo a largo plazo, una economía estacionaria socialista de nivel bajo?

Sabemos cuánto caos ecológico causaron la Unión Soviética socialista y otros países “socialistas” del Este de Europa. No es correcto por tanto decir, creo, “Es el capitalismo… lo que constituye nuestra ‘casa en llamas”. ¿No sería mejor, porque es más cierto, decir que es el industrialismo lo que ha constituido durante los últimos doscientos años nuestra casa en llamas, siendo capitalismo y ‘socialismo’ simplemente dos variantes políticas del mismo modo de vida industrial?

Y esta fue la respuesta de Foster:

Contra la expropiación de la Tierra: Una respuesta a Saral Sarkar

John Bellamy Foster

Agradezco las preguntas de Saral Sarkar a mi prólogo al libro de Ian Angus Facing the Anthropocene. Intentaré responder a sus preguntas tan brevemente como pueda y en el orden en que fueron hechas. He numerado mis respuestas para comodidad del lector.

1. No hay ningún sentido en el que el concepto de Marx de “brecha irreparable en el proceso interdependiente de metabolismo social” (o brecha metabólica), tal como es usado este concepto hoy por ecosocialistas, pueda ser visto como un sustituto de la idea de crisis ecológica global. El desarrollo de Marx de un enfoque de sistema socioecológico (basado en la idea de metabolismo) surgió a partir de los debates científico-naturales de su tiempo y prefiguró el auge del concepto de ecosistema y más tarde del análisis del Sistema Tierra. Está íntimamente conectado con nuestro actual conocimiento científico.

Así, un artículo en el número de marzo de 2017 en Scientific Reports se refiere a la “brecha metabólica“, citando el Capital de Marx, en un intento de abordar alguno de nuestros problemas humano-ecológicos contemporáneos. De manera similar, los científicos del Grupo de Trabajo del Antropoceno definen este como una “brecha antropogénica” en el Sistema Tierra (o metabolismo terrestre). De hecho, más que como desplazamiento de la idea de crisis ecológica global, la brecha metabólica de Marx puede ser vista como algo que añade claridad a nuestro conocimiento de esa muy real crisis y particularmente las interconexiones dialécticas entre sus aspectos sociales y ecológicos.

2. El concepto de “desarrollo humano sostenible” fue destacado en el artículo hoy clásico de Paul Burkett “La visión de Marx del desarrollo humano sostenible“, publicado en el número de octubre de 2005 de Monthly Review. Marx escribió en el volumen tercero del Capital la que es sin duda la concepción más radical de sostenibilidad presentada nunca, defendiendo que los individuos no poseen la Tierra, que incluso toda la población de todos los países del mundo no posee la Tierra, sino que simplemente la conserva en fideicomiso para las futuras generaciones y debe mantenerla e incluso mejorarla como buenos cabezas de familia. Él definía el socialismo como una formación social en la que los productores asociados regulan racionalmente el metabolismo con la tierra de manera que se promuevan genuinas necesidades humanas, economizando al mismo tiempo el gasto de energía

Es ciertamente posible, por tanto, sobre la base del materialismo histórico clásico, desarrollar una concepción revolucionaria de “desarrollo humano sostenible” -radicalmente opuesta a “desarrollo sostenible” tal como se define en la economía neoclásica-. Desarrollo humano sostenible no se puede tomar como si significase crecimiento económico sostenible -un término que desde una perspectiva de sistema Tierra es una contradictio in adiecto-. Con toda seguridad sería un error fatal para la izquierda desarmarse intelectualmente abandonando conceptos disputados como sostenibilidad y ecología -o, si vamos al caso, igualdad, democracia y libertad- simplemente porque hayan sido apropiados y distorsionados de diversas formas por la ideología dominante. Debemos luchar por nuestras propias perspectivas.

3. El decrecimiento, en la forma en que se presenta normalmente hoy, no puede ser el principal objetivo organizativo del movimiento ecosocialista, puesto que ni aborda la amenaza ecológica inmediata ni se compromete con la necesidad de un cambio estructural del sistema capitalista. Dada la emergencia planetaria, el objetivo principal del movimiento ecologista en la actualidad debe ser mitigar el cambio climático, que sin embargo no se puede separar de toda una serie de problemas sociales y ecológicos.

En el Antropoceno, nos enfrentamos con la posibilidad futura, si la sociedad continua por la vía de business as usual, del fin de la civilización (en el sentido de sociedad humana organizada) e incluso potencialmente de la especia humana misma. Pero mucho antes de eso cientos de millones de personas se verán afectadas por sequías crecientes, el aumento del nivel del mar y acontecimientos climáticos extremos de todo tipo. Esto exige un cambio radical en la “hegemonía política y económica”, como señala Kevin Anderson, del Tyndall Centre for Climate Change Research. Anderson también insiste en una suspensión inmediata del crecimiento económico y de todo intento de estimular el crecimiento a expensas del medio ambiente. Es necesaria la conservación, así como cambios en el uso de recursos, tecnología y valores de uso. Los combustibles fósiles deben quedar bajo tierra.

Todo esto va en la línea de lo que defienden los teóricos del decrecimiento. Pero todo el concepto de decrecimiento ha sido distorsionado por el hecho de que se usa generalmente para poner el concepto dominante de crecimiento económico a la cabeza, defendiendo simplemente una reducción del sistema, o dar marcha atrás, sin comprometerse a una crítica completa del capitalismo o a promover cambios estructurales revolucionarios que serían necesarios para enfrentarse al sistema capitalista. Ciertamente no hay ninguna duda de que debemos movernos hacia una economía de estado estacionario en el sentido de Herman Daly de no formación de capital neto.

El peso de la economía en los países ricos del mundo capitalista avanzado debe reducirse. Pero no deberíamos caer en el error de verlo simplemente como un problema de escala como hacen comúnmente los teóricos del decrecimiento. Toda la estructura del sistema del capital debe ser superada y reemplazada por una sociedad de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica. El fracaso al abordar el cambio estructural revolucionario es la principal debilidad de la perspectiva decrecentista, que todavía no ha escapado de la ideología del capital. Así, pensadores decrecentistas destacados como Serge Latouche insisten en que el decrecimiento desde su punto de vista es de alguna manera compatible con el capitalismo.

4. Es cierto que si todo lo demás sigue igual, el aumento de la población sobrecarga la capacidad de carga del planeta. Pero las perspectivas malthusianas burdas no son útiles para abordar el problema ecológico. Es la acumulación de capital, no el aumento de la población, el principal factor en el cambio climático. Aunque las emisiones de carbono tienen que detenerse en todo el planeta en las próximas décadas -esto es, el mundo tiene que alcanzar cero emisiones netas para 2050- las mayores reducciones de las emisiones necesariamente deberán producirse en los países ricos, donde las emisiones de carbono per cápita son las más altas.

No hace falta señalar que los países ricos, con las mayores emisiones de carbono per cápita, no son aquellos países con las mayores tasas de crecimiento de población. De hecho, los países más pobres con las mayores tasas de crecimiento de población tienden a ser aquellos países con el menor impacto per cápita sobre el clima. El crecimiento de población en el capitalismo es una variable dependiente. Es dependiente de las condiciones del capitalismo y el imperialismo en un estado o región dados, y de factores como el empleo, la salud, la educación, los derechos de las mujeres, etc. Un libro excelente sobre este tema es el de Ian Angus y Simon Butler ¿Demasiada gente? [Too Many People?]

5. La pregunta de si es el industrialismo más que el capitalismo la fuente de nuestra “casa en llamas” es extraño que la haga alguien con alguna conexión con el ecosocialismo. El argumento que presenta aquí Sarkar es que como la Unión Soviética dañó su medio ambiente y era un país industrializado pero no capitalista, deberíamos por tanto apartarnos del análisis de formaciones sociales históricamente específicas, como el capitalismo (o anteriormente el “socialismo realmente existente”) y en su lugar deberíamos atribuir todo el problema a la idea más general, abstracta, de industrialización.

Si llevamos más lejos la misma lógica, llevaría a uno a defender que, dado que las sociedades preindustriales también destruyeron su medio ambiente, la industrialización no es una explicación suficiente. Deberíamos por tanto atribuir el problema ecológico a la sociedad humana en general. Y, luego, dado que los humanos son animales sociales, la sociedad en sí misma se puede considerar una explicación insuficiente, así que deberíamos atribuir el problema ecológico a la existencia misma de seres humanos. Ergo, simplemente, hay demasiada gente.

Este enfoque no es muy útil, en el sentido que elimina todos los elementos históricos cruciales del problema, y también nuestra capacidad de actuar de manera racional. Lo que está fuera de cuestión es que el capitalismo es un sistema dedicado sobre todo a la acumulación de capital. Como señaló Marx, el capitalista solo conoce ‘Vamos, vamos’ (Crece, crece), esto es, D-M-D’… D-M-D” … D-M-D”’ ad infinitum. En estos intentos cada vez más irracionales para expandirse, el capital (el capitalista, las corporaciones) convierte en mercancía todo lo que existe, poniendo en peligro a la humanidad y a todo el planeta. En menos de una generación bajo el business as usual este proceso nos arrojará por el precipicio climático. Solo hay una conclusión posible: ¡Cambio de sistema, no cambio climático!

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Prepárense para el «crash» financiero, petrolero y alimenticio de 2018

Nafeez Ahmed

Artículo original: Insurgence Intelligence

Una nueva investigación científica plantea que el mundo se enfrenta a una inminente escasez de petróleo que disparará otra crisis financiera.

Un informe de HSBC muestra que, contrariamente a la narrativa convencional en la industria, incluso con la superabundancia de petróleo y gas no convencionales, la mayor parte de la producción mundial de petróleo ya ha llegado a su cénit y empieza a descender; mientras científicos oficiales europeos muestran que el valor de la energía producida por el petróleo ha disminuido a la mitad en apenas los primeros 15 años del siglo XXI.

¿El resultado? Bienvenidos a una nueva era de recesión económica permanente dirigida por la dependencia actual de petróleo sucio, caro, difícil… a no ser que escojamos un camino completamente diferente.


El pasado septiembre algunos medios informaron de los descubrimientos contraintuitivos de un nuevo informe de investigación de HSBC sobre la oferta mundial de petróleo. Desgraciadamente, las verdaderas implicaciones del informe de HSBC fueron básicamente incomprendidas.

La nota de investigación de HSBC —preparada para clientes del banco internacional— descubrieron que, contrariamente a las preocupaciones sobre una oferta excesiva de petróleo y una demanda insuficiente, la situación era la opuesta: el suministro mundial de petróleo en los próximos años será insuficiente para mantener una demanda creciente.

Sin embargo, la plena e impresionante trascendencia del informe sobre la entrada permanente del mundo en una nueva era de declive petrolero mundial realmente nunca se llegó a explicar. El informe no solo iba contracorriente respecto a que la principal preocupación es el cénit de la demanda: reivindicaba lo que es rutinariamente vapuleado por las grandes petroleras como un mito, esto es, el cénit del petróleo (el pico máximo y posterior declive irreversible de la producción mundial de petróleo).

El informe de HSBC que usted debe leer (¡ahora!)

Portada del informe de HSBC

INSURGE intelligence obtuvo una copia del informe en diciembre de 2016 y por primera vez publicamos en exclusiva el informe completo por su interés público: Informe de HSBC sobre el pico del petróleo.

Radicado en Londres, HSBC es el sexto mayor banco mundial, con unos activos por valor de 2,67 billones de dólares. Así que cuando elabora un informe de investigación para sus clientes sería sensato prestarle atención y ver qué podemos aprender.

Entre los descubirmientos más impactantes se encuentra que “el 81% de la producción total de líquidos está ya en declive.”

Entre 2016 y 2020 la producción de los países que no son miembros de la OPEP será plana debido a la disminución en la producción de petróleo convencional, aunque la OPEP continuará aumentando la producción modestamente. Esto significa que en 2017 la capacidad ociosa disponible podría ser tan escasa como un 1% de la demanda global de petróleo.

Esto aumenta el riesgo de un gran shock en el suministro de petróleo mundial alrededor de 2018 que podría “afectar significativamente a los precios”.

El informe afirma llanamente que el cénit de demanda (la idea que la demanda dejará de crecer dejando al mundo inundado por un suministro demasiado grande), aunque ciertamente es un problema relevante dados los acuerdos sobre el cambio climático y las tendencias rompedoras en tecnologías alternativas, no es el reto más inminente:

“Aun en un mundo de crecimiento más lento de la demanda de petróleo, creemos que el mayor reto a largo plazo es compensar el declive en la producción de los campos maduros. La escala de este problema es tal que desde nuestro punto de vista ciertamente bien se podría dar una reducción del suministro global algún tiempo antes de que, siendo realistas, veamos un cénit de la demanda global”.

En la actual sobreabundancia del suministro gracias a la producción no convencional creciente, la caída de los precios del petróleo ha dañado la rentabilidad de la industria y ha llevado a importantes recortes en nuevas inversiones en la producción. Esto, dice HSBC, agravará la probabilidad de una reducción de la oferta global de petróleo desde 2018 en adelante.

¿Alguien tiene por ahí cuatro Arabias Saudíes?

El informe de HSBC examina dos principales conjuntos de datos, el de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y el Programa de Sistemas de Energía Global de la Universidad de Uppsala en Suecia.

Este último, conviene destacar, ha defendido consistentemente durante muchos años un escenario de cénit global del petróleo. El informe de HSBC confirma la exactitud de este escenario, y muestra que los datos de la AIE lo respaldan.

El ritmo y la naturaleza de los nuevos descubrimientos de petróleo ha disminuido dramáticamente en las últimas décadas, alcanzando niveles casi insignificantes a escala mundial, dice el informe. Compárese esto con la advertencia del informe de que solo para mantener la producción plana frente a un aumento del ritmo de disminución, el mundo necesitará añadir la producción equivalente de cuatro Arabías Saudíes para 2040. La producción norteamericana, a pesar de seguir siendo la más prometedora desde el punto de vista de su potencial, simplemente no será capaz de llenar este vacío.

Business Insider, el Telegraph y otros medios que cubrieron el informe el pasado año reconocieron la brecha en la oferta, pero no clarificaron adecuadamente que los devastadores hallazgos de HSBC básicamente pronostican una escasez a largo plazo de petróleo barato debido al pico del petróleo global, de 2018 a 2040.

El informe revisa la manera en que se enfoca el concepto de cénit del petróleo. Más que preverlo como un suceso global único, el informe usa un enfoque desagregado centrándose en regiones y productores específicos. Según este análisis, el 81% del suministro mundial de petróleo ha llegado al cénit en la producción así que ahora está en el “post-cénit”.

Si se usa una definición más estricta, la cantidad de petróleo global que ha llegado a su pico es un 64%. Pero en cualquier caso, bastante más de la mitad del suministro global de petróleo procede de campos maduros y en declive cuya producción está inexorable e irreversiblemente disminuyendo:

“si suponemos una tasa de disminución del 5% anual en una oferta global post-cénit de 74 mbd (millones de barriles diarios) —lo que no es en absoluto algo exagerado desde nuestro punto de vista— esto supondría una caída del suministro post-cénit de cerca de 38 mbd para 2030 y de cerca de 52 mbd en 2040. En otras palabras, el mundo necesitaría encontrar más de cuatro veces el tamaño de Arabia Saudí solo para mantener el suministro plano, antes de que el crecimiento de la demanda se tenga en cuenta.”

Lo que es peor es que cuando se tiene en cuenta el crecimiento de la demanda —y el informe indica que hasta las proyecciones más conservadoras prevén un crecimiento de la demanda mundial de petróleo para 2040 de más de 8 mbd por encima de la de 2015— entonces se necesitaría más petróleo para llenar la brecha de suministro que viene. Pero con los nuevos descubrimientos en su punto más bajo y disminuyendo, la conclusión es que el petróleo simplemente nunca llenará esta brecha.

La innovación tecnológica acentúa el problema

Las muy cacareadas mejoras en los ritmos de perforación y la eficiencia no mejorarán las cosas porque solo acelerarán la producción a corto plazo, agotando por tanto las reservas existentes. En este caso, concluye el informe:

“…las técnicas que retrasan el declive solo están enmascarando lo que podrían ser tasas más altas de disminución en el futuro”.

Esto no significa que el pico de la demanda deba ser desestimado como una preocupación importante. Como me dijo para mi anterior artículo en VICE Michael Bradshaw, profesor de energía global en la Escuela de negocios Sloan de la Universidad de Warwick,cualquier regreso a precios más altos de petróleo tendrá grandes consecuencias económicas.

El informe de HSBC defiende la posición de que los precios tendrán que subir en última instancia, porque la caída en la inversión debido a la disminución de la rentabilidad en la actual superabundancia hará que la contracción del suministro sea inevitable. Una perforación mejor y más eficiente crea superabundancia ahora, pero también acelera el agotamiento, lo que significa que precios más bajos y superabundancia de petróleo hoy son precursores de precios más altos y contracción de la oferta mañana.

Hay otra posibilidad que podría suponer que los precios no suban como pronostica HSBC. En este escenario, la economía sigue siendo demasiado débil para permitirse una subida del precio del petróleo. La demanda de petróleo sigue baja porque la actividad económica sigue tibia, mientras consumidores e inversores siguen buscando fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles. En ese caso, la misma inercia del debilitamiento de la economía anticiparía el escenario de HSBC, y la industria seguiría expulsándose del mercado ella sola lentamente debido a la rentabilidad menguante.

Puntas de precios, recesión económica

Pero, ¿qué sucede si el pronóstico de HSBC sobre la oferta es correcto?

En primer lugar, las puntas de precios del petróleo tendrían un efecto recesivo inmediato sobre la economía mundial al amplificar la inflación, y llevarían a costes más altos de la actividad social en todos los niveles, conducidos por unos costes energéticos subyacentes más altos.

En segundo lugar, aunque las puntas puedan devolver a algunas compañías petroleras a una potencial rentabilidad, esos precios más altos llevarán a los incentivos en el consumo a una transición a tecnologías de energías renovables más baratas, como la solar y la eólica, que ya se están convirtiendo en competitivas en costes respecto a los combustibles fósiles. [Nota del editor]

Esto significa que una retracción petrolera global podría terminar teniendo un gran impacto sobre la demanda continuada de petróleo, a medida que las crisis gemelas del cénit del petróleo y del cénit de la demanda terminen intensificándose e interactuando de maneras desconocidas.

La desaparición de los combustibles fósiles

Las predicciones específicas del informe de HSBC sobre la oferta y la demanda global de petróleo, que pueden o no resultar precisas, son parte una historia más amplia de declive de la energía neta global.

Una nueva investigación científica realizada por un equipo de científicos oficiales europeos, publicada por el web Arxiv de la Universidad de Cornell en octubre de 2016 advierte de que la economía mundial ha entrado en una nueva era de crecimiento lento y en declive. Esto es así porque el valor de la energía que se puede producir a partir de los recursos de combustibles fósiles mundiales se reduce inexorablemente.

El estudio —actualmente bajo revisión en una revista académica— fue escrito por Francesco Meneguzzo, Rosaria Ciriminna, Lorenzo Albanese y Mario Pagliaro, quienes llevaron a cabo colectivamente una investigación sobre cambio climático, energía, física y ciencia de los materiales en el Consejo Nacional de Investigación italiano (CNR) —la agencia gubernamental para la investigación científica de Italia más importante.

Según HSBC, los precios del petróleo es probable que suban y se estabilicen durante algún tiempo en torno a los 75 dólares por barril debido al declive a largo plazo en la producción en relación a una demanda persistente. Pero los científicos italianos han descubierto que sigue siendo demasiado alto para evitar desestabilizar los efectos recesivos sobre la economía.

El estudio italiano ofrece un nuevo modelo que combina “la dinámica de competencia entre la población y el crecimiento económico y la oferta de petróleo y el precio”, con una visión para evaluar las consecuencias a corto plazo para el crecimiento económico global. [Nota del editor]

Los datos de los últimos 40 años muestran que durante las recesiones económicas el precio del petróleo llega a un tope de 60 dólares por barril, pero durante el crecimiento económico sigue por debajo de los 40 dólares el barril. Esto significa que los precios por encima de 60 dólares inevitablemente inducirán una recesión.

Los científicos concluyen, por tanto, que para evitar la recesión “el precio del petróleo no debería exceder un umbral situado en algún punto entre los 40 dólares por barril y los 50 dólares, o posiblemente aún más bajo”.

En un sentido más amplio, los científicos muestran que hay una correlación directa entre el crecimiento global de la población, el crecimiento económico y el consumo total de energía. A medida que este último ha crecido ininterrumpidamente ha dado energía literalmente al crecimiento de la riqueza global.

Pero incluso así, el estudio descubre que el mundo está experimentando…

“…unas TREs [Tasas de Retorno Energético] promedio en disminución para todos los combustibles fósiles; con la TRE del petróleo habiéndose reducido a la mitad en el breve curso de los primeros 15 años del siglo XXI”.

La TRE es el valor total de energía que un recurso puede generar, calculada comparando la cantidad de energía extraída con la cantidad de energía utilizada para conseguir su extracción.

Esto significa que, en conjunto, a pesar de que la producción total de líquidos aumente, como el valor de la energía que esta genera está disminuyendo, simultáneamente los costes totales de extracción están aumentando.

Esto está actuando como un freno geofísico al el crecimiento económico global. Y significa que cuanto más siga la economía siendo dependiente de los combustibles fósiles, más atada estará la economía al impacto recesivo del declive global de la energía neta:

“La oportunidad de un crecimiento económico futuro que se acompase con la actual trayectoria de la población humana está intrínsecamente ligada a la amplia y creciente disponibilidad de fuentes de energía muy concentradas que disfruten de una amplia aplicabilidad en usos finales de energía”.

El problema es que desde los 80 la parte proporcional del petróleo en el mix global de energía ha disminuido. Para compensar esto, el crecimiento económico ha tenido que depender cada vez más de inteligentes instrumentos financieros basados en deuda: en efecto, el mundo está pidiendo prestado al futuro para mantener nuestros actuales niveles de consumo.

En una entrevista, el autor principal Dr. Francesco Meneguzzo explicaba que:

“El petróleo convencional mundial llegó a su cénit alrededor del año 2005. Todo el aumento de la oferta siguiente se debió a la explotación de petróleo no convencional y, desde 2009, básicamente al petróleo ligero de rocas compactas de los EEUU, que a su vez llegó a su cénit alrededor de marzo de 2015”.

Lo que parece ser aún más importante, en cualquier caso, es el hecho de que la oferta global de petróleo no ha conseguido mantener el ritmo del aumento del consumo total de energía, cuyo crecimiento natural requiere que sea aproximadamente proporcional al aumento de la población, llevando a una disminución de la parte proporcional del petróleo en el mix energético. Mientras los gobiernos luchaban por alimentar sus economías con un suministro de energía creciente, otras fuentes han reemplazado progresivamente al petróleo en el mix energético, como el carbón en China. Pero ninguna otra fuente convencional ha demostrado ser un sustituto válido para el petróleo y de ahí la necesidad de la deuda para reemplazar la parte del petróleo que se desvanece”.

En una trayectoria BAU (Business As Usual, que las cosas sigan como siempre), la economía puede que literalmente no se recupere nunca —a no ser que efectúe una transición a una nueva fuente de energía verdaderamente viable que pueda sustituir al petróleo.

“Para evitar que el precio [del petróleo] que se puede permitir la economía global caiga por debajo del coste de extracción, que la deuda se esté apilando (pidiendo prestado al futuro) se convierte en una necesidad, pero es un simple truco para ganar algún tiempo mientras confiamos en que algo positivo ocurra”, dijo Meneguzzo. “La realidad es que la deuda, básicamente un sustituto del petróleo, no sirve para producir riqueza real, como muestra por ejemplo el declive del valor de la industria sumado como porcentaje del PIB”.

¿Dónde terminará esto?

“Recientemente, la deuda ha empezado a disminuir, básicamente porque no ha conseguido generar riqueza real. Suponiendo que no haya una transición significativa (y rápida) a una energía renovable, el crecimiento económico solo puede deteriorarse más y más”.

Básicamente esto significa, añade Meneguzzo, “deslocalizar industrias a economías que usen fuentes de energía locales, más baratas y más sucias (como el carbón en China) así como salarios más bajos, una demanda agregada doméstica cada vez más baja y alimentar una espiral descendente de deflación y/o deuda”. ¿Hay alguna salida? No con la actual trayectoria: “A menos que se use inmediatamente la deuda para explotar fuentes renovables de energía a escala masiva, junto con accesorios como un almacenamiento que las haga tan capaces como el petróleo, parecen inevitables los desarreglos sociales y políticos, incluso antes de un crash económico”.

Convergencia de crisis

Visto en este contexto científico más amplio, el informe sobre la oferta global de petróleo del HSBC proporciona una confirmación realmente impresionante de que, en su mayor parte, la producción global de petróleo está ya en el post-cénit. Esto es claramente incontrovertible y derivado de datos validados por la industria.

HSBC cree que tras 2018 esto se va a manifestar no simplemente en un shock global de la oferta, sino en un mundo en el que los combustibles fósiles baratos y de alta calidad serán cada vez más difíciles de encontrar.

No tenemos que aceptar este pronóstico dogmáticamente: el mercado de petróleo post-cénit, que HSBC confirma que ya existe, puede funcionar de forma diferente a lo que nadie puede fácilmente pronosticar.

Pero si el pronóstico de HSBC es exacto, esto es lo que puede significar. Un posible escenario es que para 2018 o poco después, el mundo se enfrentará a una convergencia similar de crisis globales a las que sucedieron una década antes.

En este escenario, las subidas del precio del petróleo tienen un efecto recesivo que desestabiliza la burbuja de deuda global que durante algunos años ha sido más alta que los niveles pre-crash de 2008, ahora en una cifra récord de 152 billones.

En 2008, los shocks en el precio del petróleo jugaron un papel clave en la creación de condiciones económicas pre-crisis para el consumo en las que los aumentos de los costes de la vida ayudaron a disparar incumplimientos de deuda en los mercados de la vivienda, que rápidamente entraron en una espiral descontrolada.

En 2008, o poco después, la convergencia de las crisis económica y energética llevaron a una subida de los alimentos, regenerando los contornos de la triple crisis que vimos asolar al mundo de 2008 a 2011, de cuyos debilitantes impactos todavía tenemos que recuperarnos.

2018 será probablemente el año de la crisis por otra razón. El 1 de enero de 2018 es la fecha en la que toda una nueva cohorte de regulaciones van a ser aplicadas, lo que “limitará la capacidad de los bancos para prestar y dará pie para que solo avancen dinero a los mejores solicitantes de préstamos, lo que podría acelerar las bancarrotas en todo el mundo”, según Bloomberg. Otras normas que se pondrán en marcha obligarán a los bancos a usar sus propias medidas internacionales de evaluación de riesgos para el comercio de derivados.

Irónicamente, la introducción de una regulación igual de bien intencionada en enero de 2008 (mediante Basilea II) creó las condiciones de base para la ruptura de la arquitectura financiera mundial, haciéndola vulnerable al colapso bancario de ese año.

De hecho, dos años antes, en julio de 2006, el Dr. David Martin, un experto en finanzas globales, proféticamente pronosticó que Basilea II interactuaría con la burbuja de la deuda para convertir un colapso de la burbuja inmobiliaria en una conflagración financiera global.

Justo un mes después del aviso profético, un antiguo alto oficial del Pentágono con acceso de alto nivel y amplio rango al establishment militar, de inteligencia y financiero me dijo que era inminente un colapso bancario global, y ocurriría probablemente en 2008.

Mi fuente insistió en que el suceso estaba vinculado con el cénit de la producción convencional de petróleo dos años antes (lo que según el antiguo científico jefe del gobierno inglés Sir David King de hecho se produjo alrededor de 2005, aunque la producción de petróleo y gas no convencional ha compensado el declive hasta ahora).

Habiendo esbozado por primera mi aviso de un colapso bancario global en 2008 en agosto de 2006, rearticulé el aviso en noviembre de 2007, citando la previsión del Dr. Martin y mi propio sistema de análisis más amplio en una conferencia en el Imperial College de Londres. En esa conferencia predije específicamente que una crisis bancaria desencadenada por la vivienda se desataría en el contexto de la nueva era de combustibles fósiles caros.

Lo dije entonces y lo digo ahora.

En algún momento después de enero de 2018 vemos la probabilidad de una nueva convergencia de crisis en los sistemas energético, económico y alimentario similar a lo que ocurrió en 2008.

A la postre, podría estar equivocado. El crash podría no producirse exactamente en 2018. Podría ser más tarde. O podría dispararse por alguna otra cosa, algo inesperado, que el modelo esbozado aquí no capta.

El objetivo de un pronóstico no es tener razón, sino imaginar un escenario potencial basado en los datos disponibles al que uno se pueda razonablemente preparar; y ajustar el modelo a la luz de nuevos datos.

Tenga lugar o no un crash en la forma precisa expuesta aquí, lo que está claro a partir de las nuevas investigaciones es que la economía es muy vulnerable a las crisis financieras por razones de las que los economistas convencionales no hablan: razones relacionadas con el sistema energético del que la economía es básicamente dependiente.

Hoy, se supone que debemos creer tranquilamente que la economía está en recuperación, cuando de hecho está simplemente en un periodo de transición en un cambio de fase sistémico global fundamental en el que se está desvelando progresivamente la insostenibilidad de las estructuras industriales dominantes.

La verdad es que los ciclos de crisis económica extendida son sintomáticos de un proceso sistémico global más profundo.

Una forma en la que podemos prepararnos para el siguiente crash es reconocerlo abiertamente como lo que es: un síntoma de un fallo de sistema global, y por tanto de la inevitable transición a un futuro postcarbono postcapitalista.

El futuro en el que estamos entrando simplemente no funciona de la manera a la que estamos acostumbrados.

Las normas de la vieja era industrial para la agonizante era de superabundancia energética y tecnológica deben ser reescritas para una nueva era más allá de los combustibles fósiles, más allá del crecimiento ilimitado a cualquier coste medioambiental, más allá de las finanzas dirigidas por la deuda.

Este año nos podemos preparar para el resurgimiento tras ese 2018 de convergencia de crisis plantando semillas —por pequeñas que sean— para ese futuro en nuestras propias vidas, y con aquellos a nuestro alrededor, desde nuestras familias a nuestras comunidades y sociedades más amplias.

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Donald Trump y el crecimiento económico: un breve interregno de crecentismo

por Erik Lindberg

Artículo original: Resilience

“¿Qué va mal en la economía?” Esta es la pregunta que ha dirigido la política estadounidense al menos desde Reagan y por supuesto sigue haciéndolo hoy. Para Reagan, la simple respuesta era que la libertad había sido restringida. Libera los sueños, impulsos y deseos del pueblo americano, decía Reagan, y no hay límites para lo que pueda conseguir o cuánto crecimiento deberíamos esperar. Este mensaje sencillo se ha mantenido solo con pequeñas modificaciones a lo largo de las presidencias de los dos Bushes, casi dos Clintons y Obama. Ciertamente, los Republicanos nos dicen que podemos alcanzar nuestros sueños mediante la libertad y la desregulación, mientras los Demócratas (con algo más de complejidad) han destacado el rol de la educación y la inversión pública. Pero más allá de eso hay poco desacuerdo, que es por lo que hemos mantenido nuestro decoro democrático con relativamente pocos problemas.

A pesar de las diferencias que solemos destacar, liberales y conservadores han compartido por tanto la creencia en que nuestro bien común se encuentra en un mundo creciente y en expansión de mejoras materiales, la ampliación de horizontes, movilidad, elecciones y posibilidades en aumento. Han compartido las palabras clave ilimitado e infinito, discutiendo solo sobre diferencias en cómo levantar un mapa de nuestro progreso y trazar nuestro curso “adelante” hacia este horizonte siempre en retroceso de posibilidades ilimitadas.

Esto ha llegado a su fin con la nueva metáfora de la economía de Donald Trump. A la pregunta, “¿Qué va mal en la economía?” Trump responde: hemos hecho malos acuerdos. Aunque es cierto sin duda que la experiencia en los negocios de Trump como promotor inmobiliario y presentador de talk-shows (ambos exigen igualmente el así llamado “arte” del acuerdo) influye en su interpretación de la macroeconomía, algo mucho más grande está en marcha, y está incrustado en esta nueva forma de responder a nuestra pregunta política ineludible. Porque en su  foco sobre el acuerdo y la mesa de negociación hay implicadas varias suposiciones a destacar. La más importante de ellas, creo, es que la cantidad total de bienes y servicios disponibles son, de alguna manera, fijos.

Trump no dice esto directamente, pero sus palabras solo tienen sentido si esto es cierto. El suyo es un mercantilismo nuevo, un regreso a valores que han estado contra las cuerdas durante los últimos quinientos años. El negociador prospera verdaderamente en un mundo sin los “win-wins” (todos ganan) que hemos llegado a aceptar como parte del, normalizado pero mítico, arco de una historia progresiva. Aunque Trump ciertamente no es anticrecimiento, la visión económica de Trump opera de manera independiente respecto al crecimiento y su atractivo se alimenta de su mengua. En una economía de rápido crecimiento, Trump sería irrelevante y su foco en el hacer tratos parecería trivial y sin sentido, una atracción secundaria respecto al negocio principal de la expansión, los desvaríos de una estrella de los ‘realities‘ de televisión desempleada y monomaníaca. En un mundo en el que el crecimiento se ha detenido, o no ha mantenido su promesa, se convierte en el héroe de las masas y el presidente de la tierra, como muchos habían creído, del Crecimiento eterno.

Desde Reagan a Obama (e incluso la aspirante Clinton II), el supuesto había sido siempre que más tecnología, más educación, más libertad, más igualdad, más inversión, menos regulación, etc., etc., crearían siempre más riqueza, por la que no haría falta mucha lucha (solo un ignorante se apartaría, con los puños apretados, de tales posibilidad y promesa). Uno de los principales puntos políticos del crecimiento económico era la manera en que permitía que hasta los perdedores ganasen. El egoísmo podía por tanto ser también magnánimo, inclusivo, ilustrado, universalizante. Con Trump, al menos a fuerza de énfasis, el supuesto es que tenemos que luchar contra otros, y batirlos sin piedad y sin reservas para conseguir lo que queremos. La economía no sufre, aquí, por un fallo en la innovación. Sufre porque dejamos que los chinos o los mexicanos se queden con lo nuestro… y ahora, maldita sea, queremos que nos lo devuelvan. El egoísmo es pendenciero, combativo y beligerante (América Primero) -muy de acuerdo con el paquete completo de Trump, quien mantiene una gran coherencia entre la impredecible apariencia-. No decimos con esto que Trump sea anticrecimiento. Pero decimos que se presenta a sí mismo como el mesías que redime el proyecto americano en un mundo de suma cero.

¿Qué vamos a hacer con esto? La respuesta liberal estándar sería seguir a nuestros líderes de Silicon Valley y nuestros nuevos amigos de Wall Street y apostar el doble por la innovación y el crecimiento, abrir los últimos rincones del mundo a aún más comercio e invertir en la llamada economía del conocimiento -mensajes que se adecúan fácilmente con el otro mensaje liberal de inclusión y aumento de las libertades para los anteriormente desposeidos y marginalizados-. Los lectores habituales de Resilience comprenden, por supuesto, que este programa económico tiene un fuerte elemento mítico. Sí, os recordaría a todos, pero sin ninguna alegría, que el crecimiento económico ha sido el pegamento extrañamente elástico (la materia de esta serie) que ha mantenido unido el cuerpo político -o lo suficientemente separado-. Pero el crecimiento económico nunca consistió simplemente en innovación o libertad. Consistió en usar energía para convertir más y más recursos naturales en más y más productos utilizables bajo condiciones históricas muy específicas; no se podía mantener sin romper los límites ecológicos. El precio de un crecimiento económico continuado será un planeta recalentado, ecosistemas girando fuera de control, más guerra, hambre, olas de emigración forzosa iniciadas por la inestabilidad política, un mayor estrechamiento de nuestros horizontes de confianza que llevarán al tribalismo y al nacionalismo, la elección de demagogos populistas de derechas…

Como otros, yo he defendido en otra parte que Trump es un síntoma del final del crecimiento. He supuesto desde hace mucho que el fin del crecimiento crearía exactamente el tipo de neopopulismo peligroso y probablemente nacionalismo económico violento que representa Trump. Pero lo que queda de liberal en mí también albergaba la posibilidad de que, al mismo tiempo, el fin del crecimiento engendrase también un vigoroso y vibrante comunitarismo postcrecimiento -que liberales educados, sólidos, con mentalidad preocupada por el sistema, al menos, se unirían en un movimiento postcrecimiento basado en los valores de cuidado de la Tierra, cuidado de la gente y una distribución justa-. Pero a fecha de hoy esos valores siguen aislados en una pequeña e impotente subcultura. La América liberal está tan perdida como Trump con sus esperanzas no articuladas en el surgimiento de una clase media global cosmopolita, de ocho mil millones, una visión que contradice toda razón y cálculo matemático. Como el crecimiento ha sido magnánimo, o así podíamos creer razonablemente, los liberales han estrechado sus horizontes al crecimiento y solo el crecimiento como valor fundacional. Nunca se me hubiese ocurrido que la dura, grosera y beligerante derecha fuese la primera en plantar su bandera en el fin del crecimiento. Pero lo ha hecho -sea consciente de ello o no-.

Dicho de otra forma, todavía tiene que surgir un movimiento político postcrecimento ampliamente extendido basado en el universalismo (en lugar de en el nacionalismo), en el cosmopolitismo (en lugar de en el tribalismo), en la empatía (en lugar de en el pugilismo), en compartir lo que queda (en lugar de competir por él). Quizá era esperar demasiado -por el imposible trasplante de un tipo de altruismo y generosidad que, básicamente, puede ser el resultado solo del crecimiento y la expansión, a condiciones de contracción-. Pero la posibilidad de que un populismo planetario no sea simplemente una contradicción en los términos -por escasa que sea- me mantendrá yendo por otro asalto.

 

 

 

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Activismo sostenible: gestionar la esperanza y la desesperanza en los movimientos sociales

Paul Hoggett, Rosemary Randall

Artículo original: https://opendemocracy.net/transformation/paul-hoggett-rosemary-randall/sustainable-activism-managing-hope-and-despair-in-socia

Pero visto en: http://www.resilience.org/stories/2016-12-14/sustainable-activism-managing-hope-and-despair-in-social-movements

En su estudio sobre ACT UP, el movimiento de acción directa sobre el SIDA en los EEUU en los 80 y primeros 90, Deborah Gould destacó el poderoso papel que interpretan las emociones para dar vida al activismo social. Observó que cualquier movimiento que busque mejorar las cosas en el mundo tiene que gestionar la desesperanza.

Creemos que esta emoción aparece porque los activistas están poseídos por la creencia de que les pueden faltar los recursos colectivos para responder al daño y al sufrimiento que ven a su alrededor y que motiva su acción. Así, además de sus oponentes externos, un movimiento tiene siempre un enemigo interno, emocional -un miedo y desesperanza insistentes, repetitivos, de bajo nivel, que acompañan la lucha por un cambio social de raíces profundas.

En los últimos años hemos estado entrevistando a gente en Gran Bretaña que ha estado implicada en acciones directas como la ocupación de estaciones eléctricas y pistas de aeropuertos. Queríamos explorar cómo gestionaban los poderosos sentimientos que surgen por cualquier exposición a la perturbadora verdad del cambio climático. Como una joven activista nos dijo:

“Sé que si dejo abiertas las compuertas hay está … ya sé cómo de depresivo, abrumador es ese sentimiento de “Me siento perdido”. Lo he tenido. No es algo que disfrute.”

En nuestra propia experiencia en los movimientos por el cambio desde los años 70 en adelante nos ha chocado la forma en que un fallo al contener la desesperanza puede llevar a esperanzas irreales basadas en la negación de la realidad y a una huida de algunas verdades difíciles. El grupo ‘se hincha a sí mismo’ para sentirse grande. Sobrestima su propia fuerza y subestima el poder de las fuerzas opuestas. Recurre a la fe (‘la historia está de nuestro lado’) y a la magia (‘vamos todos, un último esfuerzo’). Prefiere creer en ilusiones que enfrentarse a  la realidad tal como es.

Este estado mental lo encontramos a menudo en nuestro trabajo como psicoterapeutas. A menudo se le denomina esquizoide -un estado en el que todo se divide en polaridades: blanco o negro, todo o nada-. Para alguien atrapado en el pensamiento esquizoide el mundo es binario -no hay un “en medio”-. Todo es o una cosa o la otra y la moneda cae constantemente entre una perspectiva y su opuesta: o mi matrimonio era la maravillosa relación que siempre imaginé que sería o estaba viviendo en una total ilusión: o tengo esta relación especial y exclusiva con mis hijos o no significo nada para ellos.

Una de las cosas más destructivas y dolorosas del pensamiento esquizoide es que reproduce la misma ansiedad que intenta gestionar. Al crear un estado ideal de las cosas que no se puede conseguir nunca en la realidad abre la puerta a ulteriores decepciones, una autocrítica más desesperada, una mayor sensación de fracaso y más ansiedad incapacitante que solo se puede tratar con más rupturas. En política un ejemplo obvio y muy parodiado es el faccionalismo que a menudo atormenta a grupos políticos y movimientos sociales.

Sin embargo el problema es mucho más profundo que esto: también puede afectar a la cultura de grupos por otra parte sanos. En los movimientos en torno al cambio climático lo vemos en funcionamiento en una serie de opciones binarias inútiles como esta: ‘la única cosa realista a hacer es cambiar el sistema’ contra ‘somos impotentes para cambiar el sistema, así que debemos centrarnos en cambios asequibles en nuestras comunidades y en nuestras propias vidas’. Otra opción binaria común es ‘todo o nada’. Nos lanzamos a un compromiso que consume todo nuestro tiempo que, dado que lo consume todo, exige un retorno inmediato. Luego, cuando la realidad se muestra recalcitrante, se instala la desesperanza. Como señaló uno de nuestros entrevistados:

“… indudablemente está el peligro de atar todo tu sentimiento de lo que vale la pena y con propósito a este reto que es mucho mayor que tú y nunca termina.”

Esta opción binaria a menudo se vincula con otra que es ‘ahora o nunca’. En el trabajo sobre el cambio climático se manifiesta en la creencia de que ‘todos debemos actuar ahora o será demasiado tarde’, una creencia que muy rápidamente puede deslizarse a la percepción de que ya es ‘demasiado tarde’, y que ya se han puesto en marcha procesos que nos llevan irreversiblemente a la catástrofe.

Sin embargo, un signo de esperanza que también surge de nuestras entrevistas con la actual generación de activistas climáticos es que están desarrollando una cultura emocionalmente mucho más inteligente. La acción directa coloca a los activistas en situaciones vulnerables y en lugar de recurrir a una negativa de macho esta generación parece mucho más preparada para reconocer su vulnerabilidad. Muchos activistas también parecen ser capaces de emprender una respuesta más proporcionada: momentos de intenso compromiso son seguidos a menudo por periodos para dar un paso atrás y prestar la atención debida al autocuidado y la autoreflexión.

Muchos de nuestros entrevistados describieron una especie de proporcionalidad en su compromiso, donde podían dejar ir su doloroso conocimiento durante un tiempo, relegándolo al fondo mientras continuaban trabajando en un proyecto práctico. “Pienso que no pienso sobre ello”, explicaba uno. “Lo he aceptado, encuentro mi propio camino de cómo vivir mi vida soportando este tipo de cosas”. Más bien como alguien que ha aprendido a vivir con una enfermedad que limita tu vida, como la diabetes, estos activistas ya no estaban obsesionados con el cambio climático sino preocupados por actuar tan efectiva y dinámicamente como pudiesen para contrarrestar sus peores efectos.

Había varios elementos en juego cuando este equilibrio funcionaba bien. El primero es una sensación de entusiasmo y placer en las acciones mismas. “Es realmente divertido…. si no te diviertes día tras día, te vas a quemar muy rápido”, explicaba un entrevistado. El segundo factor fue prestar una atención consciente a la construcción de un grupo cohesionado con una gran nivel de confianza, con una adecuada sesión de evaluación después de realizar las acciones y el apoyo ofrecido a cualquiera que esté angustiado o traumatizado por sus experiencias.

Alguno de nuestros encuestados también destacó la cohesión: “hay un increíble sentimiento de solidaridad que surge de hacer una acción directa”, decía uno, mientras otros se centraban en la capacidad del grupo de aceptar y comprender las vulnerabilidades de cada uno: “tenemos Apoyo al Trauma Activista, tenemos apoyo médico, tenemos las reuniones de evaluación, tenemos una forma realmente buena de ayudar a la gente. Sabemos lo que es quemarse. Sabemos lo que es el trastorno por estrés postraumático”, dijo otro.

Otro elemento importante fue conocer el tipo de prácticas que pueden contrarrestar la intensidad de estar implicado en un tema tan dificil -cosas como pasar tiempo al aire libre, meditando o con la familia-. Para una activista era la presencia de su padre con una pancarta en todas sus comparecencias judiciales lo que importaba. Otros hablaban de una profunda relación con la naturaleza, la práctica interna de yoga o el tiempo pasado paseando con el perro tras un intenso día de trabajo.

Finalmente, el sentimiento de construir un movimiento que pueda prefigurar el tipo de sociedad que esperan que surgirá en el futuro ayudaba enormemente a casi todos nuestros encuestados: la convicción de que podían crear un mundo en miniatura más solidario, receptivo e inclusivo; en otras palabras, una comunidad. Como resultado, muchos de aquellos con los que hablamos habían empezado a hablar en términos de un ‘activismo sostenible’, que pueda sobrevivir en el mucho más largo plazo. Como señaló uno de nuestros entrevistados:

“Siempre estará ahí la lucha por la justicia y por todo ese tipo de cosas… no hay un utópico punto final, es lo que quiero decir. Siempre estará evolucionando y cambiando y veo mi… siempre habrá otra lucha en alguna parte…”

El activismo sostenible tiene lo que Gramsci llamaba un ‘pesimismo del intelecto‘ que puede evitar las ensoñaciones y enfrentarse a la realidad tan directamente como sea posible. Sin embargo también conserva un ‘optimismo de la voluntad’, una convicción interna de que las cosas pueden ser diferentes. Manteniendo el optimismo y el pesimismo en tensión, el activismo sostenible está más capacitado para manejar la desesperanza y tiene menos necesidad de recurrir al pensamiento binario como una forma de enfrentarse a la realidad. Puede albergar contradicciones de manera que no se convierta en polaridades o esto/o lo otro y puede trabajar tanto dentro como contra el sistema.

Aunque cree que no puede haber un cambio personal sin un cambio político es igualmente insistente en que no puede haber cambio político sin cambio personal. Insiste con optimismo en que aquellos que no están contra nosotros deben estar con nosotros y por tanto contiene una idea de ‘nosotros’ inclusiva y generosa, ofreciendo el beneficio de la duda al otro.

Finalmente, el activismo sostenible mantiene que nunca es demasiado tarde. En el contexto del cambio climático es capaz de enfrentarse a la verdad que algunos procesos irreversibles de cambio ya se están produciendo: que el límite de dos grados en el aumento de las temperaturas globales acordado en 2015 en la conferencia climática de París puede no ser alcanzado; que son inevitables malos resultados y que algunos ya se están dando. Sin embargo, también insiste en que esto hace nuestras luchas aún más vitales para reducir la escala y la importancia de estos resultados futuros, luchar por los resultados ‘menos malos’ que podamos alcanzar y asegurar que el mundo de nuestros nietos y sus hijos es tan habitable como sea posible.

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Trumpxuberancia… Hasta que no la haya

James Howard Kunstler

Artículo original: http://kunstler.com/clusterfuck-nation/trumpxuberance-until-its-not/

Los mercados ningunearon el voto del Brexit en un par de días. Ningunearon la elección de Donald Trump en un solo día. Ningunearon el resultado del referendum italiano en un par de horas. ¡Demonios, a este paso ignorarían una invasión alienígena del planeta Tierra!”

— Albert Edwards, Société Générale

En esta época del año solo los corazones más fríos y endurecidos pueden no mostrar buena voluntad hacia el prójimo. Dicho esto, la plateada luz de la luna de miel postelectoral de Donald Trump puede ponerse mucho antes de lo esperado puesto que la Sra. Yellin se prepara para subir los tipos de interés esta semana. Incluso una modesta sacudida hacia arriba en los tipos de interés de los fondos federales puede ser responsable de hacer chocar la orgía de recompra de acciones empresariales que ha alimentado ese mercado alzista durante ocho años que muchos observadores anteriormente cuerdos piensan que es una característica permanente de la condición humana. El mercado de bonos alzista también parecía que iba a durar toda una vida y ahí está, yéndose a pique también.

El ego de mamut del pobre Trump  le ha llevado por el hocico a una trampa mortal. Los votantes trumpublicanos y sus cheerleaders esperan otro milagro Es de nuevo de día en América [así empezaba un anuncio de la campaña televisiva de Reagan en 1984, nota del tr.]. Lo siento. Ya hemos estado ahí; ya hemos hecho eso; eso era entonces; esto es ahora. Las condiciones son muy diferentes de 1981. En primer lugar, una brutal década después del pico no superado de producción de petróleo en los EEUU de 1970, los campos del North Slope en Alaska se pusieron a pleno rendimiento, junto con los del Mar del Norte y los campos siberianos. La bonanza de Alaska no disparó la producción a los niveles de los 70, pero le quitó la palanca a la OPEP y puso el elevado precio del barril de vuelta a niveles que una economía industrial podía tolerar. El resto del milagro de Reagan venía acompañado de deuda. El caso fue parecido para la Sra. Thatcher en Gran Bretaña. No era una maga económica, solo la beneficiaria de un breve boom del petróleo que hizo de Gran Bretaña un exportador neto de energía durante dos décadas, creando la ilusión de una prosperidad permanente y la cobertura para la financiarización de la economía. Hoy, con el petróleo del Mar del Norte acabándose, todo lo que queda es la necromancia bancaria en Threadneedle Street [calle en la que se encuentra el Banco de Inglaterra, nota del tr.]

Reagan también llegó en la cúspide de la guerra contra la inflación del presidente del Fed Paul Volker, cuando la tasa de interés de los bonos del tesoro estadounidense a diez años llegaron a un tope del 15 por ciento en septiembre de 1981. ¡Imagínese pagar un tipo de interés del 18 por ciento en su hipoteca! ¿Cómo podía ser eso algo bueno? Bien, no lo era. En absoluto. Era algo muy malo -pero para el Afortunado Ronnie Reagan significó que los tipos de interés no podían ir a ninguna otra parte que hacia abajo. Y como los precios de los bonos están en correlación opuesta a los tipos, el valor de los bonos no podía ir a ninguna otra parte que hacia arriba, lo que hizo durante más o menos 30 años hasta hoy. Y durante todo ese tiempo, el mercado mundial de bonos parecía no tener nunca suficientes -también hasta ahora, cuando grandes titulares como China y Arabia Saudí los están vomitando de vuelta-. Cuando llegó Reagan la deuda nacional era solo (¡solo!) de medio billón de dólares aproximadamente. Será de unos 20 billones de dólares cuando Trump cuelgue su logo dorado en el pórtico de la Casa Blanca. Ah, por cierto, tenga en cuenta que un billón de dólares es un millón de millones. Ahora ya lo sabe. Reagan tenía espacio para un montón de trapicheos con financiación gubernamental. Trump no tiene ese espacio. Bush Uno, Clinton, Bush Dos y Obama cavaron la trampa mortal de la deuda para el pobre Donald y la elección lo empujó directamente dentro. Él piensa que está en el piso más alto de su torre encantada; en realidad está en el fondo de un pozo.

Trump piensa que va a reconstruir autopistas y puentes para otro siglo de Feliz Motorización -hacer que América sea como en 1962 para siempre-. Olvidatedeeso. El mercado de bonos está a punto del colapso mientras escribo esto y la gente del dinero de Trump (esto es, la banda de Goldman Sachs que ha reunido) hablan de lanzar bonos “Construir América” a 50 y 100 años. Sus narices deben estar cubiertas de la escarcha de Medellín. Ciertamente no van a conseguir este truco subiendo impuestos. ¿A quién? ¿A las empresas? ¡Ja! ¿Al Uno por Ciento? ¡Doble Ja! ¿A todos los demás? ¡Antorchas y horcas!

 Las empresas petroleras estadounidenses ya no pueden sacar un céntimo dedicándose a lo suyo. El negocio de producción de Exxon-Mobil en los EEUU perdió 477 millones de dólares en el tercer trimestre, el séptimo trimestre seguido en rojo. ¿Por qué? Porque cuesta mucho más sacar la cosa de tierra que lo que costaba hace diez años y ese alto coste está llevando a la quiebra a las empresas petroleras y a las economías industriales. Esta es la acción sigilosa del Pico del Petróleo que tanta gente pretende que no está pasando. En última instancia destruirá el sistema bancario.

La decepción que producirá este nefasto conjunto de circunstancias está en condiciones de ser algo épico a medida que Trump tropieza y los furiosos tweets de futilidad salen flotando del agujero en que está atrapado. Pasará la navidad y con ella las esperanzas de una recuperación por las ventas al menor. La gasolina puede seguir estando barata, pero la gente pequeña no podrá comprar los coches en los que meterla. O comprar mucho de cualquier otra cosa. Ni siquiera tatuajes. Pronto descubriremos la diferencia de temperamentos entre Donald J. Trump y Franklin Delano Roosvelt.

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