Enlaces semanales

[Publicado en 2012]

En el último recopilatorio Joaquín me instaba a hacer un trabajo propio en lugar de limitarme a recoger notícias de aquí y de allá. La verdad es que, más allá de la ‘indolente continencia’ que no niego, hay un factor que me impide ir más allá: no sé que decir. Y no lo sé porque actualmente me encuentro en una mezcla de perplejidad y desesperanza que lleva al estupor. No es algo extraño entre los frikis que se dedican a estos temas. Una vez se dan cuenta de la ‘magnitud de la tragedia’ las respuestas suelen ser:
-el síndrome de Casandra: alertamos a todo el mundo pero nadie nos hace caso. Suele ir acompañado de insultos variados a la humanidad en general y a los compatriotas en particular. Normalmente se queda en comentarios en internet.
-la salida individual. Los afectados se hacen neorurales, se buscan un huerto o en casos extremos se hacen ‘preppers’ esperando el apocalípsis.
-la salida colectiva: potenciar la resiliencia. Hay que preparar a la comunidad para el impacto que puede producirse cuando alguna de las enormes crisis en curso -económico-financiera, ecológica, energética- se agrave hasta el punto de amenazar colapso. Hay que buscar alternativas y establecer nuevas formas de vida, en el seno de nuestra propia comunidad y favoreciendo los elementos que fortalezcan ese sentimiento de comunidad.
Sin duda esta última es la que me parece más interesante, pero me parece muy poco plausible. Ya no hay tiempo para un cambio civilizatorio de esa magnitud. Para que exista ese ‘ethos’ hubiera sido necesario que la gente hubiese empezado hace tiempo a vivir de otra manera o tuviese al menos la voluntad de planteárselo. Me temo que no se da ni una condición ni la otra. Ni siquiera se encuentra en el foco de atención. En nuestro pequeño grupo, sin ir más lejos, y no pretendo la crítica sino la observación, ¿cuántos mensajes hay en relación a estos temas comparados con los que hemos enviado sobre nacionalismo? Podemos fantasear sobre estados propios o frentes populares, pero mi impresión es que frente a los retos civilizatorios e incluso de supervivencia como especie que se nos plantean nuestra respuesta es absolutamente ineficiente -incluida la mía-. Habrá que confiar en que, cuando lleguemos a ese puente, seamos capaces de cruzarlo. Aunque soy muy escéptico, y solo hace referencia a los problemas económicos, no a la tormenta perfecta a la que nos enfrentamos, quizá acabemos con suerte contemplando el escenario que planteó esta semana Ignacio Sotelo en un artículo de El País, “La reacción social“:
Después de un tramo más o menos largo de protestas, incluso con algunas acciones brillantes que logren llamar la atención, pero sin resultados palpables, los caidos en el mayor desamparo tendrán que buscar la forma de subsistir, bien al margen de la ley –aumento de la criminalidad agresiva, acudiendo al engaño y la estafa, o refugiándose en la economía sumergida– o bien, recurriendo a las propias fuerzas, con nuevas formas solidarias de intercambio que llevan a cabo los “autónomos de supervivencia”, una nueva categoría que habrá que establecer.

Junto a la economía formal, se irá desarrollado una paralela, basada en cooperativas de crédito, de producción y consumo, o simplemente en el trueque de bienes y servicios, en definitiva, una “economía social y solidaria”, que desde el interior del sistema, vaya creando redes alternativas que resultan eficaces gracias a los modernos medios de comunicación. A muchos no les quedará otra salida que resistir en un sistema paralelo de producir, intercambiar y consumir, incluso utilizando una moneda propia, por rechazo a la oficial al servicio de un capitalismo financiero meramente especulativo. Se trata de reinventar la economía productiva sobre una nueva base social que haya superado el choque entre operarios y dueños del capital. En fin de cuentas se quiere impedir que el trabajador, que el sistema ya no necesita, quede degradado a mero consumidor sin recursos.”

O quizá no sea así. Aunque sé que la creatividad humana y las posibilidades de cambio son, en principio, infinitas, a veces me parece simplemente una autojustificación. Termino este desahogo pesimista por el que os pido perdón con un fragmento del prólogo de Denis Duclos al libro editado por él Pourquoi tardons-nous tant à devenir écologistes? (L’Harmattan, 2006):
Une hypothèse doit être soulevée, bien qu’elle soit peu rassurante: il est plausible que, bien que nous sachions depuis longtemps où va la société humaine chevauchant l’industrie et la technologie (en fait: droit dans le mur), il nous soit tout-à-fait impossible d’empêcher quoi que ce soit! Pour une raison simple, mais parfaitement inadmissible: la société humaine planétaire, en tant que gigantesque masse vivante imprégnée de puissance technique, n’aurait plus rien à voir avec une entité politique ou politisable. Ce serait seulement un phénomène géologique, ou géobiologique, voire géotechnologique. Nous aurions donc beau penser, analyser, compter, étudier, établir, trancher, décider, ordonner… Tout cela serait en pure perte, parce que l’humanité comme masse vivante planetisée n’aurait déjà plus rien d’un groupe de personnes qui se parlent, que l’on peut convaincre ou influencer, mais serait plutôt un faisceau “multitudinaire” incroyablement complexe, dense et inmmense de façons de vivre ensemble; ce faisceau serait désormais devenu autonome et, nous ne pourrions pas plus agir sur lui qu’empêcher le mouvement des marées.
Cette hypothèse tragique se laisse résumer d’une phrase: nous ne pourrions rien parce que l’humanité serait déjà devenue, comme telle, inhumaine
.”

Conferencia de Doha
Pensaba no dedicar mucho tiempo a la noticia teóricamente más importante esta semana, la ‘Conference of the Parties’, COP18, de la Conferencia de Cambio Climático de las Naciones Unidas reunida en Doha. Que se celebrase en el país con mayor emisión de CO2 per cápita ya nos indicaba por dónde iban los tiros. Que el próximo se celebre en Polonia, otro que tal, tampoco invita al optimismo. Como no podía ser de otra forma el fracaso ha sido total. En cualquier artículo de hoy dedicado al tema podéis leer sobre el tema, este de El País, por ejemplo. Sobre su prácticamente nula repercusión en la prensa se hacía eco hace unos días Carlos Elordi en El Diario.

Lo que me parece interesante en lo último que he leído sobre este tema es la reflexión precisamente sobre el por qué este fracaso no le importa a casi nadie. Yo empezaría con un gran artículo de Ferran P. Vilar en su blog Usted no se lo cree: “El negacionismo climático organizado: estructura, financiación, influencia y tentáculos en Cataluña”. No está directamente relacionado con la Conferencia de Doha, pero resume brillantemente qué es el cambio climático -no os perdáis el mapa publicado hace algún tiempo en New Scientist sobre cómo sería un planeta con 4 grados más-, qué es el negacionismo y cómo se organiza. En Cataluña se mete un poco con Sala i Martín, que siempre es de agradecer. Nos permite comprender por qué el negacionismo, con apenas un 3% de científicos que lo apoyen, está ganando la partida. La partida de convencernos, claro, porque el cambio climático ahí sigue.

También sobre el negacionismo y cómo nos afecta a todos me ha gustado el artículo de Anne Karpf en The Guardian: Climate change: you can’t ignore it (solo lo he visto en inglés). La autora utiliza algunas publicaciones recientes como ejemplos para analizar esa especie de ‘disonacia cognitiva’ respecto al cambio climático. En el primero nos habla de un libro Engaging with Climate Change, en el que diversos autores analizan nuestra actitud ante el cambio climático: estrategias defensivas -otra gente es peor que yo/es culpa de otro; algo descubrirán (tecnoptimismo); aprovechemos mientras brille el sol (fatalismo hedonista)-, ‘melancolía medioambiental’ -hablar de una zona en peligro en pasado, como si ya estuviese perdida-, etc. Otro ejemplo, un artículo de Rolling Stone de Bill McKibben del que ya os hablé aquí, argumenta que “como todos somos de una u otra forma beneficiarios de los combustibles fósiles baratos, enfrentarse al cambio climático ha sido como intentar construir un movimiento contra nosotros mismos -como si el movimiento de defensa de los homosexuales tuviese que estar formado en su totalidad por predicadores evangélicos, o el movimiento de abolición por poseedores de esclavos”-.

Quizá la respuesta a esta indiferencia e inactividad esté en otro artículo publicado en The Guardian, de Georges Monbiot, y recogido en el artículo antes citado de Carlos Elordi:  “Las mayores crisis de la humanidad coinciden con el auge de una ideología que hace imposible hacerles frente. El neoliberalismo se propone liberar al mercado de cualquier interferencia política. Pero lo que se llama “el mercado” son los intereses de las grandes corporaciones y de los super-ricos. El neoliberalismo es poco más que la justificación de la plutocracia. Evitar el colapso climático –los 4, 5 o 6 grados de calentamiento pronosticados para este siglo por extremistas verdes como el Banco Mundial, la Agencia Internacional de la Energía o Price Waterhouse Coopers- significa enfrentarse a las industrias del petróleo, del gas y del carbón. Significa cancelar las prospecciones y el desarrollo de nuevas reservas, así como revertir el desarrollo de cualquier infraestructura (como los aeropuertos) que no podrían funcionar sin ellas”. “Pero los estados no pueden actuar”, concluye Monbiot. “Sólo pueden sentarse en medio de la carretera y esperar a que les arrolle el camión. Todo ello evidencia el mayor y más amplio fracaso del fundamentalismo del mercado: el de que es incapaz de hacer frente a nuestra crisis existencial. La lucha contra el cambio climático no podrá ganar sin una lucha política mucho más amplia: una movilización democrática contra la plutocracia”.

WEO 2012
En un recopilatorio anterior os hablaba del informe de la Agencia Internacional de la Energía de 2012. Leído con más calma, además de las críticas iniciales, el panorama es mucho más desalentador. Salvador ya nos envió el artículo de M. Klare pero creo que vale la pena incluirlo en esta recopilación:
Lo bueno, lo malo y lo verdaderamente horrible.
Como viene siendo habitual, sin embargo, mi preferido es uno de los que publicó Antonio Turiel sobre el WEO 2012:
El ocaso del petróleo. El artículo causó incluso una especie de conmoción entre los lectores habituales, como se refleja en los comentarios en el blog.

Y aunque no hagar referencia específicamente al informe de la AIE, creo que vale la pena leer la entrevista de Matthieu Auzanneau, periodista de Le Monde especializado en el mundo del petróleo y autor del blog Oil Man, a un experto del FMI. Este organismo ha publicado en poco tiempo dos informes -que no reflejan la opinión de la organización- sobre el pico del petróleo. En uno de ellos participa el entrevistado:
-“Pic pétrolier : l’alerte d’un expert du FMI [interview]” (en francés o en inglés). Valen la pena los informes tanto del FMI como del grupo británico de análisis del pico del petróleo que se enlazan en el artículo.

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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
Esta entrada fue publicada en Cambio climático, Decrecimiento, Ecología, Energía, Resiliencia. Guarda el enlace permanente.

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