Saint-Just en la revolución democrática popular

Introducción

Los jacobinos no han tenido mucha suerte en el imaginario colectivo contemporáneo. Dejando de lado a quienes conocen la revolución francesa a partir de alguna versión para televisión de la Pimpinela escarlata, merece la pena destacar, por su difusión, un par de interpretaciones. Para el marxismo vulgar, o primera interpretación, el periodo jacobino de la revolución no es más que una etapa de la denominada “revolución burguesa”, una etapa popular pero pequeño- burguesa al fin. Desde su perspectiva, hasta que no llegue Marx todo es páramo. Los jacobinos son en todo caso, proto-capitalistas o, como mucho, socialistas utópicos. La segunda interpretación que surge a menudo en los medios de comunicación procede de los nacionalistas quienes, con más ignorancia que maldad, suelen tildar de “jacobinos” a sus oponentes cuando les quieren acusar de centralistas.

Quisiéramos dar a conocer el pensamiento y la acción política de uno de los dirigentes jacobinos más importante y más interesante. Diputado a los veintiún años y ejecutado a los 26, Saint-Just desarrolla en este breve periodo de tiempo una intensa acción política, organizativa e intelectual. “Un revolucionario sólo debe descansar en la tumba”, dirá más de una vez, con ese estilo un tanto maximalista tan propio de los periodos revolucionarios.

Lo cierto es que los jacobinos robespierristas son en el parlamento del momento, la Convención, una minoría en el seno de los jacobinos, la Montaña, quienes a su vez eran una minoría del conjunto parlamentario. Si aún así durante algún tiempo consiguen la hegemonía política cabe entender que es porque son auténticos dirigentes del movimiento popular revolucionario, su expresión política.

El pensamiento de los jacobinos es fruto de su época. “Hay que poner el siglo XVIII en el Panteón”, dirá Saint Just. Reflexionan sobre los problemas con los que deben enfrentarse a partir del pensamiento de su época. ¿Cuál es entonces su interés para los lectores actuales no interesados especialmente en el conocimiento histórico? Lo más interesante de su pensamiento y acción política es que podemos considerar que reelaboran una tradición política, originaria de la Antigua Grecia y la Roma clásica y la ponen en condiciones de ser beligerante en el mundo moderno, cosa por la que hoy en día son malditos: la tradición de la democracia clásica o republicana. En efecto, Saint-Just y sus compañeros jacobinos continúan y reelaboran una tradición emancipatoria que reflexiona sobre la participación de las masas, del pueblo organizado para decidir su futuro, las reflexiones sobre el poder, sobre la igualdad, etc. Será este un hilo rojo que tendrá continuidad entre los sectores populares revolucionarios, de Francia pero también del resto de Europa, con el pensamiento revolucionario del XIX, la democracia. En este sentido no está de más recordar que el periódico que fundan Marx y Engels durante la revolución del 48, llevará como subtítulo “órgano de la democracia”. La democracia no es un principio “evidente” que se dé en cualquier momento y lugar. La mayor parte de los movimientos populares a lo largo de la historia y de la geografía, incluidos los revolucionarios, no han sido democráticos. La democracia no está garantizada. Es el fruto de nuestra tradición hasta tal punto que podría darse el caso de que acabar con esta tradición fuese acabar con la democracia.

En la presente introducción quisiera repasar los principales elementos de reflexión de Saint-Just. Comenzaremos presentando un breve esquema de su pensamiento político. A continuación explicaremos con más detalle cada uno de los puntos allí destacados, utilizando los textos de Saint-Just directamente. Por último veremos cómo se plasman estos principios en la reflexión concreta de los problemas con los que se enfrenta en su acción política.

Resumen

Saint Just parte de la existencia de dos entidades, el hombre y la sociedad. Remontándose a una tradición que llega a Aristóteles defenderá que el hombre es social por naturaleza. Las relaciones que establece con los otros hombres son naturales, son leyes naturales dirigidas a la satisfacción de sus necesidades. Tanto los hombres como los pueblos tienen propiedades y posesiones. Los hombres intercambian entre sí sus posesiones para satisfacer las necesidades pero sus propiedades son inalienables. Para entender la diferencia entre posesión y propiedad podemos ver uno de los ejemplos que utiliza, el del matrimonio. El hombre y la mujer intercambian su posesión mediante el matrimonio, es decir, se dan entre sí en usufructo, pero éste no puede ser eterno porque en este caso los cónyuges estarían alienando su propiedad.

A diferencia de lo que sucede entre los hombres, las relaciones entre pueblos no son naturales, son relaciones de fuerza. Ya no se aplica por tanto la ley natural sino el derecho de gentes. Para evitar la conquista por parte de otro pueblo es necesario utilizar la fuerza.

En el vocabulario de Saint-Just el estado natural es el estado social mientras que el estado político o civil, o estado actual, sería un estado “salvaje”. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? La explicación de Saint-Just es que la fuerza utilizada para oponerse a la opresión “desde fuera”, a la conquista, se acabó aplicando “hacia dentro”. Una parte de la sociedad se separa y oprime al resto a partir de la fuerza. De ahí la desigualdad, la separación entre el magistrado -el ejecutivo, el gobierno- y el soberano -quien posee la soberanía popular, el legislativo-, la corrupción de la sociedad. Es este un tema absolutamente recurrente entre los jacobinos. La sociedad actual es una sociedad corrupta que es necesario regenerar, hacerla volver a su estado natural: Billaud-Varenne escribe “Regeneración del sistema social”, una de las instituciones más conocidas se llamará significativamente Comité de Salud Pública, etc.

¿Cuáles son las características de la sociedad salvaje, es decir de la sociedad política? En primer lugar, que priman los intereses particulares y no el bien común. Por otra parte la separación entre el soberano y el magistrado lleva a la opresión. Saint-Just repetirá incansablemente que todo poder es corrupto y su acción política tiene como uno de sus ejes principales la vigilancia del magistrado, es decir, del ejecutivo, para impedir el abuso de poder.

¿Cómo volver a un estado natural, es decir, social? El primer paso está implícito porque ya se ha producido, es la revolución. Cualquier pueblo, es más cualquier individuo, puede y debe rebelarse contra la tiranía. Una vez derribada la tiranía hay que restablecer las condiciones que permitan la existencia del estado natural: la independencia y la colaboración entre los hombres. El problema de la revolución es cómo dar este paso. Si el sujeto revolucionario, el pueblo, está corrupto, ¿cómo va a restablecer o ni tan siquiera a reconocer el estado natural? Es un punto ambiguo en Saint-Just, que se mueve entre la consideración de que el pueblo siempre es sabio hasta la necesidad del legislador que establezca mediante la ley las condiciones que permitan este retorno.

Hay algunos puntos para el desarrollo de las condiciones, sin embargo, que si están claros. El primero es que el pueblo debe hacerlo todo por sí mismo sin delegación en políticos, en la medida de lo posible. El modelo jacobino es social pero no estatista. De hecho, podríamos preguntarnos, en el momento en que se llegase de nuevo al estado natural o social y no hubiese riesgo de opresión, ¿para qué sería necesario el legislativo, si las leyes naturales no habría más que establecerlas una vez? Se apunta la posibilidad de una sociedad sin estado, o en cualquier caso con un estado mínimo, basada en la comunidad auto-controlada, tal como aparece en los fragmentos de Instituciones republicanas. Mientras tanto, mientras no se pueda prescindir del magistrado, éste debe estar completamente subordinado al legislativo. Es lo que se conoce como “centralismo legislativo” de los jacobinos. Ahora bien, para garantizar la independencia del legislativo, es decir del soberano, cada uno de sus constituyentes, los ciudadanos, debe ser independiente. No es ésta la situación. Siempre que alguien se encuentra subordinado por razones políticas, económicas, etc. no es libre y por tanto no es independiente. La voluntad general se ve desvirtuada por esta diferenciación entre los miembros de la sociedad. El proyecto truncado del sector robespierrista de los jacobinos, expresado en los decretos de ventoso, se encamina precisamente a dotar de esta independencia a todos los ciudadanos al garantizarles una propiedad. El objetivo es el bien común, pero este es el resultado de que todos dispongan de alguna propiedad, no del hecho de que ésta desaparezca. Propiedad en todos los sentidos de la palabra. Ser propietario, disponer de una propiedad “mueble” como la tierra significa que consideras también tuya la sociedad en la que vives -los proletarios no tienen patria- y por lo tanto estarás dispuesto a defenderla.

La tradición anti-estatista no es una idea original y específica de Saint-Just. Es compartida por Rousseau, Robespierre, Jefferson, Kant y demás representantes de la tradición republicana clásica.

Para consolidar la democracia son necesarias las instituciones.

Derecho natural

Todo tiende a la naturaleza y reposa en ella como la mar contra sus orillas. Fuera de la naturaleza todo es estéril y triste como aquellos desiertos en los que la vida ha muerto.” [De la naturaleza…]

El iusnaturalismo o filosofía del derecho natural se remonta al periodo clásico y tiene un gran desarrollo entre inicios del siglo XVII y finales del XVIII. Saint-Just forma parte de esta corriente.

La idea fundamental del iusnaturalismo es que es posible una “ciencia” de la moral, sin embargo, no entendida como una técnica. Se cree que es posible elaborar un saber moral capaz de establecer principios de organización de la vida social sobre bases razonables, irrefutables y eternas. Las leyes de la sociedad serían tan inmutables como las leyes de la naturaleza. El objeto del filósofo es describir estas leyes, declararlas, pues no son creación intelectual del ser humano, sino que este las encuentra en la naturaleza y sólo las formula o “declara”; dado que las sociedades se han apartado de su verdadera naturaleza corrompiéndose, el filósofo debe tratar de hallar el método para regenerar la sociedad.

¿Cómo es esta sociedad natural social originaria?

La naturaleza es un círculo en el que el orden de las cosas de este mundo es para nosotros el medio. Cada individuo situado en el círculo deviene igualmente el punto central; porque las relaciones son en todas partes las mismas: del todo al individuo, del individuo al todo. La naturaleza de las relaciones es la homogeneidad de las cosas que las une. Estas relaciones no son convenciones particulares o personales. La naturaleza termina donde empieza la convención. La vida social es por tanto la relación que une a los hombres, principio único y eterno de su conservación.

El estado social no deriva en absoluto de la convención, y el arte de establecer o de mantener una sociedad por un pacto o por las modificaciones de la fuerza es el arte mismo de destruir la sociedad. En el orden físico, si las cosas se pudiesen regir un momento por una convención positiva, todo se disolvería rápidamente. En el orden moral, todo está igualmente confundido porque el hombre ha puesto su convención en el lugar de la naturaleza.” [De la naturaleza…] Se apuntan ya en este texto alguno de los temas sobre los que volveremos más tarde: la inexistencia de un pacto social natural, por ejemplo:

La naturaleza es el primero de todos los derechos, en todos los tiempos, mientras que las convenciones generales sólo son legítimas un día.” [Del derecho de conquista…]

Esta sociedad natural, por determinadas razones que veremos más tarde, se corrompe. Lo que hay que hacer es volver al estado de naturaleza, regenerar la sociedad corrupta.

En ocasiones esta vuelta a la naturaleza llega a tomar un cierto tono “ruralista”, porque para la tradición republicana de cuño romano, no hay otro trabajo digno que el agrícola; y sigue una tradición recogida por el humanismo, en tal sentido: salvo para ciertas polis del siglo V y lV en Grecia (Atenas y Rodas), todo lo demás era agricultura: leyes de la tierra, reformas, etc.:

Hombre y sociedad

Todos los miembros de la ciudad son iguales y en el momento que dejan de serlo la sociedad ya no existe porque la desigualdad es lo mismo que la fuerza y una sociedad fundada en la fuerza no es nada más que una agregación de salvajes.” [De la naturaleza…]

El hombre es un ser social por naturaleza. Y la sociedad que construye se basa en las relaciones entre los hombres con el objetivo de conseguir su conservación y satisfacer sus necesidades. En la sociedad natural todos los hombres son independientes e iguales.

Todo lo que respira es independiente de su especie y vive en sociedad con su especie. Todo lo que respira tiene una ley política o de conservación contra lo que no es su sociedad o lo que no es su especie. Esta independencia tiene sus leyes, sin las cuales todo ser languidecería, aislado en la tierra. Estas leyes son sus relaciones naturales. Estas relaciones son sus necesidades y sus afectos. Según la medida de su inteligencia o de su sensibilidad, los animales se asocian más o menos. Algunos se reúnen en primavera, otros en numerosas estaciones se reencuentran sin maltratarse ni huir. El más sensible de todos, el hombre, nace para la sociedad permanente porque nace para la posesión.

Los hombres forman por tanto una sociedad natural que descansa en su independencia. Pero todos juntos forman un cuerpo o una fuerza política contra la conquista. El estado social es la relación de los hombres entre ellos, el estado político es la relación de un pueblo con otro pueblo.” [De la naturaleza…]

Saint-Just que afirma la idea de que el hombre es social por naturaleza, denomina al estado natural originario estado social mientras que el estado corrupto es denominado estado político o civil. ¿Cómo se ha producido este cambio en la sociedad, como se ha pasado de uno a otro estado? Las relaciones entre los pueblos no son como las relaciones entre los hombres. Entre los pueblos sólo rige la fuerza, el derecho de gentes. La corrupción se produce cuando se aplican las leyes que rigen las relaciones entre las sociedades “dentro” de una sociedad.

Los hombres no abandonaron espontáneamente el estado social. La vida salvaje llega a la larga y por una alteración insensible (…) La vida salvaje llegó así: al principio, los pueblos no tenían gobierno, tenían únicamente jefes. Los antiguos francos, los antiguos germanos, tan cercanos a nosotros, no tenían magistrado, el pueblo era príncipe y soberano. Pero cuando los pueblos perdieron el gusto a las asambleas por el de negociar, cultivar la tierra o conquistar, se separó el príncipe del soberano, terminó la vida social y comenzó la vida política y la convención.” [De la naturaleza…]

En una sociedad natural no puede haber división entre poderes.

La ciudad es al mismo tiempo rey, soberano y legislador. Como legislador establece sus relaciones, como rey se gobierna y como soberano resiste a la opresión. Resulta de todo ello que la ciudad aunque indivisible forma tres modificaciones que concurren a su unidad, unidad que ya no existe tan pronto como esté dividida porque entonces debe también confundirse.

No hay que decir por ello que el cuerpo social forme en efecto tres cuerpos separados, sino que es al mismo tiempo cada uno de estos cuerpos. En efecto, la división no consiste en que el pueblo a veces revista de sus atributos a representantes particulares, porque estos representantes que están efectivamente separados representan un cuerpo que no lo está, y por otra parte no representan el cuerpo, que es indivisible, sino sus atributos que se dividen.” [De la naturaleza…]

¿Qué es lo que comparten los hombres entre sí en la sociedad para satisfacer sus necesidades? Los hombres intercambian su posesión, una instancia de su propiedad. “El hombre ha nacido para la vida civil porque el hombre ha nacido para poseer. El comercio de su posesión es lo que constituye el estado civil. Como ser mortal está en su naturaleza que se reproduzca y se nutra. Bajo estas dos relaciones posee y es poseído. Pero conserva sin embargo plena independencia porque no aliena su propiedad sino solamente su posesión.” [De la naturaleza…]

La atracción que une a los hombres es la propiedad del suelo y las relaciones que nacen de la posesión, he aquí lo que conserva el cuerpo social.” [De la naturaleza…]

Igualdad

Para el pensamiento político de los jacobinos, todos los hombres son iguales por naturaleza.

Los hombres en el estado natural no son desiguales o bien hay que suponer que viven dispersos como monstruos sin generación. Todos son iguales en la naturaleza porque todos tienen un corazón salido de las mismas entrañas. Y en el atractivo de su semejante cada ser encuentra la garantía de su igualdad.” [De la naturaleza…]

Sin embargo, la sociedad política ha acabado con esta igualdad. Para regenerar la sociedad es necesario restaurar la igualdad. Veremos más adelante que la igualdad está muy relacionada con la propiedad.

La atracción que une a los hombres, la propiedad del suelo y las relaciones que nacen de la posesión, he aquí lo que conserva el cuerpo social. La igualdad llega inmediatamente después que, rompiendo la ley política, se cierre la entrada a la esclavitud y a la usurpación.” [De la naturaleza…]

Pacto social

Es necesario repetir que el pacto social en realidad no existe en origen pues, como nos ha explicado, la sociedad no se constituye por el pacto o convención instaurado entre individualidades previamente aisladas, sino que el ser humano, es por naturaleza ser social desde el comienzo.

Se dirá, quizás, ¿cómo puede subsistir un pueblo sin contrato? Yo preguntaría, ¿qué pueblo tiene uno? Las naciones no tienen ni contrato ni pacto, en todas partes es la fuerza la que gobierna.” [De la naturaleza…]

El contrato social aparece en la sociedad política: es el todos contra todos.

Se ve que los hombres al tratarse como enemigos han vuelto contra su independencia social la fuerza que sólo servía para su independencia exterior o colectiva; que esta fuerza por el contrato social se ha vuelto compleja y un arma de una porción del pueblo para oprimir al pueblo entero, al mismo tiempo que un arma para resistir la conquista.” [De la naturaleza…]

Se produce un doble pacto: entre los ciudadanos y con el príncipe.

El estado social al encontrarse convertido en un estado político hizo una doble convención: de los ciudadanos entre ellos y entre los ciudadanos y el príncipe, cualquiera que éste fuese, senado o rey. Por la primera se comprometieron entre sí, por la segunda se comprometieron todos a obedecer, de forma que aquel que hizo obedecer ocupó el lugar de todos. El príncipe, para fortificar su usurpación, puso entre él y cada uno las relaciones que todos tenían entre sí.” [De la naturaleza…]

Si substituís este orden moral y natural por un orden de convención, entonces el soberano está armado contra el magistrado, el magistrado contra los miembros del soberano y todo se disuelve por la aspiración y respiración de la fuerza.”. [De la naturaleza…]

He llamado vida social aquella de los hombres reunidos por un contrato escrito, de otra forma no se me hubiese entendido, pero lo que llamamos contrato social si se examina bien no es más que un contrato político. El contrato social es la relación natural entre los hombres; el contrato político es la relación razonable de todos con uno. Los hombres en el estado de naturaleza compartían la vida social, su principio era el amor; en la vida política los hombres comparten la vida salvaje, su principio es la fuerza.” [De la naturaleza…]

En consecuencia, el pacto social es un principio político que Saint-Just critica y condena porque implica una dejación, rompiendo así con la corriente republicana moderada procedente de la influencia medieval, pero que sí concuerda con Rousseau.

La ley

Saint Just hace referencia continuamente a la ley. Recordemos que la ley puede ser natural o puede ser positiva. En cualquier caso es el instrumento por el que se regirán las relaciones entre los hombres. Saint-Just obviamente da preeminencia a la ley natural, que, como recordamos, él denomina a menudo también “ley social”.

La primera ley es la ley social: todas las otras se deben plegar a ella (…)” [De la naturaleza…]

A diferencia de lo que establecen otros autores, notoriamente Rousseau, para Saint-Just, cuando el legislador establezca las leyes debe reflejar la ley natural, no la voluntad general.

Las leyes serán las relaciones naturales de las cosas y no las relaciones relativas o el efecto de la voluntad general. Rousseau al hablar de las leyes dice que no pueden expresar sino la voluntad general y termina por convenir la necesidad de un legislador. Sin embargo, un legislador puede expresar la naturaleza y puede no expresar la voluntad general. Por otra parte, esta voluntad puede errar y el cuerpo social no debe estar más oprimido por sí mismo que por otro.

La naturaleza es el primero de todos los derechos, en todos los tiempos, mientras que las convenciones generales sólo son legítimas un día. Por esto la ley -civil, N. del tr.- no debe extender sus vías más allá de las convenciones posibles, legítimas. Pero siendo la ley precisa y equitativa, las convenciones no deben extenderse más allá de la ley. Ésta ocupa el lugar de la naturaleza y habla por ella y por todos.” [De la naturaleza…]

En principio sería posible incluso que no existiese ninguna ley, puesto que se cumplirían las leyes naturales. Sin embargo, en la sociedad actual, dada su corrupción, las leyes son necesarias.

Propiedad y posesión

Los conceptos de propiedad y posesión son muy importantes en Saint-Just. Hay dos tipos de propiedad, la de los individuos y las de la sociedad. Ésta última es la suma de las propiedades de todos los individuos. La propiedad es inalienable, es una parte constitutiva de cualquier miembro de la sociedad y esto es válido tanto para la propiedad individual como para la social, que por tanto no es un ámbito ajeno –enajenado- a los individuos, sino algo inherente a cada individuo, que cada individuo pone bajo la jurisdicción de la colectividad y su deliberación. Hay que aclarar que propiedad es un término que hace referencia a una característica, facultad o parte de cada individuo o ser, lo que le es propio, y se pierde alguna de ellas deja de ser tal ser: por ello si se pierde la propiedad se deja de ser miembro de la sociedad, pues se pierde aquello por lo cual uno es un ser humano, libre. La posesión, en cambio, es aquello que compartimos con los demás. Sería el uso colectivo de una parte de nuestra propiedad, con nuestra coparticipación; por eso va a ser tan grave que acuse a la sociedad del “comercio”, al capitalismo, de destruir la propiedad. Queda la cuestión de por qué defiende con tanta intensidad la propiedad individual, que no es, como se ve, un rasgo capitalista.

No hay propiedad en el estado civil, todo es posesión. La razón es que la propiedad es inalterable y no puede entrar en el comercio. Hay dos clases de propiedad, la de sí mismo y la del imperio o del territorio. Una y otra son independientes y permanecen en el estado social. Pero el hombre dispone en el estado civil de la posesión de sí mismo y de aquella de su campo que es una fracción de la propiedad soberana.

El imperio es por tanto una propiedad formada por todas las posesiones particulares. Se le llama propiedad porque es ocupada y mantenida por la fuerza contra la fuerza. La posesión, por el contrario, se mantiene por la ley civil porque es de derecho social y sigue la regla de la independencia del poseedor. Como resulta que cuando este poseedor muere no puede empeñar el imperio sea a un rey sea a cualquier otro, se sigue que la propiedad civil es sólo una posesión y que el dominio real es una propiedad.” [De la naturaleza…]

El hombre ha nacido para la vida civil porque el hombre ha nacido para poseer. El comercio de su posesión es lo que constituye el estado civil. Como ser mortal está en su naturaleza que se reproduzca y se nutra. Bajo estas dos relaciones posee y es poseído. Pero conserva sin embargo plena independencia porque no aliena su propiedad sino solamente su posesión. La ley civil puede determinar las reglas de esta posesión, pero no puede alterarla ni alienarla. Por ejemplo, se pueden hacer leyes sobre los matrimonios porque se basan en la posesión, pero no se puede hacer que sean eternos porque entonces la propiedad es alienada. En el mismo sentido, un pueblo puede elegir un jefe para que le gobierne, pero no puede darse a él.” [De la naturaleza…]

La propiedad no se limita exclusivamente a las facultades humanas, hace referencia muy explícitamente a la propiedad de la tierra. Veremos más adelante que otra de las obsesiones de Saint-Just es conseguir que todos los miembros de la sociedad dispongan de la propiedad de la tierra suficiente como para no quedar excluidos de la sociedad. Sólo es libre el que es libre: es decir, el que no depende para vivir de otro; libre es independiente; sólo puede ser ciudadano el que es libre; para ser independiente y no depender de voluntad ajena hay que poder usar libremente de todas las virtualidades y facultades individuales que permiten a cada cual ganarse la vida… y por lo tanto, se ha de poseer también aquella parte de la naturaleza y de los instrumentos que posibilitan el uso libre de esas propiedades.

Ya he dicho como la posesión personal era un núcleo del estado civil. Veamos ahora como la posesión real, o de dominio, se convierte en otro núcleo del estado civil.

El derecho del primer poseedor de un campo fue su arado, el derecho de sus hijos fue su posesión.

En un estado verdaderamente social, el soberano mismo no podría invadir el campo poseído por un particular, o este particular sufriría la ley del más fuerte. Si la necesidad pública exigiese el sacrificio de su posesión, no le sería arrebatada sino que le sería cambiada por dinero.

Aquel que tuviese menos no podría exigir de aquel que tiene más, porque la posesión es inviolable, porque habría que repartir todos los años y estas vicisitudes de la partición de las tierras harían peligrar su fecundidad.

Únicamente el máximo de la posesión territorial será determinado por el interés de la población, el excedente de este máximo será cambiado por dinero y no se podría rehusar venderlo a aquel que se presentase para adquirirlo a fin de que cada particular pudiese ser poseedor y tuviese una patria. [Comentario: sólo los ciudadanos tiene patria, no los proletarios: porque el ciudadano es libre o independiente, y sólo un libre puede ser ciudadano; no se admite aquí la falsificación liberal de ciudadanos que se ven obligados a venderse -por horas- a otros y que eso es “ser libre”; libre es libre: el que es independiente de voluntad ajena y no requiere de otro para sobrevivir. El proletario depende de otro, no es independiente no es ni amo de un poco de tierra ni amo de su patria, no es ciudadano: republicanismo en todas su versiones; la democrática: hacer que todos tengan tierra para que sea independientes y se hagan dueños de su patria o ciudadanos. Para la democracia, ser ciudadano es acceder a la propiedad, al igual que para las otras corrientes. Unos piensan que la propiedad tiene como inherencia la ciudadanía, otros que la ciudadanía tiene como inherencia la propiedad; los liberales, que la propiedad es anterior y no tiene nada que ver con la ciudadanía: hay ciudadanos “liberales” ricos y pobres. Los proletarios no tienen patria: como podemos ver, la traditio llega hasta Marx. Esta misma tradición se puede ver en la reafirmación de Marx en el concepto “propiedad”. Este concepto hace referencia a algo individual e inherente a una persona. Al llegar la época del gran taller y la fábrica colectiva con división del trabajo, el sentido común de la gente que sentía superada la relación individual del sujeto con sus medios de trabajo comenzó a plantearse: acabemos con la propiedad, etc. Marx sin embargo, hace otra cosa; coge una palabra republicana, que tiene un sentido de referencia individualizado y le hace fuerza a su sentido para que signifique otra cosa; para ello tiene que añadirle un adjetivo: propiedad “social”, porque si no, no puede hacerle significar eso, y este adjetivo hace de la expresión, en cierto punto, una contradicción en los términos.]

La profesión del campesino y del comerciante serían las primeras porque son el nudo que une al dominio real que forma el imperio y reúne al soberano.

Siendo la posesión de un campo un vínculo con la ciudad, el mínimo de la posesión no podría ser vendido ni por el acreedor ni por el poseedor. Las deudas por mala fortuna serían pagadas por la ciudad y las deudas por depravación serían pagadas con los frutos del campo o, si excediesen su valor, el acreedor será castigado. Roma hizo leyes contra los deudores, debía hacerlas contra aquellos que prestaban. El dinero que se presta es normalmente un veneno en el estado. En Roma corrompió los sufragios y en consecuencia la constitución. Habría que hacer de forma que el trabajo y las costumbres cubriesen las necesidades. En el estado de que hablo como la conservación se basaría en la posesión, se perseguiría a quien no poseyese un campo cuyo mínimo sería fijado, o si no se casase. Porque todo miembro de la ciudad debe estar en la ciudad. Aquel que no posee nada no teme la conquista, pero aquel que posee sabe que si la propiedad o el imperio es conquistado su posesión se pierde. El comercio ha introducido en el universo una tercera especie de posesión que por su naturaleza no tiene más patria que los mostradores del mundo y los navíos, pero que la ley debe identificar a la fortuna pública por reglas particulares sin por ello confundirlas.” [De la naturaleza…]

“Creo reconocer que la desaparición de todas las repúblicas ha venido de la debilidad de los principios sobre la propiedad. Un pacto social se disuelve necesariamente cuando uno posee mucho y otro demasiado poco. Y en vano la ley positiva garantizará esta libertad del débil contra el fuerte, de aquel que no tiene nada contra aquel que lo tiene todo. No quiero decir que haya que repartir la tierra de la república entre sus miembros. Estos medios físicos de gobernarse no pueden convenir más que a bergantes, pero este reparto de la tierra entre aquellos que la habitan debe operarse mediante el sistema de legislación. En nuestros lares de Europa la masa del pueblo es tan estipendiaria del resto del pueblo que si la porción rica viaja o atesora el estado morirá pronto de hambre. La primera de todas las leyes sociales es la garantía y la independencia de la vida. Este objeto no debe entrar en el comercio que no es posiblemente más que el uso de lo superfluo. Hay de que temer cuando se ve a todos los miembros de un soberano vivir de un oficio. Todo ciudadano debe vivir de su campo y enriquecerse de su oficio o de su industria. He dicho en otra parte que el principio de la vida social era la propiedad porque sin ella no habría más patria que los barcos que recorren las factorías del universo. He dicho que no habría que dividir los campos sino determinar el máximo y el mínimo de propiedad con el fin de que hubiese tierras para todo el mundo y que los miembros del soberano libres por una ilusión no fuesen en realidad esclavos de las primeras necesidades. Cuando Mumio hizo escuchar a los romanos que tenían necesidad del senado y de los ricos les dijo una verdad con relación a la constitución de Roma pero el pueblo hubiera podido responderle: “nosotros debemos vivir sin los ricos y el senado. Si ellos no hubiesen usurpado totalmente la república, si hubiese quedado un pedazo de tierra para nuestra frugalidad la soberanía del pueblo independiente de la miseria no se vería hoy forzada a implorar ante ellos. Así pues no nos reprochéis ser sediciosos cuando no tenemos patria, cuando vosotros nos la habéis robado. ¿Qué vínculo nos une a vosotros más que a cualquier otro senado en el mundo? Es por vosotros que combatimos y es con el premio del honor con lo que vivimos al trabajar para vosotros. Entregadnos en primer lugar lo que la naturaleza ha dado a todos los hombres: el derecho a existir y a no morir de hambre. Privadnos a continuación de la ganancia que podríamos obtener de vuestras cosas superfluas. Nosotros seríamos más libres y vosotros seriáis más virtuosos”. (f. 10) La libertad no puede mantenerse mucho tiempo entre gente a la que sus necesidades le interesan mucho más que la igualdad. La propiedad es de derecho social como la soberanía. Si determináis el máximo de esta propiedad y si forzáis al rico a convertir en dinero lo que posee de más vosotros obtendréis esta ventaja, que el rico estará obligado a comerciar, que la ciudad más ocupada tendrá costumbres y de que vivir. En este estado se verá pronto crecer la población y el máximo de propiedad deberá ser siempre la media proporcional entre el mínimo y la población.

Una nación de gentes de oficio no es una nación sino una feria de mercaderes vagabundos.” [Carnet de notas]

Soberano y magistrado

Ya hemos visto que la corrupción en la sociedad se ha producido por la separación del príncipe y el soberano. El paso siguiente fue la doble convención, entre todos y entre los ciudadanos y el príncipe. Mediante este pacto el príncipe domina a los ciudadanos ya que hay una situación de desigualdad.

Se ha dicho antes que yo que la ley política no es un contrato del pueblo con el príncipe sino de los ciudadanos entre sí. Pero, ¿para qué este contrato? Porque es evidente que no tenía el objeto de formar ni conservar la sociedad, sino de someterla. La dificultad es saber como los pueblos deberían gobernarse sin separar el magistrado del soberano. Porque el pacto natural excluye toda fuerza particular que sea una independencia del soberano. (…) toda convención que divida al pueblo y al príncipe fue ilegítima por la sola razón de que fuese una convención. O al menos, esta convención, siendo personal, no podía tener un efecto ni retroactivo ni ultractivo, sino un efecto presente que no comprometería a nadie en tanto no lo quisiese. Pero esta misma convención de la que hablo no podría subsistir más que entre todos, porque si el príncipe se separa, el contrato es siempre entre el pueblo y sus jefes, no inmediatamente sino por un mandato necesario.” [De la naturaleza…]

Si el problema se encuentra en el poder del magistrado, la solución debe ser eliminar al magistrado o, si no es posible, controlarlo lo máximo que se pueda. Las citas contra el poder del gobierno serán continuas, como en Rousseau y en los demás jacobinos.

Si la usurpación interior sólo sale del magistrado, un pueblo que no tenga magistrado no puede ser usurpado. Si el pueblo no tiene magistrado es independiente, y si no sólo se conserva sin él sino que además no se puede conservar por él, ni con él, el principio de la vida social está en la independencia y su duración es la medida de esta independencia.

No es menos verdad que el pueblo como soberano político debe tener su movimiento, sus resortes y sus leyes, para ligar la fuerza común y contra las empresas de fuera y contra los atentados interiores; pero todo esto no es el príncipe, porque la esencia del príncipe es conservar por la fuerza y que la seguridad esté en la posesión”. [De la naturaleza…]

La duración del cuerpo social se basa en la atenuación de todo poder, esencial.” [De la naturaleza…]

Pero, ¿qué es el soberano?

La soberanía del pueblo es indivisible, incomunicable, inalienable: es la fuerza por la que resiste a la opresión. Hay otra soberanía que no es menos indivisible, incomunicable, inalienable, es la soberanía particular de todos los hombres por la cual la propiedad, la posesión se mantiene. Esta soberanía es lo que se llama independencia. Es con el mismo espíritu que un pueblo es soberano, para mantener su propiedad y su posesión.” [De la naturaleza…] Aquí queda claro para qué es necesaria la propiedad: para permitir la independencia de cada individuo que es lo que le permite ser soberano en todos los planos: esto es republicanismo tradicional; libertad es independencia, autotélico; vemos cómo refiere la soberanía a la propiedad mediante el criterio de que sólo puede ser soberano el que es independiente de otro en cuanto a su vida y es por lo tanto libre.

El soberano debe hacerlo todo por sí mismo: “Como todo aquello que perjudica a las leyes ataca al soberano, él solo debe conocer, él es el único poder del estado y él sólo puede emplear la fuerza, sea hacia fuera sea hacia adentro. Cualquier otro poder es tiránico por esta razón. Los romanos ya se habían dado cuenta cuando hacían juzgar los crímenes a cuestores nombrados en asambleas y cuya jurisdicción terminaba con el proceso.” [De la naturaleza…]

Es por ello que los gobiernos intentan siempre que el soberano no se involucre. Habría que conseguir precisamente lo contrario: “El pueblo debe respetar a los magistrados; no debe ni adularlos ni temerlos, no debe considerar las leyes como su voluntad porque pronto las leyes no servirán más que para reprimirlo en lugar de para guiarlo. No basta desviar la atención del pueblo del orgullo de los magistrados para aplicarla a las leyes; es necesario además que su actividad esté ocupada sin cesar en el interés público que el interés público ocupe también sin cesar su actividad porque el legislador debe actuar de forma que todo el pueblo marche en el sentido y hacia el objetivo que él se propone.” [Discurso sobre la constitución de Francia]

Representación

No solamente hay que controlar al magistrado, lo ideal es que el soberano no sea representado sino que actúe directamente. Si esto no es posible hay que restringir al máximo la representación: “Veo como el principio fundamental de nuestra república que la representación nacional debe ser elegida por el pueblo en cuerpo. Aquel que no es elegido inmediatamente por el pueblo no lo representa. Cuando hablo de la representación del pueblo no entiendo que la soberanía sea representada: simplemente se delibera en su lugar y el pueblo rechaza o acepta.” [Discurso sobre la constitución de Francia]

Una cuestión relacionada con este punto es la de la posibilidad de dividir la soberanía nacional, problema planteado por el federalismo y que es el argumento que se suele utilizar para acusar a los jacobinos de centralistas. Esta es la argumentación de Saint-Just:

Aquel que no es nombrado por el concurso simultáneo de la voluntad general no representa más que a la porción de pueblo que lo ha nombrado y los diversos representantes de estas fracciones, si se reúnen para representar el todo, están aislados, sin vinculación con sus sufragios y no forman una mayoría legítima. La voluntad general es indivisible (…) esta voluntad no se aplica sólo a las leyes, se aplica a la representación; y esto debe hacerse porque delibera en lugar del pueblo en los actos ordinarios en que su voz no es oída. La representación y la ley tienen por tanto un principio común. La primera no puede emanar ni del territorio ni de la población dividida y representada por números; la segunda no puede emanar de una representación federativa. Incluso en los actos ordinarios, porque la mayoría de un congreso no tiene autoridad más que por la adhesión voluntaria de las partes del imperio y el soberano no existe porque está dividido.” [Discurso sobre la constitución de Francia]

Además, la división del soberano hace que le sea más fácil oprimir al gobierno.

Si la división está vinculada al territorio, el pueblo está dividido, la fuerza del gobierno se concentra y el soberano disperso se une con dificultad; si la división está vinculada al pueblo, o por tribus, o por comunas, esta división, al no tener otro objetivo que el ejercicio de los sufragios o de la voluntad general, el soberano se forma, se expresa y la república existe verdaderamente.” [Discurso sobre la división constitucional del territorio]

Una vez expuestos los principios de filosofía veamos como se expresan en la acción política de Saint-Just.

La república única e indivisible

No se puede reinar inocentemente” [Primer discurso sobre el juicio a Luís XVI]

El proyecto político de la revolución es la república única e indivisible. Dado el concepto de estado que hemos explicado anteriormente se puede entender que la unidad de la patria se convierta en una auténtica obsesión. El soberano es sólo uno y quien no forme parte del soberano es un extranjero y un potencial enemigo. Lo veremos con más detalle al hablar de las municipalidades pero en el discurso sobre Luís XVI vemos también como el argumento principal para su ejecución es precisamente éste. Las denominadas facciones son otro enemigo a combatir. Todos sus discursos sobre las facciones tienen un esquema similar: un grupo de ciudadanos se han colocado fuera del soberano porque se han constituido en facción. En un país en guerra esto los convierte en enemigos de la patria.

Un claro ejemplo de cómo hay que tratar a quien se encuentra fuera del soberano y se convierte en su enemigo es el juicio a Luís XVI. Veamos un par de ejemplos:

Ciudadanos, el tribunal que debe juzgar a Luís no es un tribunal judicial: es un consejo, es el pueblo, sois vosotros: y las leyes que debemos seguir son las de derecho de gentes.

Sois vosotros quienes debéis juzgar a Luís. Pero no podéis ser para él una corte judicial, un jurado, un acusador. Esta forma civil de juicio lo haría injusto. Y el rey, visto como ciudadano, no podría ser juzgado por las mismas bocas que le acusan. Luís es un extranjero entre nosotros; no era ciudadano antes de su crimen: no podía votar, no podía llevar armas; todavía menos después de su crimen. ¿Y mediante qué abuso de la justicia lo convertiríais en ciudadano para condenarlo? En cuanto un hombre es culpable sale de la ciudad y de ninguna manera entraría Luís por su crimen. Os digo más: si declaráis al rey simple ciudadano ya no podéis alcanzarle.” [Sobre el juicio…]

Las clases

El pan que da el rico es amargo, compromete la libertad. El pan pertenece por derecho al pueblo en un estado sabiamente regido.”

¿Tiene Saint-Just un concepto de lucha de clases? La verdad es que no expresado claramente. El argumento será que quienes tienen poder para apoderarse de los recursos del país y para influir en los demás, en cierto sentido también se están colocando fuera del soberano y por tanto se están convirtiendo en enemigos. En la acción práctica de Saint-Just vemos como continuamente se obliga a los ricos a pagar impuestos especiales para el mantenimiento de tropas, etc.

Los ricos lo son todavía más después de los impuestos, hechos sobre todo a favor del pueblo. (…) Los hombres opulentos contribuyen, no lo dudéis, a mantener la guerra. Son ellos quienes en todas partes están en competencia con el estado en sus compras (…) [Sobre la necesidad…]

Entonces, cuando hayáis cortado la raíz del mal y hayáis empobrecido a los enemigos del pueblo [Comentario: expropiación de los medios de producción y cambio], ya no entrarán en competencia con él; (…) entonces el pueblo indigente ya no será humillado por la dependencia en que se encuentra del rico. El pan que da el rico es amargo, compromete la libertad. El pan pertenece por derecho al pueblo en un estado sabiamente regido.” [Sobre la necesidad…]

Así todo concurre a demostraros que tenéis que imponer a los ricos, establecer una severa economía y perseguir rigurosamente a todos los contables (…) [Sobre la necesidad…]

A este respecto se le plantea una duda respecto al campesinado. Lo lógico sería que no tuviese propensión al lujo pero por otra parte si no es así, como es autosuficiente, no venderá los granos necesarios para el mantenimiento del resto del pueblo.

En cualquier otro comercio hay que vender para vivir de sus beneficios El campesino por el contrario no compra nada. Sus necesidades no están en el comercio. Esta clase estaba acostumbrada a atesorar todos los años, en especie, una parte del producto de la tierra. Hoy prefiere conservar sus granos a amasar papel (…) Alguno se queja del lujo de los campesinos. No voy a decidir si el lujo es bueno en sí mismo pero si fuésemos lo bastante felices para que el campesino amase el lujo, sería necesario que vendiese trigo para comprar cosas superfluas. (…) Será necesario el lujo en nuestra República o leyes violentas contra el campesino, que perderán la República”. [Sobre las subsistencias…].

El tema del lujo es otro leit-motiv jacobino. Todos ellos insisten en la frugalidad, la vida sin lujo. Éste se equipara a la falta de virtud.

Cómo hemos visto al hablar de la propiedad, la solución será que todos dispongan de la cantidad de tierra necesaria para su mantenimiento y por tanto para no tener que depender de nadie, única garantía de la independencia del soberano, individual y colectivo. La ciudadanía exige el reconocimiento cruzado del derecho a la propiedad, pues es lo único que garantiza la independencia o libertad respecto de los demás, y sin esto no se es realmente ciudadano. A tal fin los jacobinos, en especial Robespierre y Saint-Just, impulsaron a partir de los decretos de ventoso el establecimiento de listas de los ciudadanos sin tierras que se pudiesen beneficiar de las confiscadas a los enemigos de la patria. Termidor acabó con este proyecto. No obstante podemos ver como lo esbozaba Saint-Just, aparte de los propios decretos de ventoso, en algunos ejemplos sacados de su modelo de sociedad expuesto en los fragmentos de las Instituciones republicanas:

Todo propietario está obligado a ser campesino”. [Fragmentos…]

Nadie puede cultivar por sí mismo más de 300 fanegas de tierra.” [Fragmentos…]

Nadie puede ser molestado en el empleo de sus riquezas y de sus goces, si es que no las dirige en detrimento de un tercero.” [Fragmentos…]

La república honora las artes y el genio. Invita a los ciudadanos a las buenas costumbres. Les invita a consagrar las riquezas al bien público y al alivio de los infelices sin ostentación.” [Fragmentos…]

Todo ciudadano rendirá cuentas todos los años en los templos del empleo de su fortuna”. [Fragmentos…]

Vemos que la propiedad individual tiene obligaciones respecto del bien común, de la res publica; la propiedad es individual, pero no “particular”: está dependencia respecto del bien público, implica que lo que se haga con ella no es libérrimo y no se puede orientar exclusivamente según meros intereses particulares, si están opuestos a los de la res publica.

El estado hará comprar los negros de las costas de África trasplantados a las colonias. Serán libres inmediatamente, se les concederán tres fanegas de tierra y los útiles necesarios para su cultivo”. [Fragmentos…]

Nadie puede conceder apremios pero si un hombre llega a ser insolvente por accidente, el estado satisface su deuda. Si llega a ser insolvente por mala conducta, los habitantes de la comuna que han dejado entrar la corrupción entre ellos satisfacen la deuda, en común, sobre el registro formado por el oficial público.” [Fragmentos…]

No existirá otro impuesto que la obligación civil de cada ciudadano de más de 21 años de enviar a un oficial público todos los años un décimo de sus ingresos y la quinceava parte del producto de su industria. La tabla de pagos será impresa y expuesta todo el año.” [Fragmentos…]

El dominio público se establece para reparar el infortunio de los miembros del cuerpo social.” [Fragmentos…]

El dominio público se establece igualmente para aliviar al pueblo del peso de los impuestos en tiempos difíciles” [Fragmentos…]

El dominio público paga la educación de los niños, da créditos a los jóvenes esposos y arriendos a los que no tienen tierra”. [Fragmentos…]

La división territorial. Las comunas

La soberanía de la nación reside en las comunas”. [Discurso sobre la constitución de Francia]

Hemos estado viendo todo este tiempo que existían dos entes naturales relacionados entre sí. Sin embargo Saint-Just parece considerar también natural una especie de ente intermedio, las comunas. Ante el intento de su división, pensado especialmente contra la ciudad de París, Saint-Just siempre defenderá la unidad política de los municipios, que él prefiere denominar comunas. Los argumentos son de principios. Si el soberano es único no pueden existir divisiones políticas en su interior. La única que admitirá será precisamente la comuna. Me parece ver una cierta ambivalencia en su concepto de comuna.

La jurisdicción municipal no es política. Administra las cosas, no las personas. Éstos son los principios. No podéis dividir la población de una ciudad con relación a su administración municipal. Esto sería dividir la sociedad. Sólo la podéis dividir para ejercer los sufragios. No hay división esencialmente administrativa en una república.

La jurisdicción municipal no puede por tanto sufrir divisiones. Es una porque la voz de una ciudad o de un pueblo es una”. [Sobre los municipios]

Pero si examináis la administración municipal en su naturaleza veréis que es una administración popular, paternal y doméstica. Es la parte de la legislación que debe ser la menos confusa. Esta administración es, por así decir, extraña al gobierno. Es el pueblo en familia quien rige sus asuntos.” [Sobre los municipios]

Conviene comentar que la comuna sólo puede aplicar las leyes decididas para todas las comunas por el legislativo y el soberano; ciertamente, esas leyes dicen que las comunas se autogobiernen, y autoadministren interiormente y sólo deleguen lo que no se puede hacer. Pero la necesidad de que eso lo haga la comuna viene dada por el hecho de que el “imperium” no tiene funcionarios que ejecuten desde el centro-arriba las leyes en cada punto del territorio, y han de ser los propios ciudadanos-soberano los que las apliquen capilarmente en la “base” de ejecución. No puede legislar unas medidas distintas a las de otros territorios, tan solo puede “aplicar”… el autogobierno sin burocracia y con implicación constante e inmediata de los ciudadanos, la asunción de todas las tareas que se puedan ejecutar en su ámbito. El federalismo de intereses, en el que éste es mi interés o el de mi comuna, y lo sindico con el tuyo, da paso a todas las clienterizaciones, etc. Es evitar que a los comuneros les interese tan sólo lo que pasa en su pueblo o territorio, porque, entonces, ha ganado el poder central. Pero tiene que haber un escalón de ejecución de leyes “sobre” los ciudadanos, elaboradas “desde” el Soberano, y hay que garantizar que eso se aplica y no haya funcionarios, y hay que garantizar que los individuos reales, cuando deben ponerse a pensar en la ley y sus efectos, como Soberano, sean de verdad Soberano y piensen no en los efectos sobre su territorio…

Abundando más en el tema y hablando sobre la posibilidad del federalismo se plantea:

Si la división está vinculada al territorio, el pueblo está dividido, la fuerza del gobierno se concentra y el soberano disperso se une con dificultad; si la división está vinculada al pueblo, o por tribus, o por comunas, esta división, no teniendo otro objeto que el ejercicio de los sufragios o de la voluntad general, el soberano se forma, se expresa y la república existe verdaderamente.” [Sobre la división constitucional…]

Pero si cada departamento comprende una porción del territorio, la soberanía se limita a la porción del pueblo que la habita, y al no estar ya consagrado el derecho de ciudadanía del pueblo en cuerpo, la república puede ser destruida por el menor choque.”[Sobre la división constitucional…]

Si se divide al territorio quien en realidad tiene el poder es el gobierno, siempre el enemigo, como no deja de repetir.

En las Instituciones republicanas vemos como toda la acción social se articula en torno a la comuna: las reuniones de los ciudadanos, el poder de los ancianos, las fiestas, etc.

Gobierno y poder popular

El pueblo se equivoca, se equivoca menos que los hombres.” [Sobre la necesidad…]

Resulta curioso que se considere centralistas a los jacobinos. Si hay una obsesión en Saint-Just es la de evitar la concentración de poder por parte del gobierno. Hemos visto como el principio de la corrupción fue la separación entre el magistrado y el soberano. Toda la acción política se encaminará a subvertir esta separación. Es más, en un futuro en el que rigiesen de nuevo las leyes naturales, posiblemente ni siquiera habría gobierno. El pueblo debe hacerlo todo por sí mismo y en su ámbito natural, la comuna. La administración del estado tiene escasas aunque importantes atribuciones, fundamentalmente la relación con otras naciones: defensa, etc.

Ahora bien, hasta que no se den las condiciones que permitan este funcionamiento armónico de la sociedad es necesario el gobierno, y más aún en una situación de guerra como la que vivía Francia, enfrentada con todos sus vecinos excepto Suiza. Pero incluso en estas circunstancias hay que recordar que el Comité de Salud Pública, del que formaba parte Saint-Just, no era gobierno, era un organismo del legislativo dedicado a la vigilancia de la acción de gobierno. Era un organismo colegiado formado por diputados renovados mensualmente y cuyo objetivo era asegurarse de que el ejecutivo cumpliese con sus obligaciones (y los ministros no podían ser diputados, para que se viera que eran funcionarios): “las leyes son revolucionarias, los que las ejecutan no.”

El republicanismo y la democracia clásica son políticamente realistas: hay guerra y hay que defender la república; el pacifismo es una irresponsabilidad propia de “quien no tiene patria” y por ello no tiene nada de lo que responsabilizarse, nada que defender.

Sobre el gobierno:

La realeza no es el gobierno de uno solo; es la independencia del poder que gobierna. Si este poder que gobierna es independiente de vosotros, hay una realeza.” [Sobre las atribuciones…]

Un pueblo tiene un único enemigo peligroso: es su gobierno. El vuestro os ha hecho la guerra constantemente con impunidad.” [Sobre la necesidad…]

No podéis esperar prosperidad si no establecéis un gobierno que, dulce y moderado hacia el pueblo, no sea terrible hacia sí mismo por la energía de sus relaciones. Este gobierno debe hacer fuerza sobre sí mismo y no sobre el pueblo.” [Sobre la necesidad…]

La Constitución

Todas las piedras están talladas para el edificio de la libertad: podéis construir un templo o una tumba con las mismas piedras.”

Como colofón, podemos ver buena parte de las ideas explicadas hasta ahora en uno de los textos más destacados de Saint-Just. Se trata del Ensayo sobre la constitución de Francia, redactado en el marco del debate sobre la constitución de 1793.

El punto de partida es la propuesta de ley  (el proyecto de Constitución) girondina, el partido en aquel momento en el gobierno.   Los jacobinos se oponen a dicha propuesta por considerar que, bajo un manto aparente de mayor democracia, en realidad se instaura un nuevo despotismo basado en el poder del ejecutivo. Los girondinos partían de una doble elección para los máximos poderes institucionales. En una elección directa se escogería el Consejo, es decir al ejecutivo. La elección de la Asamblea, del legislativo, se realizaría en cambio en dos pasos: cada departamento elegiría unos representantes quienes serían a su vez los que eligiesen a los miembros de la asamblea.
Como decimos, los jacobinos se oponen a este proyecto de constitución.  Por parte de los montagnards robespierristas, Saint-Just  recibe el encargo de elaborar una propuesta alternativa que es la que se encuentra en esta selección y que no será aceptada, pero que forzará una drástica revisión, en sentido democrático plebeyo, de la constitución republicana. Su argumentación es una crítica al proyecto girondino y una defensa de sus propias propuestas. 

El primer punto es que cuanto menos poder, mejor. Las relaciones entre los hombres recordemos que deben ser naturales. Esto implica que todo lo que pueden hacer los ciudadanos por sí mismos deben hacerlo y el poder no debe interferir. “Si queréis liberar al hombre no hagáis leyes más que para él; no lo aplastéis bajo el peso del poder.” “Si queréis la república, uníos al pueblo y no hagáis nada que no sea por él: la forma de su felicidad es simple y la felicidad no está más lejos de los pueblos que del hombre privado.” “Un gobierno simple es aquel en el que el pueblo es independiente bajo leyes justas y garantías y en el que el pueblo no tiene necesidad de resistir a la opresión porque no se le puede oprimir.” “La libertad no debe estar en un libro; debe estar en el pueblo y llevada a la práctica.”

 Sobre la propuesta de doble elección del proyecto de ley girondino escribe Saint Just: “He aquí su plan: una representación federativa que hace las leyes, un consejo representativo que las ejecuta.” Saint-Just se opone frontalmente porque considera que así se le da preeminencia al ejecutivo sobre el legislativo: “El consejo de ministros es, de alguna forma, nombrado por la república entera; la representación es formada por departamento. ¿No hubiese sido más natural que la representación, guardiana de la voluntad del estado y depositaria suprema de las leyes, fuese elegida por el pueblo en cuerpo y el consejo de cualquier otra forma por su subordinación y la facilidad de los sufragios?
Por el contrario, el consejo de ministros, elegido por la república, la representa y se convierte en el primer cuerpo; el congreso legislativo, nombrado por los departamentos, no es más que un mandatario del pueblo y en el orden moral ocupa un segundo rango.”

El resultado será la vuelta al despotismo: “Todos los medios de corrupción están en sus manos: los ejércitos están bajo su imperio, la opinión pública es ganada fácilmente (…) por el abuso que hacen de las leyes, el espíritu público está en sus manos con todos los medios de coacción y de seducción (…)”. ¿Resultado?: “Si la república no fuese derribada se establecería en veinte años un patriciado con un consejo de ministros.”

La propuesta de Saint-Just será invertir esta relación. La soberanía reside en las comunas (1ª parte, cap. 2, art. 6). En ellas, de forma directa, en toda Francia a la vez y en circunscripción única para que no haya intereses parciales de una parte del territorio, se elige a la asamblea ((1ª parte, cap. 5), ya que “veo como el principio fundamental de nuestra república que la representación nacional debe ser elegida por el pueblo en cuerpo” y “aquel que no es elegido inmediatamente por el pueblo no lo representa”. Por cierto, la soberanía no se representa, el pueblo es el que tiene siempre la última palabra: “Cuando hablo de la representación del pueblo no entiendo que la soberanía sea representada: simplemente se delibera en su lugar y el pueblo rechaza o acepta”.  Es por ello que en el articulado se insiste en la función deliberativa de la asamblea: “La representación nacional es esencialmente deliberante.” (1ª parte, cap. 1, art. 1) . El redactado final recogerá el principio propuesto por los robespierristas: una vez la convención elabora una ley, ésta adquiere el rango de “ley propuesta” (art 58 de la constitución; vid también art. 53) y se envía a las asambleas primarias, constituidas por la ciudadanía: “Cuarenta días después del envío de la ley propuesta, si, en la mitad de los departamentos, más uno, la décima parte de las Asambleas primarias de cada uno de ellos, regularmente formadas, no ha reclamado, el proyecto es aceptado y se convierte en ley” (art 59). “Si hay reclamación, el Cuerpo legislativo convoca a las Asambleas primarias” (art. 60)

 Volviendo al proyecto de Saint-Just, en estas mismas elecciones se eligen electores quienes, a su vez, elegirán a los miembros del consejo (1ª parte, cap. 8, art. 1). Éste estará formado por un representante por cada departamento (1ª parte, cap. 9, art. 2). De su seno se eligen los ministros (1ª parte, cap. 12, art. 2).  Todo ello con el fin de que el poder ejecutivo tenga un carácter netamente funcionarial, y “ministro” sea una palabra que vuelva a recuperar su sentido clásico, latino, de “esclavo público”. 

También serán electivas las administraciones de distrito y de comuna (1ª parte, cap. 15 y 16), no nombradas por el estado, por tanto; así como los diferentes niveles judiciales (2ª parte, cap. 2 a 6).

Los principios de gobierno están claros: se trata de una especie de división de poderes “asimétrica” en la que el legislativo -a su vez eminentemente deliberante, como hemos visto, porque el poder siempre lo tiene el pueblo- predomina absolutamente sobre el ejecutivo. La asamblea legisla (1ª parte, cap. 1, art. 4), el consejo aplica la legislación (art. 5) y los ministros la llevan a cabo, siendo esto último una mera gestión administrativa (art. 6). La administración local es el último -o más bien primer, ya que es controlada por los propios ciudadanos- eslabón de la cadena (art. 7).

Las funciones de la asamblea tienen que ver con las relaciones exteriores, la defensa y la política económica -impuestos, acuñación de moneda, pensiones…- (1ª parte, cap. 7)

El consejo aplica las leyes: dirige el curso de la guerra, distribuye los gastos públicos, planifica los servicios y las obras públicas, etc. (1ª parte, cap. 11). Se insiste en que únicamente actúa en virtud de las leyes de la asamblea (art. 7).

Cabe destacar que para evitar toda posibilidad de abuso por parte del gobierno los ministros tienen funciones puramente administrativas: “los ministros no ejecutan más que las deliberaciones del consejo” (1ª parte, cap. 12, art. 1), hasta tal punto que ni siquiera pueden participar en las reuniones de este organismo (art. 5) o interrelacionarse entre sí (art. 3). Por si acaso, aún se añade un último artículo en el que se especifica que “no ejercen ninguna autoridad personal” (art. 6).

Los directorios de departamento tienen muy poco poder. Se encargan de la “administración política”, pero con múltiples cortapisas: “No pueden entender de disputas entre comunidades (…); no pueden entender del estado de los ciudadanos; no pueden perseguir judicialmente; no disponen de dinero público; no recaudan contribuciones (…)”(1ª parte, cap. 14, art. 6). En realidad, sólo se les especifican dos funciones: “hacen levas de tropas según los mandatos del consejo” (art. 6) y “ejercen la policía general bajo la vigilancia del consejo” (art. 7). Todos sus miembros son electivos y se renuevan cada dos años, no pudiendo ser reelegidos hasta transcurrido un intervalo de dos años (art. 13).

Veamos por último, los consejos de las comunidades. Recordemos que Saint-Just considera que una comuna es una entidad en sí misma y no se puede dividir, “hay un único consejo de comunidad en las ciudades cualquiera que sea su población” (art. 7).
Los consejos de las comunidades, “nombrados por los habitantes de las comunidades a razón de un miembro por comunidad” (1ª parte, cap. 16, art. 1), “se encargan del reparto de las contribuciones directas, de la reparación, de la construcción de caminos, del mantenimiento de las obras públicas, de las levas de tropas en las comunas y otros objetos de administración que le son confiados por los directorios” (art. 6).  Gracias al esfuerzo de los montagnards robespierristas, estas ideas, redactadas por Saint-Just, inspirarán el texto constitucional definitivo, aprobado, y que se conoce como Constitución Jacobina.

Podemos ver que este proyecto elimina todo rastro de burocracia o cadena de mando profesional y permanente, no elegida y de transmisión de órdenes de “arriba abajo”, que es la característica de cualquier estado o autonomía. Sin embargo, una burda manipulación  ha llevado a que se use el término “jacobinismo” para definir  la organización burocratizada en la que el poder ejecutivo se impone sobre la sociedad -gobierno central, autonómico, etc.-. El democratismo jacobino rompe con la tradición política feudal, que es el origen de ese orden político denominado estado y que se basa en la instauración de una burocracia a través de la cual se regimienta la sociedad. Nuestros “gobiernos”, nuestros regímenes políticos, en consecuencia, no son herederos de la tradición política jacobina; son regímenes centralistas, que otorgan toda la capacidad de decisión al ejecutivo; le ponen el poder en las manos mediante la burocracia, porque su modelo se inspira en el estado feudal, absolutista, que Napoleón recupera y perfecciona. En estos regímenes, la referencia a la soberanía popular -“nacional”- es un mero ejercicio literario que aparece a título de preámbulo de sus desarrollos legales, y que tiene el carácter de mero mito originario justificatorio, como en la teoría política feudal.  En este modelo de constitución no hay una burocracia estatal que se encargue de todas estas cuestiones. ¿Centralismo jacobino?

Las instituciones republicanas

Si el ejecutivo está supeditado al soberano, y el pueblo debe hacerlo todo por sí mismo, se plantea el problema de cómo conseguir que las decisiones que se toman sean las adecuadas, que el soberano no se equivoque y el pueblo no se corrompa. Si éste ya está corrompido será necesario establecer las bases que permitan su regeneración. Fruto de estas reflexiones Saint-Just escribe un texto que no podrá terminar, las Instituciones republicanas. Todas las citas que siguen a continuación proceden de este texto.

¿Por qué son necesarias las instituciones? Si no existen, “la fuerza de una república se basa o sobre el mérito de los frágiles mortales o sobre medios precarios”. Son un freno contra la corrupción: “son la garantía de un pueblo libre contra la corrupción de las costumbres, y la garantía del pueblo y del ciudadano contra la corrupción del gobierno.”

Las instituciones tienen un carácter muy amplio: se encargan de la educación de los ciudadanos -los niños son educados por la comunidad en un espíritu espartano, literalmente-, de la comunidad de afectos -”si un hombre no tiene amigos es desterrado”-, de la auto-organización de los ciudadanos en la comuna -”de las asambleas en los templos”-, el control del ejecutivo -”el hombre revestido de autoridad culpable de un acto arbitrario es marcado en la frente con una balanza”- y también de garantizar las bases materiales para la igualdad ciudadana, como hemos visto anteriormente al hablar de la propiedad y de los proyectos de ventoso, -”Todo propietario está obligado a ser campesino…”, “nadie puede cultivar por sí mismo más de 300 fanegas de tierra…”-, siempre con el objetivo del bien público.

Apunte biográfico

Louis Antoine Léon de Saint-Just nació en 1767 en Decize Nièvre), en la Borgoña. Era hijo de un militar retirado y de la hija de un notario. En 1776, se trasladan al pueblo de Blérancourt (Aisne) en Picardía, donde el padre recibe una herencia. Al año siguiente queda huérfano de padre y comienza a estudiar en un colegio religioso de Soissons, donde manifiesta brillantes dotes intelectuales, así como un espíritu un tanto problemático. En 1787 vuelve a Blérancourt, pero huye de casa y marcha a París, al parecer con la plata de la familia, lo que hará que su madre lo denuncie y lo haga internar en un correccional durante algunos meses. Aprovecha para escribir L’Organt, poema satírico de ocho mil versos que editará en 1789. En el mismo año 1787 se licencia en derecho en la universidad de Reims.
Tras el estallido de la revolución se une a la guardia nacional en Blérancourt y trabaja como abogado defendiendo los derechos de propiedad de la comuna de Blérancourt reclamados por un noble. En 1791 publica L’esprit de la Révolution et de la Constitution de France, texto en el que todavía es partidario de una monarquía constitucional. Ya en esta época, sin embargo, muestra su admiración por Robespierre, al que escribe en 1790 : “Sólo os conozco como a Dios, por sus maravillas”.
Demasiado joven para participar en las elecciones a la Asamblea legislativa, es elegido diputado por el departamento de Aisne para la Convención en 1791. En la nueva asamblea se alinea con la Montaña y su primera intervención causa gran sensación, es el primer discurso sobre el juicio a Luís XVI, recogido en estas páginas.

En junio de 1793, es designado miembro del Comité de Salud Pública donde se dedica inmediatamente a la redacción del proyecto de constitución jacobino, también recogido en estas páginas. Con él se opone a la propuesta girondina de Condorcet.

Tras la adopción de la Constitución del Año I, dedica sus esfuerzos principalmente a su trabajo en el seno del Comité de Salud Pública reforzado en el verano de 1793 con la entrada de Robespierre y de Couthon, con los que comparte un mismo proyecto político -hasta el punto de que serán acusados de formar una especie de triunvirato jacobino- y a las cuestiones militares -recordemos que Francia estaba en guerra contra todos sus  vecinos excepto Suiza- destacando su misión a los ejércitos, misiones en las que los diputados actuaban como una especie de comisarios políticos.

En una primera misión en el Ejército del Rhin, destacan sus aptitudes militares, su valor y su determinación espartana, atribuyéndosele parte del mérito en la victoria de Landau.

Vuelve a París en enero de 1794, preparando una legislación social mediante el reparto de las tierras confiscadas a los enemigos de revolución. Serán las leyes de ventoso. Simultáneamente participa en la lucha contra diversas facciones: dantonistas, hebertistas, etc.
En abril vuelve de misión al ejército, en esta ocasión en el Ejército del Norte, donde de nuevo participa en la victoria decisiva de Fleurus. Reclamado por Robespierre, vuelve con urgencia a París donde descubre graves divisiones en el seno del Comité de Salud Pública. Intenta conseguir la superación de dichas divisiones, especialmente con Billaud-Varenne y Collot dHerbois, quienes acusaban a Robespierre de aspirar a ser un tirano. El 5 termidor propone una reunión de conciliación, que termina con un fracaso.
Fiel a Robespierre, el 9 termidor, sin embargo, intenta leer en la Convención un discurso mucho más conciliador que el leído por Robespierre la víspera, que tuvo como efecto la unión de los grupos más diversos contra los robespierristas. No podrá leer más que las primeras líneas antes de que se le retire la palabra y sea hecho prisionero, junto con el resto de dirigentes jacobinos robespierristas. Liberado esa misma noche por una insurrección popular, será sin embargo apresado de nuevo y ejecutado sin juicio el 10 termidor del año II, 28 de julio de 1794. Aún no había cumplido los 27 años.

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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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