Semifeudalismo y Revolución agraria en las Filipinas de Randall Echanis

[Traducido en 2013]

Randall Echanis es Vicesecretario General de Kilusang Magbubukid ng Pilipinas –Movimiento Campesino de las Filipinas (KMP)

Presentado durante la Conferencia Campesina Asiática en Nueva Delhi, India el 1-4 de abril de 2012

Tras la Segunda Guerra Mundial y tras la concesión de una falsa independencia al pueblo filipino, el imperialismo de los Estados Unidos mantuvo el feudalismo nacional en las Filipinas e impuso sobre ella las exigencias del capitalismo monopolista. La gran clase terrateniente-‘compradora’ [así en el original, nota del tr.] había crecido a partir del dominio extranjero y feudal contra la mayoría del pueblo filipino, el campesinado filipino.

Los sucesivos regímenes títere que siguieron han profundizado el carácter agrario y semifeudal y en consecuencia la dependencia de la economía del intercambio desigual de materias primas locales (básicamente agrícolas) por productos finales procedentes del extranjero.

La enorme cantidad de recursos nacionales extorsionados al pueblo y los fondos pedidos prestados al extranjero se han utilizado para proporcionar superbeneficios a las empresas multinacionales y los bancos y para alimentar la avaricia de los capitalistas burócratas que son básicamente grandes ‘compradores’ y terratenientes.

Toda la camarilla de grandes terratenientes y ‘compradores’ ha forzado una masiva transferencia de tierra a sus miembros procedente de terratenientes fuera del poder, cultivadores propietarios, minorías nacionales y dominio público en general. Las transferencias simbólicas de tierras bajo la falsa reforma agraria incumplen sus pagos de instalación a causa del sobreprecio de la tierra, la subida de los costes de producción y la profundización del endeudamiento. Los grandes terratenientes y las agrocorporaciones transnacionales como los Cojuangcos, los Aquinos, Benedictos, Floirendos y demás, y las agrocorporaciones extranjeras y locales como la estadounidense Del Monte Philippines, Inc. Y Dole Philippines en Mindanao en el sur de Filipinas monopolizaban y controlan centenares de miles de hectáreas de tierra.

El monopolio de la agricultura filipina por parte de los grandes terratenientes y compradores se ha conseguido mediante el monopolio burocrático capitalista del poder político y militar; la adquisición o el control de las tierras más extensas, la banca privada y estatal y las entidades financieras; y la recaudación de impuestos especiales para su manipulación privada; el uso de fondos locales y extranjeros para la infraestructura agraria; la propiedad de los principales molinos agrícolas, del transporte y el almacenamiento; la importación y venta al mayor de equipamiento agrícola y productos químicos agrícolas, etc.

Los campesinos y los trabajadores agrarios sufren básicamente por la explotación feudal y semifeudal. Soportan la carga de la rápida concentración de la propiedad de la tierra en manos de unos pocos grandes terratenientes; la incesante subida de la renta de la tierra; la escasez de trabajos agrarios y la disminución de los salarios agrícolas; las tasas usureras de interés por parte de los bancos y los prestamistas privados; la presión hacia abajo de los precios de los productos agrarios; el al parecer interminable aumento del precio del petróleo y otros productos petrolíferos, los costes disparados de los bienes de consumo básico y los agroquímicos y otros insumos importados; la subida de los pagos por el riego; la manipulación de los monopolios comerciales y tantas clases de impuestos directos e indirectos impuestos.

Al ser una economía agraria apéndice del sistema mundo capitalista, la economía filipina se ve forzada a someterse al yugo de las empresas extranjeras multinacionales y los bancos. Toda clase de suministros importados relacionados con la infraestructura agrícola han hinchado sus precios mientras los precios de exportación agrícola filipina disminuyen en el mercado capitalista mundial –menores que sus costes de producción-. El déficit en el comercio exterior y en el balance de pagos sigue aumentando y los bancos imperialistas actúan como los usureros con menos conciencia del mundo.

La agricultura Filipina y el campesinado filipino han sido duramente golpeados por las políticas de liberalización, desregulación y privatización de la economía. El país se ha vuelto más vulnerable al acaparamiento global de tierras, la inseguridad alimentaria, la inseguridad en el empleo, el hambre y la pobreza.

Tras unirse a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, las Filipinas se embarcaron en una liberalización a gran escala y la eliminación de las políticas económicas proteccionistas, particularmente en la agricultura.

El generalizado acaparamiento de tierra y la expulsión forzada de campesinos de sus granjas es el peor impacto de la liberalización comercial agrícola en las Filipinas. Mientras aumenta su dependencia de la importación de alimentos, el gobierno filipino busca las llamadas inversiones y excedente de capital financiero a cambio de la liquidación de las tierras agrícolas a los países capitalistas avanzados.

El actual y generalizado acaparamiento de tierras en el país está profundamente enraizado en el carácter semicolonial y semifeudal de las Filipinas y se agravó con la entrada del país en la OMC y sus principios de globalización y el autodenominado libre comercio.  Vastas extensiones de tierras agrícolas se destinaron a la producción de cultivos comerciales por las exigencias del mercado o por las necesidades de materias primas de los países capitalistas que fortalecieron aún más la orientación orientada a la exportación y dependiente de la importación de la economía. Vastas tierras agrícolas en el país se convirtieron también en enclaves para usos industriales, energéticos, comerciales y turísticos.

Por ejemplo, en la región del Sur Tagalo, entre 1994 y 2007 unas 1.302.375 hectáreas de excelentes tierras agrícolas habían sido colocadas por el Departamento de Reforma Agraria bajo conversión, lo que llevó a revocaciones de reformas de tierra con la cancelación de títulos de propiedad de tierras por toda la región. Alrededor de 173.000 hectáreas de excelentes tierras agrícolas en la región ya se han transformado para usos comerciales, dejando decenas de miles de beneficiarios de la reforma agraria sin tierra.

Estos son algunos casos controvertidos de acaparamiento global de tierra en las Filipinas:

La compañía surcoreana Jeonnam Feedstock Limited, arrendó 94.000 hectáreas de tierra en la provincia de Mindoro Occidental para la producción de maíz (2009, www.farmlandgrab.org);

  • Pacific BioFields Corp. (Japón) y la empresa local BioEnergy Northern Luzon Inc. ha convertido unas 600.000 hectáreas de bosques madereros “públicos y no disponibles” en la población de Pagudpud en la provincia de Ilocos Norte en plantaciones de cocos (2009, Inquirer);
  • Qatar supuestamente arrendó 100.000 hectáreas y Bahrain 10.000 hectáreas para empresas agropesqueras en 2008 y 2009 respectivamente;
  • Un proyecto de exportación de plátanos por valor de 300 millones de dólares y 10.000 hectáreas de NEH de Bahrain y el AMA Group facilitado por la agencia gubernamental Desarrollo Agrícola Filipino y Commercial Corp. (PADCC) en 2010 (www.farmlandgrab.org);
  • East Asia Development and Agricultural Investment Co. de Arabia Saudí se está planteando una operación agrícola de 500 hectáreas arrozeras de las variedades basmati y jazmín, frutos tropicales de alto valor y verduras en la zona de Mindanao Central (2011, SunStar Davao);
  • El acaparamiento de 11.000 hectáreas de tierras de los pueblos indígenas en San Mariano, Isabela, por parte de las empresas filipina y japonesa Itochu Corp. & JGC Group que quieren establer el mayor proyecto de bioetanol del país (2011, PCFS).

Revolución agraria en las Filipinas

El problema de la explotación feudal y semifeudal no se puede solucionar de una forma profunda y duradera sin la lucha política –lucha armada y revolución agraria- y la victoria de las masas campesinas contra los grandes terratenientes y contra los tiranos locales. El campesinado filipino debe usar todos los medios posibles, tanto legales como ilegales, la lucha armada o sin armas, para impedir que los enemigos del pueblo usen su poder político y militar para ningunear a las masas campesinas.

El objetivo clave de la revolución agraria y el movimiento campesino es conseguir una auténtica reforma de la tierra –esencialmente la ruptura de la propiedad feudal de la tierra y la libre distribución de esta a los labradores sin tierra-. Se debe eliminar el monopolio sobre la tierra agrícola; el crédito, los molinos y equipamiento agrícola; el suministro de semillas y productos químicos agrícolas; y el comercio nacional e internacional.

Se debe alzar un fuerte clamor por la libre distribución de tierra –todas las tierras mal conseguidas en manos de grandes terratenientes, fascistas y tiranos locales, independientemente de su cultivo, la mayor parte de las tierras arrendadas a agroempresas y falsos ranchos bajo arrendamiento de pasto; las partes excedentes de plantaciones y ranchos (en relación al mercado); la mayor parte de las tierras taladas, etc.-

Los arrendatarios deben recibir su parte individual de la tierra. Las cooperativas de trabajadores agrícolas pueden tomar el control de determinadas partes de las plantaciones. Se debe asegurar a los colonos su propiedad individual sobre sus fincas. De la misma manera se debe garantizar a las minorías étnicas su propiedad ancestral-comunal e individual de la tierra. La tierra debe redistribuirse a todas las familias campesinas injustamente expulsadas de su parcela de tierra.

La redistribución de la tierra se puede proveer mediante la confiscación de la tierra a los fascistas, terratenientes despóticos y otros acaparadores de tierra; incluyendo las tierras controladas por las agroempresas transnacionales, mediante la expropiación de los terratenientes ilustrados que deseen  invertir sus ganancias en industrias y por la simple distribución de las partes excedentes de las plantaciones y ranchos a cooperativas de trabajadores agrícolas y otros labradores; y de nuevo por la simple distribución de tierras públicas cultivables a nuevos y viejos colonos y a las minorías nacionales.

La amplia mayoría de los beneficiarios de la reforma de la tierra, labradores sin tierra, trabajadores agrícolas… se convertirán en propietarios de sus parcelas de tierra. Pero para conseguir economías de escala, se deben desarrollar la producción y otros tipos de cooperativas. Y una etapa de cooperación se puede elevar a otra más alta. La reforma de la tierra debería llevar a una mayor productividad.

El máximo objetivo de la reforma de la tierra es la distribución de tierra sin coste a los labradores sin tierra. Pero todavía no es posible de una forma total o significativa debido a que los reaccionarios aún son poderosos, las organizaciones y alianzas de campesinos pueden luchar por el objetivo mínimo de la reducción de la renta de la tierra, la eliminación de la usura, el alza de los salarios agrícolas, la mejora de los precios de los productos agrícolas pagados a los campesinos, la demanda de subsidios directamente beneficiosos a los campesinos, la disminución de los precios de los insumos agrícolas y las tarifas de riego, y la eliminación de impuestos que caen en última instancia sobre los hombros de los campesinos.

Donde sea posible y dependiendo de la fuerza del movimiento campesino, ciertas tierras poseídas por fascistas y malvados terratenientes pueden a todos los efectos ser confiscadas; o ciertas tierras pueden ser expropiadas a un precio justo acordado entre el terrateniente y los campesinos. Ciertamente, siempre se puede hacer trabajo legal para garantizar la propiedad de los colonos sobre sus haciendas y de las minorías nacionales de sus tierras ancestrales-comunales e individuales.

Las asociaciones de campesinos promueven una mayor producción mediante el intercambio de trabajo, la ayuda mutua y la cooperación. La agricultura, las ocupaciones auxiliares como la producción de fertilizantes orgánicos, la cría de animales, la pesca, la silvicultura, las artesanías, el procesamiento de alimentos y demás, deberían promoverse y alentarse.

Se pueden desarrollar cooperativas de producción, de crédito, de comercialización y de otros tipos en la línea principal y en las ocupaciones auxiliares. Los salarios agrícolas y de otros tipos se pueden establecer principalmente entre los residentes del barrio [en Filipinas barrio hace referencia a una aldea o la unidad administrativa más pequeña, n. del tr.] bajo los auspicios de la asociación de campesinos. Cualquier tipo de disputa que sea una contradicción entre la gente se puede resolver mediante el arbitraje.

En el mejor de los casos la asociación de campesinos debe ser el soporte principal y promotor del autogobierno democrático en el barrio. Un gobierno así debe funcionar para servir a los intereses de los campesinos y del resto de la población en el barrio en las esferas de organización de masas, educación de masas, sustento, salud, arbitraje, autodefensa, etc.

La asociación de campesinos es uno de los componentes más importantes del movimiento nacional democrático y el gobierno de coalición democrático en todos los niveles –barrio, municipalidad, distrito, provincia, región y nación-. La alianza nacional campesina debe comprobar que las masas campesinas están adecuada y competentemente representadas en cada nivel.

La genuina reforma agraria es un complemento necesario de la industrialización nacional, mientras la industrialización nacional es el factor dirigente del desarrollo económico, la reforma de la tierra y el aumento de la producción agrícola resultante son su base indispensable.

La reforma de la tierra lleva a los campesinos a aumentar la producción agrícola de alimentos y el procesamiento industrial y crea un mayor mercado interno para las industrias. La industrialización nacional asegurará el suministro de bienes de consumo y producción a los campesinos, elevará el estándar de vida y su productividad y se expandirá para absorber la creciente fuerza de trabajo del país, especialmente en el campo.

Es por tanto absolutamente necesario para el campesinado filipino fortalecer los lazos de la alianza principal trabajador-campesino y la alianza con toda la pequeña burguesía urbana y la burguesía media e intensificar la revolución nacional democrática y abrir la vía para la industrialización nacional junto con una genuina reforma agraria de forma que se pueda establecer la base socioeconómica para una sociedad independiente, democrática, justa, próspera y progresista.

 

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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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