Entrevista a Andrey Manchuk, de Liva y Borotba

[Traducido en 2014]
«El gobierno de Ucrania se puede permitir todo: de abiertos crímenes de guerra a duras reformas antisociales»
 
La democracia y la defensa de los derechos del hombre en la conciencia de muchos se han convertido en palabras vacías, si no en palabrotas. La razón es obvia: la gente sabe que estos conceptos a menudo son la cobertura de los hechos más cínicos y deshonestos. Hoy muchos que se autodenominan defensores del derecho no pueden o no quieren ayudar a miles de personas cuyos derechos se pisotean cada día en Ucrania. «Rabkor» conversó sobre este tema con el redactor jefe de la revista Liva.com y activista de la asociación «Borotba» [Lucha] Andrey Manchuk. En esta entrevista se habla de lo que ha sucedido en Ucrania después del Maidán con los disidentes y cuán democrático ha resultado ser el régimen que ha reemplazado al anterior.
 
Durante el Maidán la gente apelaba a los valores democráticos entre los que no ocupaban el último lugar los  problemas de los derechos políticos y de libertades de toda clase. ¿Se cumplen estos hoy en Ucrania? ¿En qué momento se hizo evidente la naturaleza antidemocrática de las nuevas autoridades?

Sin duda la victoria del “Euromaidán” ya en los primeros meses se ha convertido en las mayores violaciones masivas y sistemáticas de los derechos humanos de toda la historia de la Ucrania postsoviética. En el país se ha desarrollado la persecución de los puntos de vista y credos opuestos al gobierno. Se han producido detenciones masivas de ciudadanos de Ucrania, a los que se les ha acusado de crímenes inventados sobre la marcha por los servicios especiales o simplemente por sus puntos de vista -como las chicas de Odesa a las que se envió unos meses a prisión por posts sediciosos en Vkontakte [la red social más utilizada en Rusia, nota del tr.]

Muy a menudo las bases para la detención en general no están claras y nadie informa sobre ellas -como tampoco sobre el destino de los secuestrados a los que de forma grotesca en procesos “yezhovianos” [por el jefe del NKVD en 1936-1938, nota del tr.] se les acusa de crímenes ridículos. Los jefes de los ministerios de fuerzas públicas hablan abiertamente en los medios de comunicación de masas de miles de detenidos: por ejemplo, solo en la Luganshchina dieron cuenta en la prensa de 1200 detenidos. Y no está claro que se trate de un bluf informativo. El gobernador-millonario de Kharkov Igor Baluta se jactaba no hace mucho que desde principios de abril en la Kharkovshchina se habían detenido 314 “separatistas”. Entre estos peligrosos criminales hay una chica a la que atribuyen la “profanación” de la bandera nacional. Pero en lo fundamental son simples ciudadanos de a pie a los que cogieron por algún comentario en  las redes sociales o cayeron por casualidad en las manos de participantes en “acciones antimaidanistas”. Naturalmente, no son “separatistas”, ni “terroristas”, ni “espías del Kremlin o de la RPD”, sino ciudadanos de Ucrania con una relación crítica con el régimen que se atienen en su posición a la Constitución vigente. La cifra de estos “oposicitores” crecerá a medida que se desarrolle la crisis económicosocial, y, como consecuencia, su persecución. Además, los activistas de los derechos humanos, la mayoría de los cuales siempre pertenecieron al medio liberal, no solo no defienden a esta gente sino que exigen en realidad los arrestos y la persecución de los disidentes.

Un militante de Chernigov de “Borotba” fue requerido por la SBU [los servicios de seguridad ucranianos] junto con su madre exigiéndole borrar un grupo en la red social Vkontakte por artículos críticos con los oligarcas, prometiéndole meterlo en la cárcel ni más ni menos que 15 años por “separatismo”. Obligaron a la madre a hacer una declaración firmada. En el apartamento de una joven borotbista de Dnepopetrovsk irrumpieron las fuerzas especiales y después del registro se llevaron los portátiles y los móbiles de los miembros de la familia e incluso la tableta de su hermana menor. Al mismo tiempo a la chica de hecho no se le acusa de nada más que de posts críticos con el régimen. En Kharkov, donde se destruyó el local de Borotba, se realizan detenciones sistemáticas de militantes de la oposición -recientemente, detuvieron allí por pintadas contra la guerra a un izquierdista, Vladimir M.-. Al mismo tiempo la policía local y la SBU provocativamente se negaron a investigar el intento de secuestro del conocido organizador sindical Denis Levin, al que le pusieron las esposas en la plaza principal de la ciudad, aunque fue filmado en varios vídeos. En Odesa tras un registro a la borotbista Maria C, la expulsaron del instituto. En Kriv Rog soplones de la “Sbovoda” [Libertad, grupo de extrema derecha, Nota del tr.] local exigieron reprimir a los activistas locales de Borotba por eslóganes contra la guerra. La lista de estos ejemplos podría seguir, y su cifra crece sistemáticamente. Aunque las autoridades deben entender que a los izquierdistas ucranianos no se les puede acusar de “separatismo”, y la persecución por las creencias solo refuerza la indignación por sus acciones.

Honestamente también habría que decir que además de a los izquierdistas en el país se persigue sistemáticamente a algunos más o menos activos representantes de la oposición burguesa, incluyendo a miembros de los partidos que han capitulado ante el régimen, el Partido Comunista Ucraniano y el Partido de las Regiones -han asaltado y quemado sus casas y sus negocios han sido apartados a favor de la competencia leal al régimen-. Y aunque estos son nuestros contrincantes políticos entendemos que esta persecución de las autoridades tiene como objetivo eliminar en general toda oposición. Tanto más cuanto la prohibición del Partido Comunista de Ucrania, iniciada por la fiscalía y representantes de los partidos de derechas, sin duda será utilizada para limitar al máximo la posibilidad de una acción política para la izquierda extraparlamentaria e incluso para condenar esta ideología.

Naturalmente, el aparato represivo del estado conecta con actividades similares de los ultraderechistas, algunos de los cuales han sido legalizados ahora como unidades especiales oficialmente reconocidas del Ministerio del Interior ucraniano, aunque entre sus filas hay nazis participantes en crímenes y asesinatos. Además, se sabe que el partido liberal “UDAR” tiene la intención de presentar ante el parlamento una ley que de hecho da la posibilidad de abrir fuego sobre ciudadanos desarmados si los militares o los militantes de derechas los cuentan entre los “cómplices de terroristas”. En la práctica esto amenaza legalizar en Ucrania la práctica de los “escuadrones de la muerte” latinoamericanos.
Nosotros ya habíamos pronosticado esta situación, y en realidad fue bastante sencillo. El caso es que el régimen podrido hasta el núcleo, políticamente débil de Yanukovich simplemente no podía permitir aquello que sin problemas hace hoy el actual en Kiev. Naturalmente, no porque Yanukovich fuese demócrata o humanista -sin duda era exactamente igual de reaccionario y le hubiera encantado reprimir a los protestantes-. Además, el antiguo régimen tenía muy cerca a una poderosa oposición liberal derechista financiada por la fronda de los oligarcas, apoyada fuertemente por los EEUU y la Unión Europea, que ya entonces dominaba los medios de comunicación de masas. Cualquier intento de persecución a los partidarios de esta oposición -incluso aunque fuesen convictos de crímenes nazis- provocaba inmediatamente la reacción de las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos. Y durante el Maidán políticos y diplomáticos occidentales estuvieron presentes continuamente en el campamento para no permitir su desalojo por la policía. Esto ataba las manos de Yanukovich, que hizo una centésima parte de lo que se permite hoy al régimen “democrático” actual, que bombardea y dispara con artillería pesada y cohetes las ciudades de sus propio país lo que, sin duda, es una violación mayor del derecho a la vida y a la seguridad. Los actuales dirigentes del país se pueden permitir todo, desde abiertos crímenes de guerra a duras reformas antisociales, que son apoyadas por los países extranjeros que los protegen.


¿Qué formas de presión se aplican sobre aquellos que no están de acuerdo con lo que sucede y en qué medida hay que estar en desacuerdo para temer por tu bienestar?
Hay muchas formas: amenazas de represalias por parte de los nacionalistas, amenazas de acciones penales por parte de los guardianes del orden, una caza histérica a los opositores, a los que se tilda de “agentes de Moscú”, como en su momento, hace cien años, maltratataban a los internacionalistas, a los que llamaban “agentes del kaiser” y exigían “devolver a Lenin a Guillermo”. A veces es un boicot en el lugar de trabajo, incluido el despido, denuncias reales con las que se ganan la vida y se convierten en chovinistas de zoológico los liberales “de izquierda”.

A veces para cobrar fama de “kolorado” [una especie de cucaracha, insulto habitual para referirse a los opositores en el este de Ucrania, nota del tr.] basta con no ocultar que condenas la guerra, la xenofobia, la discriminación por nacionalidad o por cualquier otra base, o hablar en voz alta de la violación de los derechos democráticos de los ciudadanos ucranianos. Aunque esta posición, que yo comparto, no tiene ninguna relación con el separatismo y a menudo la expresa aquella gente que durante muchos años ha criticado sucesivamente la política del Kremlin.
 
¿Cuánta gente se ha visto forzada, en su opinión, a salir de Ucrania? ¿Quién se encuentra en el grupo de riesgo y qué creencias le disgustan al actual régimen?
 
Yo estoy de acuerdo con quienes piensan que la cifra de refugiados de la zona de guerra civil es de decenas de miles de personas. Además, centenares de personas con puntos de vista de la oposición han abandonado Ucrania por las amenazas de acoso o se han visto forzadas a cambiar su lugar de residencia.
 
¿Hay en Ucrania una prensa de oposición, y en que situación se encuentra? Mucho se ha oído sobre casos con resonancia con la participación de periodistas rusos, pero ¿ha habido incidentes con sus colegas ucranianos o de otros países que escribieron “cosas inconvenientes” y fueron por ello represaliados?

La visión de oposición al mainstream patriótico-estatal está expulsada de los medios de comunicación de masas del estatus. Los periodistas y las organizaciones de los periodistas abogan abiertamente por la censura y organizan una infame y destructiva persecución a los medios que no son completamente “lealistas”, sobre los que hay una presión total que llega hasta los piquetes en sus oficinas de redacción y su incautación. En internet se difunden listas maccartistas de medios “antiucranianos” en las que se encuentras sites de izquierda como Liva.com y commons.com.ua, y también “listas negras” análogas de blogeros conocidos por su punto de vista opositor. Además, los sindicatos de periodistas (que anteriormente, en tiempos de Yanukovich, se habían especializado en la “defensa de la libertad de expresión”) han publicado llamamientos en un espíritu completamente orwelliano con la petición de cubrir la guerra civil en el Este solamente en clave estatal-patriótica hasta en la terminología, llamando a lo negro blanco.

Se han dado casos de periodistas, incluidos los leales al gobierno, trabajando con el permiso del servicio de prensa de la SBU, como Anton Bodiani, golpeados y humillados por los militares, silenciados y no investigados. Ya no hablo de los trabajadores de los medios de comunicación rusos, a los que simplemente privan de la posibilidad de dedicarse a su actividad profesional -y no solo en la zona del frente, sino entre las paredes del parlamento ucraniano-. Sin duda, la posibilidad de expresar tus puntos de vista en los medios de comunicación nunca ha estado tan limitada como hoy. Y la censura no para de crecer. ¿De qué se puede hablar si tras una emisión en directo en los estudios a los opositores más de una vez les esperaban en la puerta los organizadores de pogromos?
 

¿Se podría transmitir al público de los países occidentales lo que está sucediendo? ¿Qué hay que hacer para esto?

El apoyo de la comunidad internacional de izquierdas es necesario y perceptible -y estamos hablando de organizaciones con diferentes puntos de vista y tradiciones-. La posición de los parlamentarios de izquierda de la UE puede obligar a las autoridades ucranianas a actuar con precaución ante la opinión pública europea. Además del apoyo de la izquierda europea -camaradas alemanes, griegos, británicos, suecos, italianos, españoles, irlandeses, polacos- quisiera dar las gracias a los camaradas de América Latina, Turquía, Kurdistán y Paquistán, países árabes, EEUU y Canadá. Acciones de solidaridad con “Borotba” se han realizado incluso en Brasilia durante la apertura del campeonato del mundo de fútbol. Esta solidaridad ya ha ayudado en mucho a romper el monopolio de los medios de comuniciación liberales-nacionalistas, que desean que el mundo vea la guerra desde su punto de vista.
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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