Entrevista a Carlos Valmaseda sobre asuntos energéticos, biocombustibles y otros asuntos afines

[Publicado en Rebelión en 2013]

“La alternativa más viable va en una doble dirección: un cambio radical en nuestra vida cotidiana enfocado a un menor consumo en recursos materiales y seguir en la lucha por el poder político estatal”.

Salvador López Arnal

Carlos Valmaseda nació en Barcelona en 1962. Licenciado en Historia y diplomado en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Barcelona, trabaja actualmente como bibliotecario en Manila. Entre las actividades relacionadas con la temática en la que hemos centrado nuestra conversación podemos destacar la traducción de numerosos artículos y de los informes En busca de un milagro y La transición alimentaria y agrícola  de Richard Heinberg, y de los libros El fin del crecimiento, también de este mismo autor (en prensa), y Lo que todo ecologista necesita saber sobre el capitalismo, de Fred Madoff y John Bellamy Foster

Carlos Valmaseda es miembro de Espai Marx.

***

 

El capitán T.A. “Ike” Kiefer, de la Armada usamericana, acaba de publicar un informe demoledor, según leo en una de tus observaciones para Espai Marx. El título del informe: “Twenty-First Century Snake Oil: Why the United States Should Reject Biofuels as Part of a Rational National Security Energy Strategy” [El bálsamo de Fierabrás del siglo XXI: por qué los Estados Unidos deberían rechazar los biocombustibles como parte de una estrategia de seguridad energética nacional racional]. Por qué deberían rechazarlos me gustaría preguntarte. Antes de ello, ¿qué son los biocombustibles?

Lo primero que quizá convendría aclarar es que no soy un especialista en estos temas, aunque me interesan mucho como ciudadano y desde una perspectiva ecosocialista. Espero que mis respuestas animen a los lectores a ampliar también sus conocimientos sobre estos temas a fin de tener una opinión formada. Al final aparecen unos enlaces mínimos para poder seguir la discusión.

 

De acuerdo. Gracias.

En segundo lugar me gustaría decir que organizaciones ecologistas, o agrarias como La Vía Campesina, prefieren utilizar el término agrocombustibles a biocombustibles puesto que el prefijo bio indica un marchamo ecológico que estos compuestos, como veremos, distan de cumplir. Si no te importa, me referiré a ellos con esa denominación.

 

No me importa. Tienen y tienes toda la razón. Gracias por la rectificación.

Dicho lo cual, podemos hablar de dos grupos principales de agrocombustibles en su forma líquida. El primero es el de los que proceden de cultivos ricos en azúcares o almidón (maíz, caña, remolacha…), de residuos vínicos o de biomasa lignocelulósica. A partir de ellos se genera etanol, normalmente denominado bioetanol. El segundo es el de los productos ricos en lípidos –aceites vegetales, usados o no, grasas animales, algas- que dan lugar a biodiésel.

 

¿Qué países los utilizan en estos momentos?

Pues no he consultado estadísticas de uso pero, en general, se utilizan en países que son ricos en la materia prima para producirlos, como los EEUU con el maíz y Brasil con la caña, o que las promueven como parte de programas contra el cambio climático, como de nuevo EEUU o Europa. La forma de promoverlo es la obligatoriedad de su uso y las subvenciones, tanto en investigación como en producción. De hecho, son estas formas de promoción las que permiten su subsistencia.

 

La pregunta que dejé pendiente antes. ¿Por qué, según el capitán Kiefer, USA debería rechazarlos? Kiefer no es, según todos los indicios, un ecologista infiltrado?

Si no te importa dividiré la respuesta en dos partes, una sobre la viabilidad de los agrocombustibles en general y una más concreta sobre las preocupaciones del ejército estadounidense.

Los agrocombustibles se han presentado tradicionalmente como una panacea con la que todos ganan: los usuarios de combustibles fósiles, quienes por fin tendrían una alternativa viable; el medio ambiente, y los campesinos. Parece demasiado bueno para ser verdad, y me temo que así es. La utilización de productos agrarios para su conversión en combustible será difícil que nunca llegue a ser una alternativa generalizada a los combustibles fósiles por simple física y química.

 

¿Simple física y química? Nos explicas un poco.

Empecemos recordando la segunda ley de la termodinámica, que nos dice que siempre se produce una pérdida de energía útil, disipada en forma de calor, cuando se pasa de una forma de energía a otra. Cuantos más pasos demos, más energía útil perderemos. En un motor de combustión, por ejemplo, solo se aprovecha un 30% al convertir la energía química del combustible en energía mecánica. El problema es que para la producción de agrocombustibles hay que dar muchos de estos pasos. El objetivo es aprovechar la energía solar capturada por la fotosíntesis de las plantas y almacenada en forma de glúcidos y lípidos para producir hidrocarburos tras una serie de procesos químicos. Veámoslo con un poco más de detalle siguiendo las explicaciones de Kiefer: el hidrógeno combinado con el carbono en determinadas estructuras almacena gran cantidad de energía química que puede luego ser liberada mediante la combustión, esto es, añadiendo oxígeno bajo determinadas condiciones. Una vez liberada esta energía el residuo lo forman CO2 y H20. El dióxido de carbono y el agua son por tanto las “cenizas” de la combustión –de ahí lo absurdo de los “motores de agua”-. Lo interesante es que son precisamente estos dos productos los que utilizan las plantas para la formación de glúcidos –normalmente denominados hidratos de carbono- y lípidos, reiniciando así el proceso mediante la creación de biomasa. Pero, además de que el agua puede ser un producto escaso, como bien sabemos, para que se produzca esta recombinación hace falta un elemento esencial: la energía. Y esta la proporcionan los fotones procedentes del sol. El problema es que su rendimiento es muy bajo. Solo el 0,1% de la energía procedente de los rayos de sol se convierte en biomasa, unos pobres 0,3-0,5 vatios por metro cuadrado en las mejores condiciones. Para que nos hagamos una idea, los paneles solares actuales capturan unos 6 W/m2, 20 veces más.

 

Veinte veces más o 12 veces más, depende del valor de la horquilla que tomemos para el cálculo.

Exacto. Esto ya nos apunta que hará falta una gran cantidad de terreno cultivable para su desarrollo, algo que puede llegar a ser muy problemático. Para complicarlo un poco más, hay otros elementos químicos que son esenciales para el crecimiento de las plantas: el nitrógeno, el fósforo, el potasio y otros macro y micronutrientes que se encuentran en el suelo. De hecho, según la ley de Liebig será el elemento esencial más escaso el que determinará el crecimiento de una planta…

 

Perdón, perdón… “Ley de Liebig” dices. ¿Qué ley es esa? ¿No habló ya Marx de Liebig?

La ley de del Mínimo de Liebig afirma que el crecimiento de las plantas no depende del total de recursos, sino del más escaso.  El autor, Justus von Liebig, ponía el ejemplo de un barril. Si las duelas que lo forman son de distinta longitud, será la más corta la que limitará la capacidad, por muy largas que sean todas las demás. Y sí, tienes razón, Marx conocía los trabajos de Liebig. Según nos recuerda John Bellamy Foster (http://pubs.socialistreviewindex.org.uk/isj96/foster.htm), Liebig publicó en 1862 la séptima edición de su obra La química orgánica en su aplicación a la agricultura y la fisiología. En su introducción acusaba a la agricultura intensiva inglesa del robo de nutrientes a otros países. El robo al parecer llegaba incluso a los huesos de los muertos en los campos de batalla de Leipzig, Waterloo y Crimea. Lo mismo cabe decir del guano importado de Sudamérica. Liebig proponía una “ley de restitución” por la que los minerales tomados de la tierra fuesen devueltos a la tierra. Marx quedó muy impresionado por sus escritos. En el primer libro de El capital afirmará que ‘haber desarrollado desde el punto de vista de las ciencias naturales el lado negativo, esto es, destructivo, de la agricultura moderna es uno de los méritos inmortales de Liebig”. Para Marx la agricultura moderna crea una “brecha irreparable” en la interacción metabólica entre los seres humanos y la Tierra, uno de los temas que, por cierto, más tarde desarrollará el propio Foster en obras como “La brecha ecológica”.

 

Volvamos al tema si te parece. Siento la interrupción.

Para no alargarnos demasiado nos fijaremos solo en el primer elemento citado, el nitrógeno, aunque los picos del fósforo y del potasio, por ejemplo, son también extremadamente preocupantes. Históricamente los hombres el nitrógeno lo han conseguido a partir del estiércol, con el cultivo de especies que lo fijan al suelo, etc. A principios del siglo XX se descubrió un proceso para la producción industrial de un producto nitrogenado, el amoníaco, creando así fertilizantes que permitieron un aumento espectacular de la productividad. La cuestión es que para producir amoníaco hace falta nitrógeno e hidrógeno, hidrógeno que de forma abrumadoramente mayoritaria procede… del gas natural. Si a esto le unimos el uso intensivo de maquinaria, pesticidas –creados también a partir del petróleo-, transporte a largas distancias… vemos que la agricultura industrial es uno de los sectores más dependientes de los combustibles fósiles. Pero no acaba ahí la cosa. Una vez conseguida la biomasa que normalmente hubiésemos utilizado directamente, es decir, nos la hubiésemos comido y bebido o se la hubiésemos dado a comer a nuestros animales, ahora es necesario un nuevo paso para convertirla en un combustible líquido, bioetanol o biodiésel. Lo que nos lleva a un nuevo concepto, el de Tasa de Retorno Energético (TRE).

 

¿En qué consiste esa tasa?

Esta tasa consiste en la cantidad de energía útil gastada en conseguir energía. Esto es, por poner un ejemplo, si para conseguir un barril de petróleo gastamos el equivalente a la energía contenida en un barril de petróleo, la TRE será 1:1. Para que nos hagamos una idea de las dimensiones del problema, en los años 30 la TRE de los pozos de petróleo llegó a ser de 100:1. Ahora se encuentra por debajo de 20:1 y descendiendo. Pero la TRE de los agrocombustibles tras todos los pasos dados está, en la mayor parte de los casos, cerca o por debajo de 1:1 en el caso del etanol y de 2:1 en los lípidos. Es decir, en la mayor parte de los casos gastamos más energía para conseguir los combustibles líquidos que la contenida en esos mismos combustibles. En cualquier caso, según Kiefer, cualquier producción por debajo de 6 no es viable, y por debajo de 3 es catabólica. Desde este punto de vista, los agrocombustibles no serían una fuente de energía, sino, en el mejor de los casos, un portador de energía. Primer punto descartado: los agrocombustibles no nos libran de la dependencia de los combustibles fósiles. Más bien son posibles precisamente por la utilización de estos mismos combustibles.

 

Antes de seguir, ¿qué es eso de que una producción sea catabólica?

Si te parece lo explicaré con una cita de Charles Hall, uno de los principales expertos mundiales en TRE, a partir de una entrevista que le hicieron en la revista Science: “Si tienes una TRE de 1,1:1, puedes bombear el petróleo fuera de la tierra y mirarlo. Si tienes 1,2:1 lo puedes refinar y mirarlo. A 1,3:1 lo puedes mover donde quieras, y mirarlo. Hemos investigado la TRE mínima que se necesita para conducir un camión, y necesitas al menos 3:1 en la boca del pozo. Luego, si quieres poner algo en el camión, como grano, necesitas una TRE de 5:1. Y eso incluye la amortización del camión. Pero si quieres incluir la amortización del camionero y la del trabajador petrolero y la del granjero tienes que tener lo suficiente para mantener las familias. Y entonces necesitas una TRE de 7:1. Y si quieres educación, necesitas 8:1 o 9:1. Y si quieres asistencia sanitaria, 10:1 o 11:1”. Lo que nos indica Hall es que las sociedades tienen unas necesidades básicas de “mantenimiento” de su estructura compleja. Si la TRE es insuficiente gastaremos en la producción de energía parte de la necesaria para este mantenimiento, como un cuerpo que cuando no tiene suficientes alimentos gasta su grasa y su musculatura. Es decir, entra en un proceso catabólico.

 

Gracias. Vayamos al segundo punto.

El segundo punto, su ventaja para reducir los gases de efecto invernadero, está muy relacionado con el anterior. Aunque no fuese cierto lo que veremos en el siguiente punto, esto es, que para producir cultivos para agrocombustibles se están eliminando zonas boscosas en países tanto del Norte como del Sur, y por tanto eliminando sumideros de CO2, no se puede negar que si para conseguir los agrocombustibles debemos utilizar combustibles fósiles, mal conseguiremos reducir la emisión de gases de efecto invernadero. No generaremos tantos al quemarlos en el transporte, pero sí en su proceso de elaboración.

Vayamos al último punto, la relación de los agrocombustibles con la situación de campesinado.

 

Vayamos allí.

Se ha argumentado que al competir con la producción para el consumo humano los agrocombustibles fueron los causantes del brutal aumento del precio de los alimentos en 2007-2008. También se les acusa, como decía anteriormente, de provocar la deforestación en Brasil, Indonesia o algunos países africanos para la producción industrial de agrocombustibles. Sea esto cierto o no, que probablemente lo es, lo que más me preocupa, como señala Saturnino “Jun” Borrás, es que entramos en una nueva etapa en el proceso histórico de usurpación y desposesión que se caracterizaría por “la fusión de alimentos, forraje y agrocombustibles en un escenario de cambio climático (…) algo que debe alarmarnos porque da vía libre a la proliferación de monocultivos industriales de uso flexible a gran escala.” Este proceso se realiza en un marco de acaparamiento de tierras, incluido el “acaparamiento verde”, amenazando a los sectores de agricultura tradicional todavía resistentes. No es casualidad que muchas organizaciones agrícolas de pequeños campesinos, sean quienes más se oponen a la extensión de los agrocombustibles.

Keifer da otros argumentos sobre por qué los agrocombustibles no son una buena idea –baja densidad energética, problemas de corrosión…-, pero creo que con lo expuesto ya nos hacemos una idea. En resumen y dicho de forma castiza, con el uso de agrocombustibles estamos haciendo un pan como unas hostias.

 

Lo castizo no quita lo valiente, más bien lo contrario. Vayamos ahora al ejército usamericano.

Sobre el tema concreto del interés del ejército estadounidense por los agrocombustibles lo primero que hay que tener en cuenta es que el Pentágono es el primer consumidor mundial institucional de combustibles fósiles. Tiene por tanto un interés muy evidente en conseguir una alternativa ante un posible agotamiento de estos recursos, más cuanto los militares no están tan atados al discurso oficial como los representantes políticos. De hecho, en su trabajo es obligatorio el estudio de los escenarios más diversos y no cabe duda que uno en el que los combustibles fósiles son escasos es uno de los más plausibles. La Armada, el cuerpo al que pertenece Kiefer, tiene el objetivo de que para 2020 la mitad del total de energía consumida por esta organización proceda de fuentes alternativas. Están empleando una cantidad enorme de fondos en investigación e implementación. Es en este marco que tiene sentido el informe de Kiefer avisando de los problemas que supone el uso de los agrocombustibles.

 

Te pregunto ahora más en general: ¿por qué Estados Unidos tiene tanto empeño en buscar combustibles alternativos? ¿Por el peak-oil esencialmente?

EEUU llegó a su pico del petróleo, esto es, a su punto máximo de producción, a principios de los 70. Desde entonces todos los presidentes, sin faltar uno, han proclamado que durante su mandato pondrían las bases para conseguir la “independencia energética” del país. Circula por ahí un video muy divertido en el que se recogen frases de discursos presidenciales proclamándolo. Pero una cosa es la retórica y otra la situación real. Es importante recordar que sigue vigente la Doctrina Carter por la cual “cualquier intento de parte de otra fuerza ajena a los estadounidenses por obtener el control del Golfo Pérsico, será considerado como ataque a los intereses vitales de los Estados Unidos y será rechazado por todos los medios necesarios, incluyendo los militares”. No hace falta que recuerde que esta declaración sí que es real y no retórica.

 

A las pruebas y guerras existentes podemos remitirnos.

Efectivamente. Parece evidente, por tanto, que no se puede decir precisamente que la prioridad de los EEUU sea la búsqueda de combustibles alternativos. Su principal línea de trabajo es seguir garantizando el suministro de combustibles fósiles a su país caiga quien caiga. Lo que no obsta, por supuesto, para que explore vías alternativas. Ellos saben mucho mejor que yo todo esto que estoy comentando sobre la energía. Desconozco sus planes a largo plazo, pero el problema, en mi opinión, es que los combustibles fósiles son un componente íntimamente entrelazado en demasiados aspectos de la vida económica, social y política del sistema como para permitirse pensar seriamente en una salida alternativa a su uso.

 

Un nudo marginal: ¿no podemos meter la pata en el tema, en la conjetura del peak-oil y sus consecuencias como ha ocurrido en otras ocasiones?

Cabe esa posibilidad, no conozco peakoileros que aseguren poseer dones proféticos, pero no creo que nos equivoquemos más que los que defienden que no hay ningún problema. En un artículo reciente sobre las previsiones de la principal organización sobre estos temas, la Agencia Internacional de la Energía (EIA por sus siglas en inglés), vinculada a la OCDE, vemos que en sus previsiones, “la EIA, según ella misma admite, declara haber sobreestimado la producción de crudo el 62 por ciento del tiempo; ha sobreestimado la producción de gas natural el 70,8 por ciento del tiempo; y ha sobreestimado el consumo de gas natural el 69,6 por ciento del tiempo (…). La EIA también sobreestimó la proporción de intensidad energética (una medida del consumo total de energía y PIB) un enorme 96,5 por ciento del tiempo”.

 

¡Pues vaya con la Agencia Internacional!

Por otra parte, a no ser que confiemos en la para mí absurda idea del origen abiótico del petróleo, el “peak-oil” no es una teoría sino una mera descripción: en un mundo finito, así como decenas de países ya han llegado a su pico del petróleo particular, habrá un momento en que la extracción mundial de petróleo también llegará a un máximo. A partir de ahí solo puede disminuir. La única discusión es cuándo se llegará a ese punto, no si se llegará, y qué pasará después. Hay que insistir en que el pico del petróleo no significa que este “se acabe”. Sobrepasado el cénit seguirán quedando cantidades ingentes, y de hecho es muy probable que nunca lleguemos a extraer todo el petróleo que se encuentra en la corteza terrestre. Por varios motivos: técnicos, de rentabilidad económica, de TRE, etc.

En cualquier caso, no creo que sea demasiado importante definir exactamente el momento del pico, sino la tendencia. No obstante, cabe destacar que para algunos autores ya lo hemos sobrepasado. Desde 2005 la producción de crudo se encuentra en un denominado “bumpy plateau” [meseta con desniveles], es decir, sube y baja ligeramente pero se encuentra en un nivel similar. A pesar de ello, la producción total sigue una línea ascendente. ¿Cómo es posible? Pues lo es porque, además de los esfuerzos ímprobos por recuperar todo el crudo disponible con técnicas como el fracking, con la explotación en zonas marinas ultraprofundas y probablemente pronto en el Ártico –lo que lo hace más caro y con una TRE menor-, la Agencia Internacional de la Energía e instituciones similares en sus datos oficiales ya no hablan de petróleo, sino de “combustibles líquidos” e incluyen cosas que nosotros difícilmente asociaríamos con el petróleo. Entre ellas, los líquidos de gas natural, el petróleo sintético creado a partir de las arenas asfálticas, etc. Medir, por cierto, la producción en barriles de petróleo, como se sigue haciendo, es absurdo, porque un barril de petróleo sintético, por ejemplo, tiene un 70% de la capacidad energética de uno de crudo.

Volviendo a tu pregunta inicial…

 

Perdona un momento, antes de ello. ¿Qué es eso del origen abiótico del petróleo?

Quizá no hubiera debido mencionarlo para no alargarme, porque para explicarlo tendré que empezar con una brevísima descripción de la teoría aceptada  mayoritariamente  por la comunidad científica….

 

No tenemos prisa.

El petróleo es un combustible fósil formado a partir de los restos de zooplancton y algas que al morir cayeron hasta el fondo poco profundo de mares o lagunas con poco oxígeno. Allí se combinaron con lodos y arenas que se acumularon capa tras capa hasta quedar enterrados a gran profundidad durante millones de años. Dependiendo precisamente de la profundidad, entre otros condicionantes, hubo una presión y temperatura determinadas que hicieron evolucionar esta materia orgánica a petróleo, gas, simple querógeno o incluso grafito. Esta roca en la que se forma el petróleo se conoce como “roca madre”. Al ser los hidrocarburos menos densos que la roca la tendencia es a ir ascendiendo hacia la superficie terrestre. En su ascensión puede acumularse en formaciones rocosas porosas y permeables, como areniscas o calizas, llamadas “rocas almacén”. Para que no siga el proceso de subida hasta la superficie es necesario que encima de estas rocas almacén se encuentre una capa de material impermeable que actúe como una trampa: la “roca sello”. Sin ella, el petróleo seguiría su ascensión hasta acabar evaporado y degradado por bacterias en la superficie. El petróleo, contra la creencia popular, no se encuentra por tanto en una especie de “lago” subterráneo, sino entre los poros de la roca almacén.

Hasta aquí la teoría aceptada por la inmensa mayoría de la comunidad científica. La historia del origen abiótico del petróleo, en cambio, a pesar de sus ilustres predecesores -Humboldt, Mendeleiev, Berthelot…- cayó en el olvido, pero tuvo una especie de “revival” en los años 50 entre los geólogos soviéticos y posteriormente fue conocida en Occidente fundamentalmente por los trabajos del astrofísico Thomas Gold.

 

¿Y qué defienden estos autores?

En resumen, estos autores defienden que el petróleo se origina en el interior del manto terrestre,  a partir de moléculas de hidrocarburo, principalmente metano y carbono en estado elemental, dióxido de carbono y carbonatos. Esto supondría que “nuevo” petróleo se iría creando constantemente.  No parece muy consistente y una de las críticas principales que se les hace es la presencia de biomarcadores en el petróleo, que demostraría su origen biológico. Hay unos cuantos argumentos más contra esta teoría que, para dar una cita y no alargarnos, se resumen bien en un artículo de Geoffrey P. Glasby de 2006.

 

Gracias, muchas gracias. Volvamos a mi pregunta inicial.

No sé si nos estaremos equivocando, creo que no, e intento argumentarlo, pero en cualquier caso por un mero principio de precaución deberíamos tomarnos muy en serio la búsqueda de alternativas y el cambio de nuestros patrones de consumo para no arriesgarnos a un colapso súbito por falta de previsión. Y siempre que se habla de este tema me acuerdo de una viñeta publicada por Joel Pett con motivo de una cumbre climática: ante un conferenciante que presenta medidas como “preservación de los bosques tropicales, sostenibilidad, trabajos verdes, ciudades habitables, renovables, agua y aire limpios, niños sanos, etc.” uno de los participantes protesta: “¿Y qué pasa si eso del cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?” http://mediagallery.usatoday.com/Editorial-Cartoons/G373,S81137

 

Parece que en algunos estudios se salvan dos procesos de conversión: de “carbón a combustible” y, más parcialmente de “gas a combustible”. Todo lo demás, has señalado tú mismo, ha demostrado ser ineficaz, anti-económico y fuera de escala. ¿Por qué se salvan esos dos procesos? ¿No es posible, no sería eficaz, como a veces se ha señalado, la producción de combustibles “bio” a partir de algas o celulosa?

Una puntualización. La conversión de carbón a combustible o de gas a combustible “se salva” en el marco de la discusión anterior sobre el ejército norteamericano. En el caso de necesitar un repuesto al petróleo convencional, siempre será mejor utilizar carbón o gas para convertirlos en combustibles líquidos que productos agrícolas. En términos generales no tiene demasiado sentido, es mejor utilizarlos en su forma original, siempre habrá menores pérdidas de energía útil. Si se tiene que recurrir a estas transformaciones para poder utilizarlos, básicamente en el transporte, es simplemente por encontrarse en una situación desesperada. Es algo que hicieron, al tener muy restringido el acceso a suministros de petróleo, los alemanes y los japoneses durante la II Guerra Mundial y los sudafricanos aislados por el bloqueo contra el apartheid.

Respecto al aprovechamiento energético de algas y celulosa no repetiré lo dicho sobre los agrocombustibles. Creo que ha quedado claro que no creo que sean una alternativa viable. Estos que comentas ahora, los llamados “biocombustibles de segunda generación” tienen el inconveniente, además de todos los citados anteriormente, de que no han pasado de la fase de investigación a la de producción industrial.

 

Si se acaba el petróleo convencional, se ha señalado también en alguna ocasión, se afirma que podremos seguir un poco más –“al triple de precio”- con el carbón o el gas, pero que, luego de eso, no hay otra opción. ¿Y entonces? ¿Qué nos queda? ¿“La carretera”?

En realidad no creo que podamos seguir “al triple de precio”, simplemente porque es probable que llegados a esa situación la economía colapsase antes. Cabe la posibilidad de entrar en una dinámica en la que los altos precios del petróleo provoquen la destrucción de algunos sectores económicos, esto lleve a la disminución del precio del combustible por falta de demanda, un precio más bajo de la energía aumente algo la producción y vuelta a empezar. Hay autores que argumentan que los precios del petróleo son uno de los factores en la crisis iniciada en 2007. Recordemos que en esa época el petróleo llegó a superar los 140 dólares el barril, un máximo histórico.

Por otra parte, el cambio de una fuente energética a otra no es trivial. Hemos destinado durante decenios recursos ingentes al aprovechamiento del petróleo. No se puede cambiar de la noche a la mañana toda esta infraestructura para adaptarla a una nueva fuente de energía –si la hay-. Y por supuesto, tampoco está garantizado que cuando tengamos que dar ese paso tengamos los recursos necesarios. Pensemos por ejemplo en las inversiones enormes que harían falta para electrificar el transporte, lo que supondría básicamente un mayor uso del ferrocarril, cuando en nuestro país toda nuestra política ha estado basada en hacer cada vez más carreteras o en construir kilómetros de AVE –para pasajeros, no para el transporte de mercancías-. Yo me pregunto, ¿podríamos en un contexto de profundización de la crisis dedicar recursos a este cambio? También está la cuestión de la periodización. En un informe de 2005 encargado por el gobierno de los EEUU y conocido como Informe Hirsch por el nombre de su principal redactor, se planteaba que esperar a que la producción llegase a su pico dejaría al mundo con un déficit de combustibles líquidos durante 20 años. Iniciar un programa de choque 10 años antes del pico produciría una escasez de combustibles líquidos durante una década. Si se iniciase 20 años antes se podría evitar esta escasez. Las transiciones anteriores, de la madera al carbón y del carbón al petróleo fueron graduales. Esta vez sería mucho más abrupta.

En cualquier caso, nuestra especie lleva unos 200.000 años sobre la Tierra. El uso masivo de combustibles fósiles unos 200 años. Hemos sabido vivir sin ellos la mayor parte de nuestro pasado. ¿Por qué no vamos a saber hacerlo en nuestro futuro?

 

Excelente pregunta. Me olvidaba, ¿no tenemos como “conquistas recientes” (observa el entrecomillado) el gas de esquito y las arenas bituminosas?

Actualmente se “vende” el gas como el reemplazo natural del petróleo. En palabras de Obama, los EEUU tienen gas para más de cien años al nivel de consumo actual. El “milagro” sería posible gracias a la tecnología de fractura hidráulica, o fracking, que permitiría acceder a gas atrapado en formaciones geológicas a las que hasta ahora resultaba difícil acceder.

Si dejamos de lado la propaganda, lo primero es decir que en realidad esta tecnología se conoce desde hace decenios y no se utilizaba de forma masiva simplemente porque no resultaba económica. El precio del gas no compensaba su explotación. Y es muy dudoso que ahora lo haga. El aprovechamiento del gas como fuente de energía no es tan sencillo como se suele pensar. Todos esos quemadores en los campos de petróleo no están allí por casualidad. Hasta el 20% del gas extraído acaba en esas llamaradas. O se consume in situ o hace falta una costosa infraestructura de gaseoductos, instalaciones de licuefacción y de regasificación, buques especialmente adaptados, etc. Por su parte, el fracking, a pesar de la amenaza de su extensión, incluido nuestro país, hasta ahora es un fenómeno básicamente estadounidense. Y parece más un asunto financiero que energético. Actualmente se extrae en demasiadas ocasiones con un coste superior al precio del gas en el país, necesita una creación continua de pozos solo para mantener la producción y su tasa de agotamiento es muy alta. Es cierto que el precio del gas en Europa es el triple o cuádruple del de Estados Unidos. Si las reservas fuesen tan gigantescas como se nos dice, compensaría la creación de todas esas infraestructuras de que hablaba antes para exportarla a mercados más lucrativos. Que yo sepa, no es algo que estén haciendo. Por algo será.

 

En cuanto a las arenas bituminosas…

Las arenas bituminosas, por su parte, también tienen un coste relativamente elevado y una densidad energética baja. Como su propio nombre nos indica, se trata de arenas en las que se encuentra incrustado bitumen o alquitrán. Para crear el denominado petróleo sintético es necesario el uso de gas natural, primero para calentar la pasta para extraer el bitumen y luego para aumentar su energía añadiendo hidrógeno. Necesitan, por otra parte, un consumo enorme de agua y suponen un serio problema ecológico tanto por su extracción y producción como por el aumento de los gases de efecto invernadero.

 

¿No nos queda ni siquiera la eólica o la fotovoltaica? O incluso, déjame que insista, ¿no tenemos acaso el petróleo “no” tradicional (tight, shale, sand) y el resto del tradicional?

De uno de los petróleos no convencionales, las arenas [sands] asfálticas acabamos de hablar. De los demás, sin querer entrar en una explicación demasiado técnica, quizá valga la pena aclarar un pequeño trabalenguas. No es lo mismo “shale oil” que “oil shale”. Este último, llamado en español pizarra bituminosa, contiene querógeno, un material orgánico que teóricamente podría dar lugar a petróleo por destilación. Se lleva más de cien años intentándolo con escaso éxito. La energía que se gasta en el proceso es mayor que la que se obtiene. No es extraño si tenemos en cuenta que su densidad energética es una sexta parte de la del carbón. El “shale oil”, por su parte, es petróleo atrapado en rocas de baja porosidad parecidas a la pizarra (denominadas shale en inglés). Quizá para evitar la confusión ahora se utiliza más el término “tight oil” denotando esta imagen de petróleo atrapado, “ceñido” (tight). Es crudo “normal” con la diferencia de que la técnica para su recuperación es el fracking. Sin duda, esta tecnología ha aumentado las posibilidades de extracción de petróleo, lo que seguramente tiene mucho más sentido que con el gas por la diferencia de precio. Pero este aumento no será suficiente para compensar el agotamiento de los yacimientos convencionales, me temo.

No hemos hablado de algunas otras fuentes de energía, como el carbón. Para no alargarme, recomiendo un texto de Richard Heinberg que traduje hace un par de años, “En busca de un milagro”. Supongo que el título es bastante explícito. Respecto a las energías renovables, estas son sin duda el futuro, aunque no sea más que porque difícilmente tendremos otras. No quisiera alargarme demasiado en esta entrevista. Solo recalcar que las renovables, como indica el título de Heinberg, nunca podrán sustituir completamente el disparatado consumo de energía actual.

 

Supón que “argumento”: tal vez no sea ningún poder divino, pero sí en cambio la tecnociencia quien de nuevo proveerá. De donde nace el peligro, escribía Hölderlin, nace la salvación también. De otras coyunturas difíciles-muy-difíciles hemos salido, también de esta. ¿Por qué no? ¡No seamos agoreros! ¿No razono bien en tu opinión?

Si de lo que hablamos es de una mejora en la eficiencia energética, bienvenida sea. Pero hasta ahora cada aumento en la eficiencia ha supuesto un aumento del uso, lo que se conoce como paradoja de Jevons o efecto rebote. Si lo que pensamos es que nuevas técnicas milagrosas van a aumentar la energía disponible, me limitaré a recordar un argumento que explicaba recientemente Tim Morgan, el jefe de investigación de una empresa de brokers inglesa: “la tecnología usa energía, no la crea. Esperar que la tecnología nos proporcione una respuesta, sería equivalente a encerrar a las mejores mentes científicas en la cámara acorazada de un banco, proporcionarles un poder de computación enorme y vastas cantidades de dinero, y esperar que creen un bocadillo de jamón”.

Por otra parte, buena parte de los problemas que tenemos han sido causados por un uso desmesurado de tecnología. No creo que la solución provenga de intensificar esta tendencia. Como dice la famosa cita de Einstein, “no podemos solucionar los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”.

 

Has hablado hace un momento de la paradoja de Jevons o el efecto rebote. ¿Nos explicas brevemente esta paradoja?

Jevons era un economista británico de mediados del siglo XIX que observó que con la aparición de la máquina de vapor de Watt, que mejoraba la de Newcomen, en lugar de disminuir el consumo de carbón gracias a la eficiencia tecnológica este aumentaba.

La conocida desde entonces como paradoja de Jevons o efecto rebote nos dice que cuando aumenta la eficiencia de un recurso gracias a alguna mejora tecnológica, lo más probable es que aumente su consumo, no que disminuya. Cuando se habla de energía, implica que la mejora tecnológica que aumente la eficiencia energética puede aumentar en última instancia el consumo total de energía.

 

Me he olvidado de la industria nuclear. ¿Qué problema hay con la energía nuclear después de superar la etapa difícil de Fukushima? Llenamos el mundo de nucleares y adelante, la felicidad está a la vuelta de la esquina para todos.

Sobre los riesgos de la energía nuclear, tú, Salvador, sabes mucho más que yo. Me remito a tus artículos.

 

Aprendo todo lo que puedo de Eduard Rodríguez Farré que es el que realmente sabe. Gracias en todo caso.

Me limitaré aquí por tanto a un par de aspectos meramente ‘energéticos’. En primer lugar, el pico del uranio puede llegar tan pronto como 2040-2050, aunque algunos autores lo adelantan a 2015. Sí, dentro de dos años. En segundo lugar, el proceso de construcción de centrales nucleares ha sido históricamente lento, caro e impopular. Y produce electricidad cuando el principal problema de la sustitución de los combustibles fósiles se encuentra en el transporte. Para que la energía nuclear tuviese un papel significativo haría falta por tanto una transformación completa de nuestro modelo de movilidad en el sentido que indicábamos antes, hacia la electrificación –no, no me refiero a coches eléctricos para todos- más la construcción de una multitud de centrales nucleares para utilizar un combustible que quizá se agotase mucho antes de que estas se acabasen de construir. No me parece una alternativa muy prometedora.

 

Finalmente, ya no abuso más de ti, ¿qué deberíamos hacer entonces? ¿Seguir así hasta que todo estalle? ¿Buscar fuentes nuevas en Júpiter? ¿Cambiar nuestro estilo de vida? ¿Sería suficiente?

Se suele acusar a los peakoileros de catastrofistas, y algunos efectivamente lo son. Aunque es muy posible que tengan razón, yo no creo estar entre ellos. Un catastrofista diría: vamos a toda velocidad hacia el precipicio y ya no se puede hacer nada. Otros decimos: vamos a toda velocidad hacia el precipicio, pero podemos frenar y/o cambiar de rumbo. No digo que vayamos a hacerlo. Digo que podríamos hacerlo. Como resultado de la plasticidad que nos caracteriza los humanos tenemos la ventaja de vivir en un mundo construido por nosotros mismos, las sociedades en las que nos desenvolvemos. Por supuesto, como cualquier otra especie, siempre estaremos limitados por el ecosistema terrestre y las leyes de la física, la química y la biología. Pero eso no obsta para que podamos imaginar miles de culturas diferentes a partir de esos parámetros. Otro mundo es posible. Es más, otro mundo es seguro porque el que tenemos es insostenible. De nosotros depende qué características tenga el futuro. Yo apuesto por un cambio civilizatorio basado en una relación más armoniosa con la naturaleza, en el que nos esforcemos por un desarrollo auténticamente humano, esto es, dedicado más al pleno desarrollo de las capacidades y relaciones humanas que a la estricta posesión de bienes materiales -más allá de los necesarios para resolver un conjunto de necesidades básicas-. La gran pregunta es cómo ponernos a trabajar para este cambio civilizatorio. Para mí, la alternativa más viable va en una doble dirección: un cambio radical en nuestra vida cotidiana enfocado a un menor consumo en recursos materiales y seguir en la lucha por el poder político estatal. Un control de las instituciones, democrático y solidario, organizado para el establecimiento de las bases del cambio civilizatorio de que hablaba antes. Cómo configurar estas dos vías creo que queda ya fuera de nuestro coloquio de hoy.

 

Del de hoy dices, no del de pasado mañana por ejemplo. Te cojo la palabra para una próxima ocasión. Gracias, muchas gracias. ¿Quieres añadir algo más?

No es que quiera recurrir al “he venido para hablar de mi libro”, pero me gustaría aprovechar la ocasión para invitar a los lectores a una próxima jornada organizada por Espai Marx que celebraremos en Barcelona el 20 de abril.

 

Adelante, es toda una primicia informativa.

Contaremos con la participación de Pedro Prieto para hablarnos precisamente de energía, de Óscar Carpintero sobre economía ecológica y de Joaquim Sempere sobre el último punto de que hemos hablado, las alternativas a la crisis civilizatoria en que nos encontramos. Se puede encontrar más información en nuestra página web: http://www.espai-marx.net/ca?id=7825.

 

Allí estaremos. Gracias de nuevo. Hablabas antes de algunas referencias…

Estas por ejemplo.

El documento que ha servido de base a nuestra discusión: http://es.scribd.com/doc/126243673/21st-Century-Snake-Oil-Why-the-U-S-Should-Reject-Biofuels-as-Part-of-a-Rational-National-Security-Energy-Strategy

“En busca de un milagro” de Richard Heinberg: http://www.resilience.org/stories/2012-02-22/en-busca-de-un-milagro-los-l%C3%ADmites-de-la-%E2%80%98energ%C3%AD-neta%E2%80%99-y-el-destino-de-la-socieda

Dos de los blogs más interesantes sobre los problemas energéticos más un grupo de discusión en Facebook:

“Crisis energética”. El blog de la AEREN: http://www.crisisenergetica.org.

Solo por poner un ejemplo, enlazo una discusión sobre el tema de las algas como biocombustibles: http://www.crisisenergetica.org/forum/viewtopic.php?showtopic=28385

The Oil Crash. El blog de Antonio Turiel uno de los principales especialistas en nuestro país: http://crashoil.blogspot.com

También solo para dar una muestra, una entrada sobre los agrocombustibles: http://crashoil.blogspot.com/2010/06/los-limites-de-los-biocombustibles-el.html

Debate sobre energía: un grupo en Facebook con recopilación de novedades, algunos debates: http://www.facebook.com/groups/157095551027528/

 

Muchas gracias. Cerramos muy bien con estas referencias. NO sé si podremos con todas ellas pero lo intentaremos.

 

 

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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