La dependencia energética de Europa con Rusia

[Escrito en 2014]
He leído en Resilience un artículo bastante disparatado sobre cómo debería Europa conseguir su independencia energética -dar más permisos para shale gas y crear mercados más competitivos entre otras propuestas absurdas-, pero tiene una parte inicial interesante porque da alguna información relevante sobre la dependencia gasística de Europa con respecto a Rusia. Os paso esta parte traducida, pero antes doy algunos apuntes para los que no conozcáis el tema:
-El mercado gasista suele ser “local”. A diferencia del bombeo en un gaseoducto, el proceso de licuefacción, traslado en buques gaseros y regasificación sale caro. Solo se hace si no hay otro remedio, como es nuestro caso.
-España o Francia reciben la mayor parte del gas del Norte de África -ese que vimos el otro día que empieza a estar de bajada-, pero buena parte de Europa es dependiente del gas ruso.
-Ya sabéis que en dos ocasiones anteriores Rusia cortó el suministro de gas a Ucrania con el inconveniente de que se autoinflingía un daño al no poder acceder así a alguno de sus principales mercados.
-Para evitar tener que pasar por países como Polonia o Ucrania, los rusos acordaron crear dos gaseoductos marinos: al norte, atravesando el Mar Báltico hasta Alemania -Nord Stream-, y al sur atravesando el Mar Negro hasta Bulgaria para luego seguir por Serbia y Hungría -South Stream-.
-Europa pretendió contrarrestar esta dependencia del gas ruso estableciendo un nuevo gaseoducto directamente hasta el Caspio a través de Turquía, el proyecto Nabucco.
-Hasta ahora también se podía contar con el gas de producción europea, fundamentalmente del Mar del Norte. Aún quedan grandes reseras, pero ya ha pasado su pico de producción.
Os paso ya con el artículo. Hay que tener en cuenta, por último, como veréis por el tono del autor, que es ucraniano y probablemente neocon.
“Desde principios del 2014, Gazprom ha estado de fiesta campestre, rodeando en círculos el largamente cacareado objetivo de conseguir la independencia energética del gas ruso. En una serie de movimientos cuidadosamente orquestados, Gazprom ha conseguido grandes progresos en el mercado energético bajo los ojos entrecerrados de la Comisión Europea.
El año pasado la compañía rusa consiguió un máximo en el mercado europeo, un 30%, un aumento sobre el algo más del 20% del año anterior. Esta cifra sorprendió incluso a los funcionarios de Gazprom, quienes aunque preveían un crecimiento, no esperaban alcanzar este umbral antes de 2020. El aumento se produjo por una menor producción de gas en Europa unido a un mayor consumo en Italia, Gran Bretaña y Alemania.
Mientras tanto, Nord Stream sigue bombeando gas directamente al sediento mercado alemán y South Stream sigue avanzando, con unas primeras entregas comerciales esperadas para finales de 2015 antes de alcanzar su plena capacidad en 2018.
Y cuando Gazprom no está arruinando las esperanzas de una independencia de la UE, Vladimir Putin se encarga con sus propias manos. En Hungría, el gobierno de Viktor Orbán ha cerrado un acuerdo con el presidente ruso para invertir 10.000 millones de euros en el desarrollo de su única central nuclear en Paks. El movimiento desafiante de Hungría llega tras las intensas críticas formuladas por Bruselas sobre sus credenciales democráticas, lo que prueba la limitada influencia que la élite europea puede ejercer en su propio patio trasero.
Para empeorar las cosas, el gran proyecto geopolítico que se suponía que iba a solucionar parte del problema de suministro, el gaseoducto Nabucco, fracasó en junio. También conocido como el Corredor del Sur, fue una de las iniciativas europeas más visibles para conseguir la independencia energética transportando gas del Caspio vía Turquía. El consorcio azerbaiyano responsable del desarrollo del campo gasista de Shah Deniz ha escogido apoyar el gaseoducto competidor TAP, metiendo así en un cajón las ambiciones europeas. Cuando esté operativo el gaseoducto bombeará unos 350 mil millones de pies cúbicos al año, o cerca de 5,5 veces menos que South Stream.”
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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