La paradoja de la reducción del consumo en el mundo rico

[Escrito en 2014]

Cuando traduzco suelo tener problemas con la palabra ‘overshoot’. Literalmente signfica que el tiro ha pasado de largo, que ha rebasado el objetivo, que nos hemos pasado tres pueblos, vaya. En el mundo ecologista se utiliza para indicar que nuestro desaforado consumo está mucho más allá de la capacidad de carga del planeta, que hemos superado sus límites ecológicos. Esa es la situación en la que nos encontramos ahora mismo, en ‘overshoot’. Pedro Prieto suele señalar en sus charlas, por ejemplo en su Mensaje a los indignados occidentales de 2011, que para alcanzar un planeta sostenible sería necesario que el 20% de la población más rica -entre la que nos encontramos- debería reducir sus niveles de actividad económica y consumo energético entre un 60 y un 90% para que el otro 80% pudiese subir algo su consumo. Un artículo reciente que he visto en Resilience me ha recordado este punto del discurso de Pedro pero introduciendo algún elemento nuevo. Se trata de una entrevista a un especialista en sistemas complejos, el irlandés David Korowicz. Este autor plantea que no bastaría con apropiarse y redistribuir la riqueza de los superricos, por muchas ganas que les tengamos, porque son muy pocos y sus riquezas son más nominales que reales -algo en lo que insiste Prieto también en su mensaje-. El problema, tal como lo plantea Korowicz, es que en un mundo complejo como el que vivimos una reducción de este tamaño -inimaginable que se produzca voluntariamente, por otra parte- provocaría inevitablemente un colapso incontrolable y sistémico de la economía global, con lo que el resultado final sería que al final los pobres seríamos todos. Así lo plantea:
“Lo único que podemos hacer globalmente para proporcionar inversión en energía y recursos a los pobres es sacarla del mundo rico, del uso real de recursos, no de las pilas de papel y promesas electrónicas. Y esos recursos se utilizan en nuestra comida, vestido, salud pública, saneamiento, coches y vacaciones, envíos y aeropuertos, escuelas y administración civil, etc. por todo el mundo. Para aliviar significativamente la pobreza real de la base del tercer mundo sería necesario que al menos el 25% mundial rico llevase a cabo una masiva caída del consumo, lo que afectaría incluso a la gente con seguridad social en Europa y en un mundo interdependiente provocaría una disrupción en todo el globo, incluso para los pobres. Por otra parte, mencioné antes que nuestro sistema socioeconómico complejo se adapta al crecimiento y a la escala. Esto significa que una retirada del consumo de tal escala causaría muy probablemente un colapso básicamente incontrolable y sistémico en la economía globalizada. La energía y los recursos colapsarían (80, 90%??) y también lo haría la integración del sistema en la economía globalizada, ¡pero esto es lo que sería necesario para crear e implementar medidas de alivio de la pobreza para los pobres del mundo, que ahora nos incluiría a todos!” (Anger & Complicity in a Time of Limits)
No deja de ser política ficción porque no vamos a renunciar a nada, pero es complicado, ¿eh?
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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