Ucrania: rompiendo con la histeria nacionalista a favor de la guerra

[Traducido en 2014]
La página trotska In defence of Marxism ha publicado un pequeño artículo sobre los medios de comunicación en Ucrania. En realidad lo más importante es el video que acompaña el artículo, una intervención del periodista británico Mark Franchetti en un programa de debate ucraniano. Por desgracia el vídeo, que en el formato editado es del Perviy canal ruso, solo está en ese idioma y subtitulado en inglés. Aunque no dominéis ninguno de los dos idiomas vale la pena verlo aunque solo sea por la cara de los asistentes cuando el periodista va explicando sus experiencias en el Donbás…
Pongo el enlace, no estoy muy seguro de si el correo lo interpretará como un video de Youtube y lo abrirá o tenéis que clicar para abrirlo.

Ucrania: rompiendo con la histeria nacionalista a favor de la guerra

Peter Mikhailenko 24 de junio 2014
Los conflictos desastrosos como las guerras civiles se recuerdan a menudo por sus perpetradores bajo la forma de líderes y generales. A menudo se olvida la influencia de los medios de comunicación en la creación de una histeria belicista. En el conflicto en Ucrania, la influencia de los medios ha interpretado un papel fundamental en la justificación de las acciones de los dirigentes oligarcas en Kiev, especialmente entre las masas de Ucrania del Oeste y Centro.
El 16 de mayo, el programa de debate político “Shuster Live” invitó al corresponsal de guerra británico Mark Franchetti para que hablase de su estancia durante tres semanas en la región rebelde del Donbás. Entre los invitados a este programa había personalidades ucranianas famosas, como la cantante Ruslana, el candidato presidencial Olha Bohomolets, el expresidente georgiano Mikhail Sakashvilli, representantes del partido en el gobierno Batkivshyna, del ministerio del interior ucraniano y de los batallones de la “Guardia Nacional” enviados por el gobierno de Kiev a luchar al Donbás.
Franchitti empezó a explicar -a raíz del tiempo pasado con el batallón Vostok- que los rebeldes en Donbás eran, de hecho, en su mayoría gente de la región o zonas cercanas, y la mayor parte no tenían un entrenamiento militar serio -muchos de ellos con antecedentes obreros-. Añadió que la gente no se siente representada por el gobierno de Kiev y creen genuinamente que están luchando contra el fascismo. Y aunque muchos esperaban que Rusia les ayudase, Moscú no les va a proporcionar esta ayuda.
La respuesta de casi todos los invitados fue despectiva, con algunos de ellos riéndose de las acusaciones y el representante del ministerio del interior diciendo que lo que el periodista había visto era una “villa Potemkin” orquestada por el Kremlin. Los miembros de la Guardia Nacional acusaron al periodista de mentir, lo que este negó. Este suceso, aunque parezca aislado, es solo una de las numerosas formas en que la posición del gobierno de Kiev se empieza a desvelar.

¿Quién controla los medios y a quién sirven?

Con la caída de la URSS los medios de comunicación ucranianos fueron privatizados por los oligarcas igual que la industria. Mientras la industria sufrió un fuerte declive, los oligarcas reconocieron el potencial de los canales de televisión y los periódicos privados para controlar la opinión pública. Los periodistas que expusieron la corrupción de la oligarquía fueron amenazados, despedidos o, como en el caso de Gregory Gongadze, asesinados si sus informaciones se consideraba que habían ido demasiado lejos para la clase dirigente.
Desde la huída de Viktor Yanukovich a principios de año, los medios ucranianos se han utilizado para consolidar la posición de los oligarcas que lo reemplazaron. Durante varios meses, los medios ucranianos han presentado la región del Donbás como una invasión rusa de Ucrania. La afirmación de los medios era que la rebelión en el Este era de hecho una invasión de fuerzas rusas y grupos separatistas y que estas fuerzas estaban sembrando el caos y secuestrando gente. También afirmaban que las fuerzas rebeldes tenían una experiencia militar importante, y que la población local esperaba a las fuerzas ucranianas para que la salvase de esta amenaza.
Aunque se ha informado de que esto era básicamente falso por parte de diversas fuentes informativas, las rusas, pero también algunas occidentales, la narrativa dominante ha sido la de Kiev. Este es el caso incluso en los medios occidentales, porque el capitalismo occidental tiene interés en que el nuevo régimen se consolide y una mayor apertura del mercado ucraniano para su beneficio. Esta es la razón por la que la aparición del señor Franchetti -como periodista del Sunday Times ha criticado al gobierno de Putin por haber cubierto Chechenia durante varios años- era difícil desestimarla como mera “propaganda del Kremlin”.

¿Puede durar la histeria de la guerra?

Los medios rusos, aunque muy críticos con el gobierno ucraniano, han interpretado exactamente el mismo papel que los ucranianos en la legitimación del dominio de la oligarquía rusa. Sus intereses se basan en la legitimación del imperialismo ruso, y por lo tanto solo se puede confiar en ellos en un determinado contexto. El gobierno ruso solo puede apoyar las acciones de las repúblicas rebeldes siempre que no proporcionen un ejemplo a los trabajadores rusos contra el régimen de Putin. A pesar de la prevalencia de líderes nacionalistas en estas repúblicas, la gran participación de la clase obrera les ha dado un cierto carácter revolucionario y antioligárquico. Cada día que pasa está más claro que el gobierno de Putin no tiene ningún interés en apoyar este tipo de movimiento.
No es solo en el este donde el gobierno de Kiev encuentra resistencia. El gobierno ucraniano se ha mostrado incapaz de resolver la rebelión de la misma forma que no ha sido capaz de desarrollar la economía ucraniana. El derribo de un avión ucraniano con 49 soldados y la tripulación a bordo solo sirve para reforzar la percepción de su incompetencia. Muchos sectores del ejército ucraniano han estado protestando -con sus familias- por las pobres condiciones de los soldados, que están subalimentados y subequipados. Esto ha forzado a Kiev a confiar más en los ataques aéreos, de artillería y en los batallones fascistas de la Guardia Nacional.
La principal amenaza para el imperialismo occidental y para el ruso es la unión de la clase obrera ucraniana contra la oligarquía. Cualquier movimiento hacia esto será sin duda minimizado y se le opondrá resistencia por ambos lados. Aunque no hay unidad por el momento, la historia nos enseña que la fatiga de los soldados en el ejército ucraniano los volverá contra la guerra y finalmente contra la gente que los ha enviado. Las nacionalizaciones previstas de industrias propiedad de oligarcas en el Donbás y Lugansk podrían dar un ejemplo no solo para el resto de Ucrania, sino también para la clase obrera rusa y las clases obreras occidentales. ¡El camino de la paz en Ucrania no está en las negociaciones entre poderes burgueses, sino el la unidad de la clase obrera en la lucha común por el socialismo!
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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