El marxismo y la dialéctica de la ecología

[Traducido en octubre de 2016]

John Bellamy Foster y Brett Clark

¿O quizá la crítica crítica cree haber llegado, aunque más no fuera, a los comienzos del conocimiento de la realidad histórica, ya que excluye del movimiento histórico las relaciones teóricas y prácticas del hombre con la naturaleza, esto es, a las ciencias naturales y la industria?
—Karl Marx y Frederick Engels1
La recuperación de los cimientos ecológico-materialistas del pensamiento de Karl Marx tal como se encarnan en su teoría de la brecha metabólica está redefiniendo tanto al marxismo como a la ecología de nuestro tiempo, reintegrando la crítica del capital con la ciencia natural crítica. Esto puede parecer sorprendente a aquellos que se quedaron atrasados en la visión de que las ideas de Marx eran simplemente una síntesis del idealismo alemán, el socialismo utópico francés y la economía política inglesa. Sin embargo, tales perspectivas sobre el materialismo histórico clásico, que prevalecieron durante el pasado siglo, están dando paso a un reconocimiento más amplio de que la concepción materialista de la historia de Marx está inextricablemente ligada con la concepción materialista de la naturaleza, abarcando no solo la crítica de la economía política sino también la apropiación crítica de las revoluciones natural-científicas que se produjeron en su día.
Lo que Georg Lukács llamaba la “ontología del ser social” de Marx estaba enraizado en una concepción del trabajo como el metabolismo de la sociedad y la naturaleza. Desde este punto de vista, la existencia material-humana es simultáneamente socio-histórica y natural-ecológica. Además, cualquier conocimiento histórico realista exigía centrarse en las complejas interconexiones e interdependencias asociadas con las condiciones humano-naturales.2 Fue este enfoque total integrado lo que llevó a Marx a definir el socialismo desde el punto de vista de un proceso de desarrollo humano sostenible —entendido como la necesidad de mantener la Tierra para futuras generaciones, a la par con el mayor desarrollo de la libertad y el potencial humanos—. El socialismo por tanto exigía que los productores asociados regulasen racionalmente el metabolismo de naturaleza y sociedad. Es en este contexto en el que conceptos centrales de Marx como “metabolismo universal de la naturaleza”, “metabolismo social” y la “brecha” metabólica llegaron a definir su visión del mundo crítico-ecológica.3
El enfoque de Marx a este respecto está inserparablemente relacionado con su análisis de la forma-valor ecólogica. Central a su crítica de la producción capitalista de mercancías fue la contradicción entre valor de uso, representando la producción en general, y valor de cambio (como valor, la cristalización del trabajo abstracto). Además, Marx dió gran importancia al hecho que los recursos naturales bajo el capitalismo son tratados como un “regalo gratuito de la Naturaleza al capital”, y de ahí que no entren directamente en la producción de valor.4 Fue sobre esta base que distinguió entre riqueza y valor de mercancía. La riqueza consistía en valores de uso y era producida tanto por la naturaleza como por el trabajo. En contraste, el valor/valor de cambio de la economía capitalista de mercancías se derivaba únicamente de la explotación de la fuerza de trabajo humana. La contradicción entre riqueza y valor se halla por tanto en el núcleo del proceso de acumulación y está directamente asociado con la degradación y ruptura de las condiciones naturales. Es esta contradicción ecológica dentro del valor capitalista y el proceso de acumulación lo que sirve para explicar la tendencia del sistema a las crisis ecológicas, o la brecha metabólica. El sistema en su estrecha búsqueda del beneficio —y a escalas cada vez mayores— perturba progresivamente los procesos ecológicos fundamentales que gobiernan toda vida, así como la reproducción social.
El redescubrimiento de las teorías del metabolismo y la forma-valor ecológica de Marx y de su rol en el análisis de las crisis ecológicas, ha generado tendencias agudamente discordantes.5 A pesar de su importancia en el desarrollo tanto del marxismo como de la ecología, toda idea tiene sus críticos. Una manifestación de la divergencia en la izquierda a este respecto ha sido un intento de apropiarse de aspectos del análisis del metabolismo social de Marx para promover una cruda visión social “monista” basada en ideas tales como la “producción de naturaleza” social y el metabolismo singular del capitalismo.6 Tales perspectivas, aunque influenciadas por el marxismo, se basan en concepciones idealistas, postmodernistas e hiper-social-constructivistas, que van contra cualquier ecología historico-materialista con sentido y tienden a minimizar (o desestimar como apocalípticas o catastrofistas) toda crisis ecológica —en tanto no son reducibles a la estrecha ley del valor del sistema—. Todo esto está conectado con la persistencia del antropocentrismo, el excepcionalismo humano y el capitalocentrismo dentro de partes de la izquierda frente la actual emergencia planetaria.7
En lo que sigue, proporcionaremos breves exposiciones de algunos de los mayores logros en la ecología de Marx examinando la estructura conceptual de la teoría del metabolismo de Marx, su relación con la teoría de la forma-valor ecológica y alguna de las consecuencias desde el punto de vista de las crisis ecológicas. Ofreceremos a continuación una valoración crítica de los intentos social-monistas actualmente de moda de reducir el análisis ecológico de Marx a un “metabolismo singular” que expresa la lógica interna del mercado.8 Concluiremos con una explicación de la centralidad de la dialéctica para la ecología en la concepción marxiana.

La estructura conceptual de la teoría del metabolismo de Marx

La complejidad que caracteriza la teoría del metabolismo de Marx se ve mejor contra lo que István Mészáros ha llamado “El marco conceptual de la teoría de la alienación de Marx”, que establece las bases para todo el pensamiento de Marx. Para Mészáros, el análisis de Marx toma una relación triádica de humanidad-trabajo/producción-naturaleza. Los seres humanos necesariamente median su relación con la naturaleza a través del trabajo-producción. Sin embargo, la sociedad de clases capitalista crea todo un conjunto de mediaciones de segundo orden asociadas con el intercambio de mercancías, dando como resultado una relación triádica más alienada: humanidad alienada-trabajo/producción alienado-naturaleza alienada, que está superpuesta a la primera. La economía política capitalista se centra en este segundo triángulo alienado, aceptandolo en su inmediatez desprovisto de cualquier concepto de alienación; mientras la ciencia natural dentro de la sociedad capitalista, según Mészáros, se centra principalmente en la relación de la naturaleza alienada con la producción alienada con el objetivo del dominio último de la naturaleza. Desde esta posición el resultado es el rol separado de las ciencias naturales en la sociedad burguesa. Como escribe Mészáros, “la ‘alienación de la naturaleza’ intensificada -v. gr., la contaminación– es impensable sin la más activa participación de las Ciencias Naturales en este proceso”.9 Este mismo marco conceptual, aunque visto ecológicamente, es evidente en el tratamiento de Marx del metabolismo universal de la naturaleza, el metabolismo social y la brecha metabólica en el Capital (y en sus Manuscritos económicos de 1861-1863). Para Marx, el proceso trabajo-y-producción era definido como el metabolismo de la naturaleza y la sociedad. De ahí, el marco conceptual subyacente en el pensamiento de Marx, en estos términos, era una relación triádica no alienada: humanidad-metabolismo social-metabolismo universal de la naturaleza. El metabolismo social, en esta concepción, era actividad productiva real, constituyendo un intercambio activo de la humanidad mediante el trabajo con la totalidad de la naturaleza (esto es, el metabolismo universal)  —aunque tomando concretamente formas históricas específicas e implicando procesos distintos—.
Con el surgimiento de mediaciones de segundo orden asociadas con la producción de mercancías (la reducción de la tierra y el trabajo a un estatus parecido a mercancías), hay superpuesto sobre esta relación metabólica fundamental un triángulo de alienación de la humanidad-alienación del “proceso interdependiente de metabolismo social” (la brecha metabólica)-alienación del metabolismo universal de la naturaleza.10 La brecha metabólica está por tanto en armonía con lo que el joven Marx, en sus “Comentarios a los Elementos de Política Económica de James Mill” llamaba la “mediación alienada” de la “actividad de la especie humana” bajo el capitalismo.11
La ciencia natural burguesa toma cada vez más una forma ecológicamente modernizadora porque se ve forzada a abordar la brecha en el metabolismo social ocasionada por la economía política capitalista y el distanciamiento de la ciencia que esto engendra. Se proponen y emplean las llamadas “soluciones” tecnológicas, como la captura y secuestro del carbono, sin resolver en realidad las raíces sistémicas del problema ecológico. Sin embargo, en tanto en cuanto el capitalismo solo es capaz de desplazar tales contradicciones ecológicas, en última instancia crea una brecha aún más ancha en el metabolismo universal de la naturaleza, con efectos mucho más allá de los procesos inmediatos de producción, surgiendo la cuestión de los límites absolutos del capitalismo. Es este marco lo que constituye el núcleo de la teoría de la crisis ecológica de Marx, con su énfasis en la brecha antropogénica-metabólica engendrada por el sistema de producción. El resultado son unos retos ecológicos y catástrofes aún mayores y más profundos, representando la bancarrota final del sistema capitalista.
Este marco general se ilustra concretamente con el discurso de Marx sobre la crisis del suelo del siglo XIX, que era el contexto en el que introdujo el concepto de brecha metabólica. La humanidad ha estado necesariamente dedicada a la agricultura a lo largo de la historia de la civilización, bajo la forma triádica de humanidad-agricultura-suelo. La historia de la civilización está punteada con ejemplos de agriculturas que fueron en direcciones no sostenibles, degradando el suelo. Sin embargo, con el desarrollo de la agricultura industrializada bajo el capitalismo surgen nuevas relaciones mercantiles, alterando esta relación eterna-natural en formas cualitativamente nuevas, dando como resultado una brecha en la agricultura más sistemática e intensiva, por la que se perturba el retorno de nutrientes esenciales (por ejemplo, nitrógeno, fósforo y potasio) al suelo. Esto lleva a “una brecha irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social, un metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida misma”.12
En respuesta a esta perturbación de las condiciones naturales que gobiernan la reproducción del suelo —un producto de la extrema división de la sociedad burguesa entre campo y cuidad— los científicos naturales de los siglos XIX y XX fueron llevados a desarrollar medios para abordar esta brecha, dando como resultado primero el comercio internacional de guano y nitrato y más tarde el desarrollo de los fertilizantes industriales. El comercio de guano y nitrato alteró ecologias y generó guerras de dominio imperial.13 El desarrollo de los fertilizantes industriales, que también contribuyó a la creación de productos químicos utilizados en la guerra, se convirtió cada vez más en un soporte para la expansión del capitalismo. Esta solución técnica, que ignoraba el sistema subyacente de naturaleza alienada y sociedad alienada, ha dado como resultado un vasta escorrentía de fertilizantes, degradando cursos de agua y causando zonas muertas en océanos de todo el mundo. El desarrollo de los fertilizantes químicos sobre una base industrial global sirvió así al desplazamiento de la brecha en el metabolismo social entre seres humanos y el suelo a una brecha más amplia, total, en el metabolismo universal de la naturaleza, cruzando importantes límites planetarios y alterando procesos biogeoquímicos fundamentales de la biosfera.14

La ley capitalista del valor y la destrucción de la naturaleza

Todo esto se puede entender mejor si ponemos en contexto la teoría de la forma-valor ecológica de Marx. En la explicación de Marx del sistema de valor de la mercancía bajo el capitalismo (y en la economía política clásica en general), la riqueza consiste en valores de uso, que tienen una base natural-material vinculada a la producción en general. Por el contrario, el valor (basado en trabajo social abstracto) bajo el capitalismo se deriva únicamente de la explotación de la fuerza de trabajo y está desprovisto de cualquier contenido natural-material. La Naturaleza es por tanto considerada por el sistema como un “regalo gratis … al capital”. Esta contradicción da lugar a lo que se conoce como la Paradoja Lauderdale, llamada así por James Maitland, octavo conde de Lauderdale, un economista político clásico de principios del siglo XIX. Lauderdale señalaba que la acumulación de riqueza privada (valor de cambio) bajo el capitalismo depende en general de la destrucción de riqueza pública (valor de uso), para generar la escasez y el monopolio esenciales para el proceso de acumulación.15 Bajo estas condiciones, la degradación medioambiental acelerada que destruye los bienes comunes es una consecuencia intrínseca de la acumulación de capital e incluso sirve como base para más acumulación, ya que se crean nuevas industrias, como la gestión de desechos, para lidiar con los efectos.
El capitalismo es por tanto una forma extrema de sistema disipativo. Uno rapaz en su explotación de las fuerzas naturales (incluyendo las que a Marx le gustaba llamar las “fuerzas vitales” de la humanidad). En su constante impulso en busca de más valor de plusvalía maximiza el rendimiento de energía y recursos, que son a continuación arrojados de vuelta al medio ambiente. “Après moi le déluge! es el lema de todo capitalista y todo país capitalista.”16 Lo que distinguía el análisis de la forma-valor ecológica de Marx a este respecto era el reconocimiento de que la degradación y alteración de la naturaleza bajo el capitalismo se intensificó con un sistema de producción de mercancías que basaba sus cálculos enteramente en el trabajo, mientras trataba a la naturaleza como un reino de no valor.17
Marx sacó inicialmente su concepto del metabolismo universal de la naturaleza, y su relación con la reproducción social y ecológica, del trabajo de su amigo y camarada revolucionario, el socialista físico Roland Daniels. En su trabajo de 1851 Mikrokosmos, Daniels aplicó el concepto de metabolismo a la manera de la teoría de sistemas para explicar las relaciones interconectadas entre plantas y animales.18 Marx se erigió sobre la concepción de Daniels, así como sobre el trabajo del químico alemán Justus von Liebig, para desarrollar su idea de reproducción social-metabólica y la brecha metabólica.19 Al escribir el Capital y en el periodo que siguió, estuvo cada día más y más preocupado por las crisis ecológicas. Tras leer los estudios del botánico Carl Fraas sobre la destrucción del suelo y la desertificación a lo largo de la  larga historia de las civilizaciones basadas en clases, Marx argumentó que este proceso solo se había intensificado y expandido, en muy diversas formas, bajo el capitalismo —y se había convertido en consecuencia en algo “irreparable” bajo el moderno sistema de producción con trabajo alienado—. De ahí concluía que la destrucción ecológica bajo el capitalismo representaba una “tendencia socialista inconsciente” —en el sentido que señalaba la necesidad de una ruptura revolucionaria con el sistema—.20
En el análisis de Marx, por tanto, el concepto de metabolismo se convierte en la base de una teoría de los aspectos ecológicos del desarrollo histórico humano, apuntando a una brecha metabólica bajo el capitalismo que exigía la “restauración” de un metabolismo social no alienado frente a la degradación capitalista y el desarrollo de una sociedad de igualdad real y sostenibilidad ecológica, concretamente el socialismo. Nada de esto desmerecía la critica político-económica del capitalismo como sistema de explotación de la fuerza de trabajo. Al contrario, en la concepción de Marx, el capitalismo minaba “las fuentes originales de toda riqueza: el suelo y el trabajador.”21

La ecología y el monismo social: La subsunción de la naturaleza

El poder de la concepción de Marx del metabolismo social se basa en el hecho de que se anticipó a los análisis modernos de los ecosistemas y sistema Tierra, ambos basados en el concepto del metabolismo —y tenían vínculos concretos en la etapa formativa en el desarrollo de estas ideas dentro de la ecología socialista—.22 El enfoque general materialista de Marx anticipaba y de alguna manera influyó en muchos de los grandes avances en ecología de finales del siglo XIX y principios del XX. Además, su crítica ecológica, que estaba atada a su crítica general político-económica del capitalismo, es la perspectiva teoríca más desarrollada de sistemas dialécticos de la que disponemos hoy para comprender el rol enormemente complejo del capitalismo en la degradación tanto del trabajo como de la naturaleza.
Sin embargo, diversos teóricos, surgidos de tradiciones marxianas y de otras, han intentado seguir otro camino, subrayando el rol unificador del capitalismo con respecto a la ecología, de manera que el capitalismo es visto como constitutivo de la red de la vida. Este enfoque social-monista (y esencialmente idealista) se justifica como un ataque al dualismo cartesiano. El claro intento es descarrilar el marxismo ecológico asociado con el movimiento ecosocialista, especialmente su dialéctica materialista.
Buena parte del análisis social-monista tiene sus raíces epistemológicas en el rechazo categórico del Marxismo Occidental de la dialéctica de la naturaleza —inspirado en una famosa nota al pie de Luckács en Historia y conciencia de clase (una nota que él mismo contradecía en otra parte del libro y que repudió completamente más tarde) en la que cuestionaba la concepción de la dialéctica de la naturaleza de Engels—.23 Iniciado por Aventuras de la dialéctica de Merleau-Ponty y desarrollado en las obras de muchos otros autores, el rechazo de la dialéctica de la naturaleza, y con él tanto de la naturaleza como objeto de análisis y como ciencia natural misma, se convirtió en un rasgo definidor del Marxismo Occidental como una tradición filosófica diferenciada. Esto reforzó una dialéctica idealista, sujeto-objeto, confinada a la humanidad, el mundo humano y las ciencias humano-históricas.24
El resultado fue la popularidad en la izquierda de lecturas abstracto-idealistas, hiper-social-constructivistas y postmodernistas del marxismo, que se definían en oposición al materialismo y especialmente al materialismo dialéctico. Volviendo a la cuestión del medio ambiente —dada su creciente importancia en la época del Antropoceno— los pensadores radicales han promovido progresivamente un monismo social antropocéntrico, en el que la naturaleza es vista como completamente internalizada por la sociedad. Esto ha llevado al geógrafo de izquierda Neil Smith a referirse a la “completa [all the way down] subsunción real de la naturaleza” al capitalismo. Escribe: “La Naturaleza no es nada si no es social”. Los científicos sociales, sostiene, deberían por tanto rechazar la idolatría de la ciencia natural de las “así llamadas leyes de la naturaleza” y condenar el “apocalipticismo de izquierda” y el “fetichismo de la naturaleza” identficado con los movimientos ecologistas.25 Extendiendo la lógica de Smith, el teórico de la ecología-mundo Jason W. Moore declara que el capitalismo se apropia y subsume la naturaleza “completamente, en todos los sentidos” [all the way down, across, and through, literalmente todo el camino hacia abajo, a lo largo y a través, Nota del t.]26
Para tales pensadores, la “primera naturaleza” (la naturaleza  precediendo a la sociedad) ha sido absorbida completamente por la “segunda naturaleza” (la naturaleza transformada por la sociedad).27 Por tanto, la naturaleza ya no existe como una realidad en  y por sí misma, o como un referente ontológico, sino que conserva solo una existencia borrosa dentro de los socialmente construidos “híbridos” o “paquetes” creados por la ecología-mundo capitalista.28 Este punto de vista rechaza las ideas de conflicto entre capitalismo y ecología, de brecha ecológica y de alienación de la naturaleza como formas de “dualismo” cartesiano.29 Cualquier sugerencia de que la producción de mercancías capitalista perturba necesariamente procesos ecológicos básicos es tachada de visión apocalíptica —una acusación que se tralada a científicos naturales y ecologistas radicales, percibidos como los principales enemigos de la visión del mundo social-monista—.
Una mirada crítica de cerca revela las profundas contradicciones asociadas con esta perspectiva social-monista, incluido un determinismo social que se extiende hasta el borrado de la naturaleza misma. Por ejemplo, Moore propone replicar al “dualismo” de naturaleza y sociedad que él atribuye al marxismo ecológico con un “punto de vista monista y relacional” por el que “empaquetamiento” de naturaleza y sociedad implica su existencia unificada.30 Sostiene que el “capitalismo internaliza —aunque parcialmente— las relaciones de la biosfera”, mientras las fuerzas del capital crean y configuran “la internalización de la biosfera de los procesos del capitalismo”. O, como señala en otra parte: “El capitalismo internaliza la contradicción de la naturaleza como totalidad, mientras la red de la vida internaliza las contradicciones del capitalismo”.31 En cada uno de estos puntos, la naturaleza se convierte simplemente en la relación interna del capitalismo, dejando de existir efectivamente por sí misma.
En sus esfuerzos por evitar el dualismo —evitando al mismo tiempo cualquier dialéctica materialista no preestablecida— Moore propone que el mundo está formado por “paquetes de naturaleza humana y extrahumana” que constituyen una “red de vida” abstracta definida principalmente en términos socio-culturales.32 En este enfoque en gran parte discursivo, tales paquetes son “formados, estabilizados y periódicamente alterados.”33 De hecho, “toda agencia“, declara, “es una propiedad relacional de paquetes específicos de naturaleza humana y extrahumana.”34 Todo lo que existe, según la filosofía de monismo neutral, consta de formas “empaquetadas”.35
La gran pesadilla para tales teóricos es el dualismo. Geógrafos de izquierda como Neil Smith y Erik Swyngedouw van tan lejos como para afirmar que Marx mismo era un dualista. “Dado el tratamiento de la naturaleza en el propio Marx”, afirma Smith, “puede que no sea poco razonable ver en su visión también una cierta versión del dualismo conceptual de la naturaleza.” Lo social y lo natural”, escribe Swyngedouw, “pueden haber sido unidos y hechos históricos y geográficos por Marx, pero lo hizo en formas que mantienen a ambos como dominios separados a priori.”36 Para superar lo que ve como dualismo de sociedad y naturaleza de Marx, Swyngedouw propone un hibridismo universal bajo la forma de una “socionaturaleza” singular.
Para el geógrafo radical Noel Castree, reflejando los puntos de vista de Smith (sobre los que Castree basa su propio análisis), “la naturaleza se vuelve interna al capitalismo de una forma tal que la distinción misma implicada en usar estos términos está erosionada y socavada.”37 El capitalismo tiene todo el poder sobre la naturaleza y “parece tragarse a esta última completamente.”38 De ahí que ya no haya naturaleza como tal, en el sentido del objeto de la ciencia natural. Como señala Moore, el “materialismo verde” fue “forjado en una era en la que la naturaleza todavía contaba mucho” —lo que, implica él— ya no es el caso.39 Como resultado, al ecologismo le falta algún referente definido en la naturaleza y las preocupaciones medioambientales son en sí mismas problemáticas —un punto de vista enfatizado sobre todo por el sociólogo antiízquierdista francés Bruno Latour—.40
El absurdo resultante se puede ver en el apoyo de Moore al ataque del geógrafo crítico Bruce Braun al economista ecologista marxiano Elmar Altvater por obedecer en su análisis a la segunda ley de la termodinámica, básica para la física. 41 Para Moore, en contravención de la ciencia natural: “La ‘ley de la entropía’ … opera dentro de patrones específicos de poder y producción. No está determinada por la biosfera en lo abstracto. Desde el punto de vista de naturaleza histórica, la entropía es reversible y cíclica —pero sujeta a una entropía creciente dentro de la lógica específica civilizatoria—.”42 En este extraño punto de vista social-monista, la entropía está sometida a la sociedad, que es supuestamente capaz de darle la vuelta o reciclarla – haciendo por lo tanto retroceder o doblarse la flecha del tiempo.
Tales pensadores de izquierda llegan tan lejos como para eximir completamente a la humanidad de las leyes de la naturaleza, argumentando que ‘naturaleza y sus derivados más recientes como ‘medio ambiente’ o ‘sostenibilidad’ son significados ‘vacíos’.”43 Aunque la ‘Naturaleza’ (como producto histórico) proporciona los cimientos, las relaciones sociales producen la historia de la naturaleza y la sociedad.”44
Desde esta perspectiva esencialmente anti-ecologista, expresada en términos postmarxistas o postmodernistas, los ecologistas radicales (incluido todo el movimiento Verde) son criticados por percibir un conflicto entre naturaleza y sociedad capitalista, y se dice que tienen tendencia a un “imaginario apocalíptico”, alimentando ‘ecologías del miedo’ ”—descritas como “confundidas en [la] retórica de la necesidad de un cambio radical para prevenir la catástrofe inmanente.””—45 Smith amonesta a los científicos climáticos que “intentan distinguir las contribuciones sociales [antropogénicas] frente a las naturales en el cambio climático” por contribuir a “no solo un debate de tontos sino una filosofía de tontos: deja el sacrosanto abismo entre naturaleza y sociedad —naturaleza en una esquina, sociedad en la otra—.”46
El escepticismo general de Smith y otros pensadores de izquierda hacia el debate y la acción ante el cambio climático equivale a una aquiescencia con el status quo, y al distanciamiento respecto a las preocupaciones medioambientales. Moore atribuye lo que llama “el fetichismo metabólico del materialismo verde” (un término que él usa para los marxistas ecologistas) a su concepción “biofísica” del sistema Tierra. No solo Swyngedouw sino incluso Alan Badiou y Slavoj Žižek argumentan que “la ecología se ha convertido en el nuevo opio para las masas” —una fórmula repetida palabra por palabra y fuertemente apoyada por los tres pensadores—.47
Dando la espalda a la ciencia ecológica, Moore advierte contra la “fetichización de los límites naturales”.48 Contradiciendo directamente a algunos de los científicos climáticos líderes mundiales, miemtros del Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno, afirma: “La realidad no es la de la humanidad [esto es, la sociedad] arrollando las grandes fuerzas de la naturaleza”. Por el contrario sugiere que el capitalismo aparentemente tiene una infinita capacidad de “vencer los aparentemente insuperables ‘límites naturales'” —de ahí que no haya una brecha real en los límites planetarios asociados con el Antropoceno e, implícitamente, ningún motivo para preocuparse—.49 En el peor de los casos, la apropiación de la naturaleza del sistema termina por aumentar los costes de los recursos naturales, creando un problema final para el capital, a medida que la “naturaleza barata” se vuelva más escurridiza.50 El capitalismo en sí es visto como una ecología-mundo que se “despliega en la red de la vida”, innovando para superar la escasez económica cuándo y dónde se produce.51
Moore adopta el término “red de vida” para sugerir que aborda las preocupaciones ecológicas. Sin embargo, la frase se usa principalmente como una metáfora para la subsunción de la naturaleza del capital. El mundo en su completitud —natural y social— es descrito como simplemente un grupo de relaciones empaquetadas, entrelazadas, en las que predomina el capital. Esta posición se parece de muchas formas a la de los intelectuales de la modernización ecológica y el “capitalismo verde”, quienes proponen que la sostenibilidad medioambiental se puede conseguir internalizando la naturaleza dentro de la economía capitalista, juntándolo todo bajo la lógica del mercado.52
De hecho, Moore ha ido recientemente tan lejos como para alabar a los fundadores del ecomodernista Breakthrough Institute Ted Nordhaus y Michael Shellenberger —ideólogos líderes de los mercados capitalistas, la alta tecnología (incluida la nuclear y la geoingeniería) y el crecimiento económico acelerado— por proporcionar un análisis superior de los problemas medioambientales. Se nos dice que sus ideas suponen una “poderosa crítica” a la que los marxistas ecologistas, con su foco en los supuestos conceptos “dualistas” de la brecha metabólica, la huella ecológica y el Antropoceno son “vulnerables”. El error de estos últimos, argumenta Moore, haciéndose eco del Breakthroug Institute, es una “crítica verde” que se centra en “lo que el capitalismo hace a la naturaleza” en lugar de —como en el trabajo de Nordhaus y Shellenberger (y Moore mismo)— en “cómo la naturaleza trabaja para el capitalismo”. De hecho, la tarea que tenemos ante nosotros, declara, es la de “Poner la naturaleza a trabajar”.53
Un análisis de este tipo rechaza una crítica basada en la alienación del trabajo y la naturaleza y la brecha en el metabolismo social. Pavimenta la contradicción entre una humanidad alienada y una naturaleza alienada y normaliza la ideología recibida. Moore sustituye la idea compleja de Marx de una “brecha en el proceso interdependiente del metabolismo social” con lo que llama un “metabolismo singular de poder”.54 “El problema”, escribe, no es “la brecha [rift] metabólica, sino el desplazamiento [shift] metabólico… El metabolismo se convierte en una forma de discernir desplazamientos (unificaciones provisionales y específicas) no brechas (separación acumulativa).”55 El resultado —de acuerdo con la idea de Smith de “la unidad de la naturaleza a la que dirige el capitalismo”— es una negativa sin cuartel de la concepción de Marx de la “mediación alienada” del metabolismo social de la humanidad y la naturaleza bajo el capitalismo.56
En la perspectiva unidimensional de tales pensadores social-monistas, no hay razón para analizar la interpenetración, intercambio y mediación de las relaciones naturaleza-sociedad. Los ciclos y los procesos naturales no son vistos como relativamente autónomos de la sociedad, incluso por fuerza de abstracción, sino que están subsumidos dentro de la sociedad. De ahí que ya no son vistos como sujetos legítimos de análisis. En el lugar de la dialéctica compleja de naturaleza y sociedad, se nos deja solo con un “empaquetado dialéctico” en el que la realidad se reduce a una serie de ensamblajes socialmente construidos de cosas o procesos.57 Para Moore, la idea de ecología-mundo significa simplemente capitalismo a gran escala, inscrito en todo. Es en sí misma una “red de vida”, que no es nada más que un grupo de paquetes (es decir, mercancías). La idea del sistema Tierra simplemente desaparece.
Marx, por el contrario, indicaba claramente que naturaleza y sociedad son irreductibles. Uno no puede y no debería estar subsumido dentro del otro. La opción aquí no es entre monismo y dualismo. Más bien, una dialéctica materialista, de sistema abierto —centrada en la mediación y totalidad y que tenga en cuenta el carácter heterogéneo de la realidad y los niveles integrantes— nos da la única base crítica-realista con sentido para el análisis.58 Además, esto no se puede conseguir por mera contemplación sino que exige la unificación de la teoría y la práctica, en el contexto del desarrollo de las relaciones materiales reales.

El realismo dialéctico y la reunificación del marxismo

Dentro de la crítica de la economía política de Marx reside su profunda preocupación por abordar la alienación de la naturaleza. Como escribió en los Grundrisse, no es la unidad de la humanidad viva y activa con las condiciones naturales, inorgánicas de su intercambio metabólico con la naturaleza, y de ahí de su apropiación de la naturaleza, lo que requiere una explicación o es el resultado de un proceso histórico, sino más bien la separación entre estas condiciones inorgánicas de la existencia humana y su existencia activa, una separación que está planteada completamente solo en la relación de trabajo asalariado y capital.59
El marco conceptual de Marx del metabolismo universal de naturaleza, metabolismo social y brecha metabólica proporciona los medios para abordar esta separación. Sirve como la base para desarrollar una dialéctica de la naturaleza sin desarrollo preestablecido que explique las relaciones internas y externas. También ilumina cómo la alienación de la naturaleza y la creación de una brecha metabólica en relación al metabolismo universal de la naturaleza están entrelazadas con el sistema del capital.
El metabolismo social abarca el trabajo humano y la producción en relación al mundo biofísico mayor. El trabajo es, según Marx, una “interacción metabólica” necesaria entre los humanos y la Tierra.60 Siguiendo a Marx, Lukács explicaba que la fundamentación del trabajo “es el metabolismo entre hombre (sociedad) y naturaleza”, puesto que estas relaciones son “la base de la reproducción del hombre en sociedad, como sus condiciones previas insuperables”.61 “Por grande que sea el efecto transformador… del proceso de trabajo”, observaba, “los límites naturales solo pueden retroceder, nunca desaparecer.”62 El intercambio entre humanidad y naturaleza es, para Marx, una condición permanente de la vida y de la sociedad. “El proceso de trabajo es antes que nada un proceso entre el hombre y la naturaleza… el metabolismo entre [humanidad] y naturaleza” -y nunca puede perder este carácter fundamental.63
El auge del capitalismo introdujo mediaciones diferentes de segundo orden asociadas con la forma específica de producción de mercancías y la incesante búsqueda de acumulación de capital. La propiedad privada y el trabajo asalariado alienaron no solo a la humanidad y al proceso productivo, sino a la naturaleza misma. Como se indica más arriba, esto tomó la forma de una mediación alienada, generando una brecha metabólica entre sociedad y naturaleza. La crisis ecológica, o la “brecha irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social” solo puede por tanto ser abordada mediante un realismo crítico o dialéctico.64
Por el mero hecho de su participación activa en el trabajo y la producción, la humanidad está también implicada en el metabolismo social de los seres humanos y la naturaleza y la formación de una “segunda naturaleza”. No obstante, el metabolismo universal de la naturaleza, esto es, la naturaleza en su sentido más amplio, dinámico y universal (“primera naturaleza”) permanece. Una perspectiva dialéctica-realista exige una explicación completa tanto de las relaciones internas como externas en lugar de confinar los análisis solo a la dinámica interna. Plantea la cuestión fundamental de la distinción entre dialéctica abierta y cerrada. Como Explica Fredric Jameson:
La idea de la dialéctica, con artículo definido —o dialéctica como sistema filosófico, o de hecho como el único sistema filosófico— obviamente te remite a la posición en que la dialéctica es aplicable a todo y cualquier cosa … el Marxismo Occidental … permanece vigilante frente a lo que se puede llamar una posición viconiana, en el espíritu del verum factum de la Scienzia Nuova; solo podemos entender lo que hemos hecho y por tanto estamos en la posición de reclamar únicamente el conocimiento de la historia pero no de la naturaleza, que es la obra de Dios.65
Por el contrario, una dialéctica materialista es inherentemente abierta, no cerrada. Acepta que no hay cierre: no hay dominio humano completamente separado de la naturaleza —y no ha dominio de Dios—. Desde una perspectiva materialista-realista, es imposible incluso empezar a abordar la dinámica del medio ambiente si se sigue el completo rechazo del Marxismo Occidental de la dialéctica de la naturaleza. En un capítulo de su Ontología del ser social, titulado Marx (publicado en inglés como libro separado), Lukács, intentando reunificar el análisis marxiano, escribe:
Para Marx,el conocimiento dialéctico tiene un carácter meramente aproximado, y esto es así porque la realidad consta de la incesante interacción de complejos, que están localizados tanto interna como externamente en relaciones heterogéneas, y son ellos mismo síntesis dinámicas de componentes a menudo heterogéneos, de manera que el número de elementos efectivos puede ser bastante ilimitado. El carácter aproximado del conocimiento no es principalmente por tanto algo epistemológico, aunque por supuesto también afecta la epistemología; es más bien el reflejo en el conocimiento del constituyente ontológico del ser; la infinidad y heterogeneidad de los factores objetivamente operativos y las principales consecuencias de esta situación, es decir, que las leyes científicas solo se pueden cumplir en el mundo real como tendencias, y necesidades solo en la maraña de fuerzas opuestas, únicamente en una mediación que tiene lugar mediante infinitos accidentes.66
El realismo dialéctico-crítico sirve como base para analizar las relaciones materiales, especialmente aquellas asociadas con la “mediación alienada” del capitalismo de la humanidad y la naturaleza. El rechazo a la idea de brecha metabólica y su sustitución por paquetes, “internalidades dobles” y la supuesta unificación por parte del capitalismo de la naturaleza, es devolver a la teoría marxiana a un idealismo prehegeliano, una filosofía especulativa que a nada se parece más que al sistema de Leibniz, con sus mónadas sin ventanas y un estático “mejor de los mundos posibles”.67 Las últimamente novedosas concepciones social-monistas e hibridistas toman como base el fetichismo de las apariencias inmediatas, que es luego usado para re-reificar la teoría social, llegando a un actualismo acrítico. Esto lleva al error que Alfred North Whitehead llamaba “la falacia de la ‘concretitud’ fuera de lugar”. 68
Resulta útil aquí tomar nota de la advertencia de Lukács contra “la fetichización empiricista enraizada epistemológicamente” que no tiene en cuenta “contradicciones más profundas y sus conexiones con las leyes fundamentales”. Él argumentaba que una dialéctica cerrada, del tipo de la avanzada hoy por los monistas sociales, invariablemente descansa “en esta fetichización objetivificante y rigidificante, que siempre surge cuando los resultados de un proceso son considerados solo en su forma última y terminada y no también en su génesis real y contradictoria. La realizad se fetichiza en una inmediata y vacua “unicidad” y “singularidad”, que se puede así erigir fácilmente en un mito irracional.”69
El mito irracional en cuestión aquí es el concepto de un “metabolismo singular” que, al postular la completa subsunción de la naturaleza en la sociedad, ignora los procesos ecológicos como tales, e incluso la ciencia natural misma.70 El argumento acompañante, él mismo dualista, de que el movimiento ecologista debe escoger entre un monismo abstracto y un tosco dualismo -asociando la dialéctica con el primero- es una trampa que simplemente afirma la ideología burguesa bajo una nueva forma. Ni el monismo ni el dualismo son consecuentes con un método dialéctico, que necesariamente trasciende ambos. En las palabras del filósofo ambientalista Richard Evanof:
En lugar de dicotomizar humanidad y naturaleza (como en las teorías dualistas) o identifcar humanidad y naturaleza (como en las teorías monistas), una perspectiva dialéctica realista sugiere que aunque la naturaleza proporciona de hecho los recursos materiales que mantienen la vida humana, la cultura ni está determinada por la naturaleza ni necesita subsumir toda la naturaleza para mantenerse. La naturaleza está constituida por la cultura humana en el sentido que las interacciones humanas transforman y modifican el medio ambiente natural de manera importante, pero los procesos naturales sin embargo pueden continuar y lo hacen en ausencia de interacción humana, sugiriendo que una medida de autonomía para la naturaleza puede y debería ser mantenida y respetada.71
Refiriéndose a la brecha metabólica de Marx, Naomi Klein observa acertadamente que la “capacidad de la Tierra de absorber los sucios subproductos del voraz metabolismo del capitalismo global está llegando al límite.” 72 El monstruo gigante capitalista está llevando a la acumulación de gases de efecto invernadero a la atmósfera, creando por este y otros medios una brecha antropogénica en el metabolismo del sistema Tierra, con consecuencias a muy largo plazo más allá de las condiciones inmediatas de producción. El cambio climático global está contribuyendo a la acidificación de los océanos, que tiene efectos dramáticos, por ejemplo, sobre los calcificadores marinos, que deben usar más energía para producir calcio biogénico para la formación de conchas y placas.73 Estas especies son la base de una red alimenticia extensa, así qe lo que les suceda a ellos tiene amplias ramificaciones a escala biosférica. Adicionalmente, el calentamiento y acidificación de los océanos están contribuyendo al blanqueamiento y colapso del coral. Estos extensos ecosistemas coralinos interpretan un papel central en la creación de un medio rico en nutrientes y en el mantenimiento de la biodiversidad marina.74 La acidificación de los océanos es conocida como la conductora de extinciones masivas previas y un factor contribuyente a la actual extinción en masa.
El marco conceptual de Marx del análisis metabólico sirve como una poderosa base para comprender esta brecha en el sistema Tierra asociada a la expansión del capitalismo. Aunque el capitalismo intenta abordar tal brecha ecológica mediante soluciones tecnológicas, todo esto lleva a una crisis acumulativa estructural más grande dentro del metabolismo universal de la naturaleza -dadas las actuales contradicciones que componen el sistema.75 Marx advertía que la historia humana podía ser arruinada y acortada como resultado de un metabolismo alienado que socave las bases de la vida.76 Observando la versión extrema de la brecha ecológica impuesta sobre Irlanda por el colonialismo inglés, insistía en que bajo tan terribles condiciones, “ruina o revolución es la consigna”.77
Dentro de la crítica de Marx del capital y el metabolismo alienado se encuentra la concepción afirmativa de restauración metábolica —un metabolismo social no-alienado que opera dentro de la “condición eterna impuesta por la naturaleza de la existencia humana”—.78 La restauración metabólica necesita la confrontación con “el antagonismo social entre propiedad privada y trabajo” para arrancar de raíz la alienación asociada con el sistema de capital.79 Tal bagaje materialista ayuda a facilitar un análisis complejo, dinámico, que informe cómo las actividades productivas pueden ser gestionadas en relación al mundo biofísico mayor. Como escribió el realista crítico Roy Bashkar, “sobrevivimos como especie solo en tanto que la segunda naturaleza respeta las limitaciones predominantes impuestas sobre ella por la primera. De esta naturaleza, aunque está siempre históricamente mediada, no podemos nunca, ni podremos, escapar”.80
Ya en el siglo XIX, Engels enfatizaba que “la libertad no consiste en el sueño de la independencia de las leyes naturales, sino en el conocimiento de estas leyes”. De hecho, “la verdadera libertad humana” requiere vivir “una existencia en armonía con las leyes de la naturaleza que han llegado a ser conocidas.”81 Una ecología sostenible, coevolutiva, exige que los productores asociados regulen racionalmente el metabolismo social de la naturaleza y la sociedad, al servicio del avance del potencial humano. Esto es lo que constituye la definición más desarrollada, más revolucionaria de Marx del socialismo.

Notas

  1. Karl Marx and Frederick Engels, Collected Works, vol. 4 (New York: International Publishers, 1975), 150.
  2. Georg Lukács, Labour (London: Merlin, 1980).
  3. Karl Marx, Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), 949; Marx and Engels, Collected Works, vol. 30, 54–66.
  4. Marx and Engels, Collected Works, vol. 3, 732–33.
  5. Véase John Bellamy Foster, “Marxism in the Anthropocene: Dialectical Rifts on the Left,” International Critical Thought 6, no. 3 (2016): 393–421.
  6. Jason W. Moore, Capitalism in the Web of Life (London: Verso, 2015), 80–81; Neil Smith, Uneven Development (Athens, GA: University of Georgia Press, 2008).
  7. “Capitalocentrismo” se refiere aquí a los intentos de la izquierda de subsumir el problema ecológico dentro de la lógica interna de la acumulación capitalista. También puede verse en los intentos de rechazar categorías científicas como la de Antropoceno que abordan las relaciones totales de los seres humanos con la naturaleza, en favor de conceptos más estrechos como el de Capitaloceno, en el que la lógica del capital establece los parámetros para todo análisis. Para un ejemplo de esta tendencia, véase Moore, Capitalism in the Web of Life, 169–92.
  8. Jason W. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” en Daniel Ibañez and Nikos Katsikis, eds., Grounding Metabolism (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2014), 10–19.
  9. István Mészáros, Marx’s Theory of Alienation (London: Merlin, 1975), 99–114.
  10. Marx, Capital, vol. 3, 949. Dada la estructura del pensamiento de Marx es posible hablar, y él mismo lo hizo, de una “brecha metabólica” en el metabolismo social, implicando las condiciones específicas de producción. Pero en tanto ciclos y procesos biogeoquímicos mayores son afectados por la producción humana en formas distantes de la producción en sí, esto implica no simplemente una brecha en el metabolismo social sino también en el metabolismo universal de la naturaleza. Es esta última brecha la que define lo que los científicos llaman ahora el Antropoceno.
  11. Karl Marx, Early Writings (London: Penguin, 1974), 261. Debemos esta idea penetrante a István Mészáros, quien se refería al concepto de “mediación alienada” de Marx en una carta a uno de los autores.
  12. Marx, Capital, vol. 3, 949; Capital, vol. 1 (London: Penguin, 1976), 636–39.
  13. Brett Clark y John Bellamy Foster, “Guano: The Global Metabolic Rift in the Fertilizer Trade,” en Alf Hornborg, Brett Clark, and Kenneth Hermele, eds., Ecology and Power (London: Routledge, 2012), 68–82.
  14. John Bellamy Foster, Brett Clark, y Richard York,The Ecological Rift (New York: Monthly Review Press, 2010), 73–87.
  15. Foster, Clark, y York, The Ecological Rift, 53–72; James Maitland, Earl of Lauderdale, An Inquiry into the Nature and Origins of Public Wealth and into the Means and Causes of Its Increase (Edinburgh: Archibald Constable, 1819), 37–59; Marx and Engels, Collected Works, vol. 37, 732–33.
  16. Marx, Capital, vol. 1, 380–81.
  17. En la teoría clásica del valor, solo el trabajo crea valor de mercancía capitalista. La tierra y los recursos naturales, sin embargo, están sujetos a rentas, lo que constituye una forma de redistribución del valor y por tanto obtienen precios. Debería añadirse que si la naturaleza no está incorporada directamente en la creación de valor y es tratada en cambio como un “regalo gratis” en la contabilidad capitalista, el mismo principio se aplica al trabajo de subsistencia y el trabajo doméstico no pagado.
  18. Roland Daniels, Mikrokosmos (Frankfurt am Main: Peter Lang, 1988). Nos gustaría agradecer a Joseph Fracchia por traducir partes del trabajo de Daniels. También nos gustaría agradecer a Kohei Saito por sus comentarios sobre el trabajo de Daniels.
  19. Sobre los puntos de vista ecológicos de Liebig y su relación con Marx, véase John Bellamy Foster,Marx’s Ecology (New York: Monthly Review Press, 2000), 149–54; Kohei Saito, “Marx’s Ecological Notebooks,” Monthly Review 67, no. 9 (February 2016): 25–33.
  20. Marx and Engels, Collected Works, vol. 42, 558–59; Saito, “Marx’s Ecological Notebooks,” 34–39.
  21. Marx, Capital, vol. 1, 638.
  22. John Bellamy Foster, “Marxism and Ecology,” Monthly Review 67, no. 7 (December 2015): 2–3; Joel B. Hagen, An Entangled Bank (New Brunswick, NJ: Rutgers University Press, 1992).
  23. Georg Lukács, History and Class Consciousness (London: Merlin, 1968), 24.
  24. Russell Jacoby, “Western Marxism,” en Tom Bottomore, ed., A Dictionary of Marxist Thought (Oxford: Blackwell, 1983): 523–26; Maurice Merleau-Ponty, Adventures of the Dialectic(Evanston, IL: Northwestern University Press, 1973).
  25. Smith, Uneven Development, 45-47, 247; “Nature as an Accumulation Strategy,” Socialist Register 2007 (New York: Monthly Review Press, 2006), 23–29.
  26. Moore, Capitalism in the Web of Life, 152.
  27. Smith, Uneven Development, 65–69.
  28. Moore va incluso más lejos, tratando a la naturaleza que precede a la sociedad como “pre-formada” porque todavía no está producida o “co-producida” por la sociedad: “Incluso cuando los medios están en algún sentido abstracto pre-formados (la distribución de los continentes, por ejemplo) el cambio histórico trabaja mediante los encuentros de los humanos con dichos medios, una relación que es fundamentalmente co-productiva.” Véase Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 15.
  29. Moore, Capitalism in the Web of Life, 4, 19–20, 78, 152.
  30. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 16; Capitalism in the Web of Life, 85. Lo que aparece dualista, cuando no se considera dialécticamente, es, dentro del debate dialéctico, a menudo el tratamiento de una contradicción (la “identidad de opuestos”) que solo puede ser trascendida a otro nivel organizativo. Reconociendo esta contradicción casi en términos marxianos, Whitehead escribió: “A lo largo del Universo reina la unión de opuestos que es la base del dualismo.” Véase Alfred North Whitehead, Adventures of Ideas (New York: Free Press, 1933), 245.
  31. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 12; “Cheap Food and Bad Climate,” Critical Historical Studies 2, no. 10 (2015): 28; “Putting Nature to Work,” en Cecilia Wee y Olaf Arndt, eds., Supra Markt (Stockholm: Irene, 2015), 91.
  32. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 12; Moore, Capitalism in the Web of Life, 85, 179.
  33. Moore, Capitalism in the Web of Life, 46.
  34. Moore, Capitalism in the Web of Life, 37.
  35. Véase Güberk Koç Maclean, Bertrand Russell’s Bundle Theory of Particulars (London: Bloomsbury, 2014).
  36. Erik Swyngedouw, “Modernity and Hybridity,” Annals of the Association of American Geographers 89, no. 3 (1999): 446.
  37. Véase Noel Castree, “Marxism and the Production of Nature,” Capital and Class 72 (2000): 27–28; “The Nature of Produced Nature: Materiality and Knowledge Construction in Marxism,”Antipode 27, no. 1 (1995): 20; “Marxism, Capitalism, and the Production of Nature,” en Castree y Bruce Braun, eds.,Social Nature (Malden, MA: Blackwell, 2001), 204–05; “Capitalism and the Marxist Critique of Political Ecology,” en Tom Perreault, Gavin Bridge, y James McCarthy, eds.,The Routledge Handbook of Political Ecology (London: Routledge, 2015).
  38. Noel Castree, “False Antitheses? Marxism, Nature and Actor-Networks,” Antipode 34, no. 1 (2002): 131; Bruno Latour,Politics of Nature (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2004), 58.
  39. Jason W. Moore, “The Capitalocene, Part II,” June 2014, 34, http://jasonwmoore.com.
  40. La inexistencia de la naturaleza como referente es una estipulación básica de la filosofía de Bruno Latour, una influencia importante en los pensadores aquí criticados. Veáse Bruno Latour,Science in Action (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1987), 99, 258. Véase la crítica de  Latour sobre este punto en Beyond the Hoax (Oxford: Oxford University Press, 2008), 154–58, 211–16. Latour, cuyo trabajo es explícitamente antimarxista y antidialéctico, avanza lo que a menudo se denomina “ontología plana” o monismo neutral, en el que todas las entidades y objetos son iguales y entrelazados y a los que hay que abordar como ensamblajes, paquetes, híbridos o redes. En cualquier caso, el extremo relacionismo de sus puntos de vista, que niegan tanto la naturaleza como la sociedad como objetos sustantivos, da lugar finalmente a una especie de monismo social, donde los social es pasado de contrabando o “reensamblado” (v. gr., mediante la tecnología y la política), tomando la forma de una capitulación ante el status quo. En su obra reciente avanza una ecología política regresiva que ha sido llamada “Schmittianismo verde”, basándose en la geopolítica y la teología política del filósofo nazi Carl Schmitt. No sorprende que Latour se haya convertido en socio principal del Breakthrough Institute. Véase Graham Harman, Prince of Networks (Melbourne: re.press, 2009), 73–75, 102, 152–156, 214–15; Bruno Latour,Reassembling the Political (London: Pluto, 2014); Reassembling the Social (Oxford: Oxford University Press, 2005), 18, 116, 134–47; “Facing Gaia,” Gifford Lectures, University of Edinburgh, February 18–28, 2013.
  41. Jason W. Moore, “The Capitalocene, Part I,” March 2014, 16, http://jasonwmoore.com; Bruce Braun, “Toward a New Earth and a New Humanity,” en Noel Castree and Derek Gregory, ed., David Harvey: A Critical Reader (Oxford: Blackwell, 2006), 197–99; Ian Angus and Fred Murphy, “Two Views on Marxist Ecology and Jason W. Moore,” Climate and Capitalism, June 23, 2016, http://climateandcapitalism.com.
  42. Jason W. Moore, “Nature in the Limits to Capital (and Vice Versa),” Radical Philosophy 193 (2015): 14.
  43. Erik Swyngedouw, “Trouble with Nature: ‘Ecology as the New Opium for the Masses,’” en J. Hillier and P. Healey, eds., The Ashgate Research Companion to Planning Theory: Conceptual Challenges for Spatial Planning (Burlington, VT: Ashgate, 2010), 304.
  44. Swyngedouw, “Modernity and Hybridity,” 446. Irónicamente, en su cita Swyngedouw estaba pretendiendo presentar el punto de vista materialista marxista convencional, que luego él procedía a criticar por poner demasiado énfasis en las condiciones naturales y, de hecho, por ver la naturaleza como un significante.
  45. Swyngedouw, “Trouble with Nature,” 308-09.
  46. Smith, Uneven Development, 244.
  47. Moore, Capitalism in the Web of Life, 15; Swyngedouw, “Trouble with Nature: Ecology as the New Opium of the Masses,” 309; Veáse también Alain Badiou, “Live Badiou—Interview with Alain Badiou,” en Alain Badiou—Live Theory (London: Continuum, 2008); Slavoj Žižek, “Censorship Today: Violence, or Ecology as a New Opium of the Masses,” 2007, http://lacan.com.
  48. Moore, Capitalism in the Web of Life, 80.
  49. Jason W. Moore, “The End of Cheap Nature Or: How I learned to Stop Worrying about ‘The’ Environment and Love the Crisis of Capitalism,” en Christian Suter and Christopher Chase Dunn, eds., Structures of the World Political Economy and the Future of Global Conflict and Cooperation (Berlin: LIT, 2014), 308, “Toward a Singular Metabolism,” 14. Moore llanamente rechaza el concepto de Antropoceno introducido por los científicos para describir la brecha metabólica en el sistema Tierra. Para un tratamiento significativo del Antropoceno véase Ian Angus,Facing the Anthropocene: Fossil Capitalism and the Crisis of the Earth System (New York: Monthly Review Press, 2016).
  50. Moore, Capitalism in the Web of Life, 112–13. El enfoque de Moore sobre la crisis ecológica se basa en la idea que el capitalismo no descansa tanto en la explotación del trabajo como en la apropiación del trabajo o energía en un sentido general, físico. Esto requiere una deconstrucción postmarxista de la teoría del valor de Marx, y de hecho de toda teoría económica. Como el mismo Moore escribe: “Mi argumento procede de una cierta desestabilización del valor como una categoría ‘económica'”. Véase Moore, “The Capitalocene, Part II,” 29. Para una crítica del rechazo de Moore de la teoría del valor marxiana, véase Kamran Nayeri, “‘Capitalism in the Web of Life’—A Critique,” Climate and Capitalism, July 19, 2016, http://climateandcapitalism.com.
  51. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 16–17. Aunque Moore enfatiza la capacidad del capitalismo de trascender los límites naturales, él argumenta, en su ataque a la perspectiva verde “apocalíptica”, que el colapso inminente de la civilización contemporánea no seria “algo a temer” -usando como ejemplo histórico la caída de Roma, que él dice que dio lugar a una edad dorada. Dejando de lado la extensión del sufrimiento humano que siguió al colapso de Roma, hoy la destrucción social asociada a cruzar los límites planetarios amenaza las vidas y condiciones de vida de centenares de millones, incluso miles de millones de personas, así como de innumerables otras especies.
  52. Paul Hawken, Amory B. Lovins, L. Hunter Lovins,Natural Capitalism (London: Earthscan, 2010); Arthur P. J. Mol and Martin Jänicke, “The Origins and Theoretical Foundations of Ecological Modernisation Theory,” en Arthur P. J. Mol, David A. Sonnenfeld, and Gert Spaargaren, eds.,The Ecological Modernisation Reader (London: Routledge, 2009).
  53. Jason W. Moore, “The Rise of Cheap Nature,” en Moore, ed., Anthropocene or Capitalocene (Oakland, CA: PM, 2016), 111, “Putting Nature to Work,” 69; Ted Nordhaus and Michael Shellenberger, Break Through: From the Death of Environmentalism to the Politics of Possibility (New York: Houghton Mifflin, 2007).
  54. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 11,Capitalism in the Web of Life, 83.
  55. Moore, Capitalism in the Web of Life, 83–84. Al sustituir la “brecha metabólica” por el “desplazamiento metabólico”, Moore promueve un lado del proceso dialéctico que habíamos descrito previamente en nuestro trabajo con Richard York como “brechas y desplazamientos” [rifts and shifts], por el cual el intento del capitalismo de desplazar las brechas antropogénicas que crea en la relación humana con el medio lleva a brechas acumulativamente mayores, universalizando las contradicciones ecológicas. Véase Foster, Clark, and York, The Ecological Rift, 73–87.
  56. Smith,Uneven Development, 81; Marx, Early Writings, 261.
  57. Moore, Capitalism in the Web of Life, 13, 37, 76, 78. Moore argumenta que Marx veía el capitalismo como capaz de unificar la naturaleza. Pero para hacerlo, debe distorsionar y leer incorrectamente el lenguaje de Marx. Escribe: “En lugar de vadear la división cartesiana, los enfoques sobre el metabolismo la han reforzado. El ‘proceso interdependiente de Marx de ‘metabolismo social’ se convierte en  ‘el metabolismo de naturaleza y sociedad’. El metabolismo como ‘brecha’ se convierte [para los marxistas ecologistas] en una metáfora de separación, fundamentada en los flujos materiales entre naturaleza y sociedad’ (Ibid., 76; Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 13, 18) Pero la frase real de Marx para referirse a la relación del capitalismo con la ecología era “la brecha irreparable en el proceso interdependiente de metabolismo social’ (cursivas añadidas). Al omitir estas palabras cruciales, Moore invierte el significado de la frase de Marx. Además, el término “metabolismo de naturaleza y sociedad” tal como es usado por Foster no es una distorsión de marx, como proclama Moore, sino que refleja los propios puntos de vista y lengua de Marx, como cuando como en la conocida cita en la que se refería en el volumen 1 del Capital a “la interacción metabólica entre el hombre y la Tierra.” Véase Marx, Capital, vol. 3, 949; Capital, vol. 1, 637.
  58. Lukács, Labour, 119–24. Sobre los niveles integrantes y su rol en la teoría marxista, véase Joseph Needham, Time: The Refreshing River (London: George Allen and Unwin, 1943), 13–20, 233–72.
  59. Karl Marx, Grundrisse (New York: Penguin, 1973), 489.
  60. Marx, Capital, vol. 1, 283, 637­–38.
  61. Georg Lukács, Marx (London: Merlin, 1978), 44, 58, 107.
  62. Lukács,Labour, 34. “Como ser biológico, el hombre es un producto del desarrollo natural. Con su autorealización, que por supuesto incluso en su caso supone solo una retirada del límite natural, y nunca su desaparición, su completa conquista, entra en un nuevo ser autofundado, en el ser social” (Lukács, Labour, 46).
  63. Marx,Capital, vol. 1, 284.
  64. Marx,Capital, vol. 3, 949–50.
  65. Fredric Jameson, Valences of the Dialectic (London: Verso, 2009), 3–7.
  66. Lukács,Marx, 103.
  67. Moore usa “Doble internalidad” como una categoría básica de su punto de vista social-monista. Apunta a varios “paquetes” y especialmente la “doble internalidad” de la ecología-mundo capitalista. Véase Moore, Capitalism in the Web of Life, 1.
  68. Alfred North Whitehead,Science and the Modern World (New York: Free Press, 1925), 51. Sobre el actualismo véase Roy Bhaskar, Plato Etc. (London: Verso, 1994), 250-51.
  69. Lukács, Marx, 107.
  70. Moore, Capitalism in the Web of Life, 86, “Toward a Singular Metabolism.”
  71. Richard J. Evanoff, “Reconciling Realism and Constructivism in Environmental Ethics,” Environmental Values 14 (2005): 74.
  72. Naomi Klein, This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate (New York: Simon and Schuster, 2014), 177, 186.
  73. N. Bednaršek et al., “Limacina Helicina Shell Dissolution as an Indicator of Declining Habitat Suitability Owing to Ocean Acidification in the California Current Ecosystem,”Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 281, no. 1785 (2014).
  74. Evan N. Edinger et al., “Reef Degradation and Coral Biodiversity in Indonesia,” Marine Pollution Bulletin 36, no. 8 (1998): 617–30; Pamela Hallock, “Global Change and Modern Coral Reefs,” Sedimentary Geology 175, no. 1 (2005):19–33; Chris Mooney, “Scientists Say a Dramatic Worldwide Coral Bleaching Event Is Now Underway,” The Washington Post, October 8, 2015; J. P. Gattuso et al., “Contrasting Futures for Ocean and Society from Different Anthropogenic CO2 Emissions Scenarios,” Science 349, no. 6243 (2015).
  75. István Mészáros, “The Structural Crisis of Politics,” Monthly Review 58, no. 4 (2006): 34–53.
  76. Karl Marx, Theories of Surplus Value, vol. 3 (Moscow: Progress Publishers, 1971), 309.
  77. Karl Marx and Frederick Engels, Ireland and the Irish Question (Moscow: Progress Publishers, 1971), 142.
  78. Marx, Capital, vol. 3, 959.
  79. Mészáros, Marx’s Theory of Alienation, 113.
  80. Roy Bhaskar, Scientific Realism and Human Emancipation (London: Verso, 1986), 222.
  81. Frederick Engels, Anti-Dühring (Moscow: Progress Publishers, 1969), 136–38.
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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