Metabolismos, marxismos y otros campos de mentes*

[Traducido en octubre de 2016]
Jason Moore
*Supongo que es un juego de palabras entre minefield, campo de minas y mindfield, que no existe pero se puede traducir como campo de mentes. Lo dejo así [Nota del tr.]
La turbulencia del siglo XXI plantea un serio reto analítico: ¿Cómo se desarrolla el capitalismo a través de la naturaleza y no solo actuando sobre ella? Intente dibujar una línea en torno a los momentos “sociales” y “medioambientales” de financiarización, calentamiento global, resurgimiento de los fundamentalismos, el auge de China y mucho más allá. El ejercicio termina rápidamente en futilidad. No porque estos procesos son “demasiado complejos”, sino porque el cálculo convencional de Naturaleza/Sociedad genera las preguntas equivocadas y las respuestas equivocadas. Tales preguntas y respuestas tienen como premisa la idea de la separación práctica de la humanidad de la red de la vida.
Pero no es lo contrario más plausible?
Si “la verdad es la totalidad” (Hegel), entonces la historia de totalidades específicas de la financiarización o del cambio climático o incluso el capitalismo histórico no se pueden aludir como un agregado de partes medioambientales y sociales. Porque el momento “social” de estos procesos es esencialmente co-producido y co-productivo; es un producto de la naturaleza como totalidad. Lejos de difuminar la especificidad de las relaciones “sociales” un enfoque de este tipo aumenta nuestra capacidad de captar su especificidad. Considérese, por ejemplo, la formación de nuevos órdenes de clase, raza y género en los siglos posteriores a 1492. ¿Podríamos realmente explicar el surgimiento del racismo moderno dejando entre paréntesis la conquista y despoblamiento de las Américas? O abstrayéndose del feroz registro de transformación biogeográfica de la frontera de la plantación de azúcar?¿O no considerando el endurecimiento de la división Humano/Naturaleza en la que muchos humanos mujeres, gente de color y muchos otros eran expulsados de la Humanidad con H mayúscula? La cuestión de la sociabilidad humana (diferencia, conflicto y cooperación) permanece en el centro de tal alternativa, pero está situada ahora en vivaces y rebeldes ensamblajes que envuelven y despliegan lo orgánico y lo inorgánico, lo humano y lo extrahumano, lo simbólico y lo material (Birch y Cobb 1981; Haraway 2016).
Situar la sociabilidad humana dentro de las redes históricas de poder, capital y naturaleza desplaza significativamente nuestro problema explicativo. Fuera sale el problema de cómo los humanos crearon Sociedad separada de Naturaleza. Dentro entra un nuevo conjunto de preguntas, encendiendo la luz sobre los patrones de diferencia, conflicto y cooperación de la humanidad dentro de la red de la vida. La financiarización, desde esta luz, no es un proceso social con “consecuencias” medioambientales y sociales consecuencias que ulteriormente plantean “límites” sociales y medioambientales y que podrían ser solucionados mediante “justicia” social y medioambiental–. La financiarización es, más bien, un paquete de naturalezas humanas y extra-humanas. Su reclamación de la riqueza futura implica reclamaciones sobre las futuras capacidades del trabajo humano y extra-humano y su transmutación en capital.
Las contradicciones las “leyes del movimiento” de tales procesos empaquetados no están basadas en una Sociedad abstracta (en general) presionando contra una igualmente abstracta Naturaleza. Están, más bien, basadas en el mosaico de la “doble internalidad” de la modernidad (Moore 2015, p. 3) esto es, en las formas en que el poder y la re/producción están específicamente empaquetados dentro de una red de vida que hace humanos y que hacen los humanos. (Pista: cuando los humanos interactuan con otros humanos, estamos como cualquier cuidador y cualquier padre puede decirle tratando con naturalezas rebeldes que desafían el límite Naturaleza/Sociedad)
Dicho simplemente, los humanos son una parte de la naturaleza. La totalidad de la naturaleza es inmanente en todo pensamiento, organización y movimiento humano. La frase es difícilmente controvertida. La mayor parte de los estudios académicos medioambientales estarían de acuerdo…. al menos en principio. Sienta bien caracterizar a la “sociedad humana” como “interna y dependiente de un metabolismo terrestre mayor (Foster 2013a, p. 8). Y para muchos expertos del cambio global tales frases que hacen sentir bien son el final de la línea. Es decididamente menos cómodo –y considerablemente más abrumador repensar nuestros marcos metodológicos, proposiciones teóricas y estrategias narrativas bajo esta luz. Si no son solo los humanos, sino las organizaciones humanas producto y productores de naturaleza extra-humana, se sigue de ahí un replanteamiento fundamental de la narración, la formación de conceptos y la orientación metodológica.
Que dicho replanteamiento ha hecho pocos avances hasta hace poco con la explosión de las perspectivas de actor-red, ensamblado, ecológico-mundiales y multi-especie no es nada sorprendente. Porque moverse más allá de la Aritmética Verde en un sentido analítico-empírico es desafiar la base misma de las ciencias sociales y su idea gobernante: que la actividad humana está, para propósitos analíticos prácticos, “exenta” de la dinámica de la red de vida. En la lógica del “excepcionalismo humano” (Dunlap y Catton 1979; también Haraway 2008; Moore 2015), las relaciones entre humanos son ontológicamente independientes de la naturaleza. Al hacer esto, el excepcionalismo le permite a uno hablar de modernidad como un conjunto de relaciones sociales que actúan sobre la red de vida, en lugar de desarrollarse a través de ella. Esto le permite a uno suponer que la historia, en múltiples resoluciones temporales y espaciales, se despliega como una especie de ping-pong entre “fuerzas naturales” y “agencia humana”.
La contribución revolucionaria de Foster fue usar el metabolismo como un medio de poner el trabajo el trabajo de los humanos y el trabajo de la naturaleza en el centro de la cuestión de la naturaleza y por tanto de la historia del capitalismo. Su formulación de la brecha marcó una especie de umbral: entre ciencia social cartesiana y postcartesiana. Dentro del contexto de la sociología estadounidense, Foster tenía como objetivo consciente trascender los límites del excepcionalismo humano y establecer un programa de investigación basado en la teoría social clásica, el marxismo sobre todo (1999). La coyuntura era fructífera. El auge de la sociología medioambiental en los 70 no había cambiado la disciplina. El marxismo, también, tenía todavía que encontrar su ritmo sobre las cuestiones ecológicas. A finales de los 90, sin embargo, las condiciones habían madurado para el auge del metabolismo como una “estrella conceptual” (Fischer-Kowalksi 1997). Se estableció un vigoroso programa de investigación.
Esta estrella conceptual dio forma a una corriente importante dentro de las “humanidades medioambientales” en el amanecer del siglo XXI. En registros diferentes, el metabolismo influenció fuertemente tanto la escuela neomaltusiana “socio-metabólica” de Fischer-Kowalski como los enfoques marxistizantes sobre el cambio medioambiental global  (Fischer-Kowalski y Haberl 1998; Foster 1999). El metabolismo parecía ofrecer la posibilidad de vadear la “Gran División” de Naturaleza y Sociedad (Goldman y Schurman 2000).
La primera formulación de Foster de metabolismo sugería cómo podíamos llevar a cabo esa posibilidad (1999, 2000). Al destacar trabajo, naturaleza y capital, Foster parecía proponer un nuevo método de amarrar las naturalezas humana y extra-humana. Los procesos y relaciones iniciados por los humanos se podían situar dentro de su internalización de naturalezas particulares extra-humanas, y dentro de la naturaleza como conjunto. Al mismo tiempo, la biosfera podía ser entendida como elementos internalizantes de procesos iniciados por los humanos obviamente una relación asimétrica. Un método así se tomaría en serio un desordenado proceso de co-producción que se movería más allá de re-etiquetar a la Sociedad como “naturaleza humana” y a la Naturaleza como “naturaleza extra-humana”. En un cálculo de este estilo, los peligros del determinismo mediambiental y el reduccionismo social  serían trascendidos. la “sociedad” humana podría ser entendida como simultáneamente un productor y un producto de la red de vida, desigualmente co-producida y con facultades simbólicas. Al hacer esto, las formas específicas de sociabilidad humana podrían distinguirse y ser analizadas de formas mucho más complejas y sutiles comparadas con esos romos instrumentos, Naturaleza/Sociedad. En esta síntesis potencial, estaría el puente sobre la Gran División. 
Y sin embargo, a pesar de este atractivo, esta síntesis nunca se produjo. Nunca se construyó el puente. La elaboración de Foster de metabolismo y materialismo incautó rápidamente la misma posibilidad de síntesis que sugería. Los “procesos interdependientes del metabolismo social” de Marx fueron forzados a un marco dualista: “metabolismo de la naturaleza y la sociedad” (Marx 1981, p. 949; Foster 2000: c. 6, cursiva añadida). Al mismo tiempo, Foster animaba a una brecha teórica entre materialismo histórico y economía política crítica, subrayada por la reluctancia a desarrollar las posibilidades socio-ecológicas de la teoría del valor de Marx. El dualismo de Sociedad (humanos sin naturaleza) y Naturaleza (ecologías sin humanos) no fue trascendido.
Al criticar al Marxismo Occidental por desterrar la naturaleza de la dialéctica, Foster estableció un nuevo canon Rojiverde, y dibujó un nuevo mapa cognitivo para el marxismo ecológico. El nuevo canon Rojiverde era notable no solo por a quién incluía sino por a quién dejaba fuera. Incluyendo a figuras como Richard Levins, Richard Lewontin, Stephen J. Gould y Barry Commoner eliminaba muchos otros pensadores críticos líderes de las nuevas ciencias sociales medioambientales en los largos 70: David Harvey, Neil Smith, Michael Watts, Robert M. Young y Carolyn Merchant, solo para empezar.1 Los geógrafos no eran bienvenidos en el canon de Foster, y especialmente aquellos asociados estrechamente con David Harvey (véase Foster y Clark 2016; Foster 2016, próximamente).2 La exclusión de los geógrafos Foster no pudo encontrar a un solo geógrafo al que reconocer el mérito de moverse más allá de la “primera etapa del ecosocialismo” (Burkett y Foster 2016, pp. 3-4) es importante por sí misma. (Ni tampoco el clásico artículo de Foster de 1999 hacía referencia a un cuarto de siglo (entonces) de ecología política de influencia marxista.)
Esta exclusión disciplinaria tuvo dos grandes efectos. Primero, la expulsión de los geógrafos de su versión de marxismo ecológico está estrechamente relacionada con su procedimiento de abstracción. Para Foster, la Sociedad (y el capitalismo) pueden ser conceptualizados abstrayéndose de las relaciones y condiciones geográficas. Lo mismo que un historiador no aceptaría concepciones ahistóricas del cambio social digamos, versiones toscas de teoría de modernización o de transición demográfica ningún geógrafo aceptaría una concepción de la Sociedad abstraída de la geografía. Segundo, el rechazo de los geógrafos a aceptar concepciones ageográficas de las relaciones Naturaleza/Sociedad ha llevado a un amplio escepticismo respecto al dualismo (véase especialmente Watts 2005; v.gr. Harvey 1995; Heynen et al. 2007; Peet et al. 2011; Braun y Castree 1998). La reticencia de Foster a emplear conocimientos geográficos se combina con una insularidad disciplinaria que lo ha apartado a efectos prácticos de discusiones con significado con geógrafos y otros especialistas en las ciencias humanas y sociales que han hecho el “giro espacial”  (v. gr., Warf y Arias, 2008). Entre las consecuencias intelectuales está la negativa de Foster a diferenciar a los construccionistas sociales de las interpretaciones materialistas que difieren de las interpretaciones Brecha. El argumento para el materialismo histórico-geográfico, por ejemplo, privilegia la relacionalidad de la humanidad-en-la-naturaleza (y la naturaleza-en-la-humanidad) en la que se entrelazan transformaciones materiales y culturales sin sucumbir al idealismo (Smith 1984; Harvey 1995; Braun y Castree 1998; Moore 2015a). Y sin embargo, para Foster, todas las desviaciones de su interpretación de Marx son idealistas y construccionistas. Los críticos de la Brecha son marxistas poco fiables o peor (v.gr., Foster 2013a, 2016a, próximamente; Foster y Clark 2016). El proceso evaluador es blanco y negro, y/o las diferencias de interpretación se arrojan en el crisol de la racionalidad cartesiana, fundiendo toda diferencia en categorías binarias.
El canon rojiverde de Foster ha evolucionado junto con el nuevo mapa cognitivo de Naturaleza y Sociedad de Foster. Gracias a Foster y otros, la Naturaleza se ganó un lugar dentro del marxismo e incluso más allá. Esta era, sin embargo, una interpretación estrecha del pensamiento de Marx sobre la red de vida (Moore 2015). Foster veía naturaleza como Naturaleza, con una gran N mayúscula. El dualismo había ganado la partida. La brecha como metáfora de separación, basda en flujos materiales entre Naturaleza y Sociedad, triunfó. El logro fue poderoso, pero también lo fue el coste. Se dejó a un lado una visión del metabolismo como medio de unificar a los humanos con la naturaleza, desplegándose mediante metabolismos combinados y desiguales de poder, riqueza y naturaleza. En estas, la concepción dualista de metabolismo y sus “brechas” influenciaron durante una década y más de estudios ambientales críticos, especialmente dentro de la sociología medioambiental.
¿Por qué debería ser esto un problema? Quizá no fue un problema importante durante la primera década del siglo XXI. Brotaron nuevas interpretaciones y análisis empíricos. Para 2010, sin embargo, empezó a parecer como si los argumentos de la Brecha hubiesen explicado todo lo que podrían dentro de los límites de la Aritmética Verde (v. gr., Foster et al., 2010). Los analistas de la Brecha han completado en buena parte el trabajo de mapeo de los problemas ambientales dentro del capitalismo pero el carácter aditivo de ese proyecto limitaba su capacidad de explicar no solo las consecuencias del capitalismo, sino su constitución como productor y producto de la red de vida.
La perspectiva de brecha metabólica no está sola en esto: la señal de haber cumplido del Pensamiento Verde, desde los 70, era rellenar y engrosar los espacios en blanco del mapa cognitivo excepcionalista humano. Como Pensamiento Verde como conjunto, los argumentos de la Brecha cayeron en una poderosa contradicción: un “doble sí” (Moore 2015). ¿Son los humanos parte de la naturaleza? Sí. ¿Podemos analizar las organizaciones humanas como si fuesen independientes de la naturaleza? Sí. Los estudios centrados en el metabolismo, como buena parte de los estudios ambientales críticos, se enfrentan a una contradicción no resuelta: entre una aceptación filosófico-discursiva de una ontología relacional (humanidad-en-naturaleza) y una aceptación práctico-analítica del dualismo Naturaleza/Sociedad (practicidad dualista). Una cosa ha sido afirmar y explorar las cuestiones ontológicas y epistemológicas (v.gr., Bennett 2009)3. Pero, ¿cómo se mueve uno de ver la organización humana como parte de la naturaleza hacia un programa analítico efectivo -y practicable?
Sobre el autor
Jason W. Moore, es historiador de historia del mundo y geógrafo histórico ese profesor asociado de Sociología en la Universidad de Binghamton. Es autor de varios libros, el más reciente de ellos Capitalism in the Web of Life (Verso, 2015) y editor de Anthropocene or Capitalocene? Nature, History, and the Crisis of Capitalism (PM Press, 2016). Coordina la Red de Investigación sobre Ecología-Mundo [World-Ecology Research Network] y está completando Seven Cheap Things: A World-Ecological Manifesto (with Raj Patel) y Ecology of the Rise of Capitalism, ambos para University of California Press. Este ensayo está extraído de “Metabolic Rift or Metabolic Shift? Dialectics, Nature, and the World-Historical Method.”
REFERENCIAS
Bennett, J. (2009). Vibrant Matter. Durham: Duke Univ. Press.
Birch, Charles, and John B. Cobb (1981). The Liberation of Life. Cambridge: Cambridge University Press.
Braun, Bruce, and Noel Castree, eds. (1998). Remaking reality: nature at the millenium. New York: Routledge.
Burkett, P. (1999). Marx and Nature. New York: St. Martin’s.
Burkett, P., and J.B. Foster (2016). Marx and the Earth. Leiden: Brill.
Dunlap, R.E., and W.R. Catton, Jr. (1979). Environmental Sociology. Annual Reviews in Sociology, 5, 243-273
Fischer-Kowalski, M. (1997). Society’s Metabolism. Pp. 119-37 in M.R. Redclift and G. Woodgate, eds., The International Handbook of Environmental Sociology. Cheltenham, UK: Edward Elgar.
Fischer‐Kowalski, M., and H. Haberl. (1998). “Sustainable Development. International Social Science Journal, 158, 573-587.
Foster, J.B. (2000). Marx’s Ecology. New York: Monthly Review Press.
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Foster, J.B. (2016). In defense of ecological Marxism. http://climateandcapitalism.com/2016/06/06/in-defense-of-ecological-marxism-john-bellamy-foster-responds-to-a-critic/, retrieved 4 June, 2016.
Foster, J.B., and B. Clark. (2016). Marx’s Ecology and the Left. Monthly Review, 68(2), 1-25.
Foster, J.B. (forthcoming). Marxism in the Anthropocene. International Critical Thought.
Foster, J.B., et al. (2010). The Ecological Rift. New York: Monthly Review Press.
Goldman, M., and R.A. Schurman. (2000). Closing the ‘Great Divide.’ Annual Review of Sociology, 26(1), 563-584.
Haraway, Donna J. (2008). When Species Meet. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Harvey, D. (1974). Population, Resources, and the Ideology of Science. Economic Geography, 50(3), 256-277.
Harvey, D. (1993). The Nature of Environment. Pp. 1-51 in R. Miliband and L. Panitch, eds., Socialist Register 1993. London, Merlin.
Harvey, D. (1995). Justice, Nature, and the Geography of Difference. Cambridge: Blackwell.
Heynen, N, et al., eds. (2007). Neoliberal Environments. New York: Routledge.
Marx, K. (1981). Capital, Vol. III. New York: Penguin.
Merchant, C. (1980). The Death of Nature. New York: Harper & Row.
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Peet, Richard, Paul Robbins, & Michael Watts, eds. (2011).  Global Political Ecology. London: Routledge.
Plumwood, V. Feminism and the Mastery of Nature. New York: Routledge.
Smith, Neil. (1984). Uneven Development. Oxford: Basil Blackwell.
Warf, B., and S. Arias, eds. (2008). The spatial turn. New York: Routledge.
Watts, M.J. (1983). Silent Violence. Berkeley: University of California Press.
Watts, M.J. (2005). Nature:Culture. Pp. 142-174 in P. Cloke and R. Johnston, eds., Spaces of Geographical Thought. London, Sage.
Young, R.M. (1979). Science is a Labor Process. Science for the People, 43-44, 31-37.
[1] Entre los textos representativos se incluyen los de Harvey (1974), Merchant (1980), Young (1979), Watts (1983), and Smith (1984).
[2] Foster presenta a Harvey como si defendiese la naturaleza como una “frontera exterior” (2013a, p. 9) -una posición que distorsiona la posición real de Harvey. Harvey mantiene un punto de vista considerablemente relacional de las relaciones socio-ecológicas en el que “todos los proyectos (y argumentos) ecológicos son simultáneamente proyectos (y argumentos) político-económicos y viceversa” (1993, p. 2, también 1995). Una lectura errónea similar se encuentra en la apropiación de Foster de mi concepción de crisis de época (Moore, 2011), que él describe como la “convergencia de contradicciones económicas y ecológicas” (2013b, p. 1). Estas apropiaciones indican la negativa de Foster a plantear la crítica relacional en sus propios términos.
[3] La crítica del dualismo naturaleza/sociedad es amplia. Entre las declaraciones clásicas se incluyen Smith (1984); Plumwood (1993); Braun yCastree (1998). Descartes es simplemente uno de los diversos nombres para el tipo de dualismo que surgió con el auge del capitalismo a principios de la era moderna (Moore 2015).
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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