¿Por qué insistir?

[Octubre de 2016]

Una nota sobre la repetición de contenidos. Probablemente esté equivocado, pero una vez presentadas las líneas generales del camino al colapso, y creo que a vosotros ya os he “machacado” de sobra con eso, tengo la impresión de que insistir no solo no ayuda a que nos tomemos más en serio el tema sino que, por el contrario, me parece que contribuye a la disonancia cognitiva: reconocemos que hay un enorme problema, pero como no podemos solucionarlo, simplemente desconectamos y nos dedicamos a otra cosa que parezca más plausible llevar a cabo. Ante esta situación la respuesta de algunos peakoileros, como el grupo de Heinberg en el Postcarbon Institute, por ejemplo, ha sido cambiar bastante radicalmente su polítca de difusión. Transformaron Energy Bulletin en Resilience.org y desde entonces más que seguir mostrando los destrozos que vamos haciendo, se centran en presentar soluciones: ejemplos de permacultura, ecoaldeas, transition towns, economía colaborativa, cooperativismo, etc. Es una postura sensata, por supuesto, pero no la única. Creo que ya os he citado más de una vez un texto que de vez en cuando me gusta recordar de uno de los seguidores de Deep Ecology a través de su movimiento Dark Mountain, Paul Kingsnorth, quien plantea, desde una perspectiva ciertamente radical, cinco posibles posturas individuales ante el reconocimiento del colapso -es una cita un poco larga, lo siento-:
“¿Dónde te deja saber que todo esto no te gusta pero que no puedes impedirlo? La  respuesta es que te sitúa ante la obligación de ser honesto sobre el lugar que ocupas en el ciclo de la historia, y lo que está en tu mano hacer y lo que no. Si piensas que  puedes sacarnos de la trampa del progreso con nuevas ideas o nuevas tecnologías estás perdiendo el tiempo. Si piensas que la conducta habitual de “convencimiento” va a funcionar hoy donde no funcionó ayer, estás perdiendo el tiempo. Si piensas que la máquina puede ser reformada, domesticada o dominada, estás perdiendo el tiempo. Si se te ocurre un gran plan para un mundo mejor basado en la ciencia y el argumento racional, estás perdiendo el tiempo. Si tratas de vivir en el pasado, estás perdiendo el  tiempo. Si idealizas cazar y recolectar o envías bombas a los dueños de tiendas  informáticas, estás perdiendo el tiempo.
Por eso me pregunto: en este momento de la historia, ¿qué no sería una pérdida de tiempo? Y llego a cinco posibles respuestas:
 
Una: Retirarse. Si haces esto, mucha gente te llamará  “derrotista” o “fatalista”, o asegurará que estás “quemado”. Te dirán que tienes la obligación de trabajar por la  justicia climática o la paz mundial o el fin de todo lo que está mal, y que “luchar” es siempre mejor que “renunciar”. Ignóralos, y participa de una tradición muy antigua y práctica: abandonar la pelea. Retírate, no de manera cínica, sino con sentido crítico.  Retírate para poder sentarte en silencio y sentir, intuir, entender qué es lo correcto para ti y qué es lo que la naturaleza podría necesitar de ti. Retírate porque negarse a seguir contribuyendo al avance de la máquina –a dar otra vuelta de tuerca– es una  posición profundamente moral. Retírate porque la acción no es siempre más efectiva que la inacción. Retírate para examinar tu visión del mundo: la cosmología, el  paradigma, las suposiciones, el sentido de la marcha. Todo cambio verdadero empieza  con una retirada.
 
Dos: Preservar la vida no humana. Los revisionistas continuarán diciéndonos que ya no queda nada en estado salvaje, que la naturaleza es para las personas y que el progreso es Dios, y seguirán estando equivocados. Todavía queda bastante diversidad natural  pero puede desaparecer en poco tiempo. El imperio humano es la mayor amenaza a lo que queda de vida sobre la tierra, y tú eres parte de él. ¿Qué puedes hacer –hacer  realmente, a nivel práctico– al respecto? A lo mejor puedes comprar un pedazo de  tierra y devolverla a su estado silvestre; a lo mejor puedes dejar crecer tu jardín a su  antojo; a lo mejor puedes trabajar para un grupo de conservación o establecer uno tú mismo; a lo mejor puedes poner tu cuerpo delante de una excavadora; a lo mejor puedes emplear tus habilidades para evitar la destrucción de otro lugar en estado natural. ¿Cómo puedes crear o proteger un espacio para que la naturaleza no humana respire mejor?; ¿cómo puedes dar a algo que no seamos  nosotros la oportunidad de sobrevivir a nuestros apetitos?
Tres: Ensuciarse las manos. Préndete en algo: algún trabajo práctico, algún lugar, alguna manera de hacer. Agarra tu guadaña o cualquier cosa parecida que tengas, sal fuera y realiza un trabajo físico al aire libre rodeado de cosas que no puedes controlar. Olvídate de tu ordenador portátil y deshazte de tu teléfono inteligente si tienes uno. Afiánzate en las cosas y los lugares, aprende o practica habilidades convivenciales a  escala humana. Solo haciéndolo, más que hablando de ello, es como se aprende a  distinguir lo real de lo que no lo es, y lo que tiene sentido de lo que es pura cháchara.
Cuatro: Insistir en que la naturaleza tiene un valor más allá de su utilidad. Y decírselo a  todo el mundo. Recuerda que eres una forma de vida  entre muchas y piensa que todo tiene un valor intrínseco. Si quieres llamar a esto “ecocentrismo” o “ecología  profunda”, adelante. Si quieres denominarlo de otra manera, pues muy bien. Si quieres volverte hacia las sociedades tribales en busca de  inspiración, hazlo. Si eso te resulta  demasiado empalagoso, levanta la vista hacia el cielo. Siéntate sobre la hierba, acaricia  el tronco de un árbol, date un paseo por la montaña, cava el huerto, echa un vistazo a  lo que hay en el suelo, maravíllate con todo lo que cabe en eso que llamamos  vida. Valóralo por lo que es, trata de comprender lo que es, y siente nada más que lástima o  desprecio hacia quienes te digan que su único valor estriba en lo que pueden obtener  de ello.
Cinco: Construir refugios. Las próximas décadas probablemente cuestionarán la mayor  parte de lo que pensamos sobre el progreso, y sobre lo que somos en relación al resto de la naturaleza. Las tecnologías avanzadas desafiarán nuestro sentido de lo significa ser humano al tiempo que continuará la marea de extinción. El actual colapso de las infraestructuras sociales y económicas y del entramado de la vida misma pondrá fin a  mucho de lo que valoramos. En ese contexto, pregúntate: ¿qué poder tienes para conservar lo valioso – criaturas, destrezas, cosas, lugares? ¿Puedes trabajar, con otros o en solitario, para crear lugares o redes que sirvan como refugio ante la tormenta que se está desatando? ¿Puedes pensar, o actuar, como el bibliotecario de un monasterio en la Alta Edad Media, protegiendo los libros antiguos mientras los imperios se  levantaban y se hundían más allá de sus muros?”

Fuente: Ecología oscura. Buscando certezas en un mundo post-verde

Aunque reconozco que son alternativas que ejercen sobre mí una cierta atracción, no puedo compartirlas. Será por haber militado de una u otra forma durante tantos años, porque no tengo suficiente valor para seguirlas o porque no estoy lo suficientemente chalado, el caso es que sigo pensando que “algo más” podríamos hacer, en la línea que comentaba al principio que siguen Heinberg y compañía. En el ámbito hispano, por ejemplo, en sus charlas Antonio Turiel siempre insiste en que el camino al colapso no es inexorable, que hay alternativas y que podríamos tener una vida digna con un consumo muchísimo menor de energía. Ya os he enviado infinidad de enlaces a sus charlas y entrevistas, pero ahí va una muy reciente, no sea dicho: http://informativos.net/entrevistas/entrevista-a-antonio-turiel-el-crack-energetico-es-inevitable-si-no-se-cambia-el-modelo-economico-y-sera-ya_55106.aspx#.V-qfhHsQLr8.facebook. Dicho lo cual, ya conoceis mi escepticismo sobre las posibilidades de ese cambio radical que necesitamos. El mismo Antonio, en una entrada reciente (El cansancio del peakoiler) resume bien el que creo es el estado de ánimo general entre los pekoileros:
“Al final, viendo que sus esfuerzos son inútiles y que por más razones que uno dé corroborando lo que dice no se hace ni puñetero caso, y con la popularidad en su círculo social bajando en picado, el peakoiler se da por vencido y acaba dicendo: “En fin, que se vaya todo al carajo, pues nadie quiere oír y mucho menos trabajar para evitarlo”. Es por eso que veo, en mi círculo más próximo, mucha gente que ya da por hecho que no va a haber ninguna reacción antes de la siguiente gran bofetada, del siguiente gran escalón de caída del descenso energético. Y que al final es mejor esperar a esta debacle, confiando en que no sea la última, para ver si después se produce por fin esa reacción.”
Yo no sé si ese gran escalón está próximo o no, ni si debemos simplemente esperar para ver si esa caída hace reaccionar a la gente o debemos seguir insistiendo ahora en el fomento de formas alternativas de vida aunque eso no de gran resultado, lo que sí echo mucho en falta, es un posicionamiento claro de la izquierda sobre estos temas. Digo más, no pido ya un posicionamiento, sino al menos un poco de debate. Ahora mismo entre la izquierda organizada esto es un erial. Todos reconocen de boquilla la gravedad de la crisis climática, algunos incluso el negro panorama energético o la imposibilidad del crecimiento para, acto seguido, seguir planteando cualquier alternativa desarrollista al uso. Es un poco descorazonador.
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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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