Un llamamiento para la reconstrucción de la forma de gobierno india

[Traducido en 2016]

Como ahora vivo en la India, en los últimos meses he estado muy interesado en el proyecto gandhiano de Gram Swaraj, es decir de autogobierno aldeano -gram: aldea, swa: auto, raj: gobierno-. Estoy pensando hacer una selección de textos a traducir para luego publicarlo en España. Quizá interese también en América Latina, pues creo que puede tener lazos evidentes con la idea del Buen Vivir o incluso con el movimiento zapatista. He empezado con un comunista -aunque no del PCI- que se volvió gandhiano, JP Narayan, traduciendo uno de sus textos de los años 50 en los que desarrolla su idea de democracia comunitaria a partir de comunidades rurales autogobernadas y autosuficientes. Los otros autores que tengo en mente son, por supuesto, el propio Gandhi -hay una selección de textos suyos publicada en los 60 que lleva el título precisamente de Gram Swaraj-, JC Kumarappa, posiblemente el economista gandhiano indio más conocido, y quizá Vinoba Bhave, aunque lo que he leído suyo no me ha parecido demasiado interesante.

 

Jayaprakash Narayan1 

Aunque he estado muy influenciado por las ideas de Ghandiji2 sobre la materia, me gustaría dejar claro que lo que sigue no está atado a ninguna ideología o escuela de pensamiento particular.

Antes que nada, es necesario destacar que el tema que tenemos delante no se puede reducir simplemente al de un sistema electoral mejor que el actual. El tema es mucho más extenso, esto es, el de la naturaleza de la forma de gobierno más adecuada para nosotros en esta coyuntura. Además, es necesario recordar que la forma de gobierno, cualquiera que sea su naturaleza, no funciona en el vacío, sino que tiene que adecuarse a la entidad social mayor y ayudar al objetivo social mayor.

Propongo en este estudio describir en líneas generales la forma de gobierno que es para mí la más adecuada para nosotros, pero también la más racional y científica, con una breve declaración de las razones de mi visión.

He hecho un llamamiento a que nuestras instituciones políticas actuales se basen en los principios que habían sido enunciados y puestos en práctica en la antigua forma de gobierno india porque (a) creo que seguiría el curso natural de la evolución social y (b) aquellos principios son más válidos desde el punto de vista de la ciencia social que cualquier otros.

La actual forma de gobierno occidental se basa en una sociedad atomizada, en la que el estado está formado por una masa inorgánica de individuos. Esto va tanto contra la naturaleza social del hombre como de la organización científica de la sociedad. La antigua forma de gobierno india era mucho más coherente con ambas.

Déjenme dejar claro que este estudio no es un tratado sobre la democracia o sobre el gobierno. Trato aquí de una cuestión práctica e inmediata: cuales deberían ser los principios y forma de gobierno indios en el momento actual.

No he tratado esta cuestión desde el punto de vista de preconcepciones ya listas y he evitado poner cualquier etiqueta a las visiones aquí expresadas. Hasta el nombre, comunitario, se usa a regañadientes, y porque un término descriptivo es a veces inevitable. Mi búsqueda aquí ha sido la de las formas de vida social, en particular de la vida política, que aseguren la preservación de los valores humanos sobre los que difícilmente hay alguna disputa en el mundo de hoy; y mi enfoque ha sido no partidario y no sectario.

Mis colegas en el movimiento Sarvodaya3 pueden echar en falta la palabra “Sarvodaya” en este estudio. Pero espero que reconocerán que el objetivo de esta investigación no es sino el bien último y la elevación de todos. Al mismo tiempo, me gustaría recordarles que no me he preocupado aquí por el definitivo estado de cosas, sino por el siguiente paso inmediato hacia un mejor estilo de vida. Además, mi investigación se ha limitado principalmente al campo político.

En los portales mismos de la democracia -independientemente de su forma y estructura- están escritas palabras que no se pueden borrar sin borrar la democracia misma. Ningún tipo de democracia puede existir sin las libertades democráticas -libertad de conciencia, de asociación, de expresión- y el imperio de la ley. Cuando estas libertades no existen, ni el imperio de la ley, no puede haber democracia. Para mi investigación aquí he tomado estas palabras como axiomáticas y las he inscrito en mayúsculas en el portal antes de entrar en la casa de la democracia india.

Algunas consideraciones generales sobre la democracia

Quizá estaría bien, para empezar, tener en mente que el ideal [de democracia] nunca se puede realizar completamente en India ni en cualquier otro lugar. Todo lo que se puede es acercarse al ideal tanto como sea posible.

Es por esta razón que muchos escritores políticos restringen el ideal considerablemente y avanzan una definición viable de democracia. Consideremos la siguiente de una autoridad política internacionalmente reconocida: “’El gobierno del pueblo por el pueblo’, ‘el gobierno de la nación por sus representantes’, son buenas frases para provocar entusiasmo y lanzar peroratas elocuentes. Bellas frases con un anillo vacío. No se conoce ningún pueblo que se haya gobernado por si mismo y nunca lo habrá. Todo gobierno es oligárquico: implica necesariamente la dominación de los muchos por los pocos”.i El mismo autor escribe: “La fórmula ‘gobierno del pueblo para el pueblo’ debe ser reemplazada por esta fórmula ‘gobierno del pueblo por una élite salida del pueblo”.ii

Consideremos de nuevo lo siguiente: “El caso extremo de democracia política es aquel en el que el pueblo se gobierna directamente, haciendo las leyes, impartiendo justicia, y (aunque esto es más difícil) llevando a cabo o supervisando las funciones administrativas. Pero no ha existido nunca una democracia así, ni lo hará mientras los hombres vivan juntos en grandes unidades políticas. Inevitablemente, por tanto, la democracia política debe ser trasladada a leyes y gobierno representativo. La democracia no supone que el ‘pueblo’ se gobierne en realidad a sí mismo, y su teoría deja mucho espacio al liderazgo. La democracia en su uso occidental defiende el libre conflicto de ideas y líderes, de entre los que el electorado hace una elección”.iii

Estas son palabras convincentes de autoridades sabias y entendidas, pero dudo que sirvan para todos los tiempos. Se podría decir que lo más lejos que la democracia ha avanzado en Occidente es a una oligarquía elegida. La democracia occidental puede, por tanto, ser llamada no democracia sino oligarquía democrática.

Es cuestionable, sin embargo, que el ‘pueblo’ se mantenga por siempre satisfecho con esta situación. También podría preguntarse si el asalto totalitario en todo el mundo a la democracia no gana puntos y relevancia por el hecho de que los pueblos de las democracias no experimentan el brillo y la satisfacción del autogobierno.

Es más discutible que los demócratas de todos los tiempos y climas, idealistas sociales y pensadores, el espíritu del hombre mismo sigan siempre satisfechos con la definición actual occidental de democracia. Ya, creo, se han combinado todos estos elementos -los pensadores, los idealistas, el pueblo, el espíritu del hombre- para exigir un democracia participativa más satisfactoria. De hecho, tengo la firme creencia que hasta el punto hasta el que la democracia se vuelva verdaderamente participativa, hasta ese punto la embestida del totalitarismo será contenida e incluso se le hará retroceder.

Por tanto, mientras inclino mi cabeza ante los académicos e instruidos, y también recordando que el ideal nunca se podrá cumplir plenamente, siempre presionaré hacia la búsqueda de la democracia y para descubrir las formas y medios por los que más y más gente podría gobernarse por sí misma más y más.

Permítaseme volver, como parte de esta investigación, a la formulación de algunas consideraciones generales sobre la democracia.

Primero de todo, hay que señalar que el problema de la democracia es básicamente y sobre todo, un problema moral. Constituciones, sistemas de gobierno, partidos, elecciones -todos ellos son relevantes para el asunto de la democracia-. Pero a menos que las cualidades morales y espirituales de la gente sean apropiadas, la mejor de las constituciones y de los sistemas no harán que funcione la democracia. Las cualidades morales y las actitudes mentales más necesarias para la democracia son (1) preocupación por la verdad; (2) aversión a la violencia; (3) amor a la libertad y el valor de resistir a la opresión y la tiranía; (4) espíritu de cooperación; (5) estar preparado para ajustar los intereses propios a los intereses mayores; (6) respeto por las opiniones de los otros y tolerancia; (7) estar preparado para tomar responsabilidades; (8) creencia en la igualdad fundamental del hombre; (9) fe en la educabilidad de la naturaleza humana.

Estas cualidades y actitudes no son innatas en el hombre. Pero puede ser educado en ellas y adiestrado para adquirirlas y practicarlas. Esta tarea, hay que destacarlo, va más allá del ámbito del estado. La cualidad de la vida de la sociedad debería se tal que inculque estos valores en sus miembros. La ética social dominante, la familia, las autoridades e instituciones religiosas y educativas, el ejemplo que la élite establece en sus propias vidas, los órganos de opinión pública -todos ellos deben combinarse para crear el clima moral necesario para que la democracia prospere-. Así, debería estar claro que la tarea de preparar el suelo en el que la planta de la democracia tome raíces y crezca no es una tarea política sino educativa.

Es innegable que hay un conflicto hoy entre dos valores de vida, es decir, entre querer más bienes y querer más libertad. Para aquellos, sin embargo, que creen en la libertad no debería ser difícil hacer la elección. En un país pobre como la India las masas puede que todavía no tengan que enfrentarse a esta elección, pero bajo la forma de un ideal de vida, la elección para India es tan real como para Europa o América.

Cuál de las dos opciones escogerá India no dependerá del Parlamento ni de ningún tipo de acción política, sino, entre otras cosas, del ejemplo que la élite de la sociedad dará en sus vidas privadas.

Este tema de la limitación voluntaria de deseos tiene otro significado fundamental para la democracia. En los países democráticos es cada vez más frecuente un grito más fuerte contra el poder creciente del estado y contra el estatismo en general. Este es un grito justificado y contará con toda la simpatía de los demócratas.

Aquí tenemos quizá la cuestión más difícil con la que se enfrenta la democracia hoy, la cuestión de cómo resolver el siguiente dilema: cuando hay libertad, esta lleva al abuso y es necesaria la interferencia del estado, y cuando hay interferencia del estado, esta lleva a la limitación de la libertad. ¿Cómo se puede entonces conservar la libertad e impedir su abuso? No hay medios políticos por los que se pueda resolver el enigma, hay solo medios morales. El reverso de la medalla de la libertad es la responsabilidad. Si el individuo no está preparado para tomar su responsabilidad social, si usa la libertad para el autoengrandecimiento e ignora o hiere los intereses de los otros, alguna forma de estatismo se vuelve inevitable. De ahí que la pertinencia y la sabiduría del concepto de Ghandiji de fideicomiso [trusteeship]4 se vuelva evidente. La única respuesta democrática al estatismo y el totalitarismo es el fideicomiso. Pero el fideicomiso no se puede practicar sin una limitación voluntaria de deseos. Un individuo no puede funcionar como fideicomisario a menos que esté preparado para compartir sus posesiones con sus prójimos: y esto no lo puede hacer a menos que haya aprendido a restringir sus deseos. Así, la limitación voluntaria de deseos, en otras palabras, el rechazo al materialismo o la búsqueda ilimitada de satisfacciones materiales, es esencial para el éxito y el mantenimiento de la democracia.

El problema de la democracia está íntimamente ligado con instituciones sociales y actitudes mentales como las representadas por el sistema de castas y la práctica de la intocabilidad. Una sociedad en la que los hombres son considerados altos, bajos o intocables según las familias en las que han nacido está muy lejos de ser democrática. Es un asunto muy diferente que los individuos estén dotados al nacer con diferentes capacidades y aptitudes. Este es un fenómeno biológico con el que la casta no tiene nada que ver. Todo demócrata indio debería considerar que el sistema jerárquico de castas y la intocabilidad son el mayor y más tozudo enemigo de la democracia en este país. Al mismo tiempo, debería considerarse que vencer a este enemigo es, de nuevo, no una tarea política sino educativa. Es también, pero en un grado mucho menor, una tarea económica. La estatura social de las castas deprimidas y atrasadas ascenderá sin duda con la mejora de su condición económica. Pero sería un error creer que la mejora económica por sí misma sería suficiente para eliminar las distinciones de casta. Las castas económicamente avanzadas mantienen también distinciones jerárquicas entre ellas.

En países como India que han surgido recientemente del gobierno extranjero, el problema de la democracia es más complicado por el hecho del atraso económico y la ausencia de experiencia o tradición democrática reciente.

El problema de la formación de capital (que incluye el problema de fijar los límites del consumo y ahorro actuales), la dirección y utilización del trabajo y los recursos y problemas similares de desarrollo económico obviamente pueden encontrar soluciones más fáciles y más rápidas bajo dictaduras -comunista o cualquier otra- que bajo la democracia. Esta es una razón para la atracción que el comunismo ejerce sobre la intelligentsia de los países atrasados.

El pueblo de estos países se ha enfrentado con un dilema moral. Los que han escogido la democracia han escogido el sistema de vida más elevado y han mostrado que están más desarrollados como seres humanos que los otros que sacrifican bienes del espíritu por bienes materiales.

Pero un escrutinio más cercano mostraría que bajo las dictaduras el pueblo es forzado al sacrificio sobre falsas premisas. Ni en las dictaduras fascistas ni en las comunistas se ha visto que al pueblo se le de las cosas por las que se les hizo sacrificar sus libertades. El desarrollo económico de los países con dictaduras tiende al poder más que a la paz y la prosperidad. El nivel de vida de la gente normal en la Rusia soviética -incluso tras cuarenta y dos años de dictadura comunista y a pesar del fenomenal desarrollo industrial y económico- es más bajo que el de Gran Bretaña o Suecia, considerablemente más bajo que el de los Estados Unidos. El nivel en otros países comunistas es, por supuesto, todavía más bajo, excepto quizás en Checoslovaquia.

Incidentalmente, tenemos aquí la clave para comprender la cuestión del desarrollo económico de los países atrasados bajo regímenes democráticos. Si estos países también desean construir para el poder, están condenados. La India democrática no puede competir con China en este juego. Tendrá que abandonar la democracia o enfrentarse a la derrota en su intento de construir un poder económico-militar.

Esta es una cuestión crucial que las nuevas democracias deben responder: van a construir para el poder y la guerra o para la paz y la felicidad. ¿Deberían las democracias depender del poder militar para su defensa o de las fuerzas de la paz en el mundo y la fuerza moral de su propio pueblo? Lo menos que se espera de una nación que llama a Gandhi su Padre es que rechazará construir para el poder y construirá para la paz y la felicidad.

Respecto a la segunda dificultad mencionada más arriba en la construcción de la democracia en los países atrasados, es decir, la ausencia de experiencia o tradición democrática reciente, debe concederse que esta dificultad es bastante seria y real. De hecho, algunos consideran que es tan seria como para comprender la posibilidad del ascenso de regímenes dictatoriales en estos países. La historia reciente de varios países asiáticos y africanos muestra lo justificado que está este miedo…

En el caso de la India hay al menos tres factores de seguridad: (1) debido a la conexión británica, la intelligentsia o una gran parte de ella, estuvo sometida a la influencia de la democracia liberal británica, y más tarde, una pequeña parte de ella, a la democracia social británica. (2) La lucha por la independencia, particularmente gracias al liderazgo de Gandhiji, fue instrumental para inculcar en cierto grado los valores de la democracia en la inteligencia así como en las masas. La influencia de Ghandiji es todavía considerable sobre la mente de la masa y está siendo reforzada por Vinobaji5. (3) Aunque la India no ha tenido tradiciones democráticas en el pasado reciente, la democracia ha florecido durante siglos en muchas partes de la India antigua. Se podría recurrir a esta rica tradición para construir democracia en el presente.

El peligro considerado más arriba trae a primer plano, entre otras cosas, la necesidad de fortalecer la base de la democracia de forma que aunque algo vaya mal en la cúspide la base permanezca y mantenga las bases de la democracia seguras. Esta era la virtud de los consejos de aldea, los comités de ciudad, los gremios de comerciantes y artesanos de la antigüedad. Los reinos y los imperios ascendían y caían, los conquistadores iban y venían, pero estos órganos de democracia popular, que conseguían su aprobación de la gente de su propia esfera, y no del estado central, permanecían. Aparte de la unidad espiritual y del estilo de vida, fueron estas instituciones democráticas de base las responsables de la continuidad de la cultura y la sociedad indias. Trato más abajo con más extensión la cuestión de construir estas estructuras básicas de democracia.

Así vemos que la democracia -para usar una expresión de las matemáticas- es una ‘función’ de muchos factores, el resultado de muchas actividades diferentes. No hay una actividad humana o social única por la que se cree la democracia. La casa de la democracia tiene muchos edificios y muchos tipos de ladrillos, y hacen falta varios tipos de materiales y constructores para construirla. Es una lástima que no se comprenda de forma más amplia en este país. Si no, no habría habido tal obsesión por la política y se podrían haber llevado a cabo conscientemente otras actividades para la construcción de la democracia.

Los postes indicadores del pasado

Es bien sabido que la literatura sobre las instituciones políticas y económicas de la India antigua y medieval es más bien escasa. Los expertos, sin embargo, han juntado y reunido suficiente material como para presentarnos un cuadro bastante fiable de la forma política india.

Creo que un estudio sobre esta forma política y su relación con el conjunto completo de la vida y la cultura indias sería útil, no, esencial, para la determinación de las instituciones políticas

actuales. El pensamiento político, por supuesto, ha evolucionado mucho desde aquellos días, y se han creado nuevas instituciones políticas, como las de la democracia parlamentaria; y debemos aprender de esta literatura y experiencia. Pero la implantación de cualquier idea o institución que no esté adaptada al suelo nativo o injertada en las raíces de nuestra vida no rendirá frutos o contribuirá al crecimiento orgánico y saludable del cuerpo político.

A algunos les puede parecer irrelevante mirar los postes indicadores de la antigua India para que nos guíen en el camino a la democracia. Pero India fue quizás el primer hogar de la democracia y algunas de sus repúblicas han durado tanto como mil años. Y aunque el reinado y la monarquía fueron la forma política india predominante, los reyes en los primeros tiempos eran elegidos por la aristocracia kshatriya6 y estaban sujetos a ella. Incluso cuando la monarquía hereditaria se convirtió en la norma y los Samitis cesaron su función, las comunidades aldeanas y de villas, los gremios de mercaderes y artesanos, el orden del varna, el dharma, o la ética social, continuaron funcionando independientemente del estado central -con el cual, en realidad, estos últimos raramente interferían- y proporcionaban una base estable, democrática, a la forma política india. La democracia de las comunidades aldeanas era tan estable y eficiente que continuó hasta bien entrado el periodo británico. Por tanto, lejos de ser irrelevante la cuestión de la democracia, la antigua forma política india, en particular sus principios subyacentes, deberían ser del máximo valor para nosotros en la construcción de nuestra democracia en el presente.

‘Comunidad’ y autodesarrollo y autoregulación de la vida comunal son los rasgos característicos de la antigua forma política india. El estado en la India evolucionó a lo largo de muchas formas empezando por el pequeño ‘reino’ rigvédico a los grandes imperios monárquicos de los Mauryas y los Guptas. Entremedio hubo repúblicas aristocráticas extendiéndose por el Punjab, Sind, el este de Uttar Pradesh y el norte de Bihar. Eran los sanghas o ganas. Otras formas de estado eran conocidas con diversos nombres commo rajya, swarajya, bahurajya, dvirajya, vairajya, maharajya y samrajya. Pero a lo largo de todas ellas persistieron, y se desarrollaron según sus propias leyes internas, los cuerpos comunales. Como estos cuerpos eran mucho más estables y perdurables que los siempre cambiantes estados, estos últimos, ya fuesen republicanos o monárquicos, tenían poca autoridad sobre ellos, aparte de garantizar que funcionasen adecuadamente dentro de sus propias jurisdicciones y de acuerdo con sus propias constituciones y regulaciones. El estado interfería con ellas solamente cuando transgredían sus propias funciones y procedimientos. Hubo muy raras excepciones a esta regla.

La ‘comunidad’ en la antigua India tenía dos formas. La forma primera y básica era la comunidad territorial, la aldea o municipio. Con el avance de la vida comunal, se coordinaron en comunidades territoriales más grandes, a veces abarcando todo un reino o república. Pero su área parece no haber sido nunca muy grande.

La otra forma de comunidad era la comunidad funcional u ocupacional, el varna. De la misma forma que era natural para el hombre entrar en comunión con sus vecinos, también lo era para él encontrarla entre aquellos que seguían la misma ocupación, aunque estuviesen extendidos sobre áreas amplias y no contiguas. Personas que realizaban las mismas funciones y tenían las mismas ocupaciones, compartían un modo de vida común, tenían problemas comunes y derechos comunes y responsabilidades comunes hacia el resto de la sociedad. Fue así como el genio social de la India desarrolló las comunidades funcionales, los cuatro varnas, y les dio tanto una forma y base teórica como práctica. Cada varna estaba autodeterminado y sin embargo integrado con la comunidad territorial y era responsable ante ella. Las relación del individuo con las dos formas de comunidad y la interrelación entre estas dos últimas compuso un patrón autodeterminado destacable de una vida ético-socio-económica compleja.

El orden varna de la sociedad ha sido tan pervertido y distorsionado que habría pocos que lo defendiesen hoy. Sin embargo, sus dos verdades fundamentales son innegables. Que los seres humanos tienen diferentes aptitudes y capacidades y que cada individuo debería poder seguir y desarrollar sus dones e inclinaciones naturales son verdades científicas que no solo nadie piensa negar, sino que todo científico social desea hacer de ellas la base de la reorganización de la sociedad. La segunda verdad la expresan de una forma u otra escuelas de democracia funcional como el socialismo gremial, el estado pluralista, la cooperación ocupacional y otras.

Si nuestras actuales instituciones políticas tienen que estar basadas en algo sólido, deben extraer su sustento del suelo indio y, a su vez, si deben mantener, revivir y fortalecer todo el tejido de la sociedad india, deben estar relacionadas con el genio social de la India descrito más arriba, y su textura debe ser entretejida de nuevo con una vida comunal orgánicamente autodeterminada, autodesarrollada, en la que las ocupaciones, profesiones y funciones estén integradas con la comunidad.

Esto no es solo una cuestión de formas constitucionales o sistemas políticos. Es una cuestión creativa en el más amplio sentido del término. Es una cuestión de un antiguo país reencontrando de nuevo su alma perdida.

Las viejas comunidades aldeanas no han sobrevivido en nada más que en su existencia física. Ya no son comunidades vivas actuando conjuntamente para la solución de los problemas individuales o comunales y para el desarrollo de su vida moral y material. No es necesario aquí entrar en la historia de la destrucción de las comunidades aldeanas. Bastaría hacer notar que fue el resultado de una política deliberada de un gobierno extranjero que ni comprendía el carácter de la forma de gobierno comunitaria ni se sentía seguro en presencia de tradiciones tan fuertes de autogobierno y autoayuda. No obstante, el hecho mismo de que las aldeas existan físicamente nos proporciona unos cimientos ya listos sobre los que construir.

Una palabra que figura en letras mayúsculas en los antiguos postes indicadores es dharma. La forma polítca india sostenía que el estado estaba sujeto al dharma, que era su tarea mantenerlo y protegerlo.

El concepto de dharma tenía gran importancia en la antigua India; prescribía y regulaba la conducta individual y de grupo de todos los estamentos sociales.

Este concepto de dharma y su rol en la forma política india y en la vida de la sociedad más amplia es otro ejemplo de esa organización sintética, orgánica, comunal de la sociedad india que ha sido discutida arriba. Las comunidades, territoriales o funcionales, habían desarrollado leyes y códigos de conducta para regular la vida interna de sus comunidades y grupos y sus relaciones con el resto de la sociedad. Hubo además códigos y leyes que fueron comunes y aceptadas por todas ellas y que crearon la ética social universal. El conjunto de estas éticas sociales ejerció una poderosa influencia sobre el estado.

Al destruirse completamente la vida comunal, las raíces del dharma no tienen suelo del que extraer sustento. El dharma, por tanto, ha decaído y ha dejado de ejercer cualquier influencia no solo sobre la presente forma política, que es una implantación totalmente foránea y no tiene raíces en el suelo indio, sino sobre todas las actividades sociales como el comercio, la educación, el trabajo, la administración, el sacerdocio. A menos que la vida en la India se organice de nuevo sobre la base de comunidades autodeterminadas y mutuamente coordinadas, esa autoregulación orgánica de la sociedad, que representaba el concepto de dharma, no será posible. Hasta ese punto la democracia permanecerá remotamente alejada de la vida de la gente. Vinobaji ya habla, por ejemplo, de un gram dharma (el dharma de la aldea). Pero el gram dharma no surgirá, como él ha señalado, a menos que la aldea se convierta en una comunidad. Solamente entonces será posible que la aldea adopte como su dharma el bienestar de todos los aldeanos, de manera que nadie quede sin alimento, ropa, un techo sobre su cabeza, trabajo por realizar; ningún niño quede sin el conocimiento de las tres R7, nadie quede sin el beneficio de un mínimo servicio sanitario.

El antiguo concepto de dharma debe ser revivido y debe evolucionar el dharma apropiado para una democracia. Este, como el antiguo, no vendrá por un proceso legislativo. Solo se puede hacer de una manera orgánica: el dharma debe surgir de la vida misma -vida que sea lo suficientemente vital, lo suficientemente real, lo suficientemente orgánica como para ser capaz de crear leyes y códigos para su regulación interna-. Se puede y se debe recurrir a la experiencia de la reciente ingeniería social, pero el principal molde de la vida debe ser indígena y coherente con el genio de la organización social india.

La naturaleza social del hombre y la comunidad

El hombre es un animal social y está dotado de una naturaleza social. Es más, la relación del individuo con la sociedad no es como la del grano de arena con una duna. La relación es más bien la de una célula viva con el organismo. El hombre siempre vive en relación orgánica con otros hombres. Es la totalidad de todas estas relaciones vivas lo que constituye la sociedad. La sociedad no es la mera suma de individuos separados. Ni siquiera la multitud es una suma orgánica de granos humanos.

La moderna democracia occidental se basa en la negación de la naturaleza social del hombre y la verdadera naturaleza de la sociedad humana. Esta democracia concibe la sociedad como una masa inorgánica de granos individuales separados; la concepción es la de una sociedad atomizada. El ladrillo con el que se construye el edificio actual de la forma política democrática es el votante individual y todo el proceso de la democracia descansa sobre la aritmética de los votos. El votante individual vota como un átomo de sociedad, no como una célula viva en relación orgánica con otras células. No es la vida conjunta lo que se expresa y representa en las instituciones y procesos de la democracia, sino un individuo abstracto.

El problema de diseñar el tipo adecuado de forma política es obviamente una parte de un problema mayor de reconstrucción social. Aunque es verdad que en el pasado la avaricia y otros falsos valores de vida distorsionaron o impidieron el trabajo de la naturaleza social del hombre, es necesario ahora, cuando el hombre está empezando a reorganizar conscientemente su vida, crear instituciones económicas, políticas y otras que sean coherentes con esa naturaleza. El moderno industrialismo y el espíritu del economicismo que este ha creado, un espíritu que sopesa cada valor humano según la escala del beneficio y pérdida y el llamado progreso económico, ha desintegrado la sociedad humana y hecho del hombre un extraño entre sus semejantes. No solamente la comunidad ha sido desintegrada, hasta la familia languidece en Occidente, y la madre, la mujer, que era el centro y el alma de la familia, está perdiendo su feminidad.

El problema de la civilización de hoy en día es la integración social. El hombre está solo y aburrido, es ‘el hombre organización’, es el hombre que recibe órdenes y es manipulado por fuerzas más allá de su comprensión y control -independientemente de que sea una ‘democracia’ o una dictadura. El problema es poner al hombre en contacto con el hombre, de forma que puedan vivir juntos en relaciones comprensibles, con sentido, controlables. En resumen, el problema es recrear la comunidad humana.

Permítaseme volver a la comunidad. La contigüidad territorial de varias familias, aunque es el punto de partida y una condición de la mayor importancia, no crea por sí misma una comunidad. Las aldeas indias actuales, por ejemplo, no son verdaderas comunidades. Lo fueron alguna vez, pero ahora son meros asentamientos territoriales; la vida en ellas es individualista más que comunal; mineral más que orgánica. En la verdadera comunidad hay comunión, es decir, reparto, participación, compañerismo, como indica el diccionario; hay identidad de intereses; un sentimiento de unidad en medio de la diversidad; un sentido de libertad en el marco de responsabilidades sociales aceptadas; diferenciación de funciones que convergen en el objetivo único del bien de la comunidad y sus miembros. Casta, clase, raza, religión, política -todas ellas dividen al hombre en grupos diferentes, a menudo conflictivos-. La comunidad los junta, los une y armoniza sus intereses. En la comunidad la agricultura, la industria, el capital, el trabajo, las habilidades, la inteligencia, no acaban en desacuerdo unos con otros, sino que se sintetizan al servicio de la comunidad. La producción y el consumo no son dos lados contrapuestos de un regateo económico manipulado por agencias distantes, sino un proceso integrado que sirve a un propósito único y directo. La comunidad está formada de relaciones personales, y la elección y la libre voluntad tendrán su papel dentro de los límites de la disciplina autoimpuesta y la cultura común. En la comunidad hay participación comprensiva de los miembros en todos los asuntos comunitarios; la comunidad es una sociedad cooperativa, pero la diferencia entre ella y la sociedad cooperativa ordinaria es que la cooperación en la comunidad abarca la vida entera, en lugar de únicamente el sector económico, y a todos los miembros de la comunidad, en lugar de solo aquellos que compran accciones.

Todo el mundo en la comunidad tiene una parte en sus fortunas e infortunios. En sus asuntos internos la comunidad es autoregulada y autodeterminada. La división es veneno para la comunidad y por tanto el empeño es siempre buscar el común denominador más alto.

Es interesante recordar aquí que en las comunidades aldeanas indias no había elecciones a cargos ejecutivos con el actual patrón de mayorías-minorías, que es un proceso divisor y perturbador. En su lugar había selección por consenso general de opinión o, a veces, por sorteo.

No quiero decir con todo esto que una comunidad como la descrita arriba existiese siempre antes, o que volvería automáticamente solo con que la gente empezase a vivir en pequeñas áreas territoriales. Si hubiese sido así, todas las aldeas indias se habrían convertido en comunidades ideales. Lo que quiero decir, sin embargo, y decirlo con todo el énfasis que pueda, es que una comunidad de este tipo debe ser el ideal de la futura reconstrucción social. Solo entonces la naturaleza social del hombre y los grandes ideales humanistas de la moderna civilización se podrán cumplir. Solo entonces, también, habrá verdadera democracia.

Para los países occidentales fuertemente industrializados y urbanizados, esta puede ser una tarea difícil -aunque muchos pensadores occidentales ya están pensando seriamente sobre ello-. Pero nosotros, en India -y creo que lo mismo es cierto para otros países de Asia que no han caído bajo el totalitarismo- están muy favorablemente situados para lanzarse a esta empresa.

Antes de pasar a considerar con más detalle la comunidad puede ser aconsejable tratar brevemente la cuestión de la ciencia y su impacto sobre la organización social. Podría decirse que las pequeñas comunidades locales podían haber sido adecuadas en algún momento en el patrón rural de vida, pero que en la era del industrialismo difícilmente tendrán algún lugar excepto como especímenes raros de una civilización pasada. La industrialización y la urbanización, se podría decir, necesariamente van juntas.

Rechazo completamente esta visión. La elección no es entre vida urbana y rural. La dicotomía entre urbano y rural es falsa y acientífica. Tanto la industria como la agricultura son esenciales para la vida humana y su desarrollo. La cuestión de la industria debería ser estudiada desde el punto de vista del hombre en su conjunto: no se debería olvidar nunca que la industria es para el hombre y no el hombre para la industria. Algunas personas hablan de ciencia y tecnología como si fuesen fuerzas de la naturaleza, como un terremoto, digamos, sobre el que nada se puede hacer excepto adaptarnos a él. La ciencia y la industria son productos de la mente humana y deberían inclinarse a un propósito humano. De hecho, esto es lo que ya ha ocurrido; solo que el propósito humano no ha sido uno elevado y que valga la pena. La ciencia y su fruto, la tecnología, han sido puestas principalmente al servicio del beneficio privado y del poder: el primero representado por el sistema capitalista, el segundo por el moderno estado centralizado, ya sea democrático o totalitario.

Si el hombre decidiese que en lugar de juntarse en manada en grandes ciudades fuese mejor vivir en pequeñas comunidades; en lugar de ser autómatas fuese mejor ser seres humanos conscientes, en lugar de ser un grano en la duna fuese mejor ser miembros de una comunidad, no debería ser difícil para los científicos evolucionar la tecnología apropiada.

Así, la sociedad que visualizamos aquí no será ‘urbana’ ni ‘rural’. Será, si hay que darle un nombre, comunitaria. En otras palabras, será auténticamente sociedad. El desarrollo de la ciencia ha hecho posible que la distinción entre urbano y rural sea abolida. Las comunidades del futuro tendrán un equilibrio de agricultura e industria; serán agroindustriales; harán pleno uso de la ciencia y la tecnología para servir a los fines de su vida y no más. Debido a las condiciones geográficas e históricas la agricultura puede predominar en una y la industria en otra, pero un equilibro entre ellas será el ideal de todas. Las actuales monstruosidades, las grandes ciudades, tendrán que descentralizarse tanto como sea posible para aliviar la congestión y crear condiciones saludables de vida; y el resto, tendrán que ser reorganizadas para hacer federaciones de comunidades de tamaño más pequeño. Mientras esto no sea posible, habrá que sobrellevar las grandes ciudades, teniendo cuidado en que no se hagan más grandes, y no surjan nuevas grandes ciudades.

Se podría preguntar cómo de grande debería ser la comunidad local o primaria. No puede haber una respuesta concreta; no hay una medida mecánica. Las comunidades primarias son crecimientos orgánicos y, dependiendo de muchos factores, su tamaño varía. Digamos que no deberían ser tan pequeñas como para que un desarrollo equilibrado de la vida y la cultura comunales se vuelva difícil, ni tan grandes que la vida en ellas se vuelva impersonal. La ‘villa de ingresos’ [revenue village] en India es una definición que todo el mundo entiende bien, y aunque normalmente consta de unas cuantas aldeas, todos sus habitantes sienten un sentimiento de pertenencia entre ellas. Así, en India, la villa de ingresos podría ser tomada como la comunidad primaria. En los estados en los que la villa de ingresos pueda ser demasiado grande y una unidad artificial, se podría hacer una nueva demarcación.

Hasta ahora hemos hablado de la comunidad primaria y hemos mostrado que es una creación de la naturaleza social del hombre y la unidad con la que la estructura de la sociedad debe ser construida. Consideremos ahora cómo se puede hacer esto. ¿Debería ser la sociedad simplemente una suma, una totalidad, de las unidades primarias? Debería ser obvio que una sociedad de este tipo sería tan aritmética y mineral, o casi, como la actual sociedad occidental, que está formada por la suma de los individuos. Al igual que en la comunidad primaria varias familias se unen y cooperan para construir una vida común para que pueda haber sociedad, las comunidades primarias deben unirse y cooperar unas con otras para resolver los problemas comunes y promover objetivos comunes. Tal cooperación y coordinación de actividades obviamente será imposible entre comunidades primarias muy distantes y muy numerosas: el intercambio mutuo solo es posible entre comunidades vecinas. Por tanto, el siguiente paso en la construcción de una sociedad integrada es que varias comunidades primarias vecinas se unan y cooperen entre ellas para construir, digamos, una comunidad regional. Cada comunidad primaria individual hará todo lo que sea posible con sus recursos internos. Pero habrá muchas cosas que irán más allá de los recursos y la competencia de la comunidad primaria. Por ejemplo, cada comunidad primaria podría ser capaz de proveer de una escuela primaria, servicios de atención sanitaria primarios, pequeñas obras de irrigación, como pozos y depósitos de aldea, e industrias aldeanas. Pero varias comunidades primarias deben cooperar para proveer de un instituto de educación secundaria, un hospital local, una central eléctrica y centro de servicios, industrias más grandes, obras de irrigación mayores, etc. Así, la comunidad regional nace por un proceso orgánico de crecimiento. El círculo de comunidad se amplía. Será visto desde esta comunidad regional no como una mera suma de las comunidades más pequeñas que la forman. Es una comunidad integrada por sí misma, en otras palabras, en el nivel regional hay una integración de instituciones y actividades de las comunidades primarias: los panchayats aldeanos se integran en el panchayat regional: las cooperativas de aldea en la unión cooperativa regional; las escuelas primarias en el instituto regional; las asociaciones culturales y juveniles aldeanas en regionales; los planes de aldea en planes regionales, etc. Así como en su administración interna la comunidad primaria es autónoma, así en las esferas en las que las comunidades primarias hayan delegado sus poderes a la comunidad regional, esta última es autónoma. (La necesidad de delegar poderes surge del hecho que las comunidades primarias son incapaces por ellas mismas de hacer todo lo que necesita ser hecho). La comunidad regional, sin embargo, no es un cuerpo superior o más alto que pueda controlar, o interferir en la administración interna de las comunidades primarias. Cada una en su esfera es igualmente soberana.

La comunidad regional a su vez hará todo lo que esté dentro de sus competencias. Pero, de nuevo, habrá muchas cosas que irán más allá de sus competencias, como gestionar una universidad tecnoagrícola, un proyecto de irrigación importante, la producción de electricidad, la manufactura de máquinas, etc. Para que estas tareas se lleven a cabo varias comunidades regionales tendrán que unirse para formar una comunidad aún mayor -la comunidad de distrito, digamos-. La comunidad de distrito será también una comunidad integrada y su relación con las comunidades regionales tendrá un patrón similar al de estas últimas con las comunidades primarias.

De esta manera, las comunidades de distrito a su vez se federarían para formar la comunidad provincial. Las comunidades provinciales se unirían para formar la comunidad nacional. Podría llegar un día en el que las comunidades nacionales se federasen para formar la comunidad mundial.

Se siguen dos conclusiones de lo anterior. Debería ser obvio, en primer lugar, que a medida que procedemos de los círculos internos a los externos de vida comunal y organización, hay cada vez menos y menos cosas que hacer por parte de las comunidades externas. De manera que cuando llegamos al círculo de la comunidad nacional, esta tiene solo unas pocas materias que atender, como defensa, relaciones exteriores, moneda, coordinación interprovincial y legislación. Al ser esto así, debería ser obvio, en segundo lugar, que una organización social como esta ofrece el máximo alcance para que la ‘gente’ -que ya no son una masa amorfa de granos humanos sino organizados en comunidades autogobernadas- se gobierne a sí misma.

Solo la forma política comunitaria que ha sido descrita arriba puede garantizar la democracia participativa que es nuestro ideal y que debería ser el ideal de todos los demócratas. Solo en una sociedad así el individuo podrá resguardarse del destino de ‘robotismo’ al que la moderna civilización le ha condenado y encontrar la libertad y autosignificado como miembro de la comunidad.

Limitaciones de la democracia parlamentaria

Hay un formidable volumen de literatura sobre la democracia parlamentaria -incluyendo en el término sistemas similares a ella, como la democracia presidencial estadounidense-. Hay también una vasta literatura sobre el sistema de partidos que aparece como secuela de este tipo de democracia.

Creo que sería justo decir que incluso los más ardientes defensores de la democracia parlamentaria están de acuerdo en que tiene serios defectos. Pero se consuelan pensando que (a) no hay mejor alternativa; y (b) que, con limitaciones, es posible enmendarla y mejorarla. Nadie negará que el sistema puede ser muy mejorado y está en continuo cambio, aunque no siempre para mejor. Pero no importa cuánto se pueda mejorar, sus defectos fundamentales seguirán existiendo porque son las propias premisas sobre la que se ha elevado toda la estructura.

El defecto fundamental, del que salen otros defectos graves, es que esta forma de democracia está basada en el voto del individuo. Ya hemos examinado esta situación y visto que es la atomización de la sociedad la responsable de este tipo de sistema político. Pero eso no altera el hecho de que el sistema está basado en una premisa falsa; el estado no puede ser una suma aritmética de individuos. La gente, la nación, la comunidad nunca se pueden equiparar a la suma de los votantes individuales.

Los partidarios de la democracia parlamentaria declaran que bajo ella el gobierno al menos es representante de la mayoría de los votantes, si no del pueblo. Primero de todo, esto no es cierto. Más a menudo de lo que normalmente se cree, los gobiernos elegidos bajo sufragio universal adulto son gobiernos de minoría, en el sentido que representan a una minoría de los votantes. En cualquier sitio en el que haya más de dos partidos, y esto ocurre bastante a menudo, pero incluso bajo sistemas bipartidistas, no es un fenómeno extraño.iv En las últimas elecciones generales en este país, por ejemplo, se establecieron gobiernos de minoría en la mayor parte de los estados, esto es, en siete de trece estados, excluyendo la Unión de Territorios.

No se puede echar a un lado, como se ha hecho en este país, anomalías tan graves y defectos tan flagrantes en el sistema democrático parlamentario con la petulante observación de que tales cosas son inevitables bajo un sistema multipartidista. Si tales cosas son inevitables y somos serios sobre la democracia, debemos empezar seriamente a buscar un tipo mejor de democracia. Las alternativas de circunscripciones plurales, representación proporcional, voto alternativo, no pueden, si hubiese un acuerdo general sobre ellas, que no lo hay, llevarnos muy lejos.

La afirmación de que los gobiernos democráticos parlamentarios al menos representan a una mayoría de los votantes se derrumba de una manera aún más grave. La experiencia nos enseña que las elecciones de masas actuales, manipuladas por poderosos partidos centralizados, con la ayuda de las altas finanzas y métodos diabólicamente inteligentes y supermedios de comunicación, representan mucho menos al electorado que las fuerzas e intereses tras los partidos y las máquinas de propaganda. No es solo en los países totalitarios donde se produce la ‘violación de las masas’. La diferencia básica es que en una democracia hay competición entre los violadores, mientras no la hay en el totalitarismo.

Aquí nos encontramos cara a cara con otro grave defecto de la democracia parlamentaria: la demagogia. La necesidad de ‘cazar’ votos crea una oportunidad ilimitada de caer en medias verdades, e incluso descaradas mentiras a veces; para excitar las pasiones, más a menudo que lo contrario, las bajas pasiones; para crear falsas esperanzas haciendo promesas falsas pero agradables. Difícilmente algún tema de política pública se le presenta a la gente con su luz verdadera; todo lo distorsiona la demagogia partidista. La consecuencia de todo esto es que los intereses reales del país se sacrifican, más a menudo que lo contrario, en el altar de la demagogia.

Quizá el error más grave de la democracia parlamentaria, desde el punto de vista de la democracia misma, es su tendencia intrínseca al centralismo. En un extremo de su espectro político está el estado nación y en el otro el individuo votante, con un espacio en blanco entre medio. Los cuerpos locales que puedan existir tiene (a) pocos poderes de autogobierno, y (b) ninguna influencia directa o indirecta sobre el estado nación. Añadamos a esto las complejidades de una civilización altamente industrializada que están más allá incluso de la comprensión de un ciudadano corriente, y tienes un estado central con un poder y recursos abrumadores, y el votante individual reducido a una abyecta indefensión. El ‘pueblo soberano’ disperso a lo largo y ancho del país como partículas de arena sobre el desierto y no teniendo otra fuerza política organizada que el estado nación para interponerse entre él y ese estado, este último se vuelve naturalmente todopoderoso. El tema del poder en tales estados no lo decide el ‘pueblo’ ficticio, sino un equilibro entre partidos políticos e intereses organizados tales como el de los industriales y banqueros y los poderosos sindicatos. El pueblo es una totalidad, mientras los intereses organizados son sectoriales. Incluso la suma de las secciones no puede compensar el todo. Solo su integración orgánica puede hacerlo. Tal integración tiene lugar solo en la comunidad en sus diversos niveles-. En la democracia comunal o comunitaria por la que abogamos hay una descentralización natural y un estado multicentral pluralista.

Un resultado natural de la centralización del poder y la administración es la burocracia. El ejecutivo central o gabinete está tan sobrecargado de trabajo que se ve obligado a dejar más y más y depender más y más de funcionarios permanentes, que con el transcurso del tiempo reúnen más y más poder para ellos. Esto pronto lleva a una peligrosa autocracia, la autocracia del burócrata, con la que es difícil luchar porque ‘trabaja en la sombra’ y a la que es difícil llegar. La única respuesta al problema de la burocracia es más y más descentralización de manera que la gente participe directamente en la administración de sus asuntos y controle a los funcionarios públicos, quienes les deben sus trabajos y son directamente responsables ante ellos. Esto es exactamente lo que sucede en la democracia comunitaria aquí descrita. Las administraciones comunales pueden cometer errores y puede haber ineficiencia. Pero como serán ellos mismos los que la sufrirán, aprenderán y mejorarán las cosas. Es más, durante el gobierno británico, ¿no nos dijimos repetidamente que el buen gobierno no es sustituto del autogobierno? ¿Es ahora menos cierto?

Un acompañante inevitable de la democracia parlamentaria es el sistema de partidos. Se ha escrito tanto criticando este sistema que parece innecesario preocuparse por él aquí con cualquier extensión. Parte de la crítica ha estado implícita en lo que se ha dicho arriba. Está claro que la democracia parlamentaria no puede funcionar sin partidos. Partidos de algún tipo quizá siempre existirán en todas partes y en todos los tiempos. Hasta en la familia puede haber ‘partidos’. En las antiguas repúblicas indias, que eran democracias aristocráticas, los partidos y las facciones eran una característica común. Pero los muy organizados partidos de masas centralizados de los tiempos modernos están a años luz de las facciones de los antiguos, ya sea de las antiguas repúblicas indias o de las ciudades estado griegas. Las viejas democracias eran pequeñas y las facciones y el pueblo no estaban tan lejos el uno del otro. El pueblo, por tanto, podía juzgarlas y los temas que surgían los comprendían íntimamente. Los temas en aquellos días eran suficientemente sencillos. Todo esto ha cambiado hoy y los partidos se han convertido en una especie de estado dentro del estado. Son hoy los árbitros reales del destino del pueblo, cuyo control sobre ellos es ficticio. Los ciudadanos que votan a los partidos no tienen nada que ver con el funcionamiento de los partidos: son completamente ajenos. Incluso los miembros afiliados a los partidos no tienen nada que decir en el proceso de decisión política o la administración interna de los partidos. Los partidos son gestionados por camarillas que están más allá del control democrático.

Las rivalidades partidarias, hemos visto arriba, dan lugar a la demagogia, hunden la ética política, premian la falta de escrúpulos y la aptitud para la manipulación y la intriga. Los partidos crean disensiones en las que se llama a la unidad, exageran las diferencias cuando deberían ser minimizadas. Los partidos ponen a menudo los intereses de partido sobre los intereses nacionales. Como la centralización del poder impide que los ciudadanos participen en el gobierno, los partidos, es decir, pequeñas camarillas de políticos, gobiernan en el nombre del pueblo y crean la ilusión de democracia y autogobierno.

No hay duda de que el sistema de partidos tiene buenos puntos y como la democracia parlamentaria no puede funcionar sin él, aquellos que apuestan por este tipo de democracia y no le ven una alternativa, están listos para aceptar como inevitables los males del sistema de partidos y a darse por satisfechos señalando sus virtudes. Por mi parte, creo que no es el sistema de partidos el principal culpable, sino la democracia parlamentaria misma, que le da impulso. En la democracia comunitaria que propongo aquí, es concebible que haya partidos, pero serían probablemente facciones locales y, en cualquier caso, su rol en el estado no será el de mando como el de los partidos en el sistema parlamentario.

Otro serio error de la democracia parlamentaria es el sistema de elección que fomenta y requiere para su correcto funcionamiento. Antes que nada, el sistema es muy caro y espantosamente derrochador. Los gastos fabulosos implicados son efecto de hipotecar la democracia a intereses monetarizados o grandes organizaciones sectoriales como los sindicatos. Cuando se compara con esto, las elecciones en el sistema comunitario no costarían prácticamente nada.

Proporcionaría algún consuelo que el enorme gasto diese como resultado algún bien público. De hecho, el resultado es justo el contrario. Unas elecciones generales, como se ha indicado arriba, crean pasiones y excitaciones innecesarias; en lugar de educar e ilustrar al pueblo ofuscan su mente; en lugar de dar como resultado la elección de hombres capaces y buenos tiende a favorecer la demagogia. Graves temas políticos y económicos y otras cuestiones de forma política, es obvio, deberían ser consideradas con calma y desapasionadamente y no en el calor de la guerra partidaria. Es por ello por lo que mantengo que la práctica de elecciones generales debería ser abolida. Los parlamentos elegidos deberían ser continuos por naturaleza, con una parte de ellos siendo renovada periódicamente.

Economía de la comunidad

No es este el lugar para tratar con alguna extensión la economía de la comunidad. Sería necesario un estudio separado. Sin embargo, un tratado sobre la forma política sería incompleto sin una breve descripción de la economía subyacente. La sociedad es una totalidad compleja, como lo es el hombre; y, por tanto, la reconstrucción social y humana requiere un enfoque multilateral.

El objetivo de la economía de comunidad es el bienestar de la comunidad y de cada uno de sus miembros. Su objetivo no puede ser el beneficio individual, exclusivo del bienestar de otros individuos en la comunidad. La economía de comunidad no es ni explotadora ni competitiva: es cooperativa y compartitiva.

La comunidad abarca al hombre en su totalidad y se interesa por su desarrollo multilateral. La vida de la comunidad está por tanto equilibrada y no es unilateral. La economía de la comunidad debe estar por tanto subordinada al objetivo de un desarrollo equilibrado de la vida humana, y debe ayudar a favorecerlo. Por tanto, no puede ser una economía de deseos ilimitados, como en la sociedad existente. La ‘ciencia’ actual de la economía sería inaplicable a una sociedad equilibrada. Por ello tendrá que trabajarse en una nueva ciencia económica. En este país Gandhiji y Shri J.C. Kumarappa han establecido los cimientos de esta nueva economía.

La comunidad es una familia ampliada, y como la familia, representa el flujo eterno de la vida. Al igual que la familia está interesada no solo en sus miembros actuales sino incluso en aquellos que todavía no han nacido, así mismo la comunidad piensa en las futuras generaciones. Una economía equilibrada preocupada por las generaciones futuras de hombres, esto es, por la vida más que por la muerte, intentaría hacer lo mejor posible para devolver a la naturaleza lo que toma de ella. Intentará por tanto restringir el consumo tanto como sea posible a los recursos renovables y usar tan poco como sea posible de los recursos que no se pueden devolver. La economía de la comunidad está en armonía cooperativa con la naturaleza, mientras la actual economía tanto del Este como del Oeste es una guerra perpetua y destructiva contra la naturaleza.

La economía de la comunidad, además, debería ser tan autosuficiente como sea posible. La idea de la autosuficiencia, en esta era de comercio internacional, choca a muchos por pueblerina, aislacionista, reaccionaria. Pero para la comunidad es lo más natural. La preocupación principal de la comunidad es proporcionar satisfacción a las necesidades primarias de sus miembros. Es por tanto natural para ella producir todos los alimentos, ropa, refugio y otras necesidades de la vida que pueda para ellos. Es también responsabilidad de la comunidad ver que todo individuo capaz tenga en la comunidad un empleo útil. Pero si las actividades económicas de la comunidad no están principalmente relacionadas con sus necesidades, la comunidad estaría a merced del mercado -no solamente nacional, sino también del mercado internacional- que puede implicar el desempleo y la ruina económica para ella. Ya hemos visto en nuestra exposición sobre la atomización de la sociedad cómo la moderna sociedad industrial ha hecho del individuo un grano humano impotente gobernado por fuerzas que ni comprende ni puede controlar. Por tanto, se señaló que las instituciones y los procesos de la sociedad deben adaptarse a la escala humana y el hombre debe convertirse en el dueño de su destino. Siguiendo esta línea de pensamiento hemos llegado al estilo de vida comunitario. Pero, si habiendo llegado a la comunidad, revertimos el proceso y lo hacemos sujeto del dominio de la macroeconomía, nos encontraremos exactamente donde empezamos. No habría otro destino para el hombre que el robotismo.

Por tanto, es ineludible que en la esfera económica la comunidad debería, en primera instancia, comprometerse a actividades que estarían completamente bajo su control. Esta es la esfera de la producción para el autoconsumo dentro de la comunidad. Es obvio que tal producción debe, en primer lugar, estar en el campo de las necesidades primarias de la vida.

La comunidad tendría obviamente otras necesidades además de las primarias. Ninguna comunidad podría producir todo lo que necesita. Incluso en la esfera de las necesidades de la vida, toda comunidad puede que no sea capaz de producir todo lo que pueda ser necesario. Ninguna comunidad puede ser autosuficiente en todo. La cuestión es, ¿cómo se van a satisfacer esas otras necesidades?

La vida económica de la sociedad comunitaria estaría organizada de forma que las necesidades humanas se satisfagan tan cerca de casa como sea posible: primero, en la comunidad primaria, después, en la comunidad regional, de distrito, provincial, nacional e internacional -en ese orden ascendente-. Esto significa que cada área en expansión de comunidad sería tan autosuficiente como fuese posible. Incidentalmente, esto ahorraría gran parte de la energía y tiempo innecesarios dedicados hoy al negocio del comercio, la publicidad, etc.

Esto establecería naturalmente el patrón para la planificación. La planificación empezaría en la comunidad primaria y de ahí se extendería hacia afuera. En nuestro esquema de cosas la planificación regional, es decir, el plan de la comunidad regional, seria el plan crucial. Esto significaría que el plan regional -y no el plan de aldea, que sería demasiado pequeño para este propósito- sería la unidad en la base sobre la que el plan nacional total tendría que construirse. La existencia de ciudades grandes, desequilibradas, complicaría la planificación comunitaria, y sería necesario hacer ajustes. Las villas, por supuesto, se integrarían en las comunidades regional y de distrito. Pero la integración de las ciudades sería difícil. Habrá que recordar que ya he sugerido que tanto como sea posible, las ciudades deberían ser reconstituidas como federaciones de comunidades.

Todos los recursos naturales pertenecerían a la comunidad. Cómo se dividirían entre las comunidades sería decidido de común acuerdo. Hablando en general, cada comunidad tomaría posesión de los recursos naturales que caen dentro de sus límites. Pero hay recursos que están distribuidos desigualmente como bosques, minas, etc. Estos tendrían que ser compartidos por todos de común acuerdo.

De ahí se sigue que la tierra pertenecería a la comunidad; y, en la naturaleza de las cosas, que toda comunidad primaria poseería la tierra que cae en su área.

Una gran desigualdad económica es contradictoria con el espíritu de la comunidad. Un cierto punto de diferencia en ingresos o riqueza puede ser tolerable. Vinobaji da un ilustración sencilla para explicar este punto. Da el ejemplo de los cinco dedos de la mano humana. Son desiguales, pero la desigualdad es razonable. De manera que, a pesar de ello, los dedos pueden cooperar y trabajar juntos. Pero si la diferencia fuese demasiado grande, de manera que un dedo midiese solo unas pulgadas mientras el siguiente se midiese en pies, la mano sería completamente inútil.

En la comunidad, la posición del trabajador sería central, porque se entendería que el trabajo sería la cosa más importante necesaria para la comunidad. Sin trabajo la comunidad no existiría. Por tanto, todo adulto en la comunidad sería un trabajador. Al mismo tiempo, el trabajo sería una expresión con sentido de los poderes humanos, en lugar de un trabajo monótono sin sentido, porque el trabajador sería un participante responsable en el proceso de trabajo. No habría una sobreespecialización que tienda a reducir el trabajador a un autómata. En su lugar, la naturaleza agroindustrial de la vida comunal haría posible que tuviese una ocupación diversificada.

Unas pocas palabras sobre la organización de la industria, el comercio, etc. Ya he remarcado el carácter agroindustrial de las comunidades -opuesto a puramente agrícola o puramente industrial-. También he remarcado la necesidad de un nuevo tipo de tecnología, adaptada a la escala del hombre.

Una organización social y una tecnología del tipo propuesto aquí asegurarían que el grueso de las instituciones industriales y otras económicas quedasen confinadas dentro de la región y el distrito. Habría algunas instituciones de dimensiones provinciales y unas cuantas, nacionales.

Estas instituciones podrían ser de tipo privado, cooperativo o comunal. En las comunidades primarias, regional y de distrito una gran parte, quizá la mayor parte, de la industria y el comercio serían naturalmente del tipo de un trabajador propietario. El resto serían cooperativas o comunales. Unas pocas unidades podrían ser del tipo empresario privado-empleado. Las empresas provinciales y nacionales serían del tipo cooperativo, comunal o incluso privado.

Quizás sean necesarias algunas palabras sobre las empresas comunales. Serían empresas creadas por las comunidades y se gestionarían (a) o por cuerpos creados para ese propósito por las comunidades implicadas, y trabajando con plena participación de los ‘empleados’; o (b) por cuerpos directamente establecidos por los empleados mismos.

El autogobierno en la industria, como en cualquier otra empresa económica, sería un principio cardinal de la economía comunitaria. En las unidades de tipo trabajador-propietario, no hay problema. Las cooperativas formadas solo por productores tampoco crean ningún problema en este aspecto. Pero en las empresas, grandes o pequeñas, donde haya empleador, gestores, técnicos y trabajadores -no importa quién sea el empleador- se establecería para el autogobierno interno un cuerpo conjunto representando a todos los elementos.

La idea de clases en guerra entre ellas es ajena al orden comunitario de la sociedad y se opone al espíritu de comunidad. Este espíritu exige armonización de intereses, lo que solo es posible sobre la base de la fe, el reparto y la aceptación de responsabilidades -los principios cardinales de la vida comunitaria-. De ahí se sigue que cosas tales como huelgas y lockouts serían ajenos al estilo de vida comunitario. La no cooperación podría ser un curso de acción posible en casos extremos que impliquen temas morales.

Toda institución económica, no importa de qué tipo, desde el punto de vista de la propiedad estaría integrada en la comunidad a la que territorialmente pertenezca. Esto significa que su creación y desarrollo serían una respuesta a las necesidades comunales; que funcionarían de acuerdo con condiciones establecidas por la comunidad; y que serían responsables y deberían rendir cuentas ante estas últimas.

Esto significa, además, que estas instituciones también estarían desde el punto de vista organizativo integradas en la comunidad. En la comunidad primaria, no habría dificultad para la integración -toda institución estaría directamente integrada en la comunidad inmediatamente presente-. En las otras comunidades, algunos patrones de integración como los que siguen podrían responder a este propósito. Esto, sin embargo, ofrece un amplio campo para la experimentación.

En cada área comunal (región, distrito, etc.) toda línea de industria, o de otros negocios, se organizaría en una asociación, que representase a los trabajadores propietarios, otros trabajadores y propietarios, gestores y técnicos. Es decir, en cada región, distrito, provincia y en el país habría diferentes asociaciones de, digamos, trabajadores metalúrgicos, carpinteros, aceiteros (o sus cooperativas), comerciantes de grano, fábricas de apero agrícolas, baterías, etc.

Estas asociaciones se federarían en cada área comunal en un Consejo Económico. De esta forma, cada región, distrito, provincia y el país tendría su propio Consejo Económico. El Consejo Económico de cada comunidad aconsejaría y estaría representado en el cuerpo político comunal respectivo (el Panchayat Samiti, consejo de distrito, etc.)

Las asociaciones y consejos tendrían poderes para establecer reglas para gobernar sus actividades y aquellas de sus instituciones miembro, siempre y cuando estas reglas no entrasen en conflicto con las reglas y leyes de la comunidad. Estas asociaciones y consejos serían las modernas organizaciones varna y sus reglas el moderno varna-dharma.

Una palabra sobre las empresa privada. La empresa privada en el sentido de purushartha, el espíritu individual de empresa, tendría pleno alcance en la comunidad. Pero en la comunidad el individuo estaría imbuido de espíritu comunitario. Por tanto, la empresa privada en una sociedad comunitaria también participaría de ese espíritu y trabajo por el bien comunal así como por el privado. Además, la empresa privada también estaría sujeta a los principios de autogobierno y responsabilidad con la comunidad, y de integración en ella.

Se podría preguntar si todo esto no entraría en conflicto con los principios directivos de la constitución y los ideales del socialismo a los que el Parlamento está comprometido. Al contrario, yo siento enfáticamente que sería solo en este tipo de sociedad descrita aquí donde esos principios e ideales podrían cumplirse.

Reconstrucción de la forma política india

Es hora ya de reunir todos los hilos del argumento y atarlos juntos. El antiguo pensamiento y tradición indios; la naturaleza social del hombre; las ciencias sociales; los objetivos éticos y espirituales de la civilización: la demanda de una democracia en la que el ciudadano debería participar para ordenar y regir su vida; la necesidad de salvar al hombre de sí mismo y del destino del robotismo; la exigencia de que el estado y otras instituciones de la sociedad se reduzcan a escala humana; el ideal, sobre todo, de que el hombre debería ser el centro de la civilización -todos estos puntos van en la misma dirección: a un estilo de vida comunal o comunitario; una ética y educación comunitarias; una organización social, económica y política comunitaria. En este texto he estado interesado principalmente en el aspecto político del asunto: la forma de la organización política, o forma política, más deseable para nuestro país.

El fundamento de esta forma política, como he señalado, deben ser necesariamente comunidades locales autogobernadas, autosuficientes, agroindustriales urborurales. Las aldeas y pueblos existentes proporcionan la base física para tal reconstrucción. Se ha hecho un loable inicio en esta conexión al establecer gram panchayats e instituir programas como el de desarrollo comunitario; de desarrollo de ‘áreas intensivas’ (de la Comisión de Khadi & Industrias Aldeanas); y de cooperativización de la economía rural. Pero desde el punto de vista propuesto en este papel estos programas sufren de graves y serios defectos: (a) les falta una filosofía social integrada; (b) no tienen un concepto claro de comunidad: (c) no tienen como objetivo crear un equilibrio dentro de la comunidad entre agricultura e industria: (d) aunque el objetivo es crear comunidades (no importa lo vagamente que se entienda por ellas) en el nivel básico el concepto de organización social en los niveles más altos sigue siendo el mismo que el de la sociedad industrial atomizada de Occidente (que para nuestro propósito aquí incluye a Rusia).

Permítaseme tratar brevemente cada uno de estos defectos, (a) La filosofía social, concediendo que haya alguna, tras los programas de desarrollo del país se puede decir que tiene dos partes: (1) la filosofía de desarrollo económico; (2) la filosofía de socialismo democrático.

Nadie en este país pondrá en cuestión la necesidad de desarrollo económico. ¿Pero debería ser este un desarrollo sin límites como en Occidente (de nuevo, incluyendo a Rusia)? Esa filosofía, como hemos visto, es incompatible con la visión de desarrollo comunitario y el orden comunitario de la sociedad.

Respecto al socialismo democrático, parece no haber claridad de pensamiento. El socialismo democrático en Occidente ha venido a significar, en la práctica aunque no en la teoría, socialismo de estado. Y si este tiene alguna filosofía, es la del estado del bienestar desde arriba y no un modo de vida socialista vivido en cada casa y vecindario. Si el socialismo y el estado del bienestar desde arriba van a ser los ideales de nuestra reconstrucción social, el desarrollo de la comunidad en la base no tiene ningún significado social, ni ninguna opción de éxito. La base y la superestructura entrarán en contradicción; y dado que la cúspide será todo poderosa -como debe serlo bajo un socialismo de estado- la superestructura minará la base. Se recordará que el sistema soviético había empezado siendo una especie de sistema comunitario, pero dado que la cúspide era todopoderosa, la base fue aplastada hasta desaparecer. No hay verdaderos soviets en la Rusia soviética: hay un estado monolítico.

Como he mostrado arriba, es necesario que la filosofía socialista no se oponga al dibujo comunitario aquí esbozado. Pero en ese caso, los socialistas tendrán que estar menos interesados en las instituciones y más en el hombre. La vieja fe en que la propiedad estatal de los medios de producción, distribución e intercambio más la planificación traerán el socialismo se ha demostrado falsa. En su forma extrema esa fe llevó al estalinismo. Pero no se ha creado una nueva fe que tome el lugar de la vieja. Por eso los socialistas tendrán que ir a los idealistas socialistas premarxistas, los anarquistas filosóficos: a Tolstoi, Ruskin y Morris; a los idealistas sociales postmarxianos; a Gandhi y Vinoba. Las ‘comunidades de trabajo’ de Francia tienen mucho que enseñar a los socialistas; y también los kibbutzim de Israel y algunas de las aldeas gramdan de la India. Los socialistas también deben tomar de Marx lo que todavía es válido y de la ciencia lo mejor que tenga por ofrecer. Esta tarea requiere una gran capacidad para una síntesis moral e intelectual, pero debe emprenderse la tarea si el socialismo debe volver a capturar su inspiración e idealismo prístinos. Marx, como señaló Lenin, había sintetizado la filosofía alemana, el socialismo francés y la economía clásica británica para crear su gran y noble estructura de pensamiento. Otro genio moral e intelectual debe surgir para realizar de nuevo un acto similar de síntesis creativa de manera que el socialismo pueda convertirse en una fe en el futuro en lugar de uno de los “ismos” del pasado.

(b) El concepto de comunidad no está claramente dilucidado. Tal como está, sigue en el papel: principalmente porque la tarea de ‘desarrollo’ de la comunidad se le da a ‘sirvientes’ pagados por el estado quienes generalmente no tienen ninguna fe, ni ninguna comprensión sobre la comunidad: y quienes ellos mismos no pertenecen a ninguna comunidad. En la forma comunitaria de sociedad el concepto de pertenencia a una comunidad es muy importante. En Suiza, por ejemplo, donde la comunidad todavía existe, todo suizo pertenece a su comuna.

Los ‘desarrolladores’ oficiales de la comunidad no tienen tales ideas de pertenencia, y esa es una de las razones por las que sus esfuerzos no llegan muy lejos. Se podría añadir aquí que aunque la aldea india está lejos de ser una comunidad, sus habitantes tienen un sentimiento de pertenencia a su aldea y entre sí. El programa de desarrollo comunitario y los funcionariosa cargo de él hacen poco en la práctica para fortalecer este sentimiento. Este programa ha estado poniendo más énfasis en desarrollar la agricultura y la industria y en construir escuelas, hospitales, centros comunitarios, carreteras de acceso, etc. que en desarrollar el espíritu de comunidad. Esta última es una tarea más difícil, pero debe ser realizada para que el desarrollo comunitario tenga sentido. Por eso tiene que prepararse y popularizarse una imagen más clara de comunidad -no porque la ‘circular desde arriba’ oficial lo exija, sino por convicción interna.

La comunidad local debería estar tan desarrollada que se convierta en un estado del bienestar en miniatura. Siendo la comunidad primaria debe tomar la responsabilidad primaria de proporcionar trabajo y cobijo a cada familia: organizar la producción de manera que cubra las necesidades primarias de alimentación y vestido: proporcionar educación primaria y servicios sanitarios primarios. El necesitado y el indigente deberían ser la primera obligación de la comunidad, y todo miembro de la comunidad que tenga ingresos, sin importar dónde resida, debe contribuir con su parte a las necesidades de servicios sociales primarios de la comunidad. Toda familia que viva en la comunidad, a la vez que trabaja para su propio bienestar, debe velar por el bienestar de toda otra familia a la vista. Los recursos y las actividades económicas de la aldea deben tener el bienestar de la comunidad como su primera obligación. Son estas cosas las que deberían significar desarrollo comunitario por encima de todo lo demás.

(c) El desarrollo comunitario y otros programas de desarrollo rural no tienen una idea de comunidades agroindustriales equilibradas. No hay duda de que las industrias aldeanas se están desarrollando pero eso es solo desde el punto de vista de abordar el problema de desempleo y de elevar el nivel de vida de los aldeanos. No hay una idea detrás del programa de industrias aldeanas de un nuevo tipo de organización socioeconómica: o, quizás sería más correcto decir que la idea que hay detrás es la de una sociedad atomizada fuertemente dividida entre sectores urbanos y rurales con los primero dominando a los segundos. Aparte de toda consideración filosófica de reconstrucción social, debería señalarse enfáticamente que si este último concepto de sociedad persiste, las aldeas de la India es seguro que se perpetuarán como áreas permanentemente deprimidas.

(d) Este defecto ya ha sido en parte tenido en cuenta en (a) arriba. Se mostró que si la superestructura iba a ser individualista no tenía sentido intentar establecer la comunidad en la base. En una sociedad así faltará la atmósfera de comunidad, sin la que será imposible mantener las comunidades básicas.

Permítaseme elucidar esto tomando un ejemplo. Tomemos las instituciones políticas. Es una observación común que los panchayats de aldea no funcionan como estaba previsto. Puede haber varias razones para ello. Pero estoy seguro de que una de las razones más importantes es la influencia divisiva de la forma política atomística existente. Se está correctamente haciendo un intento de ver que las elecciones de panchayat estén tan cerca de la unanimidad como sea posible y que los partidos no se proyecten en ellas y las aldeas funcionen como comunidades. Al mismo tiempo, en las elecciones a cuerpos superiores las mismas comunidades aldeanas están divididas de nuevo en individuos que deben alinearse tras partidos en conflicto. El resultado es que la comunidad está perturbada y el panchayat es incapaz de funcionar en la forma integral que todos desean.

Pasa lo mismo con las instituciones y actividades económicas y otras. Nuestra planificación, por ejemplo, no empieza con la aldea y la región y va hacia arriba, sino desde el centro yendo hacia abajo. Esto no ayuda a desarrollar comunidades porque no se les da ninguna oportunidad de planificar ellas mismas como comunidades y luego coordinar sus planes de nivel en nivel. Las instituciones académicas, estatales o privadas, son también organizaciones cúspide cuyas actividades van en la naturaleza de ‘invasiones’ económicas desde fuera de la comunidad, tendiendo a dislocar y desintegrar la vida comunal, etc., etc.

Hasta aquí acerca de los defectos del programa actual de desarrollo comunitario. Permítanme volver ahora al fundamento de nuestra forma política. El fundamento, como ya he establecido, deben ser comunidades locales autogobernadas, autosuficientes, agroindustriales, urborurales. La más alta institución política de la comunidad local debería ser la Asamblea General -la gram sabha- de la que todos los adultos deberían ser considerados miembros. La selección del Ejecutivo el panchayat– debería ser por consenso general de opinión en la Sabha. No debería haber ‘candidatos’, esto es, nadie debería ‘presentarse’ a ningún puesto. Debería haber cualificaciones claras, como en los antiguos tiempos, establecidas para todos los puestos electivos. Ningún individuo debería mantener el mismo puesto durante más de un periodo definido de tiempo. El panchayat debería funcionar mediante subcomités, encargados de diferentes responsabilidades. No debería haber funcionarios o miembros nombrados o nominados por el gobierno estatal en el panchayat o sus subcomités.

Se podría cuestionar si puede haber siempre un consenso general de opinión entre los aldeanos que están divididos en castas y facciones y tienen intereses en conflicto. Ya hemos visto como durante miles de años las aldeas de la India eligieron sus consejos ejecutivos por acuerdo general. Aquellas aldeas no eran en absoluto comunidades homogéneas e ideales. Por tanto, no hay razón para creer que la experiencia de siglos no se pueda repetir de nuevo. También podemos recordar que el único método alternativo de elección de consejos de aldea o panchayats era el del sorteo. No hay nada antidemocrático en el sorteo. Por tanto, soy absolutamente partidario de que se les debería dar a las aldeas la opción de escoger entre los métodos de selección por acuerdo general o por sorteo o, alternativamente, se podría establecer que las aldeas primero intenten el primer método y si fracasan entonces recurrir al último. Algo parecido sucede en el movimiento Bhoodan. Cuando las familias sin tierra no son capaces de ponerse de acuerdo sobre la distribución de las tierras Bhoodan, el tema se decide por sorteo. No tenemos experiencia de que haya habido en ningún caso insatisfacción con las decisiones alcanzadas de esta manera.

También se podría plantear la cuestión de si los panchayats de aldea, tal como son hoy, serían capaces de funcionar de la manera imaginada arriba. No hay mejor forma de enseñar a los jóvenes que dándoles responsabilidades. De la misma manera, la única forma de hacer que las aldeas sean autogobernadas, autodependientes y autosuficientes es darles verdaderas responsabilidades. Hubo un tiempo en el que las repúblicas aldeanas indias se autocreaban, como las comunas suizas, y sus poderes y funciones no les venían dados desde arriba. Pero en las actuales condiciones tienen que ser recreadas por un proceso deliberado y audaz de devolución y centralización, si la democracia india tiene que tener una base firme y una realidad viva. Creo que la responsabilidad dada a la gram sabha y al panchayat debería ser en cosas que de verdad importen. Por ejemplo, debería ser responsabilidad de la gram sabha y su panchayat asegurar que nadie en la aldea quede sin alimento, vestido y cobijo, ningún niño quede sin educación primaria; todo el mundo reciba atención médica primaria. La sabha y el panchayat deberían ver que la aldea se vuelve autosuficiente en materias de alimentación y vestido tan pronto como sea posible. Además, deberían planificar de manera que en cinco años, digamos, no haya desempleo en la aldea y toda familia alcance un estándar mínimo de vida. El autogobierno, para ser real, debería tratar de los problemas esenciales de la vida.

Sería necesario durante algún tiempo ayudar a la aldea desde arriba, pero la responsabilidad debe estar claramente definida y la demanda de ayuda debe venir de la aldea en términos específicos, lo que quiere decir suplementar lo que ya ha sido hecho o se ha propuesto hacer por el esfuerzo colectivo de la aldea. No se debería conceder ninguna ayuda hasta que la aldea haya demostrado que esto ha sido hecho y está preparada para hacer todo lo posible para ayudarse ella misma. Finalmente tal ayuda tendrá que venir de la siguiente organización comunal mayor, la comunidad regional, pero al principio tendrá que venir del gobierno estatal. Los trabajadores sociales y políticos deben ir en gran número a las aldeas, no para hacer promesas sino para predicar la autodependencia y para ayudarlas a practicarla.

El desarrollo del resto de la forma política no necesita esperar hasta que las aldeas y villas se vuelvan comunidades reales tal como aquí se imaginan. Nuestro trabajo debe empezar a todos los niveles simultáneamente o de otra forma no se tendrá éxito en ningún nivel.

El siguiente nivel de la estructura política sería obviamente el de la comunidad regional. Aquí, como ya se ha indicado, los gram panchayats tendrían que integrarse en el panchayat samiti, tal como recomienda el equipo de Balvantray Mehta, con la diferencia de que la naturaleza y funciones del samiti deberían ser las de una comunidad autónoma autogobernada tal como se discutió en la anterior sección; los samiti deberían tener poderes y obligaciones para hacer todo lo que puedan dentro de su competencia. Como ya se ha sugerido, los panchayati samiti, siendo la comunidad óptima tal como se ha definido arriba, interpretarían un papel clave en la vida política y económica del país, especialmente en los procesos de planificación y desarrollo.

Hay un punto importante que me gustaría destacar en conexión con la formación de los panchayati samiti. Los samiti deberían ser elegidos por los gram panchayats y no por sus miembros. Esto a primera vista podría parecer una distinción entre seis y media docena. Pero no es así. Está aquí implicado un principio fundamental de la vida comunal. Es el gram panchayat como un cuerpo el que representa a la comunidad de aldea y no sus miembros. El panchayat samiti, a su vez, es un representante de los gram panchayats, y son estos últimos los que deberían ser representados como tal y no sus miembros.

Siguiendo el patrón de organización social descrito en la sección anterior, la estructura política se elevaría piso a piso desde sus cimientos. El siguiente piso sobre el panchayat samiti sería el de Consejo de Distrito (o el nombre que se le quiera dar), que estaría formado por la integración de los panchayati samitis del distrito siendo de nuevo los samiti como tales quienes elegirían a sus representantes y no sus miembros. Los consejos de distrito, a su vez, deberían tener todos los poderes y obligaciones necesarios para hacer todo lo que puedan dentro de su competencia.

De manera similar todos los consejos de distrito de un estado se unirían para crear la Asamblea Estatal. Las Asambleas Estatales, de manera parecida, darían vida al Lok Sabha. Así, la institución política en cada nivel es una integración de todas las instituciones en el nivel inferior.

Antes de ir más allá me gustaría señalar que la discusión precedente debería enseñarnos que el tema no es simplemente el de autogobierno ‘local’, ni de elecciones directas o indirectas. Sería erróneo suponer que si a los ‘cuerpos locales’ se les diesen más poderes y el sistema directo de elección se reemplazase con uno indirecto, y el resto de la organización social siguiese tal como es, el resultado sería el tipo de forma política por el que se aboga aquí. La forma política que aquí se sugiere no es un injerto en el cuerpo existente de la sociedad, sino una parte orgánica de un orden social transformado radicalmente.

Mi objetivo aquí no es escribir una nueva constitución para la India. He intentado simplemente discutir algunos principios subyacentes e indicar el patrón general de la organización social y política. Sin embargo, puede ser útil tratar algunos puntos de detalle para clarificar algo más.

Primero, tomemos la cuestión del ejecutivo en los diferentes niveles. En el nivel de Comunidad Primaria el panchayat es el ejecutivo: podría asignar diferentes funciones ejecutivas a sus miembros individuales o a pequeños comités. En el nivel de Comunidad Regional, el panchayat samiti es el cuerpo ejecutivo y podría funcionar mediante comités. En el nivel de Comunidad de Distrito, el Consejo de Distrito sería el cuerpo ejecutivo, y también funcionaría mediante comités. En el nivel de la Comunidad Provincial el Prantha Sabha nombraría comités que serían los cuerpos ejecutivos, responsables ante el Sabha. De forma parecida, en el nivel de la Comunidad Nacional, el Rashtra Sabha nombraría comités que serían los cuerpos ejecutivos, responsables ante el Sabha.

¿Quién ejercería los poderes legislativos?, se podría preguntar. Según mi idea, cada comunidad tiene poderes para hacer reglas y leyes para gestionar sus asuntos internos, siempre que no entren en conflicto con los intereses de otras comunidades al mismo nivel y con las reglas y leyes establecidas por las comunidades a niveles superiores. Los cuerpos comunales superiores legislarán en sus esferas asignadas. Las reglas y leyes pueden ser pasadas por otros cuerpos comunales también, como las asociaciones educativas y económicas.

Los comités deberían ser pequeños, cuerpos factibles con poderes para cooptar expertos que participarían plenamente pero sin derecho a voto. Toda comunidad tendría un presidente y un secretario, pero aparte de realizar las funciones de su cargo, no disfrutarían de poderes o privilegios especiales. Toda comité sería directamente responsable ante el cuerpo general que lo nombraría.

Para coordinar el trabajo de los diferentes comités, habría un Comité Coordinador, formado por un representante de cada comité; el representante puede ser el presidente, el secretario o cualquier miembro del comité tal como se decida de tanto en tanto por el comité implicado. Las decisiones del Comité Coordinador serían vinculantes sobre cualquier otro comité. Hasta el comité de distrito, el comité coordinador sería el panchayat, el panchayat samiti y el consejo de distrito, que se reunirían en fechas fijadas.

Todo comité tendría una responsabilidad colectiva. Los representantes de los cuerpos comunales se reunirían periódicamente, pero los comités estarían en sesión permanente. Los asuntos políticos serán discutidos por la moción de un comité o un miembro individual, por los representantes de los cuerpos representativos concernidos. Los comités ejecutarían las políticas.

Debería quedar claro a partir de eso que en los niveles Provincial y Nacional no habrá ministros, jefe de ministros o primer ministro como en la actualidad. Como se ha citado arriba, el gobierno sería dirigido por comités de los cuerpos representativos. La institución de Primer Ministro y Jefe de Ministros8, que concentra demasiado poder en las manos de individuos únicos es antidemocrática y huelen a la pólvora del totalitarismo. Además lleva a desarrollos psicológicos tan peligrosos como el ‘culto al héroe’ o el ‘culto al individuo’.

El presidente de los diferentes cuerpos representativos comunales no tendrá funciones administrativas. Pero sería su responsabilidad ver que el cuerpo representativo del que es presidente funciona adecuadamente y de acuerdo con las reglas establecidas. También tendría poderes extraordinarios de emergencia en caso de colapso del aparato democrático de la comunidad implicada.

El Presidente de la Rashtra Sabha, además de los poderes mencionados en el último párrafo, también sería el comandante en jefe de las fuerzas armadas y responsable ante la Sabha de la defensa de la nación. Sería ayudado por el Comité de Defensa, del que sería presidente.

En su tarea de administración los comités estarían ayudados por funcionarios públicos pagados. En cada nivel los funcionarios públicos serían nombrados por la autoridad correspondiente creada a tal propósito por el cuerpo representativo implicado y según los términos establecidos por este último. Será un derecho soberano de las comunidades nombrar y despedir a sus funcionarios. En el nivel de la comunidad primaria el funcionario civil debería ser un voluntario honorario, a tiempo parcial o completo. Incluso en los niveles altos podría haber funcionarios públicos honorarios.

Habría que señalar aquí que dado el patrón descentralizado de la organización social, política y económica, la administración no sería pesada en la parte superior y alejada de la gente como en la actualidad. A la luz de lo anterior, podría ser útil volver por un momento a lo que es quizá uno de los problemas más serios del día de hoy: el problema de la burocracia y la corrupción. Algunos piensan que una solución para la corrupción es la dictadura. Pero incluso la dictadura no es una solución para la burocracia. Al contrario, sabemos que la dictadura engendra burocracia más rápidamente que otros sistemas de gobierno y, en el regateo, se vuelve todopoderosa.

Igualmente, con respecto a la corrupción, generalmente no se comprende que hay corrupción a una escala gigantesca en las dictaduras -solo cambia su forma-. En lugar de corrupción en el sentido de soborno y demás, hay una corrupción más grosera bajo la forma de mentira, engaño, intriga, terror, esclavitud de la mente humana, crucifixión de la dignidad del hombre. Todo esto corrompe la vida humana mucho más que el soborno y demás cosas.

La única solución verdadera para el problema tanto de la burocracia como de la corrupción es el autogobierno directo del pueblo y la directa e inmediata supervisión y control sobre los funcionarios por parte de la gente y sus órganos elegidos. En las comunidades primarias, como he dicho arriba, no hace falta tener funcionarios pagados. En las comunidades más grandes los funcionarios estarían directamente bajo el control y supervisión del cuerpo comunal implicado. Además obviamente iría en el interés de las comunidades mantener el coste de la administración tan bajo como sea posible. Así, habrá un chequeo natural de control de la proliferación de la burocracia. A medida que el autogobierno se desarrolle, el funcionario se vuelve innecesario o sujeto a la autoridad elegida inmediata. Puede haber, sin embargo, un peligro en todo esto. Si los cuerpos representativos comunales y sus miembros se vuelven corruptos, habría poco chequeo sobre la corrupción en este esquema de cosas. Admito que es bastante probable que al principio bien pueda suceder, pero rechazo creer que una situación así pueda durar mucho. Si la responsabilidad recayese realmente en el pueblo de forma que pudiesen ver claramente que su sufrimiento era debido al hecho de que hubiesen escogido el tipo erróneo de gente para gestionar sus asuntos, la relación entre el pueblo, sus representantes y los funcionarios sería tan íntima y directa que no le llevaría mucho tiempo a la gente remediar esta situación. En conexión con esto se podría observar que valdría la pena pensar seriamente en las cualificaciones de los representantes y los funcionarios. El dr. Bhagwan Das en sus Notas sobre el boceto de esquema de Swaraj ha dedicado toda una sección a la cuestión de las cualificaciones de los legisladores. Creo que sus puntos de vista merecen una seria consideración. No obstante, es necesario recordar que en última instancia es el buen sentido de la gente lo que puede garantizar que sus representantes y funcionarios sean del tipo correcto.

No es posible en este texto considerar qué departamentos de la administración deben encomendarse a qué comunidad. He destacado el principio general de que cada comunidad tendría poderes para hacer todo lo que pudiese dentro de su competencia natural. Dado que hay una inercia general entre la gente en la actualidad, esto podría no ser mucho. Los poderes tendrían que ser ‘dados’ desde arriba. Debería decir, por tanto, que yo sería valiente y daría a las comunidades los máximos poderes posibles. Algunos de los poderes podrían no ser utilizados, de algunos se podría abusar. Pero la gente aprendería y sería el trabajo de los trabajadores sociales voluntarios ayudarles a aprender.

Debería decir luego que la policía, la justicia, la recaudación de impuestos, los servicios sociales, la planificación, debería estar todos descentralizados a su máxima extensión posible. A medida que la gente aprenda y adquiera autoconfianza, el proceso de descentralización, en lugar de empezar desde arriba, se normalizaría y empezaría a operar desde abajo.

Una nueva estructura como la imaginada aquí no se construirá en un día, si no por otra razón, porque primero habrá que establecer sus cimientos y construir la estructura piso a piso. La estructura económica también tendría que ser construida conjuntamente. Todo esto llevaría tiempo, así que tendrá que haber un periodo de transición.

Los panchayats de aldea ya se han creado en gran parte del país. Tienen que ser remodelados de acuerdo con los principios adelantados en este texto. La siguiente etapa sería la creación de panchayat samitis. Esto también ha empezado ya, como tales, en Rajastán. Pero de nuevo la idea tras ello tiene que cambiar radicalmente. Cuando se creen los panchayat samitis, tendrían que constituirse los Consejos de Distrito. Las instituciones económicas también tendrían que organizarse hombro con hombro. La planificación y todo el sistema de educación tendría que reorientarse.

He abogado por la elección de panchayats de aldea de común acuerdo o por sorteo. Naturalmente, no hay espacio para que los partidos políticos tengan ningún papel en este proceso. De hecho, incluso bajo el actual sistema de elección los dos mayores partidos del país ya han acordado no presentar candidatos de partido para las elecciones de panchayats de aldea. Propongo que el principio también se extienda por ley a los cuerpos superiores -hasta los Consejos de Distrito en primera instancia-. Bajo un sistema indirecto de elección, cuando la unidad electoral primaria -los panchayats de aldea- tienen un carácter no partidario, no tendría sentido introducir partidos en las elecciones a los panchayat samitis y los consejos de distrito. Además, el partidismo milita contra el espíritu de comunidad que deseamos crear y el proceso de armonización que deseamos introducir en la vida de la sociedad.

Al mismo tiempo, el sistema de partidos existe y hay partidos cuya principal función es luchar en las elecciones. Obviamente, por tanto, habrá que llegar a un compromiso.

El primer paso debería ser que los partidos lleguen a un acuerdo para que los panchayats de aldea, los panchayats samitis y los consejos de distrito, donde quiera que se constituyan, se mantengan escrupulosamente fuera de las elecciones. Al no existir los colegios electorales adecuados, tendrían que ser los votantes individuales quienes participasen en las elecciones. Pero, como compromiso, propongo que en lugar de partidos presentando candidatos, los votantes mismos deberían ser habilitados para hacerlo. Hace un año hice una propuesta similar en una charla a los Miembros del Parlamento el 23 de septiembre de 1958. Esto es lo que dije:

Supongamos que en una circunscripción digamos que hay 300 mesas electorales. Para cada mesa, digamos, hay 2000 votantes. Antes de las elecciones, para presentar candidatos, hagamos reuniones de los votantes que participarán en cada área electoral, no necesariamente en el colegio electoral donde se va a colocar la mesa, sino en cualquier lugar conveniente en el área de votación. Dejemos que los votantes se reúnan y dejemos que elijan dos delegados como hacen en Yugoslavia. No hay nada sagrado en el número. Estoy haciendo una sugerencia. Dejemos que elijan dos delegados por el procedimiento normal democrático y mayoría de votos. Entonces, después de eso, dejemos que todos estos delegados, quizá 600 de ellos, celebren una conferencia y dejemos que la nominación de los candidatos se haga en esta conferencia. Hagamos una ley que regule que cualquiera puede proponer un nombre y un segundo nombre. La ley puede establecer que cualquiera cuyo nombre ha sido propuesto y secundado, si recibe un determinado porcentaje de votos, 25 por ciento, 30 por ciento o más -cualquiera que sea el número, es nominado como candidato por los delegados de los votantes. Entonces esos delegados hacen su campaña. Antes de la elección de esos delegados no dejemos que ningún partido vaya al campo y diga, ‘tal y tal deben ser nominados’. No se deberían mencionar nombres. Dejemos que todos los partidos vayan a educar al público sobre qué tipo de gente debería ser nominada, qué tipo de políticas, programas -agrario, industrial, política exterior, o lo que sea- deberían seguirse. Dejemos que cada partido vaya e intente educar al público. Si los partidos realizan meramente las funciones educativas, tienen una función muy grande que cumplir en sociedad. Dejemos que lo hagan en el periodo prenominación. Tras la nominación, dado que tenemos un sistema de partidos lleguemos a un compromiso… Supongamos que la conferencia de delegados ha nominado tres candidatos o cuatro candidatos, dejemos que los partidos escojan entre esos candidatos y decidan dar su apoyo a uno u otro simplemente como los partidos deciden sobre individuos. Estos son candidatos del pueblo. Han sido colocados por el pueblo de la circunscripción, no por cualquier camarilla de partido, ya sea una camarilla local o una camarilla estatal o una camarilla de toda India. Son nominados por el pueblo. Luego que sus nombres vayan de nuevo al pueblo para sus votaciones. Creo que si esta práctica se siguiese muchos de los males del sistema de partidos se solucionarían. Quizá se nos abriría una nueva avenida para experimentar nuevas formas de democracia.

Tras las elecciones, los miembros de la Legislatura implicada elegirían por mayoría votar a un líder, quien sería el Primer Ministro o el Jefe de Ministros. Este formaría entonces su gabinete.

Esto es simplemente una propuesta para la transición. Se podría seguir cualquier otro método manteniendo en perspectiva la imagen de la nueva forma política.

La imagen dibujada aquí de la forma política para India, y de la organización social en general, podría quizá parecer idealista. Si es así, no lo consideraría una descalificación. Un ideal no puede sino ser idealista. La cuestión es si el ideal es inaplicable, acientífico o mal concebido de cualquier otra forma. He intentado en las páginas precedentes mostrar que todas las consideraciones relevantes llevan irresistiblemente hacia ello.

El éxito de este ideal sería, sin embargo, una tarea colosal. Miles, quizá cientos de miles de trabajadores voluntarios serían necesarios durante varios años para conseguirlo.

Los gobiernos deberían prestar su pleno apoyo; pero es necesario recordar que la carga principal de la tarea tendría que ser llevada por trabajadores e instituciones políticos y sociales voluntarios. El núcleo del problema es crear el ‘espíritu de comunidad’, sin el cual todo el cuerpo político quedaría sin vida y alma. Esta es una tarea de regeneración moral para ser llevada a cabo mediante el ejemplo, el servicio, el sacrificio y el amor. Aquellos que no ocupan lugares elevados en la sociedad -en la política, los negocios, las profesiones- tienen la pesada responsabilidad de liderar a la gente mediante el ejemplo personal.

La tarea también es de ingeniería social, necesitando la ayuda del estado: de científicos, expertos, educadores, hombres de negocio, experimentadores; de hombres y mujeres; de jóvenes y viejos.

Es una tarea de dedicación; de creación; de autodescubrimiento. Es una tarea que define el destino de la India. Implica un reto para los hijos e hijas de la India. ¿Aceptarán el reto?

Referencias

 

1Polity puede ser traducido como ‘forma de gobierno’, ‘sistema de gobierno’…

2En hindi suele utilizarse el sufijo ‘ji’ como señal de respeto.

3Tras leer el libro de Jonh Ruskin Unto This Last Gandhi tradujo su título con un neologismo que podría traducirse por ‘progreso de todos’ o ‘levantamiento universal’ –sarva todos, udaya, alzar, levantar-, y que pasaría a ser su ideal de filosofía política, basado en la autodeterminación y la igualdad.

4 “Suponiendo que haya conseguido una considerable cantidad de riqueza -ya sea por herencia, por medio del comercio y la industria- debo saber que toda la riqueza no me pertenece; lo que me pertenece es el derecho a una vida honorable, no mejor que la que disfrutan millones de otras personas. El resto de mi riqueza pertenece a la comunidad y debe ser usada para el bienestar de la comunidad”. Traducción de M. K. Gandhi, Compiled by Ravindra Kelekar, Trusteeship, April 1960

5Vinoba Bhave, considerado el heredero espiritual de Gandhi.

6Uno de los cuatro varna, o grupos sociales de la tradición hindú. Normalmente estaba formado por la élite militar y gobernante.

7Lectura,escritura y aritmética.

8En India el líder del ejecutivo de cada uno de los estados recibe el nombre de Chief Minister.

i Maurice Duverger, Political parties (London, 1954), pp. 424-2.

ii Ibid.

iii H.B. Mayo, Democracy and Marxism, (London, 1955), p. 256.

iv Así, los estados con ‘minoría’ fueron Bihar (Congreso, 44,47%), Bombay (Congreso: 48,66%); Kerala (Comunistas, 37,48%), Madrás (Congreso, 46,52%); Orissa (Congreso, 40,01%); Uttar Pradesh (Congreso, 46,29%); Bengala Occidental (Congreso, 49,20%)

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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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