Trumpxuberancia… Hasta que no la haya

James Howard Kunstler

Artículo original: http://kunstler.com/clusterfuck-nation/trumpxuberance-until-its-not/

Los mercados ningunearon el voto del Brexit en un par de días. Ningunearon la elección de Donald Trump en un solo día. Ningunearon el resultado del referendum italiano en un par de horas. ¡Demonios, a este paso ignorarían una invasión alienígena del planeta Tierra!”

— Albert Edwards, Société Générale

En esta época del año solo los corazones más fríos y endurecidos pueden no mostrar buena voluntad hacia el prójimo. Dicho esto, la plateada luz de la luna de miel postelectoral de Donald Trump puede ponerse mucho antes de lo esperado puesto que la Sra. Yellin se prepara para subir los tipos de interés esta semana. Incluso una modesta sacudida hacia arriba en los tipos de interés de los fondos federales puede ser responsable de hacer chocar la orgía de recompra de acciones empresariales que ha alimentado ese mercado alzista durante ocho años que muchos observadores anteriormente cuerdos piensan que es una característica permanente de la condición humana. El mercado de bonos alzista también parecía que iba a durar toda una vida y ahí está, yéndose a pique también.

El ego de mamut del pobre Trump  le ha llevado por el hocico a una trampa mortal. Los votantes trumpublicanos y sus cheerleaders esperan otro milagro Es de nuevo de día en América [así empezaba un anuncio de la campaña televisiva de Reagan en 1984, nota del tr.]. Lo siento. Ya hemos estado ahí; ya hemos hecho eso; eso era entonces; esto es ahora. Las condiciones son muy diferentes de 1981. En primer lugar, una brutal década después del pico no superado de producción de petróleo en los EEUU de 1970, los campos del North Slope en Alaska se pusieron a pleno rendimiento, junto con los del Mar del Norte y los campos siberianos. La bonanza de Alaska no disparó la producción a los niveles de los 70, pero le quitó la palanca a la OPEP y puso el elevado precio del barril de vuelta a niveles que una economía industrial podía tolerar. El resto del milagro de Reagan venía acompañado de deuda. El caso fue parecido para la Sra. Thatcher en Gran Bretaña. No era una maga económica, solo la beneficiaria de un breve boom del petróleo que hizo de Gran Bretaña un exportador neto de energía durante dos décadas, creando la ilusión de una prosperidad permanente y la cobertura para la financiarización de la economía. Hoy, con el petróleo del Mar del Norte acabándose, todo lo que queda es la necromancia bancaria en Threadneedle Street [calle en la que se encuentra el Banco de Inglaterra, nota del tr.]

Reagan también llegó en la cúspide de la guerra contra la inflación del presidente del Fed Paul Volker, cuando la tasa de interés de los bonos del tesoro estadounidense a diez años llegaron a un tope del 15 por ciento en septiembre de 1981. ¡Imagínese pagar un tipo de interés del 18 por ciento en su hipoteca! ¿Cómo podía ser eso algo bueno? Bien, no lo era. En absoluto. Era algo muy malo -pero para el Afortunado Ronnie Reagan significó que los tipos de interés no podían ir a ninguna otra parte que hacia abajo. Y como los precios de los bonos están en correlación opuesta a los tipos, el valor de los bonos no podía ir a ninguna otra parte que hacia arriba, lo que hizo durante más o menos 30 años hasta hoy. Y durante todo ese tiempo, el mercado mundial de bonos parecía no tener nunca suficientes -también hasta ahora, cuando grandes titulares como China y Arabia Saudí los están vomitando de vuelta-. Cuando llegó Reagan la deuda nacional era solo (¡solo!) de medio billón de dólares aproximadamente. Será de unos 20 billones de dólares cuando Trump cuelgue su logo dorado en el pórtico de la Casa Blanca. Ah, por cierto, tenga en cuenta que un billón de dólares es un millón de millones. Ahora ya lo sabe. Reagan tenía espacio para un montón de trapicheos con financiación gubernamental. Trump no tiene ese espacio. Bush Uno, Clinton, Bush Dos y Obama cavaron la trampa mortal de la deuda para el pobre Donald y la elección lo empujó directamente dentro. Él piensa que está en el piso más alto de su torre encantada; en realidad está en el fondo de un pozo.

Trump piensa que va a reconstruir autopistas y puentes para otro siglo de Feliz Motorización -hacer que América sea como en 1962 para siempre-. Olvidatedeeso. El mercado de bonos está a punto del colapso mientras escribo esto y la gente del dinero de Trump (esto es, la banda de Goldman Sachs que ha reunido) hablan de lanzar bonos “Construir América” a 50 y 100 años. Sus narices deben estar cubiertas de la escarcha de Medellín. Ciertamente no van a conseguir este truco subiendo impuestos. ¿A quién? ¿A las empresas? ¡Ja! ¿Al Uno por Ciento? ¡Doble Ja! ¿A todos los demás? ¡Antorchas y horcas!

 Las empresas petroleras estadounidenses ya no pueden sacar un céntimo dedicándose a lo suyo. El negocio de producción de Exxon-Mobil en los EEUU perdió 477 millones de dólares en el tercer trimestre, el séptimo trimestre seguido en rojo. ¿Por qué? Porque cuesta mucho más sacar la cosa de tierra que lo que costaba hace diez años y ese alto coste está llevando a la quiebra a las empresas petroleras y a las economías industriales. Esta es la acción sigilosa del Pico del Petróleo que tanta gente pretende que no está pasando. En última instancia destruirá el sistema bancario.

La decepción que producirá este nefasto conjunto de circunstancias está en condiciones de ser algo épico a medida que Trump tropieza y los furiosos tweets de futilidad salen flotando del agujero en que está atrapado. Pasará la navidad y con ella las esperanzas de una recuperación por las ventas al menor. La gasolina puede seguir estando barata, pero la gente pequeña no podrá comprar los coches en los que meterla. O comprar mucho de cualquier otra cosa. Ni siquiera tatuajes. Pronto descubriremos la diferencia de temperamentos entre Donald J. Trump y Franklin Delano Roosvelt.

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Acerca de Carlos Valmaseda

Trabajo como bibliotecario en el Instituto Cervantes. Tras vivir en Moscú y Manila actualmente resido en Nueva Delhi.
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