Las elecciones: de odio, aflicción y un nuevo relato

por Charles Eisenstein

Artículo original: charleseisenstein.net.

La normalidad se está viendo trastornada. Durante los últimos ocho años mucha gente ha podido creer (al menos en las clases relativamente privilegiadas) que la sociedad es sensata, que el sistema, aunque chirriante, básicamente funciona y que el progresivo deterioro de todo, desde la ecología hasta la economía es una desviación temporal del imperativo evolutivo del progreso.

Una presidencia de Clinton nos hubiera ofrecido cuatro años más de esta simulación. Una mujer presidente tras un presidente negro hubiera significado para muchos que las cosas van mejor. Hubiera ocultado la realidad de la continuación de una economía neoliberal, guerras imperiales y extracción de recursos tras un velo de falso feminismo progresista. Ahora que hemos, en palabras de mi amigo Kelly Brogan, rechazado a un lobo con piel de cordero en favor de un lobo con piel de lobo, será imposible mantener esa ilusión.

El lobo, Donald Trump (y no estoy seguro de que se sintiese ofendido por ese apodo), no dorará las píldoras venenosas como han hecho las élites políticas los últimos 40 años. El complejo carcelario-industrial, las guerras sin fin, el estado de vigilancia, los oleoductos y la expansión de las armas nucleares se tragaban con más facilidad cuando venían acompañadas de una dosis, aunque fuese de mala gana, de derechos LGBTQ bajo un presidente afroamericano.

Quiero aplazar mi juicio sobre Trump y (con mucho escepticismo) mantener la posibilidad de que romperá con el consenso político de la élite sobre libre comercio y confrontación militar: los temas principales de su campaña. Uno siempre puede esperar un milagro. Sin embargo, dado que aparentemente carece de cualquier ideología política robusta, es más probable que llene su gabinete con halcones militaristas neocon, infiltrados de Wall Street y ladrones corporativos, pisoteando el bienestar de los blancos de clase obrera que lo eligieron proporcionándoles al mismo tiempo su propio baño de azúcar de conservadurismo social.

Los horrores sociales y medioambientales que se cometerán bajo una presidencia de Trump incitarán probablemente a una desobediencia civil masiva y a posibles desórdenes. Para los partidarios de Clinton, muchos de los cuales para empezar eran poco entusiastas, la administración de Trump podría señalar el fin de su lealtad a nuestras actuales instituciones de gobierno. Para los partidarios de Trump, la celebración inicial podría chocar con la cruda realidad cuando Trump demuestre ser tan incapaz o tan poco dispuesto como sus predecesores a retar los sistemas profundamente arraigados que degradan continuamente sus vidas: el capital financiero global y el estado profundo y sus ideologías programadoras. Añadamos a esto la posibilidad de una gran crisis económica y la desgastada lealtad del público al sistema existente podría romperse.

Estamos entrando en un tiempo de gran incerteza. Instituciones que han permanecido durante tanto tiempo que parecen idénticas a la realidad podrían perder su legitimidad y disolverse. Puede parecer que el mundo se desmorona. Para muchos, ese proceso empezó en la noche electoral, cuando la victoria de Trump provocó incredulidad, shock, incluso vértigo. “¡No puedo creer que esto esté pasando!”.

En tales momentos es una respuesta normal encontrar a alguien a quien echar la culpa, como si identificar a un culpable pudiese restaurar la normalidad perdida, y arremeter con ira. El odio y echar la culpa son formas prácticas de dar sentido a una situación desconcertante. Cualquiera que discuta la narrativa de echar la culpa puede recibir más hostilidad incluso que los oponentes, al igual que en tiempos de guerra los pacifistas son más denostados que el enemigo.

El racismo y la misoginia son devastadoramente reales en este país, pero echar la culpa a la intolerancia y al sexismo por el rechazo de los votantes al establishment es negar la validez de su profundo sentimiento de traición y alienación. La inmensa mayoría de los votantes de Trump estaban expresando una profunda insatisfacción con el sistema de la forma más fácilmente disponible para ellos. (Véase, aquí, aquí, aquí, aquí). Millones de votantes de Obama votaron por Trump (seis estados que votaron dos veces por Obama cambiaron a Trump). ¿Se volvieron repentinamente racistas en estos últimos cuatro años? La narrativa de echar la culpa a los racistas (los tontos, los paletos) genera una clara división entre buenos (nosotros) y malos (ellos), pero violenta la verdad. También oculta una raíz importante del racismo: la ira desplazada de un sistema opresivo y sus élites hacia otras víctimas de ese sistema. Finalmente, emplea la misma deshumanización del otro que es la esencia del racismo y la condición previa para la guerra. Este es el coste de mantener una relato agonizante. Esta es una de las razones por la que  paroxismos de violencia acompañan tan a menudo la desaparición de un relato definidor de una cultura.

La disolución del viejo orden que está ahora oficialmente en marcha se va a intensificar. Esto presenta una tremenda oportunidad y un tremendo peligro, porque cuando lo normal se desmorona, el vacío resultante atrae desde los márgenes ideas anteriormente impensables. Las ideas impensables van de juntar a los musulmanes en campos de concentración a desmantelar el complejo militar-industrial y cerrar las bases militares de ultramar. Van de controles y cacheos a nivel nacional a reemplazar el castigo al crimen con justicia restauradora. Todo se vuelve posible con el colapso de las instituciones dominantes. Cuando la fuerza que anima estas nuevas ideas es el odio o el miedo, le pueden seguir todo tipo de pesadillas fascistizantes o totalitarias, ya sea puestas en marcha por los poderes existentes o por aquellos que surjan de una revolución en su contra.

Es por ello por lo que, a medida que entramos en un periodo de intensificación del desorden, es importante introducir un tipo diferente de fuerza para dar vida a estructuras que puedan aparecer después de que las viejas se derrumben. Yo lo llamaría amor si no fuese por el riesgo de disparar vuestro detector de mierda New Age y, además, ¿cómo lleva uno de forma práctica el amor al mundo en el reino de la política? Así que empecemos por la empatía. Políticamente la empatía es similar a la solidaridad, nacida de la comprensión de que todos estamos juntos en esto. ¿En qué estamos juntos? Para empezar, estamos juntos en la incerteza.

Estamos saliendo de un viejo relato que nos explicaba cómo es el mundo y nuestro lugar en él. Algunos pueden aferrarse a él aún con más desesperación a medida que se disuelve, esperando quizá que Donald Trump lo restablezca, pero su salvador no tiene el poder de resucitar a los muertos. Tampoco Clinton hubiese sido capaz de mantener durante mucho más tiempo los Estados Unidos tal como los hemos conocido. Como sociedad estamos entrando en un espacio entre relatos, en el que todo lo que parecía tan real, verdadero, correcto y permanente entra en duda. Durante un tiempo, segmentos de la sociedad han permanecido aislados de esta descomposición (sea por fortuna, talento o privilegio), viviendo en una burbuja a medida que los sistemas contenedores económicos y ecológicos se deterioran. Pero no por mucho más tiempo. Ni siquiera las élites son inmunes a esta duda. Se aferran a briznas de pasadas glorias y estrategias obsoletas. Crean shibboleths superficiales y poco convincentes (¡Putin!), deambulando sin rumbo fijo de “doctrina” en “doctrina” -y no tienen ni idea de qué hacer-. Su desventura y falta de entusiasmo se veían fácilmente en estas elecciones, su incredulidad en su propia propaganda, su cinismo. Cuando los custodios del relato ya no se lo creen, sabes que sus días están contados. Es una cáscara vacía, funcionando por hábito e inercia.

Estamos entrando en un espacio entre relatos. Después de que varias versiones retrógradas de un nuevo relato hayan surgido y desaparecido y entremos en un periodo de verdadero desconocimiento, emergerá un auténtico próximo relato. ¿Qué haría falta para que en él se encarne el amor, la compasión y el inter-ser? Veo sus rasgos distintivos en aquellas estructuras y prácticas marginales que llamamos holísticas, alternativas, regenerativas y restauradoras. Todas ellas fuentes de empatía, el resultado de la pregunta compasiva: ¿Cómo es ser como tú?

Es hora de plantear esta pregunta y la empatía que genera en nuestro discurso político como nueva fuerza motriz. Si estás en shock por el resultado de las elecciones y sientes la llamada del odio, intenta quizá preguntarte: “¿Cómo es ser un partidario de Trump?” Pregúntatelo no con una actitud condescendiente y de superioridad, sino de verdad, buscando encontrar bajo la caricatura de misógino y racista a la persona real.

Incluso si las personas que tienes delante son misóginas o racistas pregúntate: “¿Es así como son en realidad?” Pregúntate que confluencia de circunstancias sociales, económicas y biográficas pueden haberles llevado ahí. Puede que todavía no sepas cómo entablar una conversación con ellos, pero al menos no entrarás automáticamente en beligerancia. Odiamos lo que tememos, y tememos lo que no conocemos. Así que dejemos de invisibilizar a nuestros oponentes tras una caricatura del mal.

Debemos dejar de comportarnos con odio. No lo veo menos en los medios liberales que en los derechistas. Solo está mejor disfrazado, oculto bajo epítetos pseudopsicológicos y etiquetas ideológicas deshumanizadoras. Al ejercerlo, creamos más. ¿Qué hay bajo el odio? MI acupuntora Sarah Fields me escribió: “El odio es solo un guardaespaldas para la aflicción. Cuando la gente pierde el odio se ven obligados a tratar con el dolor subyacente.”

Yo creo que el dolor subyacente es básicamente el mismo dolor que da vida a la misoginia y al racismo, el odio bajo diferente forma. ¡Por favor, deja de pensar que eres mejor que esa gente! Todos somos víctimas de la misma maquinaria que domina el mundo, sufriendo diferentes mutaciones de la misma herida de separación. Algo hiere ahí. Vivimos en una civilización que nos ha robado a casi todos nosotros una comunidad profunda, una conexión íntima con la naturaleza, el amor incondicional, la libertad para explorar el reino de la infancia y tantas otras cosas. El trauma profundo sufrido por los encarcelados, los que han sufrido abusos, los violados, los que han sufrido tráfico, los que han pasado hambre, los asesinados y los desposeidos no excluye a los que lo han perpetrado. Lo sienten como un reflejo, añadiendo daño a sus almas por encima del daño que los incita a la violencia. Es por ello que el suicidio es la principal causa de muerte en el ejército de los EEUU. Es por ello que la adicción está incontrolada entre la policía. Es por ello que la depresión es epidémica en la clase media-alta. Todos estamos juntos en esto.

Algo hiere ahí. ¿Puedes sentirlo? Todos estamos juntos en esto. Una Tierra, una tribu, un pueblo.

Hemos sopesado enseñanzas como estas durante mucho tiempo en nuestros retiros espirituales, meditaciones y plegarias. ¿Podemos llevarlas ahora al mundo de la política y crear un ojo de compasión dentro del vórtice del odio político? Es hora de hacerlo, hora de subir nuestro juego. Es hora de dejar de alimentar el odio. La próxima vez que publiques algo en línea, comprueba tus palabras para ver si se cuela alguna forma de odio: deshumanización, sarcasmo, menosprecio, escarnio, alguna invitación a “nosotros contra ellos”. Date cuenta cómo sienta bien hacerlo, es como arreglar algo. Y date cuenta de cómo hiere por debajo y cómo, en realidad, no sienta bien. Quizá es hora de parar.

Esto no significa retirarse de la discusión política, sino reescribir su vocabulario. Es decir verdades duras con amor. Es ofrecer agudos análisis políticos que no llevan implícito el mensaje de “¿No es horrible esta gente?” Análisis así son raros. Normalmente los que hacen proselitismo de la compasión no escriben de política y a veces se desvían hacia la pasividad. Debemos enfrentarnos a un sistema injusto y ecocida. Cada vez que lo hagamos recibiremos una invitación a entrar en el lado oscuro y odiar a los “deplorables”. No debemos evitar esas confrontaciones. En cambio, podemos entrar en conversación con ellos animados por el mantra interior que mi amigo Pancho Ramos-Stierle usa en las confrontaciones con sus carceleros: “Hermano, tu alma es demasiado hermosa para estar haciendo este trabajo.” Si podemos mirar el odio a la cara y no dudar nunca de ese conocimiento, accederemos a herramientas inagotables de combate creativo y ofreceremos una invitación convincente a los que odian a realizar su belleza.

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Naturaleza y capital: entrevista con Paul Burkett

[Traducido en noviembre de 2016]

por Ben Campbell 12 de septiembre de 2013

Ben Campbell entrevisto a Paul Burkett, profesor de economía en la Universidad Estatal de Indiana  autor de Marx and Nature: A Red and Green Perspective, y Marxism and Ecological Economics: Toward a Red and Green Political Economy
 
A menudo se oye a los ecologistas criticar al marxismo por ser prometéico o productivista. ¿Cómo empezó esta concepción y por qué piensas que tergiversa la posición de Marx y Engels?
Procede de dos fuentes principales. Una fue el desarrollo del pensamiento ecologista en diferentes ramas de las ciencias sociales: no solamente la ecología profunda, sino también el desarrollo de pensamiento ecologista entre científicos políticos, sociólogos, feministas e incluso algunos pensadores neomarxistas, que han sido muy críticos con el llamado productivismo en Marx y Engels. En segundo lugar, hubo la experiencia real de las economías de tipo soviético y los daños medioambientales asociados. No puedo entrar ahora en la experiencia de la Unión Soviética en este punto, pero en esencia lo que creo que sucedió es que las circunstancias de la revolución fueron tales que se vieron forzados a desarrollar las fuerzas productivas de una forma esencialmente capitalista para competir y defenderse frente al capitalismo establecido.
Creo que otro aspecto es que en los escritos de Marx y Engels tienes mucho de lo que parece ser una alabanza casi incondicional del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas en el creciente control de la humanidad sobre la naturaleza. Creo que es importante reconocer aquí que cuando Marx y Engels hablan del capitalismo desarrollando fuerzas productivas lo toman en gran manera como una situación empírica con la que la humanidad y los movimientos obreros tendrán que luchar. Intentaron desarrollar una visión del potencial para el desarrollo humano que fue creado por el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo, ofreciendo al mismo tiempo un enfoque muy crítico a este desarrollo capitalista. Su enfoque era crítico no solo respecto a la explotación de los trabajadores, sino también con respecto a la forma en que el capitalismo trata a la naturaleza.
Hay tres puntos básicos que plantean ellos que quiero destacar. Lo primero es que, para Marx y Engels, la riqueza humana no se podía reducir al trabajo, siempre reconocieron la naturaleza como un componente intrínseco de la riqueza humana. Cuando Marx criticaba el programa de Gotha, una fusión propuesta de los partidos socialistas en Alemania, criticó muy rápidamente la frase según la cual “el trabajo es la fuente de toda riqueza” señalando inmediatamente que la riqueza no es simplemente el trabajo, que la “Naturaleza es igualmente la fuente de valores de uso”.
Segundo, en sus escritos Marx y Engels siempre señalaron que la producción humana, tanto bajo el capitalismo como bajo otros sistemas, está limitada por leyes naturales, físicas, biológicas e incluso ecológicas. Volveremos a este punto más tarde, pero el elemento ecológico (aunque no lo llaman así) es muy fuerte en los escritos de Marx y Engels.
El tercer punto es que Marx y Engels eran muy conscientes de la tendencia del desarrollo ecológicamente insostenible de las fuerza productivas a destruir la riqueza natural. Reconocían que esto era el resultado de una ruptura general con las leyes de la naturaleza necesarias para que la producción fuese sostenible, y desde su punto de vista esto era una consecuencia de las relaciones capitalistas de producción. En algunos de sus escritos Marx y Engels reconocían incluso la posibilidad de un cambio climático global inducido por el hombre. Además, las ciencias naturales fueron siempre un interés importante para Marx y Engels. Hasta qué punto se vieron involucrados con las ciencias naturales no ha sido reconocido en general hasta hace poco, pero está siendo revelado cada vez con más fuerza por recientes estudios.
Creo que lo importante es que no podemos tratar el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas y sus efectos sobre la naturaleza como si fuesen un gran error. Debemos comprender cómo sucede y analizar el potencial para un sistema más sostenible que surja a partir de este desarrollo de las fuerzas productivas. Necesitamos analizar cómo este desarrollo da forma a cosas como la lucha de clases y los conflictos internacionales.
Así que pienso que la interpretación prometéica es una visión muy parcial de los escritos de Marx y Engels. Hay un sentido en el que veían la humanidad como algo que tiene una relación más autónoma con la naturaleza comparada con otras especies, dada la mayor capacidad de la producción humana de utilizar y remodelar el medio ambiente (y dañarlo). Esto no es algo que Marx y Engels simplemente aplaudiesen; más bien lo tomaban como un objeto de análisis crítico.
Así, en este sentido, ¿dirías que muchas de estas críticas al marxismo son realmente críticas al capitalismo?
La capacidad del capitalismo de desarrollar fuerzas productivas va mucho más allá que la de sociedades anteriores por la forma en que separa socialmente la fuerza de trabajo y los medios de producción (empezando por la tierra) y luego los une bajo una producción competitiva en busca de beneficios. Si queremos explicar el impacto de la producción humana sobre la naturaleza a escala global, aparte de sistemas ecológicos particulares que habían sido sobreestresados por sociedades anteriores, la mayor parte del impacto ha estado asociado a la producción capitalista y los sistemas que han sido desarrollados en buena medida bajo condiciones dictadas por el capitalismo, como la Unión Soviética.
La cuestión es cómo podemos entender cómo ha sucedido esto, en lugar de simplemente criticarlo moralmente. Así, el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas fue algo alabado por Marx y Engels como históricamente progresista, pero lucharon con su pensamiento y con su apoyo a diversos movimientos por un nuevo tipo de economía social: un nuevo tipo de relación entre naturaleza y producción en la que la conexión entre trabajo y naturaleza sería cooperativa, democrática y más explícitamente planeada para su sostenibilidad. Una economía de este tipo desarrollaría a la gente no solo desde el punto de vista del consumo de bienes y servicios, sino en un sentido holístico. Estaban interesados en el desarrollo humano y el potencial que el capitalismo crea para un desarrollo humano en interacción con la naturaleza. La producción es solo una parte de esto. Las capacidades humanas incluyen las capacidades intelectuales, las capacidades de planificación y la capacidad de cooperar. En términos modernos, la cuestión era realmente cómo redireccionar y remodelar las capacidades productivas creadas por el capitalismo a direcciones de desarrollo humano más proecológicas.
Hay un núcleo de verdad en las críticas de la teoría del valor de Marx por parte de los ecologistas; este implica la reducción del valor a tiempo de trabajo en abstracto. Pero esta no es una crítica válida de Marx; más bien debería ser considerado como una crítica al capitalismo. La reducción del capitalismo del valor a tiempo de trabajo no es una preferencia de Marx; es un resultado de su análisis de las relaciones capitalistas de producción e intercambio.
Hay una distinción importante que hacen Marx y Engels en sus obras, aunque no lo expresan exactamente de esta forma, entre las condiciones necesarias para la acumulación de capital y las condiciones necesarias para un desarrollo humano y una relación con la naturaleza sostenibles y no explotadores. Y esto es algo que a menudo no se tiene en cuenta. Hasta los marxistas a menudo reducen la cuestión de la crisis medioambiental a una crisis de acumulación de capital, tratando a las crisis ambientales en función de su impacto sobre la rentabilidad capitalista del sistema de creación de beneficio. Pero para Marx y Engels, la acumulación de capital puede continuar atravesando las crisis ambientales. De hecho, esta es una cosa que hace del capitalismo algo diferente respecto a sociedades anteriores. Tiene la capacidad de seguir con su patrón de acumulación competitivo dirigido al beneficio a pesar del daño que ha hecho a las condiciones naturales.
Las sociedades anteriores a menudo estaban atadas más estrechamente a ecosistemas particulares —regiones con recursos de agua y suelo, por ejemplo— y si sobrepasaban estas condiciones el sistema completo entraba inmediatamente en crisis. El capitalismo tiene la capacidad dada su ámbito bioesférico global de tener una actitud más de “tala y quema” hacia condiciones naturales concretas, para seguir acumulando a una escala global a pesar del daño que causa a la naturaleza. Esta distinción entre crisis de acumulación de capital y la crisis ecológica general causada por el capitalismo es algo que a menudo es subestimado por los marxistas. Marx analizó las crisis de acumulación a partir de perturbaciones en el suministro de algodón, pero hay una idea más amplia de crisis ambiental en su trabajo, en el que las condiciones naturales de la vida humana se ven amenazadas incluso cuando el capital sigue acumulándose —de hecho, precisamente por ello—.
 
Hablando de marxismo y crisis ecológica, Marx caracterizaba la forma mercancía como la “forma célula económica”. ¿En qué sentido podemos pensar en la crisis ecológica como algo contenido en el análisis básico de Marx del valor y la forma mercancía?
Cuando Marx habla de crisis económica habla del intercambio básico de mercancías desde el punto del vista del capitalista:dinero intercambiado por mercancías y luego mercancías intercambiadas por dinero, lo que él llama el circuito D-M-D. Según Marx, este circuito del capital solo muestra la posibilidad de crisis económicas. Las crisis reales son mucho más complicadas de analizar, porque son históricamente específicas.
Pero yo creo  que el circuito del capital también muestra la posibilidad de crisis medioambientales en el sentido que hay ciertas tensiones o contradicciones entre la forma básica de valor como valor de cambio y el medio ambiente natural dentro del cual tiene lugar la producción. Según Marx, en un nivel básico el capitalismo reduce el valor al tiempo de trabajo en abstracto: un tipo de tiempo de trabajo cualitativamente homogéneo representado por el dinero en el intercambio. Al mismo tiempo, comenta en muchos puntos cómo la abstracción del tiempo de trabajo en el capitalismo está en una tensión real con las condiciones naturales de producción y de la vida humana. Marx, por supuesto, también reconocía que el trabajo y la capacidad de trabajar, que el llamaba fuerza de trabajo, son sustancias naturales que solo se pueden entender biológicamente en conexión con el medio ambiente.
Esta tensión real entre condiciones naturales y la forma de valoración básica del capitalismo contiene el núcleo de la posibilidad de crisis ecológicas.
Bajo el capitalismo, el valor de cambio representa la sustancia del valor, el tiempo de trabajo, como una cosa homogénea. Un dólar es solo tan bueno como cualquier otro dólar, y una hora de tiempo de trabajo en abstracto es como cualquier otra otra de tiempo de trabajo en abstracto. Es una cosa puramente cuantitativa, mientras que en la naturaleza tenemos todo tipo de distinciones cualitativas y esto es algo que lleva a todo tipo de tensiones entre producción dirigida a ganar dinero y medio ambiente natural.
En la producción capitalista el único objetivo posible es hacer más dinero. El objetivo de la producción es por definición aumentar la cantidad de valor que consiguen los capitalistas. No hay límite para este objetivo de acumulación de capital monetario. Obviamente las condiciones naturales no son ilimitadas. Así que aquí tenemos una tensión muy básica entre el objetivo de acumulación de capital contra el carácter limitado de las condiciones naturales.
Además, valor y valor de cambio son perfectamente divisibles. Puedes dividir el dólar hasta una cantidad minúscula. La naturaleza no es divisible de esta forma. Y si consideramos el hecho de que la producción dirigida al beneficio se produce dentro de un periodo de tiempo determinado, hay una tendencia de la acumulación a intentar acelerar la producción, y esto también entra en contradicción o tensión con los ritmos naturales de los sistemas ecológicos. Diferentes tipos de producción y la capacidad de la naturaleza de absorber los desechos necesitan tiempo para llevarse a cabo. Si queremos que la agricultura se produzca de una forma sana, sostenible, no podemos simplemente acelerarla sin límite. Vemos alguno de los problemas que surgen de esto en la agricultura moderna.
Y así, en un nivel básico, dentro de la forma valor del capitalismo hay varias tensiones implícitas con la base natural de la riqueza y el desarrollo sostenible. Por supuesto, las actuales crisis que suceden se desarrollan históricamente a partir del sistema completo de acumulación de capital. Marx hizo un poco de este análisis, analizando las crisis de acumulación a partir de las perturbaciones en el suministro de materias primas, así como la crisis más amplia en las condiciones naturales del desarrollo humano generada por el capitalismo.
Esto es algo que el trabajo de John Bellamy Foster ha hecho avanzar considerablemente. Marx escribió sobre una brecha metabólica entre la producción humana y las leyes naturales de la sostenibilidad ambiental. Esta brecha está asociada no solo a la agricultura, sino a la separación entre campo y ciudad, con la industrialización de la agricultura por una parte, y la concentración de la industria en áreas urbanizadas por otra. Marx analizaba cómo la circulación de materiales dentro y fuera del suelo se veía alterada por esta división bajo el capitalismo, llevando a una ruptura con las leyes de una vida sostenible. Marx basaba esto en un estudio muy detallado de la ciencia natural y agrícola de su tiempo, especialmente el trabajo de Justus von Liebig. Si miras sus análisis todo emana de un nivel muy básico a partir de la naturaleza contradictoria de las formas básicas de valor bajo el capitalismo, una vez estas formas son entendidas tanto material como socialmente.
Así que esta es la defensa de Marx y Engels ante la crítica ecológica, pero tu trabajo va más allá, sugiriendo que el marxismo tiene algo esencial que ofrecer a la economía ecológica. ¿Qué es lo que le falta a la economía ecológica, como disciplina heterodoxa, que le proporciona el análisis marxiano?
Bueno, primero de todo, realmente pienso que la economía ecológica es un desarrollo importante dentro de la profesión económica. La economía ecológica se desarrolló fundamentalmente en oposición a los defectos de la economía neoclásica dominante y cómo trata esta a la naturaleza. La economía neoclásica dominante básicamente se centra en el sistema de precios, oferta y demanda, optimización por parte de individuos en su toma de decisiones y la supuesta eficiencia de los sistemas de mercado. Pero las limitaciones materiales sobre la producción no han sido tratadas muy bien en la economía neoclásica, ya sea los modelos microeconómicos de mercados o los modelos de crecimiento. La economía neoclásica básicamente trata a la naturaleza como un activo sustituible en la producción, diciendo que cuando los recursos naturales se vuelven escasos hay siempre sustitutos. El cambio tecnológico puede solucionar el problema. Aunque haya problemas ambientales, estos se pueden solucionar reestructurando el sistema de precios mediante diversos impuestos y subsidios de manera que los costes ambientales estén más  adecuadamente reflejados en los precios. La economía ecológica ha señalado el importante punto que el sistema de precios es, por diversas razones, incapaz de enfrentarse con diferentes formas de problemas ecológicos.
Al mismo tiempo la economía ecológica ha tratado realmente el sistema de producción en el nivel material, sin decir mucho sobre las relaciones sociales mediante las que se realiza la producción. Esto es algo que básicamente comparte con la economía neoclásica. Creo que si vamos a analizar las crisis ambientales debemos tratar el sistema de producción, no solo de una forma material, sino también de una forma socialmente específica.
Marx proporciona este tipo de conexión mediante el enfoque de clase. Trata las relaciones de clase como relaciones particulares entre, digamos, los trabajadores y los medios de producción por una parte y los propietarios o controladores de los medios de producción por otra. Así, la clase es tanto una relación material como social. Es una cuestión de poder sobre la toma de decisiones y cómo diferentes clases tienen diferentes grados de poder. También explica el carácter no planificado del capitalismo, que crece a partir de estas relaciones de producción y trata el dominio de los mercados como una consecuencia de las relaciones de clase subyacentes.
A este respecto, cualquier teoría de la crisis ambiental debe operar en dos dimensiones. Una es en un nivel holístico, como lo es el sistema conjunto que daña la naturaleza especialmente a un nivel global. Al mismo tiempo, debemos ver también el sistema como diferenciado relacionalmente: diferentes partes del sistema están a menudo en contradicción unas con otras, hay tensiones, las condiciones naturales no son las mismas en todas partes, ni lo son las posiciones que tiene la gente con respecto al medio ambiente. Las crisis ambientales, por ejemplo, significan algo muy distinto según la clase en la que estés. Este tratamiento de la producción humana como una estructura holística, internamente diferenciada y cargada de conflictos que es tanto material como social es un aspecto muy importante del marxismo que ayuda a analizar las crisis ecológicas. Y es algo que a la economía ecológica realmente le falta. Al mismo tiempo, cualquier teoría de las crisis ecológicas está presumiblemente interesada en superar estas crisis y en avanzar hacia un sistema más sostenible. Por tanto cualquier análisis tiene que investigar cómo la sociedad puede aumentar sus capacidades autocríticas y autotransformadoras en direcciones proecológicas. ¿Cómo va a desarrollar la sociedad la capacidad de superar las crisis ecológicas?

De nuevo la perspectiva de Marx dice algo sobre esto. Investiga la posición especial de la clase obrera, en la que los trabajadores no tienen el objetivo de la acumulación monetaria tanto como el objetivo de conseguir valor de uso y desarrollarse como seres humanos. Esto es algo que tiene potencial para analizar y empujar hacia conflictos y luchas mediambientales.

La mayor parte de la gente ve las luchas de los trabajadores industriales como algo a menudo en oposición a las luchas medioambientales. Yo creo que el punto de vista de Marx era bastante diferente y más rico que eso. Creo que veía las luchas de la clase obrera en un sentido amplio, que incluía la lucha medioambiental. De nuevo, considerar la clase com una relación material y social es útil desde esta visión.
Finalmente, el desarrollo sostenible es un área de la economía ecológica que ha puesto sobre la mesa y es útil como avance respecto al pensamiento económico anterior. Pero de nuevo hay una confusión entre la sostenibilidad del capitalismo contra la sostenibilidad de la producción en un sentido más amplio. Esta es una distinción que el marxismo puede hacer, basada en su análisis de clase. Así que yo diría que el marxismo debería tener un enfoque empático pero crítico hacia la economía ecológica. Pienso que hay muchas cosas que el marxismo puede poner sobre la mesa con respecto a la economía ecológica.
Has sugerido que una crítica marxista de la economía ecológica tiene algún paralelismo con la crítica de Marx a los fisiócratas. ¿Cuál era el punto de vista fisiocrático sobre la naturaleza y el valor, y cómo lo critico Marx?
Básicamente el punto de vista de los fisiócratas era que la producción no agrícola vive de la agricultura, en el sentido que la producción industrial y no agrícola depende de los medios de subsistencia y materiales proporcionados por la agricultura y otros sectores basados en la tierra (incluyendo cosas como la minería y el pastoreo). Esto se relaciona con lo que ellos llamaban el producto neto o plusvalía del producto, la cantidad por encima de lo necesario para mantener a los trabajadores. Esta es la base para la acumulación y la riqueza. No puedes tener crecimiento si consumes todo el producto.
El combate de Marx con los fisiócratas está disperso en un montón de sus escritos. Habla un poco de ello en el Capital, pero su combate principal fue en un tratado de historia titulado Teorías sobre la plusvalia, no publicado hasta después de su muerte. La forma en que Marx respondía a los fisiócratas sorprenderá a aquellos que lo critican por estar en contra de la naturaleza. Marx estaba de acuerdo con los fisiócratas al defender que hay una base natural para una plusvalía del producto, en el sentido que los trabajadores agrícolas deben producir un excedente para que haya acumulación en un sentido material. Además, puesto que un excedente de producto es una precondición para un valor de plusvalía, Marx repetidamente se refería, no solo en su combate con los fisiócratas sino a lo largo de sus escritos, a lo que él llamaba la base natural del valor de plusvalía. Los críticos ecologistas y medioambientalistas de Marx no se han referido a esto muy a menudo, lo que no soprende porque muestra un elemento natural en el pensamiento de Marx.
Al mismo tiempo, Marx criticaba a los fisiócratas porque identificaban valor de plusvalía con plusvalía de producto. Ellos trataban al valor simplemente como valor de uso, sin distinguir entre valor de uso y valor de cambio, y por tanto no tenían en cuenta la forma específica de evaluación de la riqueza bajo el capitalismo. Al confundir valor de plusvalía con plusvalía de producto, confundían la dimensión de vlaor con las formas materiales en que es portado. Y así los fisiócratas establecieron la base natural del valor de plusvalía, pero en última instancia no fueron capaces de analizar la producción de valor de plusvalía porque se quedaron en el nivel de valor de uso.
Por esta razón no podían realmente elevarse al tipo de crítica del capitalismo que podría ser usada por los economistas ecológicos hoy. Esta limitación analítica de los fisiócratas está relacionada con las deficiencias de [buena parte de] la economía ecológica.
Hay algunas facetas del pensamiento ecosocialista que intentan atribuir valor a la naturaleza y aplicar el concepto de explotación a la naturaleza. ¿Con qué dificultades se tropieza esto?
Muchos de estos ecosocialistas sufren una confusión sobre naturaleza y valor, porque no distinguen realmente entre valor como valor de uso, que Marx a menudo lllamaba “riqueza” frente a valor como valor de cambio, que representa una forma históricamente específica de evaluar las cosas bajo el capitalismo. Los precios no son específicamente capitalistas; se producen bajo diversos sistemas. Pero el dominio del valor de cambio sobre la producción es específico del capitalismo, porque el capitalismo está basado en el intercamibo de mercado de la fuerza de trabajo. Esto lleva a que el intercambio de mercado domine la producción -no solamente mediante el intercambio salario-trabajo, sino mediante el intercambio de mercancías más ampliamente, ya que los trabajadores deben comprar ahora sus medios de subsistencia, y las empresas capitalistas comprar herramientas y materiales de producción en el mercado. Hasta la tierra se convierte enun tipo de casi-mercancía.
Aquellos que intentan tratar a la naturaleza como si tuviese valor ignoran las mediaciones, las relaciones sociales específicas mediante las cuales la producción y el intercambio tienen lugar. Esto realmente paraliza sus críticas no solo de Marx, sino del capitalismo mismo. No hacen distinciones claras entre valor, valor de cambio y valor de uso. Por ejemplo, Marx reconoce que los recursos naturales particulares pueden tener un valor de uso en el capitalismo bajo la forma de una renta o un precio, pero eso no les da valor. Has desviaciones del valor de cambio desde los valores subyacentes que tienen lugar en el mercado y estos deben ser analizados de una manera detallada. Quienes asignan valor de a la naturaleza se tropiezan con todo tipo de contradicciones al noo tener en cuenta la relación compleja entre valor de cambio y valor.
Por ejemplo, algunos escritores proclaman que la producción capitalista que extrae riqueza de la naturaleza supone una explotación de la naturaleza. Pero entonces la cuestón se convierte en, ¿qué forma toma esta explotación en el intercambio?¿Y cómo se aprovechan los capitalistas de ella? Hay una contradicción porque dicen por una parte que los recursos naturales usados por la industria reciben un precio por debajo de su valor real, que están menospreciados por el sistema de mercado, y así es como los capitalistas se aprovechan. Pero por otra parte proclaman que las empresas que en realidad extraen los recursos, como las compañías mineras o las empresas agrícolas, lo sobrecargan, tienen sobreprecio. Así que aparentemente tenemos un sobreprecio y un precio insuficiente de las condiciones naturales al mismo tiempo, y en total no hay razón por la que el sobreprecio de las condiciones naturales no pudiera ser compensado por el subprecio de las condiciones naturales. Así que no está claro cómo podría ser explotada la naturaleza. Esto es todo un resultado del fracaso al distinguir entre valor, valor de uso y valor de cambio. No está claro qué podría significar la explotación de la naturaleza, separado de relaciones sociales particulares.
Algunas veces la gente dice que esto ocurre a expensas de las futuras generaciones. Pero entonces ya no estamos hablando de explotación de la naturaleza; estamos hablando de explotación de las futuras generaciones. ¿Pero qué significa explotación de las futuras generaciones? Significa que hay menos riqueza natural o valores de uso disponibles para las futuras generaciones. Así que estás diciendo que el valor es lo mismo que el valor de uso, y no hemos avanzado un paso en el análisis de la valoración real de la naturaleza bajo el capitalismo.
Así que básicamente la crítica de la teoría del valor de Marx por haber menospreciado a la naturaleza se equivoca y pierde el tren de la riqueza de su enfoque del valor y cómo se puede usar para anlizar el capitalismo y sus crisis ecológicas. Yo estoy de acuerdo, por ejemplo, en que el valor del trabajo no trata verdaderamente  la naturaleza como una riqueza real. De la misma forma que el valor de la fuerza de trabajo no refleja el valor de uso real de la fuerza de trabajo para los individuos o para la sociedad en su conjunto, como una condición y una forma de desarrollo humano. Pero de nuevo esto es algo que es un resultado analítico, no normativo.
Otra crítica de Marx, que nos lleva al tema de las ciencias naturales, gira en torno al “asunto Podolinsky”. Ha existido, históricamente, un punto de vista según el cual, Marx y Engels quitaron importancia a las consideraciones termodinámicas. ¿Cómo empezó esto y cómo llevan tus investigaciones a desestimar esto?
Esto empezó básicamente con el trabajo de Joan Martínez-Alier, un teórico ecologista español. Martínez-Alier se centró en dos cartas de Engels a Marx (justo al final de la vida de Marx) después de que Marx hubiese solicitado la opinión de Engels sobre el trabajo de Sergei Podolinsky, un socialista ucraniano que trabajaba en Francia. Buscando reconciliar la termodinámica con el enfoque de Marx y Engels del valor, Podolinsky intentó cuantificar los inputs y outputs energéticos en la agricultura. Podolinsky había enviado a Marx alguno de sus trabajos y le había pedido a Marx que los comentase. Al responder a Marx, Engels critcaba la reducción de Podolinsky de la producción a pura energía, mientras señalaba diversas formas de desperdicio de energía que se habían escapado del tratamiento de Podolinsky de los flujos de energía en la agricultura.
Extrañamente, algunos economistas ecologistas, especialmente Martínez-Alier, toman esto como una crítica a usar cualquier tipo de consideración termodinámica al analizar la producción. Desarrollaron la idea de que Marx y Engels nunca tuvieron en cuenta la termodinámica en sus escritos, incluidas la primera y la segunda leyes de la termodinámica. Y Martinez-Alier incluso dijo que Engels rechazaba la segunda ley, la ley de la entropia. Esto estaba todo tomado fuera del contexto de los escritos de Marx y Engels. Pero en realidad, con respecto a la ley de la entropía, lo que Engels estaba criticando no era la ley misma, sino más bien la teoría de la muerte térmica del universo, que es un concepto muy distinto aunque relacionado. Repito: Engels criticaba la reducción de Podolinsky de la producción a puros flujos de energía. Hay, sin embargo, un elemento termodinámico en el propio análisis de Marx y Engels del capitalismo, aunque ellos también destaquen los aspectos cualitativos que implican a la biología y los sistemas medioambientales que no se pueden reducir a términos puramente energéticos. Como John Bellamy Foster y yo hemos demostrado, hay una dimensión termodinámica en el Capital de Marx cuando escribe sobre la explotación de la fuerza de trabajo, de las diferentes formas de capital, de la acumulación de capital y de la brecha metabólica. Para dar solo un ejemplo, introduce la termodinámica en su análisis al demostrar que la explotación de la fuerza de trabajo puede crear valor de plusvalía, congruente con la conservación de la energía.

La crítica a Marx y Engels por no tomar ventaja adecuadamente del intento de Podolinsky de introducir la termodinámica en el marxismo parece estar completamente fuera de lugar. Esto es algo que Foster y yo hemos probado con detalle en los últimos años.

El análisis del capitalismo de Marx estaba centrado en la lucha de clases. En nuestra situación contemporánea, ¿cómo esperaríamos que la creciente importancia de la degradación ecológica afectase a la naturaleza de esta lucha de clases?
Hay dos visiones diferentes de la lucha de clases llevando a una revolución que uno puede encontrar en Marx y Engels. Una es lo que yo llamo una visión industrialista estrecha, en la que básicamente el proletariado en las fábricas llegaría a ser más y más consciente y concentrado y en última instancia llevaría a una revolución socialista. Esta visión fue muy influyente en algunos de los movimientos socialistas y socialdemócratas del siglo XX, especialmente en Europa occidental. Pero hay otra visión de la revolución y el cambio que es mucho más amplia, en la que el movimento de la clase obrera se presenta como algo que incluye toda clase de movimientos sociales y culturales. Esta segunda visión es más coherente con una revolución ecológica como parte de la revolución socialista.
Tenemos que reconocer que para Marx y Engels los límites históricos del capitalismo no se alcanzarían simplemente mediante una ruptura de la acumulación. Hay toda una controversia histórica en el marxismo acerca de la teoría de la ruptura en la que no podemos entrar, pero su punto de vista no era que la acumulación de capital de alguna manera se rompería automáticamente. Su punto de vista era que habría un empeoramiento de la contradicción entre las condiciones necesarias para la acumulación de capital y las condiciones necesarias para el desarrollo humano en un sentido sostenible sano. Su idea era que el desarrollo por parte del capitalismo de las fuerzas productivas crearía las bases para una vía de desarrollo humano sostenible, pero tenía que haber un cambio en las relaciones de producción para que esto tuviese lugar.
Si tomas una perspectiva de clase sobre el capitalismo, la perspectiva de la clase obrera está opuesta a la del capital. Mientras el objetivo del capital es simplemente la acumulación de valor bajo la forma de dinero, la clase obrera está en una posición en la que, al menos potencialmente, su objetivo es la búsqueda del valor de uso, en el sentido de necesidades humanas. Si vemos las cosas de esta forma, combinado con el hecho de que la naturaleza es parte de este valor de uso, entonces la clase obrera potencialmente tiene una posición más medioambientalmente amigable en la lucha de clases que la del capital.
Esto es algo de lo que Michael Lebowitz ha escrito bastante, en su desarrollo de los puntos de vista de Marx sobre el socialismo. Él realmente destaca el socialismo como un nuevo concepto de desarrollo humano, opuesto al simple desarrollo de más fuerzas productivas y el apilamiento de mercancías para consumo de los trabajadores.
Finalmente, brevemente, ¿qué nos dice tu análisis sobre marxismo y ecología sobre la base social necesaria sobre la que debería estar fundamentada una relación sostenible entre humanidad y naturaleza?
Desde el punto de vista de Marx y Engels el socialismo en realidad implica una concepción más amplia del desarrollo humano. Como ellos dicen, es un sistema en el que el desarrollo de cada individuo es la condición para el desarrollo de todos. Los principios básicos para esto están en realidad muy claros. Ellos los bosquejan, aunque en realidad no intentan dibujar un plano para una sociedad postcapitalista, porque esta debe desarrollarse a partir de las luchas que se produzcan. Pero hablan del hecho que la producción sostenible debe usar formas de intercambio y distribución que sean diferentes al intercambio de mercado y la producción mediante la búsqueda competitiva de beneficio: un sistema en el que  el valor de uso se pone al mando en lugar del valor de cambio.
Esto significa que la producción debe ser planificada. La producción planificada es, en principio coherente con una perspectiva pro-medio ambiente, aunque la historia de la planificación en la Unión Soviética posterior a los años 20 no fuese exactamente pro-medio ambiente. Pero si pensamos en la planificación en un sentido más amplio, es coherente con el ambientalismo. La planificación al servicio del valor de uso obviamente significaria hacer un uso mucho mayor de las energías renovables y una restructuración pro-ecológica tanto de la producción como de los asentamientos humanos, incluyendo, por ejemplo, una reducción de la dependencia del transporte automovilístico.
Al mismo tiempo, este tipo de planificación ambiental exige el desarrollo de las capacidades intelectuales humanas de la sociedad de arriba abajo y para esto necesitamos una reducción del tiempo de trabajo y un aumento de las formas de producción culturales e intelectuales. Esto aumentaría la capacidad de la gente de autoadministrar el sistema de producción y de cooperar al hacerlo para aumentar la democracia. Ahora mismo, incluso en los países capitalistas avanzados, la mayor parte de la gente están basicamente en una cinta de correr de trabajo, consumo y deuda en aumento. Para tener una comunidad trabajadora de economía controlada con planificación cooperativa, debemos reducir el tiempo de trabajo y aumentar la producción de las áreas culturales e intelectuales. Esto aumentaría las capacidades humanas y mejoraría la riqueza de la vida humana en direcciones que sean medioambientalmente sostenibles. Ernest Mandel ha escrito sobre una “jerarquía de necesidades” en el contexto del desarrollo de la visión marxista del comunismo. Existe la idea equivocada de que la visión de Marx del comunismo es la de un enfoque hacia la producción material ilimitada de las cosas que ahora se producen bajo el capitalismo. Pero si analizamos la jerarquía de necesidades, una vez satisfechas las necesidades materiales básicas se vuelve posible moverse hacia la satisfacción de necesidades más intelectuales y culturales que pongan menos presión sobre el medio ambiente que los bienes de consumo producidos industrialmente, y también enriquecer las capacidades humana.

Un sistema de producción sostenible debe tener los valores de uso al mando en lugar de los valores de cambio y el capitalismo es incapaz de hacer esto. Hay algunos, incluso algunos neomarxistas “posmodernos” que sugieren que un capitalismo verde es factible. Yo no creo que esto sea coherente con un análisis marxista sobrio del capitalismo realmente existente. Dadas las contradicciones ambientales de dinero y precio de mercado, el ambientalismo de mercado es seguir el camino erróneo. Si queremos tener una comprensión realista de los problemas ecológicos y el alcance de los cambios necesarios, necesitamos una crítica del capitalismo y de sus formas de mercado firmemente establecidas. Debemos tener el valor de concebir y participar en luchas populares contra estas formas, en favor de alternativas explícitamente cooperativas, democráticas, no explotadoras y no de mercado.

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Nota de Richard Heinberg sobre el triunfo de Trump

Las primeras reacciones tras el triunfo de Trump desde el mundo peakoilero. Os paso la de Richard Heinberg. Evidentemente lleva el agua a su molino, el Post Carbon Institute, ya que después de todo se trata de un mensaje de correo electrónico de su boletín.
Estimado,

Los Estados Unidos se sumergen en lo desconocido. ¿Por qué? Robert Parry lo ha clavado como nadie. Le dejo a él y a otros mil comentaristas realizar la autopsia de los sorprendentes resultados de ayer. Lo que es importante ahora es evaluar la situación y decidir cómo seguir adelante.
En el lado positivo: bajo una presidencia de Trump probablemente no habrá una guerra con Rusia como podría haber ocurrido si hubiese ganado Clinton. El TPP con suerte está muerto y los EEUU se puede esperar que se muevan hacia al menos algunas políticas comerciales posglobalización. El dominio neoliberal del Partido Demócrata ha sufrido un golpe duro y quizá fatal. Millones de estadounidenses que se han sentido ignorados por las élites de Washington y Wall Street sienten ahora que tienen una voz. Aunque las relaciones exteriores y la política comercial estarán probablemente en las manos de apparatchiksrepublicanos proempresa que en última instancia seguirán arrojando por la borda a la gente con atolondrado regocijo, los norteamericanos medios normales podrán tranquilizarse diciéndose a sí mismos que al menos “su chico” está a cargo. Puede que las cosas pudiesen ser peores. Después de todo, como ha señalado mi amigo Ugo Bardi, Italia sobrevivió a 20 años de Berlusconi.
En el lado negativo: No habrá más apoyo federal para la acción o la investigación climática, para la protección ambiental (la EPA [Agencia de Protección Ambiental] será reducida a cenizas) o para energías alternativas. Todas las tierras federales se abrirán para la exploración de petróleo, gas y carbón. La mayor parte de Yellowstone se asfaltará como aparcamiento para un nuevo centro turístico de Trump (vale, estoy bromeando -un poco-). Con las ramas Ejecutiva, del Congreso y del Tribunal Supremo dominadas todas por el mismo partido no habrá freno a los intentos de eliminar fondos para las agencias gubernamentales, o anular regulaciones de todo tipo (sobre armas, bancos, seguridad laboral, todo lo que se te ocurra). Habiendo sido testigos del éxito del trumpismo, una nueva generación de políticos adoptará las tácticas de demonizar totalmente a sus oponentes. Es difícil imaginarse cómo podrá volver la urbanidad a corto plazo. Serán tiempos difíciles para mujeres y minorías.
Los comentaristas ven correctamente la elección como un repudio al establishment. ¿Pero quién hará funcionar las cosas en los próximos meses? Básicamente los  mismos viejos funcionarios lobbystas de las puertas giratorias. Cuando golpee la próxima crisis económica, todo el país se enfrentará a un duro despertar y usar simplemente duras palabras no hará mucho por poner la comida sobre la mesa de la gente de Iowa o de Missouri. En lugar de admitir que no puede hacer América grande de nuevo, espera que Trump ponga una fila de chivos expiatorios. Y en lugar de admitir que “su chico” es incompetente o está equivocado, espera que muchos partidarios de Trump levanten el equivalente moderno de las horcas (para lo que no harán falta averiguación de antecedentes).
Las crisis no desaparecerán porque el gobierno rechace reconocerlas o enfrentarse a ellas. El cambio climático, el agotamiento de los recursos y la dependencia excesiva de la deuda son los lobos a las puertas. A la luz de todo esto, la estrategia organizativa del Post Carbon Institute sigue teniendo sentido: Construir resiliencia en el nivel comunitario.
En los próximos tiempos, la acción política nacional sobre el cambio climático y otros temas ambientales es una puerta cerrada. Pero las respuestas más prometedoras a nuestras crisis del siglo XXI aparecen en cualquier caso en el nivel comunitario. Es en pueblos y ciudades a lo largo de todo el país y de todo el mundo donde la gente práctica se ve forzada a luchar con un tiempo raro, el aumento del nivel del mar, una economía inestable y un tejido político nacional que se deshilacha. Cualesquiera que sean las estrategias factibles probablemente surgirán de ahí. Vemos nuestro trabajo como ayudar a ese proceso adaptativo de la manera que podamos. No se trata de ganar, no hay línea de meta, no hay día de elecciones. Solo una nueva oportunidad cada mañana de animar, educar y construir.
Si todavía no te has unido a nosotros, hazlo. Eres necesario.

Richard Heinberg
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Un partido comunista en el poder en un estado capitalista : una crítica mal dirigida

[Traducido en noviembre de 2016]
Artículo original: http://eco-socialist.blogspot.in/2016/03/a-communist-party-in-power-in.html

Quizá recordéis que hace un par de semanas os envié un artículo de Saral Sarkar, un ecosocialista indio que vive en Alemania. Suele seguir la política india y ha publicado toda una serie de entradas que aunque os puedan parecer muy ligadas a lo que sucede en este país y por tanto algo lejano, también se puede encontrar un sentido más general que quizá os pueda interesar. No estoy completamente de acuerdo con lo que plantea en su primera parte, porque parte del problema de la corrupción de los cuadros sabemos que se debe a que no fueron los propios ciudadanos los que marcaban la política y la ejecutaban, sino estos cuadros y funcionarios. Tampoco la condena sin paliativos de todo lo sucedido en la URSS. Pero en el resto estoy básicamente de acuerdo. Aunque también está en discusión si realmente el gobierno mandó disparar contra los campesinos. El partido, obviamente, lo niega. Pero así lo entendió la población de Bengala y fue el principio del fin para el gobierno del CPI(M), que desde entonces no ha levantado cabeza en la región. De hecho, de manera impensable para muchos, en las últimas elecciones acudió coaligado con el Congress, su archienemigo durante todo el periodo anterior.

 Saral Sarkar

(Una carta al director) Reg. CPI(M)’s Congress Crutch; en: Frontier, Vol. 48, No.30, Jan.31–Feb 6 2016http://www.frontierweekly.com/articles/vol-48/48-30/48-30-CPMs%20Congress%20Crutch.html

Estimado Sr.,
El anónimo autor del artículo (para abrevia, AA) critica la sección de Bengala Occidental del Partido Comunista de India (Marxista) respecto a dos cosas: (1) respecto al estado de la fibra moral de los cuadros del partido y (2) respecto a las políticas económicas y políticas del partido durante su largo gobierno en esa provincia. Vista superficialmente, la crítica puede parecer estar justificada en ambos aspectos, pero no debería haber sido dirigida a una sección particular de un partido comunista particular que sucede que ha gobernado una provincia de un estado capitalista federalmente constituido. Debería haberse dirigido, si se permite una pequeña generalización, a todos o casi todos los partidos comunistas del mundo que en un momento u otro han gobernado un país.
Cualquiera que tenga algún conocimiento sobre la historia mundial de los últimos cien años sabe de la degeneración moral de diversos tipos establecida, tarde o temprano, después de que un partido comunista revolucionario se convierta en un partido dirigente. Ese fue el caso en la Unión Soviética y es el caso en China y Vietnam*. El caso de Cuba todavía debe ser investigado.
Las antiguas repúblicas “socialistas” del este de Europa fueron gobernadas por partidos comunistas que no tuvieron que hacer su propia revolución. El poder se lo sirvió en bandeja el Ejército Rojo soviético. Así que su degeneración moral, si tuvo lugar durante su ejercicio del poder, no contiene ninguna lección de gran importancia. Porque su mentor, el todopoderoso Partido Comunista de la Unión Soviética estalinista, ya era un partido moralmente degenerado.
Hay que reconocerle al CPI(M) que no obtuvo sino que ganó el poder, si bien muy limitado, organizando, dirigiendo y formando parte de movimientos de masas por una vida mejor. Muchos de estos cuadros, aunque no pudiesen ser llamados revolucionarios, estaban inspirados por un alto ideal (lo sé) y aceptaron una vida de muchos sacrificios antes de llegar al poder. Pero el poder también los corrompió, desde el nivel de capital provincial al de aldea -no todos ellos, seguro, pero la mayoría-.
En vistas de la experiencia aparentemente universal mencionada arriba, es inútil criticar a los cuadros y funcionarios del CPI(M) por no haber conseguido convertirse en el tipo de hombre nuevo que Mayakosvski, entre otros había esperado de los comunistas soviéticos que tuvieron un completo control de todo en su país.
Hoy lo que se necesita es un estudio más profundo y analítico del fenómeno negativo omnipresente con ayuda, sugiero, de la psicología, la etología, la antropología y algunas otras ciencias sociales.
2) Respecto al desarrollo económico de Bengala Occidental, nadie en sus cabales hubiera podido en aquellos días pedir que el gobierno dirigido por el CPI(M) siguiese una política realmente socialista. Aunque hubiesen intentado hacer algo en un sentido realmente socialista dentro del poder limitado del que un gobierno provincial disfruta en la India, hubiera podido hacerlo, supongo, solo corriendo el riesgo de ser expulsado por el gobierno central. Ese fue el destino del gobierno comunista de Kerala en 1957.
AA escribe que en los primeros años de gobierno del CPI(M) “hubo grandes miras de organizar a los campesinos beneficiados en diversos tipos de cooperativas”. Puede que sea cierto. Pero los campesinos organizados en cooperativas solo podrían haber iniciado algún tipo de desarrollo rural y creado algunos trabajos rurales en pequeñas industrias rurales. Sin embargo, en toda teoría del desarrollo incluidas las socialistas -excepto las de Gandhi y sus seguidores- el objetivo era, y sigue siendo, la transición de una economía agrícola subdesarrollada a una economía industrial próspera. En dichas teorías, también la agricultura de pequeña escala debería desarrollarse hasta una agricultura mecanizada a gran escala implicando la reducción del número de personas trabajando en el sector agrícola. Esto era/es considerado necesario no solo para traer prosperidad a las áreas rurales sino también para que hubiese más y más trabajo disponible para la expansión del sector industrial.
Otro punto que ha sido ignorado por AA es que durante los 34 años de largo gobierno del CPI(M) tanto la población total de Bengala Occidental como el número de personas desempleadas y precariamente empleadas en la provincia había estado creciendo continuamente. Por ejemplo, en la década entre 2001 y 2011 la población aumentó en 11,17 millones.
Con el trasfondo de estos hechos, el CPI(M) no tenía otra opción que seguir la política económica que siguió, industrializar. ¡Después de todo nunca había sido un partido gandhiano! Y la población de India había rechazado las teorías económicas gandhianas hacía mucho. AA critica al CPI(M) por haber seguido “una política pro-empresa de industrialización y desarrollo”. Pero tanto China como Vietnam hicieron los mismo1. Tenían que hacerlo. Para el CPI(M) una política nehruviana de “patrón socialista” de industrialización planificada para Bengala Occidental estaba fuera de cuestión, porque ningún gobierno de Bengala Occidental hubiera podido conseguir el capital necesario.
Todo proyecto industrial necesita tierra, agua y la infraestructura necesaria. Con 90 millones de personas viviendo en un área pequeña y densamente poblada estas cosas se tenían que quitar a los campesinos. El único tema abierto a discusión en Singur y Nandigram2 era el tipo y tamaño de la compensación. La única crítica justificada contra el CPI(M) ha sido que un gobierno comunista hizo lo impensable: ordenó a la policia matar a campesinos pobres y sus partidarios en interés del desarrollo.

Notas:
1. El caso de China es bien conocido. Para el caso de Vietnam recomiendo mi artículo Victorioso en la guerra pero derrotado en la paz : Cómo el socialismo-desarrollista terminó en capitalismo.
http://eco-socialist.blogspot.de/search?q=Victorious+in+War
2. En Singur el Grupo Tata iba a construir una enorme fábrica de coches para producir los coches baratos bautizados como Nano. El proyecto no consiguió materializarse debido a la fuerte resistencia de los campesinos y sus partidarios anti-CPI(M). En Nandigram, donde se produjo el tiroteo y asesinato de 15 personas, una empresa surcoreana iba a construir una gran empresa química.

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Metabolismos, marxismos y otros campos de mentes*

[Traducido en octubre de 2016]
Jason Moore
*Supongo que es un juego de palabras entre minefield, campo de minas y mindfield, que no existe pero se puede traducir como campo de mentes. Lo dejo así [Nota del tr.]
La turbulencia del siglo XXI plantea un serio reto analítico: ¿Cómo se desarrolla el capitalismo a través de la naturaleza y no solo actuando sobre ella? Intente dibujar una línea en torno a los momentos “sociales” y “medioambientales” de financiarización, calentamiento global, resurgimiento de los fundamentalismos, el auge de China y mucho más allá. El ejercicio termina rápidamente en futilidad. No porque estos procesos son “demasiado complejos”, sino porque el cálculo convencional de Naturaleza/Sociedad genera las preguntas equivocadas y las respuestas equivocadas. Tales preguntas y respuestas tienen como premisa la idea de la separación práctica de la humanidad de la red de la vida.
Pero no es lo contrario más plausible?
Si “la verdad es la totalidad” (Hegel), entonces la historia de totalidades específicas de la financiarización o del cambio climático o incluso el capitalismo histórico no se pueden aludir como un agregado de partes medioambientales y sociales. Porque el momento “social” de estos procesos es esencialmente co-producido y co-productivo; es un producto de la naturaleza como totalidad. Lejos de difuminar la especificidad de las relaciones “sociales” un enfoque de este tipo aumenta nuestra capacidad de captar su especificidad. Considérese, por ejemplo, la formación de nuevos órdenes de clase, raza y género en los siglos posteriores a 1492. ¿Podríamos realmente explicar el surgimiento del racismo moderno dejando entre paréntesis la conquista y despoblamiento de las Américas? O abstrayéndose del feroz registro de transformación biogeográfica de la frontera de la plantación de azúcar?¿O no considerando el endurecimiento de la división Humano/Naturaleza en la que muchos humanos mujeres, gente de color y muchos otros eran expulsados de la Humanidad con H mayúscula? La cuestión de la sociabilidad humana (diferencia, conflicto y cooperación) permanece en el centro de tal alternativa, pero está situada ahora en vivaces y rebeldes ensamblajes que envuelven y despliegan lo orgánico y lo inorgánico, lo humano y lo extrahumano, lo simbólico y lo material (Birch y Cobb 1981; Haraway 2016).
Situar la sociabilidad humana dentro de las redes históricas de poder, capital y naturaleza desplaza significativamente nuestro problema explicativo. Fuera sale el problema de cómo los humanos crearon Sociedad separada de Naturaleza. Dentro entra un nuevo conjunto de preguntas, encendiendo la luz sobre los patrones de diferencia, conflicto y cooperación de la humanidad dentro de la red de la vida. La financiarización, desde esta luz, no es un proceso social con “consecuencias” medioambientales y sociales consecuencias que ulteriormente plantean “límites” sociales y medioambientales y que podrían ser solucionados mediante “justicia” social y medioambiental–. La financiarización es, más bien, un paquete de naturalezas humanas y extra-humanas. Su reclamación de la riqueza futura implica reclamaciones sobre las futuras capacidades del trabajo humano y extra-humano y su transmutación en capital.
Las contradicciones las “leyes del movimiento” de tales procesos empaquetados no están basadas en una Sociedad abstracta (en general) presionando contra una igualmente abstracta Naturaleza. Están, más bien, basadas en el mosaico de la “doble internalidad” de la modernidad (Moore 2015, p. 3) esto es, en las formas en que el poder y la re/producción están específicamente empaquetados dentro de una red de vida que hace humanos y que hacen los humanos. (Pista: cuando los humanos interactuan con otros humanos, estamos como cualquier cuidador y cualquier padre puede decirle tratando con naturalezas rebeldes que desafían el límite Naturaleza/Sociedad)
Dicho simplemente, los humanos son una parte de la naturaleza. La totalidad de la naturaleza es inmanente en todo pensamiento, organización y movimiento humano. La frase es difícilmente controvertida. La mayor parte de los estudios académicos medioambientales estarían de acuerdo…. al menos en principio. Sienta bien caracterizar a la “sociedad humana” como “interna y dependiente de un metabolismo terrestre mayor (Foster 2013a, p. 8). Y para muchos expertos del cambio global tales frases que hacen sentir bien son el final de la línea. Es decididamente menos cómodo –y considerablemente más abrumador repensar nuestros marcos metodológicos, proposiciones teóricas y estrategias narrativas bajo esta luz. Si no son solo los humanos, sino las organizaciones humanas producto y productores de naturaleza extra-humana, se sigue de ahí un replanteamiento fundamental de la narración, la formación de conceptos y la orientación metodológica.
Que dicho replanteamiento ha hecho pocos avances hasta hace poco con la explosión de las perspectivas de actor-red, ensamblado, ecológico-mundiales y multi-especie no es nada sorprendente. Porque moverse más allá de la Aritmética Verde en un sentido analítico-empírico es desafiar la base misma de las ciencias sociales y su idea gobernante: que la actividad humana está, para propósitos analíticos prácticos, “exenta” de la dinámica de la red de vida. En la lógica del “excepcionalismo humano” (Dunlap y Catton 1979; también Haraway 2008; Moore 2015), las relaciones entre humanos son ontológicamente independientes de la naturaleza. Al hacer esto, el excepcionalismo le permite a uno hablar de modernidad como un conjunto de relaciones sociales que actúan sobre la red de vida, en lugar de desarrollarse a través de ella. Esto le permite a uno suponer que la historia, en múltiples resoluciones temporales y espaciales, se despliega como una especie de ping-pong entre “fuerzas naturales” y “agencia humana”.
La contribución revolucionaria de Foster fue usar el metabolismo como un medio de poner el trabajo el trabajo de los humanos y el trabajo de la naturaleza en el centro de la cuestión de la naturaleza y por tanto de la historia del capitalismo. Su formulación de la brecha marcó una especie de umbral: entre ciencia social cartesiana y postcartesiana. Dentro del contexto de la sociología estadounidense, Foster tenía como objetivo consciente trascender los límites del excepcionalismo humano y establecer un programa de investigación basado en la teoría social clásica, el marxismo sobre todo (1999). La coyuntura era fructífera. El auge de la sociología medioambiental en los 70 no había cambiado la disciplina. El marxismo, también, tenía todavía que encontrar su ritmo sobre las cuestiones ecológicas. A finales de los 90, sin embargo, las condiciones habían madurado para el auge del metabolismo como una “estrella conceptual” (Fischer-Kowalksi 1997). Se estableció un vigoroso programa de investigación.
Esta estrella conceptual dio forma a una corriente importante dentro de las “humanidades medioambientales” en el amanecer del siglo XXI. En registros diferentes, el metabolismo influenció fuertemente tanto la escuela neomaltusiana “socio-metabólica” de Fischer-Kowalski como los enfoques marxistizantes sobre el cambio medioambiental global  (Fischer-Kowalski y Haberl 1998; Foster 1999). El metabolismo parecía ofrecer la posibilidad de vadear la “Gran División” de Naturaleza y Sociedad (Goldman y Schurman 2000).
La primera formulación de Foster de metabolismo sugería cómo podíamos llevar a cabo esa posibilidad (1999, 2000). Al destacar trabajo, naturaleza y capital, Foster parecía proponer un nuevo método de amarrar las naturalezas humana y extra-humana. Los procesos y relaciones iniciados por los humanos se podían situar dentro de su internalización de naturalezas particulares extra-humanas, y dentro de la naturaleza como conjunto. Al mismo tiempo, la biosfera podía ser entendida como elementos internalizantes de procesos iniciados por los humanos obviamente una relación asimétrica. Un método así se tomaría en serio un desordenado proceso de co-producción que se movería más allá de re-etiquetar a la Sociedad como “naturaleza humana” y a la Naturaleza como “naturaleza extra-humana”. En un cálculo de este estilo, los peligros del determinismo mediambiental y el reduccionismo social  serían trascendidos. la “sociedad” humana podría ser entendida como simultáneamente un productor y un producto de la red de vida, desigualmente co-producida y con facultades simbólicas. Al hacer esto, las formas específicas de sociabilidad humana podrían distinguirse y ser analizadas de formas mucho más complejas y sutiles comparadas con esos romos instrumentos, Naturaleza/Sociedad. En esta síntesis potencial, estaría el puente sobre la Gran División. 
Y sin embargo, a pesar de este atractivo, esta síntesis nunca se produjo. Nunca se construyó el puente. La elaboración de Foster de metabolismo y materialismo incautó rápidamente la misma posibilidad de síntesis que sugería. Los “procesos interdependientes del metabolismo social” de Marx fueron forzados a un marco dualista: “metabolismo de la naturaleza y la sociedad” (Marx 1981, p. 949; Foster 2000: c. 6, cursiva añadida). Al mismo tiempo, Foster animaba a una brecha teórica entre materialismo histórico y economía política crítica, subrayada por la reluctancia a desarrollar las posibilidades socio-ecológicas de la teoría del valor de Marx. El dualismo de Sociedad (humanos sin naturaleza) y Naturaleza (ecologías sin humanos) no fue trascendido.
Al criticar al Marxismo Occidental por desterrar la naturaleza de la dialéctica, Foster estableció un nuevo canon Rojiverde, y dibujó un nuevo mapa cognitivo para el marxismo ecológico. El nuevo canon Rojiverde era notable no solo por a quién incluía sino por a quién dejaba fuera. Incluyendo a figuras como Richard Levins, Richard Lewontin, Stephen J. Gould y Barry Commoner eliminaba muchos otros pensadores críticos líderes de las nuevas ciencias sociales medioambientales en los largos 70: David Harvey, Neil Smith, Michael Watts, Robert M. Young y Carolyn Merchant, solo para empezar.1 Los geógrafos no eran bienvenidos en el canon de Foster, y especialmente aquellos asociados estrechamente con David Harvey (véase Foster y Clark 2016; Foster 2016, próximamente).2 La exclusión de los geógrafos Foster no pudo encontrar a un solo geógrafo al que reconocer el mérito de moverse más allá de la “primera etapa del ecosocialismo” (Burkett y Foster 2016, pp. 3-4) es importante por sí misma. (Ni tampoco el clásico artículo de Foster de 1999 hacía referencia a un cuarto de siglo (entonces) de ecología política de influencia marxista.)
Esta exclusión disciplinaria tuvo dos grandes efectos. Primero, la expulsión de los geógrafos de su versión de marxismo ecológico está estrechamente relacionada con su procedimiento de abstracción. Para Foster, la Sociedad (y el capitalismo) pueden ser conceptualizados abstrayéndose de las relaciones y condiciones geográficas. Lo mismo que un historiador no aceptaría concepciones ahistóricas del cambio social digamos, versiones toscas de teoría de modernización o de transición demográfica ningún geógrafo aceptaría una concepción de la Sociedad abstraída de la geografía. Segundo, el rechazo de los geógrafos a aceptar concepciones ageográficas de las relaciones Naturaleza/Sociedad ha llevado a un amplio escepticismo respecto al dualismo (véase especialmente Watts 2005; v.gr. Harvey 1995; Heynen et al. 2007; Peet et al. 2011; Braun y Castree 1998). La reticencia de Foster a emplear conocimientos geográficos se combina con una insularidad disciplinaria que lo ha apartado a efectos prácticos de discusiones con significado con geógrafos y otros especialistas en las ciencias humanas y sociales que han hecho el “giro espacial”  (v. gr., Warf y Arias, 2008). Entre las consecuencias intelectuales está la negativa de Foster a diferenciar a los construccionistas sociales de las interpretaciones materialistas que difieren de las interpretaciones Brecha. El argumento para el materialismo histórico-geográfico, por ejemplo, privilegia la relacionalidad de la humanidad-en-la-naturaleza (y la naturaleza-en-la-humanidad) en la que se entrelazan transformaciones materiales y culturales sin sucumbir al idealismo (Smith 1984; Harvey 1995; Braun y Castree 1998; Moore 2015a). Y sin embargo, para Foster, todas las desviaciones de su interpretación de Marx son idealistas y construccionistas. Los críticos de la Brecha son marxistas poco fiables o peor (v.gr., Foster 2013a, 2016a, próximamente; Foster y Clark 2016). El proceso evaluador es blanco y negro, y/o las diferencias de interpretación se arrojan en el crisol de la racionalidad cartesiana, fundiendo toda diferencia en categorías binarias.
El canon rojiverde de Foster ha evolucionado junto con el nuevo mapa cognitivo de Naturaleza y Sociedad de Foster. Gracias a Foster y otros, la Naturaleza se ganó un lugar dentro del marxismo e incluso más allá. Esta era, sin embargo, una interpretación estrecha del pensamiento de Marx sobre la red de vida (Moore 2015). Foster veía naturaleza como Naturaleza, con una gran N mayúscula. El dualismo había ganado la partida. La brecha como metáfora de separación, basda en flujos materiales entre Naturaleza y Sociedad, triunfó. El logro fue poderoso, pero también lo fue el coste. Se dejó a un lado una visión del metabolismo como medio de unificar a los humanos con la naturaleza, desplegándose mediante metabolismos combinados y desiguales de poder, riqueza y naturaleza. En estas, la concepción dualista de metabolismo y sus “brechas” influenciaron durante una década y más de estudios ambientales críticos, especialmente dentro de la sociología medioambiental.
¿Por qué debería ser esto un problema? Quizá no fue un problema importante durante la primera década del siglo XXI. Brotaron nuevas interpretaciones y análisis empíricos. Para 2010, sin embargo, empezó a parecer como si los argumentos de la Brecha hubiesen explicado todo lo que podrían dentro de los límites de la Aritmética Verde (v. gr., Foster et al., 2010). Los analistas de la Brecha han completado en buena parte el trabajo de mapeo de los problemas ambientales dentro del capitalismo pero el carácter aditivo de ese proyecto limitaba su capacidad de explicar no solo las consecuencias del capitalismo, sino su constitución como productor y producto de la red de vida.
La perspectiva de brecha metabólica no está sola en esto: la señal de haber cumplido del Pensamiento Verde, desde los 70, era rellenar y engrosar los espacios en blanco del mapa cognitivo excepcionalista humano. Como Pensamiento Verde como conjunto, los argumentos de la Brecha cayeron en una poderosa contradicción: un “doble sí” (Moore 2015). ¿Son los humanos parte de la naturaleza? Sí. ¿Podemos analizar las organizaciones humanas como si fuesen independientes de la naturaleza? Sí. Los estudios centrados en el metabolismo, como buena parte de los estudios ambientales críticos, se enfrentan a una contradicción no resuelta: entre una aceptación filosófico-discursiva de una ontología relacional (humanidad-en-naturaleza) y una aceptación práctico-analítica del dualismo Naturaleza/Sociedad (practicidad dualista). Una cosa ha sido afirmar y explorar las cuestiones ontológicas y epistemológicas (v.gr., Bennett 2009)3. Pero, ¿cómo se mueve uno de ver la organización humana como parte de la naturaleza hacia un programa analítico efectivo -y practicable?
Sobre el autor
Jason W. Moore, es historiador de historia del mundo y geógrafo histórico ese profesor asociado de Sociología en la Universidad de Binghamton. Es autor de varios libros, el más reciente de ellos Capitalism in the Web of Life (Verso, 2015) y editor de Anthropocene or Capitalocene? Nature, History, and the Crisis of Capitalism (PM Press, 2016). Coordina la Red de Investigación sobre Ecología-Mundo [World-Ecology Research Network] y está completando Seven Cheap Things: A World-Ecological Manifesto (with Raj Patel) y Ecology of the Rise of Capitalism, ambos para University of California Press. Este ensayo está extraído de “Metabolic Rift or Metabolic Shift? Dialectics, Nature, and the World-Historical Method.”
REFERENCIAS
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[1] Entre los textos representativos se incluyen los de Harvey (1974), Merchant (1980), Young (1979), Watts (1983), and Smith (1984).
[2] Foster presenta a Harvey como si defendiese la naturaleza como una “frontera exterior” (2013a, p. 9) -una posición que distorsiona la posición real de Harvey. Harvey mantiene un punto de vista considerablemente relacional de las relaciones socio-ecológicas en el que “todos los proyectos (y argumentos) ecológicos son simultáneamente proyectos (y argumentos) político-económicos y viceversa” (1993, p. 2, también 1995). Una lectura errónea similar se encuentra en la apropiación de Foster de mi concepción de crisis de época (Moore, 2011), que él describe como la “convergencia de contradicciones económicas y ecológicas” (2013b, p. 1). Estas apropiaciones indican la negativa de Foster a plantear la crítica relacional en sus propios términos.
[3] La crítica del dualismo naturaleza/sociedad es amplia. Entre las declaraciones clásicas se incluyen Smith (1984); Plumwood (1993); Braun yCastree (1998). Descartes es simplemente uno de los diversos nombres para el tipo de dualismo que surgió con el auge del capitalismo a principios de la era moderna (Moore 2015).
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El marxismo y la dialéctica de la ecología

[Traducido en octubre de 2016]

John Bellamy Foster y Brett Clark

¿O quizá la crítica crítica cree haber llegado, aunque más no fuera, a los comienzos del conocimiento de la realidad histórica, ya que excluye del movimiento histórico las relaciones teóricas y prácticas del hombre con la naturaleza, esto es, a las ciencias naturales y la industria?
—Karl Marx y Frederick Engels1
La recuperación de los cimientos ecológico-materialistas del pensamiento de Karl Marx tal como se encarnan en su teoría de la brecha metabólica está redefiniendo tanto al marxismo como a la ecología de nuestro tiempo, reintegrando la crítica del capital con la ciencia natural crítica. Esto puede parecer sorprendente a aquellos que se quedaron atrasados en la visión de que las ideas de Marx eran simplemente una síntesis del idealismo alemán, el socialismo utópico francés y la economía política inglesa. Sin embargo, tales perspectivas sobre el materialismo histórico clásico, que prevalecieron durante el pasado siglo, están dando paso a un reconocimiento más amplio de que la concepción materialista de la historia de Marx está inextricablemente ligada con la concepción materialista de la naturaleza, abarcando no solo la crítica de la economía política sino también la apropiación crítica de las revoluciones natural-científicas que se produjeron en su día.
Lo que Georg Lukács llamaba la “ontología del ser social” de Marx estaba enraizado en una concepción del trabajo como el metabolismo de la sociedad y la naturaleza. Desde este punto de vista, la existencia material-humana es simultáneamente socio-histórica y natural-ecológica. Además, cualquier conocimiento histórico realista exigía centrarse en las complejas interconexiones e interdependencias asociadas con las condiciones humano-naturales.2 Fue este enfoque total integrado lo que llevó a Marx a definir el socialismo desde el punto de vista de un proceso de desarrollo humano sostenible —entendido como la necesidad de mantener la Tierra para futuras generaciones, a la par con el mayor desarrollo de la libertad y el potencial humanos—. El socialismo por tanto exigía que los productores asociados regulasen racionalmente el metabolismo de naturaleza y sociedad. Es en este contexto en el que conceptos centrales de Marx como “metabolismo universal de la naturaleza”, “metabolismo social” y la “brecha” metabólica llegaron a definir su visión del mundo crítico-ecológica.3
El enfoque de Marx a este respecto está inserparablemente relacionado con su análisis de la forma-valor ecólogica. Central a su crítica de la producción capitalista de mercancías fue la contradicción entre valor de uso, representando la producción en general, y valor de cambio (como valor, la cristalización del trabajo abstracto). Además, Marx dió gran importancia al hecho que los recursos naturales bajo el capitalismo son tratados como un “regalo gratuito de la Naturaleza al capital”, y de ahí que no entren directamente en la producción de valor.4 Fue sobre esta base que distinguió entre riqueza y valor de mercancía. La riqueza consistía en valores de uso y era producida tanto por la naturaleza como por el trabajo. En contraste, el valor/valor de cambio de la economía capitalista de mercancías se derivaba únicamente de la explotación de la fuerza de trabajo humana. La contradicción entre riqueza y valor se halla por tanto en el núcleo del proceso de acumulación y está directamente asociado con la degradación y ruptura de las condiciones naturales. Es esta contradicción ecológica dentro del valor capitalista y el proceso de acumulación lo que sirve para explicar la tendencia del sistema a las crisis ecológicas, o la brecha metabólica. El sistema en su estrecha búsqueda del beneficio —y a escalas cada vez mayores— perturba progresivamente los procesos ecológicos fundamentales que gobiernan toda vida, así como la reproducción social.
El redescubrimiento de las teorías del metabolismo y la forma-valor ecológica de Marx y de su rol en el análisis de las crisis ecológicas, ha generado tendencias agudamente discordantes.5 A pesar de su importancia en el desarrollo tanto del marxismo como de la ecología, toda idea tiene sus críticos. Una manifestación de la divergencia en la izquierda a este respecto ha sido un intento de apropiarse de aspectos del análisis del metabolismo social de Marx para promover una cruda visión social “monista” basada en ideas tales como la “producción de naturaleza” social y el metabolismo singular del capitalismo.6 Tales perspectivas, aunque influenciadas por el marxismo, se basan en concepciones idealistas, postmodernistas e hiper-social-constructivistas, que van contra cualquier ecología historico-materialista con sentido y tienden a minimizar (o desestimar como apocalípticas o catastrofistas) toda crisis ecológica —en tanto no son reducibles a la estrecha ley del valor del sistema—. Todo esto está conectado con la persistencia del antropocentrismo, el excepcionalismo humano y el capitalocentrismo dentro de partes de la izquierda frente la actual emergencia planetaria.7
En lo que sigue, proporcionaremos breves exposiciones de algunos de los mayores logros en la ecología de Marx examinando la estructura conceptual de la teoría del metabolismo de Marx, su relación con la teoría de la forma-valor ecológica y alguna de las consecuencias desde el punto de vista de las crisis ecológicas. Ofreceremos a continuación una valoración crítica de los intentos social-monistas actualmente de moda de reducir el análisis ecológico de Marx a un “metabolismo singular” que expresa la lógica interna del mercado.8 Concluiremos con una explicación de la centralidad de la dialéctica para la ecología en la concepción marxiana.

La estructura conceptual de la teoría del metabolismo de Marx

La complejidad que caracteriza la teoría del metabolismo de Marx se ve mejor contra lo que István Mészáros ha llamado “El marco conceptual de la teoría de la alienación de Marx”, que establece las bases para todo el pensamiento de Marx. Para Mészáros, el análisis de Marx toma una relación triádica de humanidad-trabajo/producción-naturaleza. Los seres humanos necesariamente median su relación con la naturaleza a través del trabajo-producción. Sin embargo, la sociedad de clases capitalista crea todo un conjunto de mediaciones de segundo orden asociadas con el intercambio de mercancías, dando como resultado una relación triádica más alienada: humanidad alienada-trabajo/producción alienado-naturaleza alienada, que está superpuesta a la primera. La economía política capitalista se centra en este segundo triángulo alienado, aceptandolo en su inmediatez desprovisto de cualquier concepto de alienación; mientras la ciencia natural dentro de la sociedad capitalista, según Mészáros, se centra principalmente en la relación de la naturaleza alienada con la producción alienada con el objetivo del dominio último de la naturaleza. Desde esta posición el resultado es el rol separado de las ciencias naturales en la sociedad burguesa. Como escribe Mészáros, “la ‘alienación de la naturaleza’ intensificada -v. gr., la contaminación– es impensable sin la más activa participación de las Ciencias Naturales en este proceso”.9 Este mismo marco conceptual, aunque visto ecológicamente, es evidente en el tratamiento de Marx del metabolismo universal de la naturaleza, el metabolismo social y la brecha metabólica en el Capital (y en sus Manuscritos económicos de 1861-1863). Para Marx, el proceso trabajo-y-producción era definido como el metabolismo de la naturaleza y la sociedad. De ahí, el marco conceptual subyacente en el pensamiento de Marx, en estos términos, era una relación triádica no alienada: humanidad-metabolismo social-metabolismo universal de la naturaleza. El metabolismo social, en esta concepción, era actividad productiva real, constituyendo un intercambio activo de la humanidad mediante el trabajo con la totalidad de la naturaleza (esto es, el metabolismo universal)  —aunque tomando concretamente formas históricas específicas e implicando procesos distintos—.
Con el surgimiento de mediaciones de segundo orden asociadas con la producción de mercancías (la reducción de la tierra y el trabajo a un estatus parecido a mercancías), hay superpuesto sobre esta relación metabólica fundamental un triángulo de alienación de la humanidad-alienación del “proceso interdependiente de metabolismo social” (la brecha metabólica)-alienación del metabolismo universal de la naturaleza.10 La brecha metabólica está por tanto en armonía con lo que el joven Marx, en sus “Comentarios a los Elementos de Política Económica de James Mill” llamaba la “mediación alienada” de la “actividad de la especie humana” bajo el capitalismo.11
La ciencia natural burguesa toma cada vez más una forma ecológicamente modernizadora porque se ve forzada a abordar la brecha en el metabolismo social ocasionada por la economía política capitalista y el distanciamiento de la ciencia que esto engendra. Se proponen y emplean las llamadas “soluciones” tecnológicas, como la captura y secuestro del carbono, sin resolver en realidad las raíces sistémicas del problema ecológico. Sin embargo, en tanto en cuanto el capitalismo solo es capaz de desplazar tales contradicciones ecológicas, en última instancia crea una brecha aún más ancha en el metabolismo universal de la naturaleza, con efectos mucho más allá de los procesos inmediatos de producción, surgiendo la cuestión de los límites absolutos del capitalismo. Es este marco lo que constituye el núcleo de la teoría de la crisis ecológica de Marx, con su énfasis en la brecha antropogénica-metabólica engendrada por el sistema de producción. El resultado son unos retos ecológicos y catástrofes aún mayores y más profundos, representando la bancarrota final del sistema capitalista.
Este marco general se ilustra concretamente con el discurso de Marx sobre la crisis del suelo del siglo XIX, que era el contexto en el que introdujo el concepto de brecha metabólica. La humanidad ha estado necesariamente dedicada a la agricultura a lo largo de la historia de la civilización, bajo la forma triádica de humanidad-agricultura-suelo. La historia de la civilización está punteada con ejemplos de agriculturas que fueron en direcciones no sostenibles, degradando el suelo. Sin embargo, con el desarrollo de la agricultura industrializada bajo el capitalismo surgen nuevas relaciones mercantiles, alterando esta relación eterna-natural en formas cualitativamente nuevas, dando como resultado una brecha en la agricultura más sistemática e intensiva, por la que se perturba el retorno de nutrientes esenciales (por ejemplo, nitrógeno, fósforo y potasio) al suelo. Esto lleva a “una brecha irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social, un metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida misma”.12
En respuesta a esta perturbación de las condiciones naturales que gobiernan la reproducción del suelo —un producto de la extrema división de la sociedad burguesa entre campo y cuidad— los científicos naturales de los siglos XIX y XX fueron llevados a desarrollar medios para abordar esta brecha, dando como resultado primero el comercio internacional de guano y nitrato y más tarde el desarrollo de los fertilizantes industriales. El comercio de guano y nitrato alteró ecologias y generó guerras de dominio imperial.13 El desarrollo de los fertilizantes industriales, que también contribuyó a la creación de productos químicos utilizados en la guerra, se convirtió cada vez más en un soporte para la expansión del capitalismo. Esta solución técnica, que ignoraba el sistema subyacente de naturaleza alienada y sociedad alienada, ha dado como resultado un vasta escorrentía de fertilizantes, degradando cursos de agua y causando zonas muertas en océanos de todo el mundo. El desarrollo de los fertilizantes químicos sobre una base industrial global sirvió así al desplazamiento de la brecha en el metabolismo social entre seres humanos y el suelo a una brecha más amplia, total, en el metabolismo universal de la naturaleza, cruzando importantes límites planetarios y alterando procesos biogeoquímicos fundamentales de la biosfera.14

La ley capitalista del valor y la destrucción de la naturaleza

Todo esto se puede entender mejor si ponemos en contexto la teoría de la forma-valor ecológica de Marx. En la explicación de Marx del sistema de valor de la mercancía bajo el capitalismo (y en la economía política clásica en general), la riqueza consiste en valores de uso, que tienen una base natural-material vinculada a la producción en general. Por el contrario, el valor (basado en trabajo social abstracto) bajo el capitalismo se deriva únicamente de la explotación de la fuerza de trabajo y está desprovisto de cualquier contenido natural-material. La Naturaleza es por tanto considerada por el sistema como un “regalo gratis … al capital”. Esta contradicción da lugar a lo que se conoce como la Paradoja Lauderdale, llamada así por James Maitland, octavo conde de Lauderdale, un economista político clásico de principios del siglo XIX. Lauderdale señalaba que la acumulación de riqueza privada (valor de cambio) bajo el capitalismo depende en general de la destrucción de riqueza pública (valor de uso), para generar la escasez y el monopolio esenciales para el proceso de acumulación.15 Bajo estas condiciones, la degradación medioambiental acelerada que destruye los bienes comunes es una consecuencia intrínseca de la acumulación de capital e incluso sirve como base para más acumulación, ya que se crean nuevas industrias, como la gestión de desechos, para lidiar con los efectos.
El capitalismo es por tanto una forma extrema de sistema disipativo. Uno rapaz en su explotación de las fuerzas naturales (incluyendo las que a Marx le gustaba llamar las “fuerzas vitales” de la humanidad). En su constante impulso en busca de más valor de plusvalía maximiza el rendimiento de energía y recursos, que son a continuación arrojados de vuelta al medio ambiente. “Après moi le déluge! es el lema de todo capitalista y todo país capitalista.”16 Lo que distinguía el análisis de la forma-valor ecológica de Marx a este respecto era el reconocimiento de que la degradación y alteración de la naturaleza bajo el capitalismo se intensificó con un sistema de producción de mercancías que basaba sus cálculos enteramente en el trabajo, mientras trataba a la naturaleza como un reino de no valor.17
Marx sacó inicialmente su concepto del metabolismo universal de la naturaleza, y su relación con la reproducción social y ecológica, del trabajo de su amigo y camarada revolucionario, el socialista físico Roland Daniels. En su trabajo de 1851 Mikrokosmos, Daniels aplicó el concepto de metabolismo a la manera de la teoría de sistemas para explicar las relaciones interconectadas entre plantas y animales.18 Marx se erigió sobre la concepción de Daniels, así como sobre el trabajo del químico alemán Justus von Liebig, para desarrollar su idea de reproducción social-metabólica y la brecha metabólica.19 Al escribir el Capital y en el periodo que siguió, estuvo cada día más y más preocupado por las crisis ecológicas. Tras leer los estudios del botánico Carl Fraas sobre la destrucción del suelo y la desertificación a lo largo de la  larga historia de las civilizaciones basadas en clases, Marx argumentó que este proceso solo se había intensificado y expandido, en muy diversas formas, bajo el capitalismo —y se había convertido en consecuencia en algo “irreparable” bajo el moderno sistema de producción con trabajo alienado—. De ahí concluía que la destrucción ecológica bajo el capitalismo representaba una “tendencia socialista inconsciente” —en el sentido que señalaba la necesidad de una ruptura revolucionaria con el sistema—.20
En el análisis de Marx, por tanto, el concepto de metabolismo se convierte en la base de una teoría de los aspectos ecológicos del desarrollo histórico humano, apuntando a una brecha metabólica bajo el capitalismo que exigía la “restauración” de un metabolismo social no alienado frente a la degradación capitalista y el desarrollo de una sociedad de igualdad real y sostenibilidad ecológica, concretamente el socialismo. Nada de esto desmerecía la critica político-económica del capitalismo como sistema de explotación de la fuerza de trabajo. Al contrario, en la concepción de Marx, el capitalismo minaba “las fuentes originales de toda riqueza: el suelo y el trabajador.”21

La ecología y el monismo social: La subsunción de la naturaleza

El poder de la concepción de Marx del metabolismo social se basa en el hecho de que se anticipó a los análisis modernos de los ecosistemas y sistema Tierra, ambos basados en el concepto del metabolismo —y tenían vínculos concretos en la etapa formativa en el desarrollo de estas ideas dentro de la ecología socialista—.22 El enfoque general materialista de Marx anticipaba y de alguna manera influyó en muchos de los grandes avances en ecología de finales del siglo XIX y principios del XX. Además, su crítica ecológica, que estaba atada a su crítica general político-económica del capitalismo, es la perspectiva teoríca más desarrollada de sistemas dialécticos de la que disponemos hoy para comprender el rol enormemente complejo del capitalismo en la degradación tanto del trabajo como de la naturaleza.
Sin embargo, diversos teóricos, surgidos de tradiciones marxianas y de otras, han intentado seguir otro camino, subrayando el rol unificador del capitalismo con respecto a la ecología, de manera que el capitalismo es visto como constitutivo de la red de la vida. Este enfoque social-monista (y esencialmente idealista) se justifica como un ataque al dualismo cartesiano. El claro intento es descarrilar el marxismo ecológico asociado con el movimiento ecosocialista, especialmente su dialéctica materialista.
Buena parte del análisis social-monista tiene sus raíces epistemológicas en el rechazo categórico del Marxismo Occidental de la dialéctica de la naturaleza —inspirado en una famosa nota al pie de Luckács en Historia y conciencia de clase (una nota que él mismo contradecía en otra parte del libro y que repudió completamente más tarde) en la que cuestionaba la concepción de la dialéctica de la naturaleza de Engels—.23 Iniciado por Aventuras de la dialéctica de Merleau-Ponty y desarrollado en las obras de muchos otros autores, el rechazo de la dialéctica de la naturaleza, y con él tanto de la naturaleza como objeto de análisis y como ciencia natural misma, se convirtió en un rasgo definidor del Marxismo Occidental como una tradición filosófica diferenciada. Esto reforzó una dialéctica idealista, sujeto-objeto, confinada a la humanidad, el mundo humano y las ciencias humano-históricas.24
El resultado fue la popularidad en la izquierda de lecturas abstracto-idealistas, hiper-social-constructivistas y postmodernistas del marxismo, que se definían en oposición al materialismo y especialmente al materialismo dialéctico. Volviendo a la cuestión del medio ambiente —dada su creciente importancia en la época del Antropoceno— los pensadores radicales han promovido progresivamente un monismo social antropocéntrico, en el que la naturaleza es vista como completamente internalizada por la sociedad. Esto ha llevado al geógrafo de izquierda Neil Smith a referirse a la “completa [all the way down] subsunción real de la naturaleza” al capitalismo. Escribe: “La Naturaleza no es nada si no es social”. Los científicos sociales, sostiene, deberían por tanto rechazar la idolatría de la ciencia natural de las “así llamadas leyes de la naturaleza” y condenar el “apocalipticismo de izquierda” y el “fetichismo de la naturaleza” identficado con los movimientos ecologistas.25 Extendiendo la lógica de Smith, el teórico de la ecología-mundo Jason W. Moore declara que el capitalismo se apropia y subsume la naturaleza “completamente, en todos los sentidos” [all the way down, across, and through, literalmente todo el camino hacia abajo, a lo largo y a través, Nota del t.]26
Para tales pensadores, la “primera naturaleza” (la naturaleza  precediendo a la sociedad) ha sido absorbida completamente por la “segunda naturaleza” (la naturaleza transformada por la sociedad).27 Por tanto, la naturaleza ya no existe como una realidad en  y por sí misma, o como un referente ontológico, sino que conserva solo una existencia borrosa dentro de los socialmente construidos “híbridos” o “paquetes” creados por la ecología-mundo capitalista.28 Este punto de vista rechaza las ideas de conflicto entre capitalismo y ecología, de brecha ecológica y de alienación de la naturaleza como formas de “dualismo” cartesiano.29 Cualquier sugerencia de que la producción de mercancías capitalista perturba necesariamente procesos ecológicos básicos es tachada de visión apocalíptica —una acusación que se tralada a científicos naturales y ecologistas radicales, percibidos como los principales enemigos de la visión del mundo social-monista—.
Una mirada crítica de cerca revela las profundas contradicciones asociadas con esta perspectiva social-monista, incluido un determinismo social que se extiende hasta el borrado de la naturaleza misma. Por ejemplo, Moore propone replicar al “dualismo” de naturaleza y sociedad que él atribuye al marxismo ecológico con un “punto de vista monista y relacional” por el que “empaquetamiento” de naturaleza y sociedad implica su existencia unificada.30 Sostiene que el “capitalismo internaliza —aunque parcialmente— las relaciones de la biosfera”, mientras las fuerzas del capital crean y configuran “la internalización de la biosfera de los procesos del capitalismo”. O, como señala en otra parte: “El capitalismo internaliza la contradicción de la naturaleza como totalidad, mientras la red de la vida internaliza las contradicciones del capitalismo”.31 En cada uno de estos puntos, la naturaleza se convierte simplemente en la relación interna del capitalismo, dejando de existir efectivamente por sí misma.
En sus esfuerzos por evitar el dualismo —evitando al mismo tiempo cualquier dialéctica materialista no preestablecida— Moore propone que el mundo está formado por “paquetes de naturaleza humana y extrahumana” que constituyen una “red de vida” abstracta definida principalmente en términos socio-culturales.32 En este enfoque en gran parte discursivo, tales paquetes son “formados, estabilizados y periódicamente alterados.”33 De hecho, “toda agencia“, declara, “es una propiedad relacional de paquetes específicos de naturaleza humana y extrahumana.”34 Todo lo que existe, según la filosofía de monismo neutral, consta de formas “empaquetadas”.35
La gran pesadilla para tales teóricos es el dualismo. Geógrafos de izquierda como Neil Smith y Erik Swyngedouw van tan lejos como para afirmar que Marx mismo era un dualista. “Dado el tratamiento de la naturaleza en el propio Marx”, afirma Smith, “puede que no sea poco razonable ver en su visión también una cierta versión del dualismo conceptual de la naturaleza.” Lo social y lo natural”, escribe Swyngedouw, “pueden haber sido unidos y hechos históricos y geográficos por Marx, pero lo hizo en formas que mantienen a ambos como dominios separados a priori.”36 Para superar lo que ve como dualismo de sociedad y naturaleza de Marx, Swyngedouw propone un hibridismo universal bajo la forma de una “socionaturaleza” singular.
Para el geógrafo radical Noel Castree, reflejando los puntos de vista de Smith (sobre los que Castree basa su propio análisis), “la naturaleza se vuelve interna al capitalismo de una forma tal que la distinción misma implicada en usar estos términos está erosionada y socavada.”37 El capitalismo tiene todo el poder sobre la naturaleza y “parece tragarse a esta última completamente.”38 De ahí que ya no haya naturaleza como tal, en el sentido del objeto de la ciencia natural. Como señala Moore, el “materialismo verde” fue “forjado en una era en la que la naturaleza todavía contaba mucho” —lo que, implica él— ya no es el caso.39 Como resultado, al ecologismo le falta algún referente definido en la naturaleza y las preocupaciones medioambientales son en sí mismas problemáticas —un punto de vista enfatizado sobre todo por el sociólogo antiízquierdista francés Bruno Latour—.40
El absurdo resultante se puede ver en el apoyo de Moore al ataque del geógrafo crítico Bruce Braun al economista ecologista marxiano Elmar Altvater por obedecer en su análisis a la segunda ley de la termodinámica, básica para la física. 41 Para Moore, en contravención de la ciencia natural: “La ‘ley de la entropía’ … opera dentro de patrones específicos de poder y producción. No está determinada por la biosfera en lo abstracto. Desde el punto de vista de naturaleza histórica, la entropía es reversible y cíclica —pero sujeta a una entropía creciente dentro de la lógica específica civilizatoria—.”42 En este extraño punto de vista social-monista, la entropía está sometida a la sociedad, que es supuestamente capaz de darle la vuelta o reciclarla – haciendo por lo tanto retroceder o doblarse la flecha del tiempo.
Tales pensadores de izquierda llegan tan lejos como para eximir completamente a la humanidad de las leyes de la naturaleza, argumentando que ‘naturaleza y sus derivados más recientes como ‘medio ambiente’ o ‘sostenibilidad’ son significados ‘vacíos’.”43 Aunque la ‘Naturaleza’ (como producto histórico) proporciona los cimientos, las relaciones sociales producen la historia de la naturaleza y la sociedad.”44
Desde esta perspectiva esencialmente anti-ecologista, expresada en términos postmarxistas o postmodernistas, los ecologistas radicales (incluido todo el movimiento Verde) son criticados por percibir un conflicto entre naturaleza y sociedad capitalista, y se dice que tienen tendencia a un “imaginario apocalíptico”, alimentando ‘ecologías del miedo’ ”—descritas como “confundidas en [la] retórica de la necesidad de un cambio radical para prevenir la catástrofe inmanente.””—45 Smith amonesta a los científicos climáticos que “intentan distinguir las contribuciones sociales [antropogénicas] frente a las naturales en el cambio climático” por contribuir a “no solo un debate de tontos sino una filosofía de tontos: deja el sacrosanto abismo entre naturaleza y sociedad —naturaleza en una esquina, sociedad en la otra—.”46
El escepticismo general de Smith y otros pensadores de izquierda hacia el debate y la acción ante el cambio climático equivale a una aquiescencia con el status quo, y al distanciamiento respecto a las preocupaciones medioambientales. Moore atribuye lo que llama “el fetichismo metabólico del materialismo verde” (un término que él usa para los marxistas ecologistas) a su concepción “biofísica” del sistema Tierra. No solo Swyngedouw sino incluso Alan Badiou y Slavoj Žižek argumentan que “la ecología se ha convertido en el nuevo opio para las masas” —una fórmula repetida palabra por palabra y fuertemente apoyada por los tres pensadores—.47
Dando la espalda a la ciencia ecológica, Moore advierte contra la “fetichización de los límites naturales”.48 Contradiciendo directamente a algunos de los científicos climáticos líderes mundiales, miemtros del Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno, afirma: “La realidad no es la de la humanidad [esto es, la sociedad] arrollando las grandes fuerzas de la naturaleza”. Por el contrario sugiere que el capitalismo aparentemente tiene una infinita capacidad de “vencer los aparentemente insuperables ‘límites naturales'” —de ahí que no haya una brecha real en los límites planetarios asociados con el Antropoceno e, implícitamente, ningún motivo para preocuparse—.49 En el peor de los casos, la apropiación de la naturaleza del sistema termina por aumentar los costes de los recursos naturales, creando un problema final para el capital, a medida que la “naturaleza barata” se vuelva más escurridiza.50 El capitalismo en sí es visto como una ecología-mundo que se “despliega en la red de la vida”, innovando para superar la escasez económica cuándo y dónde se produce.51
Moore adopta el término “red de vida” para sugerir que aborda las preocupaciones ecológicas. Sin embargo, la frase se usa principalmente como una metáfora para la subsunción de la naturaleza del capital. El mundo en su completitud —natural y social— es descrito como simplemente un grupo de relaciones empaquetadas, entrelazadas, en las que predomina el capital. Esta posición se parece de muchas formas a la de los intelectuales de la modernización ecológica y el “capitalismo verde”, quienes proponen que la sostenibilidad medioambiental se puede conseguir internalizando la naturaleza dentro de la economía capitalista, juntándolo todo bajo la lógica del mercado.52
De hecho, Moore ha ido recientemente tan lejos como para alabar a los fundadores del ecomodernista Breakthrough Institute Ted Nordhaus y Michael Shellenberger —ideólogos líderes de los mercados capitalistas, la alta tecnología (incluida la nuclear y la geoingeniería) y el crecimiento económico acelerado— por proporcionar un análisis superior de los problemas medioambientales. Se nos dice que sus ideas suponen una “poderosa crítica” a la que los marxistas ecologistas, con su foco en los supuestos conceptos “dualistas” de la brecha metabólica, la huella ecológica y el Antropoceno son “vulnerables”. El error de estos últimos, argumenta Moore, haciéndose eco del Breakthroug Institute, es una “crítica verde” que se centra en “lo que el capitalismo hace a la naturaleza” en lugar de —como en el trabajo de Nordhaus y Shellenberger (y Moore mismo)— en “cómo la naturaleza trabaja para el capitalismo”. De hecho, la tarea que tenemos ante nosotros, declara, es la de “Poner la naturaleza a trabajar”.53
Un análisis de este tipo rechaza una crítica basada en la alienación del trabajo y la naturaleza y la brecha en el metabolismo social. Pavimenta la contradicción entre una humanidad alienada y una naturaleza alienada y normaliza la ideología recibida. Moore sustituye la idea compleja de Marx de una “brecha en el proceso interdependiente del metabolismo social” con lo que llama un “metabolismo singular de poder”.54 “El problema”, escribe, no es “la brecha [rift] metabólica, sino el desplazamiento [shift] metabólico… El metabolismo se convierte en una forma de discernir desplazamientos (unificaciones provisionales y específicas) no brechas (separación acumulativa).”55 El resultado —de acuerdo con la idea de Smith de “la unidad de la naturaleza a la que dirige el capitalismo”— es una negativa sin cuartel de la concepción de Marx de la “mediación alienada” del metabolismo social de la humanidad y la naturaleza bajo el capitalismo.56
En la perspectiva unidimensional de tales pensadores social-monistas, no hay razón para analizar la interpenetración, intercambio y mediación de las relaciones naturaleza-sociedad. Los ciclos y los procesos naturales no son vistos como relativamente autónomos de la sociedad, incluso por fuerza de abstracción, sino que están subsumidos dentro de la sociedad. De ahí que ya no son vistos como sujetos legítimos de análisis. En el lugar de la dialéctica compleja de naturaleza y sociedad, se nos deja solo con un “empaquetado dialéctico” en el que la realidad se reduce a una serie de ensamblajes socialmente construidos de cosas o procesos.57 Para Moore, la idea de ecología-mundo significa simplemente capitalismo a gran escala, inscrito en todo. Es en sí misma una “red de vida”, que no es nada más que un grupo de paquetes (es decir, mercancías). La idea del sistema Tierra simplemente desaparece.
Marx, por el contrario, indicaba claramente que naturaleza y sociedad son irreductibles. Uno no puede y no debería estar subsumido dentro del otro. La opción aquí no es entre monismo y dualismo. Más bien, una dialéctica materialista, de sistema abierto —centrada en la mediación y totalidad y que tenga en cuenta el carácter heterogéneo de la realidad y los niveles integrantes— nos da la única base crítica-realista con sentido para el análisis.58 Además, esto no se puede conseguir por mera contemplación sino que exige la unificación de la teoría y la práctica, en el contexto del desarrollo de las relaciones materiales reales.

El realismo dialéctico y la reunificación del marxismo

Dentro de la crítica de la economía política de Marx reside su profunda preocupación por abordar la alienación de la naturaleza. Como escribió en los Grundrisse, no es la unidad de la humanidad viva y activa con las condiciones naturales, inorgánicas de su intercambio metabólico con la naturaleza, y de ahí de su apropiación de la naturaleza, lo que requiere una explicación o es el resultado de un proceso histórico, sino más bien la separación entre estas condiciones inorgánicas de la existencia humana y su existencia activa, una separación que está planteada completamente solo en la relación de trabajo asalariado y capital.59
El marco conceptual de Marx del metabolismo universal de naturaleza, metabolismo social y brecha metabólica proporciona los medios para abordar esta separación. Sirve como la base para desarrollar una dialéctica de la naturaleza sin desarrollo preestablecido que explique las relaciones internas y externas. También ilumina cómo la alienación de la naturaleza y la creación de una brecha metabólica en relación al metabolismo universal de la naturaleza están entrelazadas con el sistema del capital.
El metabolismo social abarca el trabajo humano y la producción en relación al mundo biofísico mayor. El trabajo es, según Marx, una “interacción metabólica” necesaria entre los humanos y la Tierra.60 Siguiendo a Marx, Lukács explicaba que la fundamentación del trabajo “es el metabolismo entre hombre (sociedad) y naturaleza”, puesto que estas relaciones son “la base de la reproducción del hombre en sociedad, como sus condiciones previas insuperables”.61 “Por grande que sea el efecto transformador… del proceso de trabajo”, observaba, “los límites naturales solo pueden retroceder, nunca desaparecer.”62 El intercambio entre humanidad y naturaleza es, para Marx, una condición permanente de la vida y de la sociedad. “El proceso de trabajo es antes que nada un proceso entre el hombre y la naturaleza… el metabolismo entre [humanidad] y naturaleza” -y nunca puede perder este carácter fundamental.63
El auge del capitalismo introdujo mediaciones diferentes de segundo orden asociadas con la forma específica de producción de mercancías y la incesante búsqueda de acumulación de capital. La propiedad privada y el trabajo asalariado alienaron no solo a la humanidad y al proceso productivo, sino a la naturaleza misma. Como se indica más arriba, esto tomó la forma de una mediación alienada, generando una brecha metabólica entre sociedad y naturaleza. La crisis ecológica, o la “brecha irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social” solo puede por tanto ser abordada mediante un realismo crítico o dialéctico.64
Por el mero hecho de su participación activa en el trabajo y la producción, la humanidad está también implicada en el metabolismo social de los seres humanos y la naturaleza y la formación de una “segunda naturaleza”. No obstante, el metabolismo universal de la naturaleza, esto es, la naturaleza en su sentido más amplio, dinámico y universal (“primera naturaleza”) permanece. Una perspectiva dialéctica-realista exige una explicación completa tanto de las relaciones internas como externas en lugar de confinar los análisis solo a la dinámica interna. Plantea la cuestión fundamental de la distinción entre dialéctica abierta y cerrada. Como Explica Fredric Jameson:
La idea de la dialéctica, con artículo definido —o dialéctica como sistema filosófico, o de hecho como el único sistema filosófico— obviamente te remite a la posición en que la dialéctica es aplicable a todo y cualquier cosa … el Marxismo Occidental … permanece vigilante frente a lo que se puede llamar una posición viconiana, en el espíritu del verum factum de la Scienzia Nuova; solo podemos entender lo que hemos hecho y por tanto estamos en la posición de reclamar únicamente el conocimiento de la historia pero no de la naturaleza, que es la obra de Dios.65
Por el contrario, una dialéctica materialista es inherentemente abierta, no cerrada. Acepta que no hay cierre: no hay dominio humano completamente separado de la naturaleza —y no ha dominio de Dios—. Desde una perspectiva materialista-realista, es imposible incluso empezar a abordar la dinámica del medio ambiente si se sigue el completo rechazo del Marxismo Occidental de la dialéctica de la naturaleza. En un capítulo de su Ontología del ser social, titulado Marx (publicado en inglés como libro separado), Lukács, intentando reunificar el análisis marxiano, escribe:
Para Marx,el conocimiento dialéctico tiene un carácter meramente aproximado, y esto es así porque la realidad consta de la incesante interacción de complejos, que están localizados tanto interna como externamente en relaciones heterogéneas, y son ellos mismo síntesis dinámicas de componentes a menudo heterogéneos, de manera que el número de elementos efectivos puede ser bastante ilimitado. El carácter aproximado del conocimiento no es principalmente por tanto algo epistemológico, aunque por supuesto también afecta la epistemología; es más bien el reflejo en el conocimiento del constituyente ontológico del ser; la infinidad y heterogeneidad de los factores objetivamente operativos y las principales consecuencias de esta situación, es decir, que las leyes científicas solo se pueden cumplir en el mundo real como tendencias, y necesidades solo en la maraña de fuerzas opuestas, únicamente en una mediación que tiene lugar mediante infinitos accidentes.66
El realismo dialéctico-crítico sirve como base para analizar las relaciones materiales, especialmente aquellas asociadas con la “mediación alienada” del capitalismo de la humanidad y la naturaleza. El rechazo a la idea de brecha metabólica y su sustitución por paquetes, “internalidades dobles” y la supuesta unificación por parte del capitalismo de la naturaleza, es devolver a la teoría marxiana a un idealismo prehegeliano, una filosofía especulativa que a nada se parece más que al sistema de Leibniz, con sus mónadas sin ventanas y un estático “mejor de los mundos posibles”.67 Las últimamente novedosas concepciones social-monistas e hibridistas toman como base el fetichismo de las apariencias inmediatas, que es luego usado para re-reificar la teoría social, llegando a un actualismo acrítico. Esto lleva al error que Alfred North Whitehead llamaba “la falacia de la ‘concretitud’ fuera de lugar”. 68
Resulta útil aquí tomar nota de la advertencia de Lukács contra “la fetichización empiricista enraizada epistemológicamente” que no tiene en cuenta “contradicciones más profundas y sus conexiones con las leyes fundamentales”. Él argumentaba que una dialéctica cerrada, del tipo de la avanzada hoy por los monistas sociales, invariablemente descansa “en esta fetichización objetivificante y rigidificante, que siempre surge cuando los resultados de un proceso son considerados solo en su forma última y terminada y no también en su génesis real y contradictoria. La realizad se fetichiza en una inmediata y vacua “unicidad” y “singularidad”, que se puede así erigir fácilmente en un mito irracional.”69
El mito irracional en cuestión aquí es el concepto de un “metabolismo singular” que, al postular la completa subsunción de la naturaleza en la sociedad, ignora los procesos ecológicos como tales, e incluso la ciencia natural misma.70 El argumento acompañante, él mismo dualista, de que el movimiento ecologista debe escoger entre un monismo abstracto y un tosco dualismo -asociando la dialéctica con el primero- es una trampa que simplemente afirma la ideología burguesa bajo una nueva forma. Ni el monismo ni el dualismo son consecuentes con un método dialéctico, que necesariamente trasciende ambos. En las palabras del filósofo ambientalista Richard Evanof:
En lugar de dicotomizar humanidad y naturaleza (como en las teorías dualistas) o identifcar humanidad y naturaleza (como en las teorías monistas), una perspectiva dialéctica realista sugiere que aunque la naturaleza proporciona de hecho los recursos materiales que mantienen la vida humana, la cultura ni está determinada por la naturaleza ni necesita subsumir toda la naturaleza para mantenerse. La naturaleza está constituida por la cultura humana en el sentido que las interacciones humanas transforman y modifican el medio ambiente natural de manera importante, pero los procesos naturales sin embargo pueden continuar y lo hacen en ausencia de interacción humana, sugiriendo que una medida de autonomía para la naturaleza puede y debería ser mantenida y respetada.71
Refiriéndose a la brecha metabólica de Marx, Naomi Klein observa acertadamente que la “capacidad de la Tierra de absorber los sucios subproductos del voraz metabolismo del capitalismo global está llegando al límite.” 72 El monstruo gigante capitalista está llevando a la acumulación de gases de efecto invernadero a la atmósfera, creando por este y otros medios una brecha antropogénica en el metabolismo del sistema Tierra, con consecuencias a muy largo plazo más allá de las condiciones inmediatas de producción. El cambio climático global está contribuyendo a la acidificación de los océanos, que tiene efectos dramáticos, por ejemplo, sobre los calcificadores marinos, que deben usar más energía para producir calcio biogénico para la formación de conchas y placas.73 Estas especies son la base de una red alimenticia extensa, así qe lo que les suceda a ellos tiene amplias ramificaciones a escala biosférica. Adicionalmente, el calentamiento y acidificación de los océanos están contribuyendo al blanqueamiento y colapso del coral. Estos extensos ecosistemas coralinos interpretan un papel central en la creación de un medio rico en nutrientes y en el mantenimiento de la biodiversidad marina.74 La acidificación de los océanos es conocida como la conductora de extinciones masivas previas y un factor contribuyente a la actual extinción en masa.
El marco conceptual de Marx del análisis metabólico sirve como una poderosa base para comprender esta brecha en el sistema Tierra asociada a la expansión del capitalismo. Aunque el capitalismo intenta abordar tal brecha ecológica mediante soluciones tecnológicas, todo esto lleva a una crisis acumulativa estructural más grande dentro del metabolismo universal de la naturaleza -dadas las actuales contradicciones que componen el sistema.75 Marx advertía que la historia humana podía ser arruinada y acortada como resultado de un metabolismo alienado que socave las bases de la vida.76 Observando la versión extrema de la brecha ecológica impuesta sobre Irlanda por el colonialismo inglés, insistía en que bajo tan terribles condiciones, “ruina o revolución es la consigna”.77
Dentro de la crítica de Marx del capital y el metabolismo alienado se encuentra la concepción afirmativa de restauración metábolica —un metabolismo social no-alienado que opera dentro de la “condición eterna impuesta por la naturaleza de la existencia humana”—.78 La restauración metabólica necesita la confrontación con “el antagonismo social entre propiedad privada y trabajo” para arrancar de raíz la alienación asociada con el sistema de capital.79 Tal bagaje materialista ayuda a facilitar un análisis complejo, dinámico, que informe cómo las actividades productivas pueden ser gestionadas en relación al mundo biofísico mayor. Como escribió el realista crítico Roy Bashkar, “sobrevivimos como especie solo en tanto que la segunda naturaleza respeta las limitaciones predominantes impuestas sobre ella por la primera. De esta naturaleza, aunque está siempre históricamente mediada, no podemos nunca, ni podremos, escapar”.80
Ya en el siglo XIX, Engels enfatizaba que “la libertad no consiste en el sueño de la independencia de las leyes naturales, sino en el conocimiento de estas leyes”. De hecho, “la verdadera libertad humana” requiere vivir “una existencia en armonía con las leyes de la naturaleza que han llegado a ser conocidas.”81 Una ecología sostenible, coevolutiva, exige que los productores asociados regulen racionalmente el metabolismo social de la naturaleza y la sociedad, al servicio del avance del potencial humano. Esto es lo que constituye la definición más desarrollada, más revolucionaria de Marx del socialismo.

Notas

  1. Karl Marx and Frederick Engels, Collected Works, vol. 4 (New York: International Publishers, 1975), 150.
  2. Georg Lukács, Labour (London: Merlin, 1980).
  3. Karl Marx, Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), 949; Marx and Engels, Collected Works, vol. 30, 54–66.
  4. Marx and Engels, Collected Works, vol. 3, 732–33.
  5. Véase John Bellamy Foster, “Marxism in the Anthropocene: Dialectical Rifts on the Left,” International Critical Thought 6, no. 3 (2016): 393–421.
  6. Jason W. Moore, Capitalism in the Web of Life (London: Verso, 2015), 80–81; Neil Smith, Uneven Development (Athens, GA: University of Georgia Press, 2008).
  7. “Capitalocentrismo” se refiere aquí a los intentos de la izquierda de subsumir el problema ecológico dentro de la lógica interna de la acumulación capitalista. También puede verse en los intentos de rechazar categorías científicas como la de Antropoceno que abordan las relaciones totales de los seres humanos con la naturaleza, en favor de conceptos más estrechos como el de Capitaloceno, en el que la lógica del capital establece los parámetros para todo análisis. Para un ejemplo de esta tendencia, véase Moore, Capitalism in the Web of Life, 169–92.
  8. Jason W. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” en Daniel Ibañez and Nikos Katsikis, eds., Grounding Metabolism (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2014), 10–19.
  9. István Mészáros, Marx’s Theory of Alienation (London: Merlin, 1975), 99–114.
  10. Marx, Capital, vol. 3, 949. Dada la estructura del pensamiento de Marx es posible hablar, y él mismo lo hizo, de una “brecha metabólica” en el metabolismo social, implicando las condiciones específicas de producción. Pero en tanto ciclos y procesos biogeoquímicos mayores son afectados por la producción humana en formas distantes de la producción en sí, esto implica no simplemente una brecha en el metabolismo social sino también en el metabolismo universal de la naturaleza. Es esta última brecha la que define lo que los científicos llaman ahora el Antropoceno.
  11. Karl Marx, Early Writings (London: Penguin, 1974), 261. Debemos esta idea penetrante a István Mészáros, quien se refería al concepto de “mediación alienada” de Marx en una carta a uno de los autores.
  12. Marx, Capital, vol. 3, 949; Capital, vol. 1 (London: Penguin, 1976), 636–39.
  13. Brett Clark y John Bellamy Foster, “Guano: The Global Metabolic Rift in the Fertilizer Trade,” en Alf Hornborg, Brett Clark, and Kenneth Hermele, eds., Ecology and Power (London: Routledge, 2012), 68–82.
  14. John Bellamy Foster, Brett Clark, y Richard York,The Ecological Rift (New York: Monthly Review Press, 2010), 73–87.
  15. Foster, Clark, y York, The Ecological Rift, 53–72; James Maitland, Earl of Lauderdale, An Inquiry into the Nature and Origins of Public Wealth and into the Means and Causes of Its Increase (Edinburgh: Archibald Constable, 1819), 37–59; Marx and Engels, Collected Works, vol. 37, 732–33.
  16. Marx, Capital, vol. 1, 380–81.
  17. En la teoría clásica del valor, solo el trabajo crea valor de mercancía capitalista. La tierra y los recursos naturales, sin embargo, están sujetos a rentas, lo que constituye una forma de redistribución del valor y por tanto obtienen precios. Debería añadirse que si la naturaleza no está incorporada directamente en la creación de valor y es tratada en cambio como un “regalo gratis” en la contabilidad capitalista, el mismo principio se aplica al trabajo de subsistencia y el trabajo doméstico no pagado.
  18. Roland Daniels, Mikrokosmos (Frankfurt am Main: Peter Lang, 1988). Nos gustaría agradecer a Joseph Fracchia por traducir partes del trabajo de Daniels. También nos gustaría agradecer a Kohei Saito por sus comentarios sobre el trabajo de Daniels.
  19. Sobre los puntos de vista ecológicos de Liebig y su relación con Marx, véase John Bellamy Foster,Marx’s Ecology (New York: Monthly Review Press, 2000), 149–54; Kohei Saito, “Marx’s Ecological Notebooks,” Monthly Review 67, no. 9 (February 2016): 25–33.
  20. Marx and Engels, Collected Works, vol. 42, 558–59; Saito, “Marx’s Ecological Notebooks,” 34–39.
  21. Marx, Capital, vol. 1, 638.
  22. John Bellamy Foster, “Marxism and Ecology,” Monthly Review 67, no. 7 (December 2015): 2–3; Joel B. Hagen, An Entangled Bank (New Brunswick, NJ: Rutgers University Press, 1992).
  23. Georg Lukács, History and Class Consciousness (London: Merlin, 1968), 24.
  24. Russell Jacoby, “Western Marxism,” en Tom Bottomore, ed., A Dictionary of Marxist Thought (Oxford: Blackwell, 1983): 523–26; Maurice Merleau-Ponty, Adventures of the Dialectic(Evanston, IL: Northwestern University Press, 1973).
  25. Smith, Uneven Development, 45-47, 247; “Nature as an Accumulation Strategy,” Socialist Register 2007 (New York: Monthly Review Press, 2006), 23–29.
  26. Moore, Capitalism in the Web of Life, 152.
  27. Smith, Uneven Development, 65–69.
  28. Moore va incluso más lejos, tratando a la naturaleza que precede a la sociedad como “pre-formada” porque todavía no está producida o “co-producida” por la sociedad: “Incluso cuando los medios están en algún sentido abstracto pre-formados (la distribución de los continentes, por ejemplo) el cambio histórico trabaja mediante los encuentros de los humanos con dichos medios, una relación que es fundamentalmente co-productiva.” Véase Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 15.
  29. Moore, Capitalism in the Web of Life, 4, 19–20, 78, 152.
  30. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 16; Capitalism in the Web of Life, 85. Lo que aparece dualista, cuando no se considera dialécticamente, es, dentro del debate dialéctico, a menudo el tratamiento de una contradicción (la “identidad de opuestos”) que solo puede ser trascendida a otro nivel organizativo. Reconociendo esta contradicción casi en términos marxianos, Whitehead escribió: “A lo largo del Universo reina la unión de opuestos que es la base del dualismo.” Véase Alfred North Whitehead, Adventures of Ideas (New York: Free Press, 1933), 245.
  31. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 12; “Cheap Food and Bad Climate,” Critical Historical Studies 2, no. 10 (2015): 28; “Putting Nature to Work,” en Cecilia Wee y Olaf Arndt, eds., Supra Markt (Stockholm: Irene, 2015), 91.
  32. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 12; Moore, Capitalism in the Web of Life, 85, 179.
  33. Moore, Capitalism in the Web of Life, 46.
  34. Moore, Capitalism in the Web of Life, 37.
  35. Véase Güberk Koç Maclean, Bertrand Russell’s Bundle Theory of Particulars (London: Bloomsbury, 2014).
  36. Erik Swyngedouw, “Modernity and Hybridity,” Annals of the Association of American Geographers 89, no. 3 (1999): 446.
  37. Véase Noel Castree, “Marxism and the Production of Nature,” Capital and Class 72 (2000): 27–28; “The Nature of Produced Nature: Materiality and Knowledge Construction in Marxism,”Antipode 27, no. 1 (1995): 20; “Marxism, Capitalism, and the Production of Nature,” en Castree y Bruce Braun, eds.,Social Nature (Malden, MA: Blackwell, 2001), 204–05; “Capitalism and the Marxist Critique of Political Ecology,” en Tom Perreault, Gavin Bridge, y James McCarthy, eds.,The Routledge Handbook of Political Ecology (London: Routledge, 2015).
  38. Noel Castree, “False Antitheses? Marxism, Nature and Actor-Networks,” Antipode 34, no. 1 (2002): 131; Bruno Latour,Politics of Nature (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2004), 58.
  39. Jason W. Moore, “The Capitalocene, Part II,” June 2014, 34, http://jasonwmoore.com.
  40. La inexistencia de la naturaleza como referente es una estipulación básica de la filosofía de Bruno Latour, una influencia importante en los pensadores aquí criticados. Veáse Bruno Latour,Science in Action (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1987), 99, 258. Véase la crítica de  Latour sobre este punto en Beyond the Hoax (Oxford: Oxford University Press, 2008), 154–58, 211–16. Latour, cuyo trabajo es explícitamente antimarxista y antidialéctico, avanza lo que a menudo se denomina “ontología plana” o monismo neutral, en el que todas las entidades y objetos son iguales y entrelazados y a los que hay que abordar como ensamblajes, paquetes, híbridos o redes. En cualquier caso, el extremo relacionismo de sus puntos de vista, que niegan tanto la naturaleza como la sociedad como objetos sustantivos, da lugar finalmente a una especie de monismo social, donde los social es pasado de contrabando o “reensamblado” (v. gr., mediante la tecnología y la política), tomando la forma de una capitulación ante el status quo. En su obra reciente avanza una ecología política regresiva que ha sido llamada “Schmittianismo verde”, basándose en la geopolítica y la teología política del filósofo nazi Carl Schmitt. No sorprende que Latour se haya convertido en socio principal del Breakthrough Institute. Véase Graham Harman, Prince of Networks (Melbourne: re.press, 2009), 73–75, 102, 152–156, 214–15; Bruno Latour,Reassembling the Political (London: Pluto, 2014); Reassembling the Social (Oxford: Oxford University Press, 2005), 18, 116, 134–47; “Facing Gaia,” Gifford Lectures, University of Edinburgh, February 18–28, 2013.
  41. Jason W. Moore, “The Capitalocene, Part I,” March 2014, 16, http://jasonwmoore.com; Bruce Braun, “Toward a New Earth and a New Humanity,” en Noel Castree and Derek Gregory, ed., David Harvey: A Critical Reader (Oxford: Blackwell, 2006), 197–99; Ian Angus and Fred Murphy, “Two Views on Marxist Ecology and Jason W. Moore,” Climate and Capitalism, June 23, 2016, http://climateandcapitalism.com.
  42. Jason W. Moore, “Nature in the Limits to Capital (and Vice Versa),” Radical Philosophy 193 (2015): 14.
  43. Erik Swyngedouw, “Trouble with Nature: ‘Ecology as the New Opium for the Masses,’” en J. Hillier and P. Healey, eds., The Ashgate Research Companion to Planning Theory: Conceptual Challenges for Spatial Planning (Burlington, VT: Ashgate, 2010), 304.
  44. Swyngedouw, “Modernity and Hybridity,” 446. Irónicamente, en su cita Swyngedouw estaba pretendiendo presentar el punto de vista materialista marxista convencional, que luego él procedía a criticar por poner demasiado énfasis en las condiciones naturales y, de hecho, por ver la naturaleza como un significante.
  45. Swyngedouw, “Trouble with Nature,” 308-09.
  46. Smith, Uneven Development, 244.
  47. Moore, Capitalism in the Web of Life, 15; Swyngedouw, “Trouble with Nature: Ecology as the New Opium of the Masses,” 309; Veáse también Alain Badiou, “Live Badiou—Interview with Alain Badiou,” en Alain Badiou—Live Theory (London: Continuum, 2008); Slavoj Žižek, “Censorship Today: Violence, or Ecology as a New Opium of the Masses,” 2007, http://lacan.com.
  48. Moore, Capitalism in the Web of Life, 80.
  49. Jason W. Moore, “The End of Cheap Nature Or: How I learned to Stop Worrying about ‘The’ Environment and Love the Crisis of Capitalism,” en Christian Suter and Christopher Chase Dunn, eds., Structures of the World Political Economy and the Future of Global Conflict and Cooperation (Berlin: LIT, 2014), 308, “Toward a Singular Metabolism,” 14. Moore llanamente rechaza el concepto de Antropoceno introducido por los científicos para describir la brecha metabólica en el sistema Tierra. Para un tratamiento significativo del Antropoceno véase Ian Angus,Facing the Anthropocene: Fossil Capitalism and the Crisis of the Earth System (New York: Monthly Review Press, 2016).
  50. Moore, Capitalism in the Web of Life, 112–13. El enfoque de Moore sobre la crisis ecológica se basa en la idea que el capitalismo no descansa tanto en la explotación del trabajo como en la apropiación del trabajo o energía en un sentido general, físico. Esto requiere una deconstrucción postmarxista de la teoría del valor de Marx, y de hecho de toda teoría económica. Como el mismo Moore escribe: “Mi argumento procede de una cierta desestabilización del valor como una categoría ‘económica'”. Véase Moore, “The Capitalocene, Part II,” 29. Para una crítica del rechazo de Moore de la teoría del valor marxiana, véase Kamran Nayeri, “‘Capitalism in the Web of Life’—A Critique,” Climate and Capitalism, July 19, 2016, http://climateandcapitalism.com.
  51. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 16–17. Aunque Moore enfatiza la capacidad del capitalismo de trascender los límites naturales, él argumenta, en su ataque a la perspectiva verde “apocalíptica”, que el colapso inminente de la civilización contemporánea no seria “algo a temer” -usando como ejemplo histórico la caída de Roma, que él dice que dio lugar a una edad dorada. Dejando de lado la extensión del sufrimiento humano que siguió al colapso de Roma, hoy la destrucción social asociada a cruzar los límites planetarios amenaza las vidas y condiciones de vida de centenares de millones, incluso miles de millones de personas, así como de innumerables otras especies.
  52. Paul Hawken, Amory B. Lovins, L. Hunter Lovins,Natural Capitalism (London: Earthscan, 2010); Arthur P. J. Mol and Martin Jänicke, “The Origins and Theoretical Foundations of Ecological Modernisation Theory,” en Arthur P. J. Mol, David A. Sonnenfeld, and Gert Spaargaren, eds.,The Ecological Modernisation Reader (London: Routledge, 2009).
  53. Jason W. Moore, “The Rise of Cheap Nature,” en Moore, ed., Anthropocene or Capitalocene (Oakland, CA: PM, 2016), 111, “Putting Nature to Work,” 69; Ted Nordhaus and Michael Shellenberger, Break Through: From the Death of Environmentalism to the Politics of Possibility (New York: Houghton Mifflin, 2007).
  54. Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 11,Capitalism in the Web of Life, 83.
  55. Moore, Capitalism in the Web of Life, 83–84. Al sustituir la “brecha metabólica” por el “desplazamiento metabólico”, Moore promueve un lado del proceso dialéctico que habíamos descrito previamente en nuestro trabajo con Richard York como “brechas y desplazamientos” [rifts and shifts], por el cual el intento del capitalismo de desplazar las brechas antropogénicas que crea en la relación humana con el medio lleva a brechas acumulativamente mayores, universalizando las contradicciones ecológicas. Véase Foster, Clark, and York, The Ecological Rift, 73–87.
  56. Smith,Uneven Development, 81; Marx, Early Writings, 261.
  57. Moore, Capitalism in the Web of Life, 13, 37, 76, 78. Moore argumenta que Marx veía el capitalismo como capaz de unificar la naturaleza. Pero para hacerlo, debe distorsionar y leer incorrectamente el lenguaje de Marx. Escribe: “En lugar de vadear la división cartesiana, los enfoques sobre el metabolismo la han reforzado. El ‘proceso interdependiente de Marx de ‘metabolismo social’ se convierte en  ‘el metabolismo de naturaleza y sociedad’. El metabolismo como ‘brecha’ se convierte [para los marxistas ecologistas] en una metáfora de separación, fundamentada en los flujos materiales entre naturaleza y sociedad’ (Ibid., 76; Moore, “Toward a Singular Metabolism,” 13, 18) Pero la frase real de Marx para referirse a la relación del capitalismo con la ecología era “la brecha irreparable en el proceso interdependiente de metabolismo social’ (cursivas añadidas). Al omitir estas palabras cruciales, Moore invierte el significado de la frase de Marx. Además, el término “metabolismo de naturaleza y sociedad” tal como es usado por Foster no es una distorsión de marx, como proclama Moore, sino que refleja los propios puntos de vista y lengua de Marx, como cuando como en la conocida cita en la que se refería en el volumen 1 del Capital a “la interacción metabólica entre el hombre y la Tierra.” Véase Marx, Capital, vol. 3, 949; Capital, vol. 1, 637.
  58. Lukács, Labour, 119–24. Sobre los niveles integrantes y su rol en la teoría marxista, véase Joseph Needham, Time: The Refreshing River (London: George Allen and Unwin, 1943), 13–20, 233–72.
  59. Karl Marx, Grundrisse (New York: Penguin, 1973), 489.
  60. Marx, Capital, vol. 1, 283, 637­–38.
  61. Georg Lukács, Marx (London: Merlin, 1978), 44, 58, 107.
  62. Lukács,Labour, 34. “Como ser biológico, el hombre es un producto del desarrollo natural. Con su autorealización, que por supuesto incluso en su caso supone solo una retirada del límite natural, y nunca su desaparición, su completa conquista, entra en un nuevo ser autofundado, en el ser social” (Lukács, Labour, 46).
  63. Marx,Capital, vol. 1, 284.
  64. Marx,Capital, vol. 3, 949–50.
  65. Fredric Jameson, Valences of the Dialectic (London: Verso, 2009), 3–7.
  66. Lukács,Marx, 103.
  67. Moore usa “Doble internalidad” como una categoría básica de su punto de vista social-monista. Apunta a varios “paquetes” y especialmente la “doble internalidad” de la ecología-mundo capitalista. Véase Moore, Capitalism in the Web of Life, 1.
  68. Alfred North Whitehead,Science and the Modern World (New York: Free Press, 1925), 51. Sobre el actualismo véase Roy Bhaskar, Plato Etc. (London: Verso, 1994), 250-51.
  69. Lukács, Marx, 107.
  70. Moore, Capitalism in the Web of Life, 86, “Toward a Singular Metabolism.”
  71. Richard J. Evanoff, “Reconciling Realism and Constructivism in Environmental Ethics,” Environmental Values 14 (2005): 74.
  72. Naomi Klein, This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate (New York: Simon and Schuster, 2014), 177, 186.
  73. N. Bednaršek et al., “Limacina Helicina Shell Dissolution as an Indicator of Declining Habitat Suitability Owing to Ocean Acidification in the California Current Ecosystem,”Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 281, no. 1785 (2014).
  74. Evan N. Edinger et al., “Reef Degradation and Coral Biodiversity in Indonesia,” Marine Pollution Bulletin 36, no. 8 (1998): 617–30; Pamela Hallock, “Global Change and Modern Coral Reefs,” Sedimentary Geology 175, no. 1 (2005):19–33; Chris Mooney, “Scientists Say a Dramatic Worldwide Coral Bleaching Event Is Now Underway,” The Washington Post, October 8, 2015; J. P. Gattuso et al., “Contrasting Futures for Ocean and Society from Different Anthropogenic CO2 Emissions Scenarios,” Science 349, no. 6243 (2015).
  75. István Mészáros, “The Structural Crisis of Politics,” Monthly Review 58, no. 4 (2006): 34–53.
  76. Karl Marx, Theories of Surplus Value, vol. 3 (Moscow: Progress Publishers, 1971), 309.
  77. Karl Marx and Frederick Engels, Ireland and the Irish Question (Moscow: Progress Publishers, 1971), 142.
  78. Marx, Capital, vol. 3, 959.
  79. Mészáros, Marx’s Theory of Alienation, 113.
  80. Roy Bhaskar, Scientific Realism and Human Emancipation (London: Verso, 1986), 222.
  81. Frederick Engels, Anti-Dühring (Moscow: Progress Publishers, 1969), 136–38.
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